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Hace 150 años nació el fundador del psicoanálisis (la ciencia del sujeto y la subjetividad) y más de 100 años (años sin cuenta para la rentista clase política mexicana) que Freud propuso como hipótesis de trabajo el inconsciente: una instancia teórica que, según el último Lacan, está estructurada como lenguaje político, un instrumento imprescindible para estudiar las nuevas formas de la subjetividad y los sufrimientos que discurren con los cambios sociales.
En el proceso electoral en curso, y a propósito de las ilusiones desenjauladas (creencias animadas por un deseo), el psicoanálisis aporta tres discursos homogenizadores o tres lenguajes políticos centrados en la figura del padre y en las vicisitudes históricas de esa figura política, discursos del padre que están en pugna y que sugiero considerar para este decurso:
- El discurso del amo-caudillo (en el contexto de 1900), narcisista con su despotismo hegemónico y su paranoia.
- Alrededor de 1950, el discurso del capitalista estatizado, sujetado al ogro filantrópico y adulado por los teólogos de la libre empresa, en donde cada uno (el "yo-yo" indestructible) es empresario de sí mismo.
- En el ámbito del año 2000, el discurso empujado por la acumulación de los mercados globalizados, inspirado en un "sujeto libre", sin límites, desolado, fronterizo y universal que, ensordecido y sujetado, ve compulsivamente la televisión, advirtiendo como las encuestas (el imaginario distorsionador) hablan de él... olvidándose de él.
Estos tres discursos epócales no se excluyen, compiten, tienen futuro y se manifiestan en formas diferentes del sufrimiento subjetivo. (Los sufrimientos son gritos vanos en el laboratorio: en los mítines, en las marchas blandiendo el machete, como activistas del "panismo yunkero", el "análisis político" del "privilegio de mandar", el sexo virtual, el mesiánico pasamontañas que fumando espera el dislocamiento, la anomia política, el indigenismo kitsch, como anoréxicos o bulímicos, adictos a juegos electrónicos, usando substancias tóxicas o entrándole al Prozac para trabajar compulsivamente, etcétera.) Un "sujeto libre, todo terreno" que explora todo, no tiene limites, ni de lo permitido ni lo prohibido y no sabe qué es ser hombre o mujer.
Pero, ¿cómo podemos des-sujetarnos? ¿Acaso refugiándonos en la teología (consuelo para al afligido) de la esperanza? ¿Cómo podemos enfrentar la realidad?
La realidad es un constructo construido. El viejo Marx intuía que cuando se planteaba bien un problema (se ponía en palabras) era porque ya existía una posible solución. Sin embargo, los sujetos, precisamente por estar sujetados (a ciertos discursos), tienen serios problemas para construir-interpretar la realidad. Es más, todo lo que no está al alcance de los tomadores de decisiones se considera como una utopía. En la videocracia, el que no sale a cuadro no existe. Es el círculo rojo sexenal.
Lo real, para Lacan, es aquello que se resiste a ponerse en palabras. Para construirlo recurrimos a lo imaginario y, sobre todo, a lo simbólico; es decir, al lenguaje compuesto por palabras, por signos, y con ello construimos un discurso. Al estructurar lo imaginario, lo simbólico y lo real creamos también un sentido (discursivo) de la realidad, que es también distorsionador de lo real. Entre las palabras y las cosas, se deslizan, cuelan o erizan múltiples posibilidades de sentidos y lecturas (Foucault). Algunos sujetos-sujetados prefieren estructurar un discurso esperanzador, paranoico o futurista, en donde la realidad está determinada por múltiples opacidades inconscientes.
En el proceso electoral en curso, propongo -contrafacticamente- el sentido discursivo siguiente:
Ninguno de los partidos políticos actuales sobrevivirá (como proyecto político) después del 2 de julio. Son partidos remozados para sostener la hegemonía del régimen autoritario. La partidocracia es insoportable e insostenible. Es un mal público.
En la apuesta electoral se juega el fin de lo que llamamos la transición del régimen autoritario a un régimen radicalmente democrático: socioliberal y neorepublicano en construcción (superador positivo de la socialburocracia autoritaria y la socialdemocracia del siglo pasado). No permitamos que se reviente el proceso electoral.
¿Queremos o no queremos radicalizar la democracia-ciudadana iniciada en el 1988, o deseamos seguir manteniendo el discurso del amo-caudillo autoritario (el priísta que muchos, súbditos y rentistas, llevan inconscientemente adentro)? Organicemos políticamente la sociedad civil.
Acudamos, con la nariz tapada, a votar el 2 de julio, o con cubrebocas, porque el cadáver del régimen político actual (la "yunkera" pareja presidencial, el parlamentarismo, la partidocracia, la cleptocracia, la estadolatría y el nacionalismo-revolucionario) se encuentran en aguda putrefacción. El comandante zero y los machetes desenvainados son un síntoma: una prótesis del sistema autoritario.
La reconstrucción y relegitimación del Estado-Nación-globalizado estratégicamente fuerte y de la administración motivada en el interés público son imperativas. El capitalismo mundializado se apropia del excedente social a través de mercados que presentan nuevos y viejos defectos; son monopólicos, incompletos, protegidos y con información asimétrica e imperfecta. Impulsemos la competencia y la regulación del mercado para promover el capital humano y el desarrollo.
Votemos por los cambios institucionales que México requiere en el Siglo XXI. Construyamos con la ciudadanía y para la ciudadanía (los sujetos sufrientes) una alternativa a la estadolatría, la mercadolatría y la sociolatria: el espacio público no estatal. Perfeccionemos la democracia representativa.
Enfrentemos -con ética y democracia- el malestar en la cultura política: los tres candidatos punteros no son los idóneos y los tres están rebasados por el público-ciudadano. Los tres garantizan un Congreso conformista: de derecha(s) y/o de izquierda(s). Institucionalicemos el conflicto y afirmemos la libertad como no dominación o predominio.
Aprenderemos, en el próximo sexenio, que los gobiernos reales no reproducen modelos preconcebidos y los gobiernos reales (contemporáneos) son producto de coaliciones sociopolíticas en donde la izquierda-centro es insoslayable. No permitamos el sabotaje de la democracia plural en construcción. No a la anomia política.
(*) Profesor de la FCPYS-UNAM, Centro de Estudios del Espacio Público No Estatal
Réplica y comentarios al autor: EspacioPublico_noEstatal@hotmail.com
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