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   ¿De verdad quiere ser senador?

A solamente un mes del proceso electoral que más ha dividido a nuestra sociedad, con excepción del discurso de Patricia Mercado, considerado por los medios mexicanos más bien como marginal, el tema de la ciencia y la tecnología no ha sido contemplado por los candidatos a los diversos cargos públicos de los diferentes partidos políticos. Difícilmente lo será en los debates que están por venir. Personalmente he intentado, de manera infructuosa, convencer a varios líderes de opinión para que en sus columnas periodísticas, espacios radiofónicos y televisivos consideren este tema. Todo indica que el mismo es poco atractivo para ellos, quizás porque el desconocimiento de la relevancia de la ciencia y la tecnología no es taxativo de la clase política, sino que se trata de un asunto más bien general. Por ello, ante la falta de espacios para discutir sobre este tema, y un poco al estilo de la breve novela La locura juega al ajedrez, de Enrique Anderson Imbert, donde el personaje principal decide enfrentarse con él mismo, decidí realizarme una breve entrevista, como candidato al Senado por Alternativa Socialdemócrata y Campesina y como científico y académico universitario lleno de preocupaciones y contradicciones.

Buenas tardes doctor Castillo.

Buenas tardes.

¿De verdad cree usted que puede llegar al Senado compitiendo por un partido que casi nadie conoce?

Desde luego que no, jamás he planteado que pueda ello ocurrir. Ni remotamente.

Pero usted se ha registrado como candidato al Senado por Alternativa Socialdemócrata y Campesina. ¿No es entonces esto un contrasentido?

En lo absoluto. No siempre se compite para ganar de manera plena. Se puede ganar compitiendo al tiempo que sale uno derrotado. Particularmente cuando se tiene claro que no puede haber otro resultado; esto es, si se tiene claro que el objetivo es participar construyendo y construir participando.

¿Y qué espera entonces obtener a cambio de salir derrotado? ¿Dinero, posición política? ¿Un espacio en la burocracia de su partido?

Nada de ello. No me imagino nunca más laborando en la burocracia y menos en la de un partido. No aspiro a posiciones de poder. Terminan por transformar negativamente. Ya tengo suficientes defectos.

¿Y qué cree estar construyendo con esta participación?

La apuesta principal es construir un partido político de izquierda moderno, socialdemócrata. Un partido de y para la izquierda ciudadana, uno que no haga uso de ni de las clientelas ni de las prácticas corporativas.

Pero en su partido militan Ignacio Irys y Héctor Sánchez, personajes que han sido cuestionados por prácticas corporativas y clientelares. Incluso respaldaron abiertamente a Víctor González Torres, el llamado Doctor Simi, alegando que era necesario primero construir un partido y luego darle rumbo, y que para hacerlo era importante el dinero que ese personaje decía poder hacer llegar al partido.

En efecto, pero tanto Irys como Sánchez han sido rebasados y marginados en el partido. De hecho incurrieron en acciones que muy posiblemente les podrían conducir a perder sus derechos políticos en el partido. Reconozco que fue un error querer construir con ellos un proyecto de izquierda moderno. Opino que su visión arcaica del quehacer político no es compatible con los tiempos actuales. Irys y su grupo tienen derecho legítimo a pensar de ese modo. Nosotros tenemos derecho a deslindarnos y desearles buena suerte en otro proyecto que les sea afín.

¿Qué les hizo entonces intentarlo a su lado?

La actual ley federal electoral es perversa. Se puede construir un partido si se tiene gente aunque se carezca de ideas, pero nunca al revés. Cuando se dio el acercamiento entre las columnas campesina y socialdemócrata pensamos que juntos sería más fácil construir un nuevo proyecto de izquierda. Irys y muchos en su grupo manifestaron su intención de modificar y evolucionar sus viejas formas de acción política. Al final sólo una parte de ese grupo honró su palabra y avanzó en ese sentido.

¿Es usted científico o político?

Entiendo que se ha discutido y escrito mucho sobre la incompatibilidad de ambas actividades. Lo han hecho desde periodistas, científicos y políticos hasta reconocidos filósofos. En lo personal, opino que uno puede ser un científico con una posición política que se traduzca en acciones políticas que vayan más allá de la simple expresión de los puntos de vista. Igualmente opino que puede haber políticos con una idea clara de la relevancia del quehacer científico para el desarrollo económico de un país. Todo es cuestión de educar a nuestra sociedad sobre estos temas. El tema de la educación es por ello fundamental.

¿Qué haría un científico dedicado a la ciencia animal en el Senado?

Bueno habría mucho que hacer (risas).

¿Concretamente qué haría usted?

En primer lugar trabajar para que los miembros del Senado escuchen la opinión de la comunidad científica nacional. Ahí está arrumbado y/o soslayado el documento titulado Premisas de las políticas de ciencia, tecnología e innovación para el desarrollo económico y social que fue elaborado por el Foro Consultivo Científico y Tecnológico A.C. (http://www.foroconsultivo.org.mx/documentos/concluidos.html), que es el órgano de consulta de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). Este documento contiene recomendaciones de la comunidad científica a los tres poderes. En su elaboración participaron más de cuatro mil científicos pertenecientes al Sistema Nacional de Investigadores. La mayoría de nuestros legisladores ni siquiera lo conoce. También es importante que los senadores y los diputados escuchen los puntos de vista de organizaciones académicas como la Asociación de Universidades e Institutos de Investigación Superior (ANUIES), la Federación de Instituciones Mexicanas de Educación Superior (FIMPES) y la Academia Mexicana de Ciencias (AMC). Los legisladores deben escucharles para que puedan aprobarse leyes que permitan usar la educación, la ciencia y la tecnología como palancas del desarrollo nacional.

¿Corresponde al gobierno destinar recursos para la investigación científica y tecnológica? ¿Qué puede hacer el Senado para revertir la tendencia a disminuir cada vez más los recursos destinados a ciencia y tecnología?

La administración del presidente Fox redujo la inversión en este sector de 0.48 % del PIB cuando tomó posesión el 1 de diciembre del 2000, a 0.35 % en el presupuesto aprobado para 2006. Ello no solamente fue producto de enviar propuestas desde el ejecutivo que fueron disminuyendo esta participación en el presupuesto de egresos año con año. Influyó el desconocimiento sobre este asunto en ambas cámaras y al conjuntarse estas propuestas con la ignorancia de todos los participantes, tampoco se previó que sí era posible impulsar políticas públicas y leyes que permitieran hacer llegar recursos privados a la investigación científica y tecnológica. De hecho, en los países desarrollados la participación de la inversión privada en este rubro es superior a la de origen público (gubernamental). El reto es propiciar dicha participación. Ello puede conseguirse con los estímulos fiscales apropiados. Tan simple como permitir que la inversión en este rubro sea considerada como parte de los costos de operación de las empresas que la practican, creando previamente mecanismos de regulación y evaluación para evitar que sea empleado por las empresas como un mecanismo más de evasión fiscal.

¿Qué haría para impulsar el desarrollo científico del país?

Muchas cosas pueden intentarse. Lo primero es reconocer que para acabar con el analfabetismo científico de nuestra clase política, de los dueños de los medios, sus voceros y de la sociedad en general, es necesario impulsar la educación desde etapas tempranas. Actualizar a los profesores que imparten educación primaria, secundaria y preparatoria es fundamental. Pero para realizarlo es indispensable un cruzada por la ciencia y la cultura donde más que recursos financieros se reorienten los programas de educación y se establezcan vínculos entre las etapas educativas. Puede por ejemplo incentivarse que profesores universitarios den pláticas en escuelas primarias, secundarias y en preparatorias sobre estos temas donde acudan los maestros y sus alumnos. Los niños y jóvenes que se integran a un nuevo ciclo escolar podrían hacer lecturas comunes que, en un seminario al inicio de cada año escolar, se discutieran en presencia de los autores o de especialistas en esos temas. Pensemos en que para poder pertenecer y luego permanecer en el Sistema Nacional de Investigadores o el Sistema Nacional de Creadores del Arte se podría establecer como un requisito presentar un seminario al año en alguna escuela de nivel básico o medio para difundir lo que uno hace. Ello incentivaría en los dos niveles.

¿Para formar jóvenes creadores y científicos?

Sí. Y para actualizar a otros profesores. Pero para que esos jóvenes se incentiven es necesario también diseñar nuevas formas de becas y apoyos. Por ejemplo, la figura de becas mixtas donde la iniciativa privada y el gobierno proporcionen recursos para formar científicos y tecnólogos que puedan aplicar sus conocimientos en las empresas que les bequen. Este tipo de mecanismos permitiría tener estudiantes que se formen para resolver los problemas de nuestra industria, ayudaría a vincular a las instituciones de educación e investigación con los sectores productivos y sociales, reorientaría los planes y programas de estudio, y permitiría insertar a nuestros destacados jóvenes científicos en la planta laboral como profesionales de alto nivel. Esto operaría como un motor más en el desarrollo del país. Mire, hace 20 o 25 años Corea tenía un PIB de alrededor de 1,800 dólares y nosotros como 2,400. Ahora ellos superan los 14 mil y nosotros no hemos rebasado los 7,500. Han pasado muchas cosas pero una de ellas fue la inversión en ciencia y tecnología que realizó Corea que destina 2.64% del PIB a este rubro. Esto es 7.5 veces más que México.

¿No se forman suficientes científicos en México?

Para nada. México se encuentra entre los últimos tres lugares de la Organización para Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) en generación de doctores, en inversión pública y privada en ciencia y tecnología, en número de patentes producidas y en el número de investigadores científicos por habitante con sólo 0.6 por cada 10 mil contra 40 que tiene Alemania. Es tan grave que mientras los países desarrollados captan estudiantes destacados de posgrado e investigadores de otros países, en el nuestro no somos capaces de repatriar a los nuestros cuando salen a estudiar o a trabajar al extranjero. Los programas de repatriación se abandonan algunos años y cuentan con recursos muy escuetos cuando funcionan. De hecho el número de becarios de posgrado en el territorio nacional y en el extranjero es muy pequeño si se le compara con el de otros países como China y Brasil, que están avanzando a pasos agigantados en la formación de sus recursos humanos altamente calificados.

¿Pero qué hay de la investigación básica? Usted parece sólo estar preocupado por la ciencia aplicada.

Para nada. Si conseguimos atraer inversión de capital privado a la investigación aplicada que se consiga hacer en las universidades y centros de investigación, conseguiremos reducir los gastos de financiamiento de esos proyectos de investigación en ciencia básica por parte del gobierno, lo que ayudaría también a las universidades y centros de investigación. Ello tiene una consecuencia inmediata. Los recursos gubernamentales para ciencia y tecnología pueden destinarse a la investigación básica. Los investigadores de estas áreas no tendrían que competir por recursos con quienes realizan investigación aplicada.

¿Hay mucha competencia entre grupos de investigación en México?

En efecto. Suele haber una especie de batalla campal por los exiguos recursos, lo que confronta a grupos que podrían en cambio trabajar interactuando. Incentivar las interacciones reduciría el canibalismo que suele presentarse y que se traduce en querer ser parte de las comisiones dictaminadoras y evaluadoras para conseguir recursos para los grupos a los que estos evaluadores pertenecen en detrimento de los otros. Por ello es clave generar políticas públicas que incentiven el intercambio académico entre investigadores nacionales de diversas instituciones, pero también con aquellos del extranjero dispuestos a colaborar en proyectos de investigadores mexicanos y viceversa.

¿Se requieren construir nuevos centros de investigación?

Una posibilidad es construir centros de investigación científica regionales para ayudar resolver problemas conjuntamente. Sin embargo ello demanda recursos adicionales y puede ser complicado para un nuevo gobierno sin recursos financieros suficientes. No está mal construir nuevas universidades pero para hacerlo sin sacrificar la calidad de sus futuros egresados sería necesario formar los recursos humanos para encabezarlas. Desde el punto de vista de la investigación, algo más simple sería aprovechar la infraestructura actual de las decenas de universidades y centros de investigación existentes que interactuando podrían hacer más eficiente el uso de los recursos propios y conseguir financiamiento para proyectos de investigación realizados de manera conjunta.

¿Tiene el Conacyt la fuerza suficiente para los retos del nuevo milenio?

En mi opinión no. Igualmente, la Secretaría de Educación Pública es hoy en día un monstruo por su tamaño. Las dimensiones y problemática del sector la rebasan. Por ello, una posibilidad es darle al Conacyt el rango de Secretaría de Estado. Otra es crear la Secretaría de Educación Superior, Ciencia y Tecnología y mantenerla en consecuencia separada de la Secretaría de Educación Básica, aunque con mecanismos que les vinculen.

¿Y cómo un partido marginal podría impulsar todo eso? Difícilmente tendrán la ratificación de su registro en una elección que se polariza y compite por los votantes independientes. De conseguirlo tendrían acaso un par de diputados pero ningún senador.

Si conseguimos que el tema sea no digamos prioritario, sino importante, habremos avanzado un poco. Milímetros si se quiere. El reto es trabajar para descubrir que sí podemos empujar la Catedral. Que la sociedad nos vea intentarlo. No para que nos reconozca el intento, sino para que ésta se sume al mismo.

¿No será que la realidad los rebasa? ¿Puede construirse una izquierda moderna en un país atrasado en su economía y rezagado en su educación?

Vale la pena intentarlo. Siempre son grupos pequeños los que imaginan grandes cambios. Pero al igual que en la biología, en la lucha política no hay generación espontánea. Para conseguir empujar la Catedral lo primero que hay que hacer es pensar que sí es posible hacerlo. En realidad al final sólo se moverá un poco si se trabaja para ello. Recuerde la frase atribuida a Galileo: Y sin embargo se mueve... Sólo que en la lucha política no es un asunto ni de la física, ni de la fe. Es un asunto donde la volición es necesaria pero no basta si no se acompaña del trabajo colectivo.

¿Ha considerado que en su lucha por construir una izquierda de ciudadanos libres puede estar equivocado? ¿No le surge eventualmente la duda en lo que hace y en lo que trabaja?

Mire, como científico estoy convencido que lo que hoy pensamos que es verdad, en realidad sólo se trata de una aproximación temporal a la misma. El conocimiento que es reconocido hoy como válido suele ser el primer prejuicio a vencer en el quehacer científico. En realidad lo único cierto es que mañana tendremos mejores modelos que los ahora existentes para interpretar y entender lo que ocurre en la física, la química, la biología, en las ciencias sociales. Pero entenderlo así no me lleva tampoco a abandonar la investigación que ahora realizo sólo por estar cierto de que mañana surgirá otra investigación que la refute o la refine. Para subir al séptimo escalón de una escalera hay que subir los otros seis primero. Yo tengo por extraña vocación la de dudar permanentemente, la de cuestionar y cuestionarme continuamente. De otro modo terminaría uno sepultado por el pensamiento conservador, el del autoritario que asume que hay un solo camino y una sola verdad. Mire, tan es ya en mí una forma cotidiana de vivir que al despertar, cada mañana, lo primero que hago al levantarme es acudir al espejo, para saber si aún sigo ahí.

Réplica y comentarios al autor: trasquila@hectorcastillo.org

Visita el sitio personal del autor: http://www.hectorcastillo.org




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