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Por más de dos años, el Congreso Nacional Ciudadano y el Foro Nacional Permanente de Legisladores llevaron a cabo eventos -participamos más de mil proponentes- cuyo resultado es un plan que se presentará en los próximos meses. Las propuestas puntuales pretenden rescatar la vida republicana de México, hoy narcotizada, paralizada y en grave peligro, debido al deterioro que se muestra en todos los órdenes de la vida nacional. Ello se debe a que se ha registrado una regresión en muchos sentidos, que se traduce en ingobernabilidad y en desintegración nacional.
Las fuerzas que pretenden implantar un imperio mundial fragmentan las economías nacionales y las ponen al servicio del mercado. Éste se apropia -¿a nombre de quién?- de recursos, y ambiciona el poder, empobreciendo a la mayoría de los pobladores del planeta. Se trata de la globalización que, a través del neoliberalismo, construye un orden mundial. Se destruyen los valores y principios, mientras se impulsan otros que poco o nada tienen que ver con las grandes aspiraciones de los pueblos. Hoy la libertad es para el comercio. Desaparecen las instituciones y se reduce el tamaño de los gobiernos nacionales. La democracia sólo aparece en la época de elecciones. La justicia se busca con la sola aplicación de reglas, iguales para todos, aunque la gran mayoría no pueda ni usarlas ni entenderlas. Todos somos, para el gran capital, prescindibles, sustituibles en el gran mercado universal.
"País fallido" se cataloga a la nación, y se encuentra a merced del estilo trasnacionalizado de los dirigentes de los últimos lustros, formados en universidades y centros de estudio donde les inculcan concepciones económicas individualistas, ruinosas para la mayoría, junto a una creencia ciega en la superioridad de lo extranjero. Por ello han surgido cambios en todos los sentidos, que representan la camisa de fuerza que sufrimos. Y el resultado es una Latinoamérica renuente a descolonizarse.
Nuestra nación, alguna vez respetada por su autonomía y dignidad políticas, su defensa continua del derecho como instrumento de la vida social e internacional, es hoy vista con desconfianza.
En el Plan México, como le denominamos, hacemos propuestas al gobierno que surgirá el 2 de julio próximo para construir un futuro mejor que el actual. Afinamos mandatos de la Constitución para que las garantías individuales y sociales sirvan para ampliar la demanda de representación política y desarrollo económico, organizado todo esto en torno a la economía nacional y la cooperación internacional. No más políticas de soberanía limitada e intervencionismo extranjero. Debemos apuntar y comprometernos, en lo personal y como grupo, a superar el abatimiento y la confusión. Es necesario reordenar fuerzas y talento, y entonces enfilar el rumbo a objetivos nacionales e individuales que generalicen el buen éxito para el país, como nación libre, acotada por sus propios principios y valores.
Vamos por un Estado democrático, federal, con un gobierno funcional de poderes, que sea presidencialista y regulado por un legislativo representativo. El compromiso es de independencia nacional y de cooperación y respeto internacionales. En su base construiremos un aparato productivo, cuyas cadenas integren un mercado interno, coherente con el manejo sustentable de los recursos naturales y las necesidades sociales. Queremos una nación en la que el derecho regule las relaciones humanas, para que las conductas concurran a los propósitos de la comunidad y satisfagan las necesidades individuales. Vamos por la autonomía de la nación, como sustento del bien común. Es nuestra meta, y ojalá sea la de todos.
Réplica y comentarios al autor: v_barcelo@hotmail.com
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