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Las palabras en tono "totalmente palacio" del Quinto Informe de Gobierno constituyen para miles de mexicanos la crónica anunciada del más de lo mismo que hemos padecido durante los últimos cinco años: inercia, inacción, inmovilidad, ineficacia o, de plano, indiferencia que raya en la impotencia.
Después de la agresividad mostrada en los miles de spots de radio y TV con los que fuimos literalmente bombardeados antes del quinto informe, se esperaba una sola acción que justificara el exceso verborreico de los spots. No fue así; al contrario, pareciera que la orden fue: "Prepárenme unas palabras que ningún diputado pueda refutar..." Y así sucedió. Las frases fueron elaboradas con un impecable sentido común. Si lo que se quería era salir del paso, se logró con creces; sin embargo, las frases sin cifras o los meros buenos deseos sin acciones concretas que los respalden vienen a ser como metal que resuena. Ha sido tan ruidosa la inacción de este gobierno que ya no nos permite escuchar las palabras que nos dice.
La descomposición de nuestra sociedad es cada vez más evidente y la autoridad es la primer responsable de que esto suceda. Para muestra un botón: la impune agresión de la que fue objeto en su domicilio la maestra Elba Esther Gordillo ante los ojos de varios elementos de la policía que nada hicieron para impedirlo. Cuando la justicia se subordina a las cuestiones políticas, de lo que estamos hablando es de que se está propiciando un clima de impunidad y violencia que al rato nada ni nadie va a poder detener.
Basta ver y escuchar los noticiarios de radio y TV, y especialmente la lectura de los medios impresos, para caer en un vértigo intelectual. Pareciera que vamos de mal en peor, que ya no se puede dar cabida a la esperanza y que las predicciones catastrofistas van cumpliéndose fatal y puntualmente. Aun así, nos resistimos a dar fe a los numerosos especialistas nacionales y extranjeros que afirman que nuestro país se encamina a una especie de shock en todos los sentidos, y cuyas consecuencias serían desastrosas.
En verdad no resulta nada agradable prestar atención a esas voces, pero nuestra triste realidad nuevamente nos sobrepasa y quisiéramos hacer como el presidente Fox: caer en la frecuente salida de la omisión o en su típica tentación, consistente en ignorar los problemas sin encararlos a fondo y de frente.
Es un hecho que la violencia social, económica y política se está convirtiendo, desgraciadamente, en una tradición que envuelve a todo el país. Dígase si no. Pese a programas como México Seguro, continúan los secuestros, asesinatos y las nuevas formas de acción del narcotráfico. Esto es, la delincuencia organizada se encuentra frente a una autoridad cada vez más desorganizada. Ni hablar de impunidad, inseguridad, desempleo, problemas migratorios, etcétera, etcétera.
En el aire que se agita se respira miedo, tensión y zozobra. En este contexto, hemos conocido la cada vez mayor incidencia de casos en los que la población se hace justicia por propia mano, sin esperar a que las autoridades lleven adelante los procedimientos que señala la ley. Hasta la tasa de suicidios se ha incrementado en nuestra nación notoriamente.
El que tenga ojos para ver que vea; el que tenga oídos para oír que oiga. Existe descontento e incertidumbre entre los sectores que trabajan arduamente para sobrevivir dignamente y progresar. Cuidado, ignorar la realidad propicia la ingobernabilidad y las radicalizaciones.
No importa la cantidad de spots que se paguen. Ninguna cantidad será suficiente para compensar la falta de resultados que en las actuales circunstancias sólo se darán con los consensos que se generen.
Réplica y comentarios al autor: salvadorordaz@hotmail.com
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