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   El gobierno actual de Cuba no es socialista

...el de la Unión Soviética tampoco lo fue.

En el tema del pensamiento socialista, en cuanto a institucionalizar una sociedad se refiere, tenemos que aclarar de qué hablamos y de los fundamentos del proyecto.

Cuando hablamos de la Revolución Cubana y sus fundamentos hemos tenido que diferenciar la "Revolución Cubana" de la "revolución cubana". Es decir, diferenciar las formulaciones institucionales y las prácticas totalitarias del actual gobierno con respecto al proyecto Revolucionario Cubano que se fue conformando por pensadores y hombres de acción en el proceso histórico nacional cubano. No hemos de entrar en si "el concepto de plaza sitiada" que aplicaron los capitanes generales de la colonia es inevitable -un fatalismo histórico-, como sucedió hace casi cinco siglos cuando la corona española se asentó en nuestras tierras, o si el gobierno actual de Cuba pudo realizar el proyecto revolucionario o si nunca lo comprendió.

Al efecto de sustentar un pensamiento que pueda devenir en proyecto, es necesario comenzar por desbrozar veredas y vericuetos, que muchos expositores y actores políticos han lanzado al camino en su accionar social. El socialismo no es en modo alguno ortodoxia que requiere acatamiento religioso; es ética social, conducta para con la sociedad y las personas y pudiera sintetizarse en dos principios: solidaridad y colaboración.

El propio Carlos Marx tuvo que afirmar, ante la actitud repetitiva de algunos de sus discípulos, que él no era marxista. No obstante eso, posteriormente calificaba a los que cuestionaban sus apotegmas políticos como socialistas utópicos (en la acepción de desconocedores de la realidad o de fantasiosos). A pesar de su ateísmo manifiesto, su interpretación del proceso histórico fue una interpretación lineal acorde al judaísmo, sin considerar que es directamente consecuente con la realidad siempre variante. La realidad (espacio-tiempo-histórico) conforme a muchos pensadores socialistas es la interrelación de sus elementos constituyentes, la persona entre ellos, más la praxis y reinversión de la praxis; o sea, la percepción de la realidad por la persona y su intento de modificarla. Es decir, la persona es parte de la realidad, pero además puede estar fuera de ella y asumir una conducta.

Francis Fukuyama, un teórico puesto de moda hace unos pocos lustros al objeto de divinizar el capitalismo, proclama el fin de la historia y de las ideologías sin comprender la interrelación de la realidad y la persona. Muy pronto el apotegma se desploma ante la realidad misma, creadora de cada proceso histórico que se sucederá en la historia mientras exista la persona.

El socialismo surge como una fuerza renovante en la historia a finales del siglo XVIII, no ya como especulación filosófica, sino como una serie de ideas preconcebidas que buscan reordenar la institución del estado, y en el caso de los socialistas libertarios, hacer desaparecer el mismo. Permítame señalar que los libertarios planteaban la desaparición del Estado a inmediato término. Los demás lo avizoraban a mediano o largo término como consecuencia de un proceso histórico irreversible. Unos y otros no podían escapar del criterio lineal de la historia, en consecuencia de los valores culturales imperantes y los niveles del conocimiento científico alcanzado. Muy lejos se encontraban de comprender la complejidad de la célula, su reacción ante estímulos y mutaciones; y mucho menos la complejidad del átomo y las consecuencias de su desintegración o recomposición.

Es importante extender las reflexiones sobre estas ataduras de la acción social a los principios que determinaban las estructuras culturales-religiosas de ateos, no ateos y agnósticos en la sociedad. Pero el objetivo de este articulo no es tan ambicioso. Se concreta en delinear corrientes de pensamiento, y percibir la realidad para determinar, sustentados en los valores del socialismo, el quehacer político del presente.

Hay ideas preconcebidas que se perpetúan sin que se las ponga en tela de juicio. Tal es el caso de los países llamados "socialistas" o "comunistas", o también "del socialismo real" o del "socialismo realmente existente".

Al desplomarse el imperio zarista, toma el poder en octubre de 1917 un gobierno que, manteniendo algunas de sus más oscuras facetas, se autoproclama socialista y devino en despótico capitalismo de estado, provocando desde un principio la oposición de numerosos socialistas (Carlos Kautsky y Rosa de Luxemburgo en Alemania; Max Adler y Bruno Bauer en Austria; Bruno Rizzi en Italia; y en Rusia Jorge Plejánov, Julius Mártov, Pavel Axelrod y León Trotsky, el jefe del Ejército Rojo y Ministro de las Fuerzas Armadas y Relaciones Exteriores al asumir el gobierno con Vladimir Lenin, consolidando el triunfo frente al anacrónico zarismo). Hemos de decir al concluir esta referencia que la mayoría del Comité Central del Partido Bolchevique y dirigentes de otras organizaciones socialistas pagaron con su vida haber discrepado con el golpe bonapartista ejecutado por Stalin después de la muerte de Lenin.

La referencia a la Unión Soviética y el régimen allí establecido ha tenido por objeto hacer evidente lo erróneo de calificar al mismo como "socialismo real," ya que al producirse el golpe bonapartista de Stalin se instauró un clásico capitalismo de estado esencialmente contrapuesto al socialismo.

La llamada Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas ha sido, desde entonces, identificada con el socialismo hasta el desplome del despótico régimen de capitalismo de estado que padecía, contribuyendo así en gran medida al rechazo de éste por mayorías de trabajadores, artistas e intelectuales atemorizados por el totalitarismo que Rusia representaba. Los capitalistas, entusiasmados, divulgaban y tergiversaban esta situación, ayudando a los estalinistas a perpetuar esa confusión. Y ellos en compensación a la asistencia de esos intereses dividían al movimiento obrero y a las organizaciones populares que se enfrentaban al imperialismo y al capitalismo.

Muchas décadas después, en Cuba la dictadura de Batista se desplomó en consecuencia de la presión de varias organizaciones de combatientes abanderados en los valores de la Revolución Cubana, y el grupo que se apoderó del poder hizo pagar con su vida, o el ostracismo en prisiones y exilio, a los que se oponían al régimen unipersonal y al capitalismo de estado que se establecía copiando al régimen soviético en sus aspectos más negativos.

Estas tergiversaciones del socialismo han permitido que las mayorías populares no puedan comprender o desarrollar un proyecto político fundamentado en los valores del socialismo, surgido en la clara percepción de la realidad en cada espacio-tiempo-histórico.

Es cierto que el capitalismo privado sin proponérselo establece una convivencia con institucionalidades de diversas estructuras y tolera ciertos cuestionamientos sociales que el capitalismo de estado no tolera. Confiando en el control mediático, su capacidad de ofrecer prebendas, promover vanidades, y ejercer controles económicos y policíacos que puedan garantizar los intereses de la oligarquía, a ese efecto han formulado la llamada "democracia representativa", que ha sido un relativamente eficiente ordenamiento institucional durante el pasado Siglo XX y hoy se incrementa el deterioro de su prestigio.

Este deterioro de la "democracia representativa", que nunca ha titubeado en ejercer la violencia en cualquiera de sus formas cuando la oligarquía se ha sentido en peligro, ha hecho que los grandes consorcios empresariales y financieros traten de imponer la globalización económica y la desregulación laboral.

La oligarquía se internacionaliza, concilia sus intereses y, en lo internacional, delega en los estados el uso de los ejércitos para garantizar sus intereses sustentados en la doctrina de la seguridad nacional; y en lo interno, la represión policíaca a fin de mantener la estabilidad política, garantía del progreso conforme a los que gobiernan a nombre de la "democracia representativa".

En la "democracia representativa" cuando no está en riesgo el control capitalista se permiten expresiones contestatarias, limitadas por el no acceso a los medios de difusión masiva, al objeto de dar una imagen democrática en la sociedad. En el capitalismo de estado la burocracia asume la dirección política y económica de la sociedad ejerciendo el poder a nombre de la voluntad popular, haciendo escarnio frecuentemente en los llamados procesos electorales, al que acude la población al efecto de eludir problemas con el partido único y las fuerzas policíacas.

El capitalismo de estado no es un régimen socialista, sistema que se implantó en la Unión Soviética primero, posteriormente en países europeos dominado por ésta y que continúa en Cuba. Hemos reiterado que el socialismo se fundamenta en dos valores esenciales: solidaridad y colaboración, suponiéndose que en una sociedad inspirada en esos valores podrá realizase en libertad y plenitud la persona humana.

Decir que la URSS fue socialista -y Cuba lo es porque los medios de producción fundamentales están en poder del partido-gobierno- es como afirmar que en algunas de las "democracias representativas" hay cierto nivel de socialismo, porque algunas empresas de servicios públicos o transporte sean propiedad del estado o toleren la existencia de cooperativas.

Hemos reiterado que de hecho -siempre ha sido y es- la administración y dirección de la economía por parte del gobierno-partido no es más que una modalidad de la economía capitalista. Hoy los voceros del capitalismo califican que esos países experimentaron las penurias del "socialismo real". Nosotros los rectificamos: Esos pueblos padecieron y el nuestro padece del "capitalismo de estado", ya que el pueblo por medio de las organizaciones en la base social: comunidades, obreros, campesinos, promotores de la cultura, etc., no ha participado en la dirección y administración de las empresas.

Podemos observar que el modelo económico del capitalismo de estado tiene similitudes fundamentales:

El modelo ruso implantado en Cuba aproximadamente medio siglo se caracteriza por:

  • Una minoría dirigente designada por el partido-gobierno controla los medios de producción.
  • Los trabajadores son obligados a vender su fuerza de trabajo al empleador a cambio del salario. Este concepto es contrapuesto al del socialismo-revolucionario en que el trabajo no es una mercancía, sino que es la inversión del trabajador en las empresas de producción y servicio, públicas o privadas.
  • Un estado al servicio de los intereses de la casta dominante.

En la fenecida URSS y en Cuba, la dirección económica y el poder político son ejercidos por el partido-gobierno que ha establecido una nomenclatura integrada por el Secretario General/Jefe máximo, el Buró Político, el Secretariado, y el Comité Central, los cuales controlan personalmente las posesiones claves del gobierno, estructura no muy diferente a la de los faraones de Egipto y los emperadores de China.

Prueba de ello es que al desplomarse el capitalismo de estado en Rusia, sectores dominantes en la nomenclatura de la sociedad rusa se apoderaron de los recursos económicos, convirtiéndose en la nueva clase del capitalismo privado. Lamentablemente, en la nomenclatura del estado cubano muchos pretenden imitar en su primera oportunidad la mala experiencia soviética.

El capitalismo privado, al desplomarse la Unión Soviética, utilizó todo su poderío mediático a repique de campana, identificando al capitalismo de estado como "socialismo real", creando las distorsiones más arbitrarias y promoviendo a modo de actor de cine a Francis Fukuyama como el gran filósofo de la historia que proclamaba el triunfo del capitalismo, el fin de la historia y de las ideologías. Realmente, las campanas se silenciaron en poco tiempo; apenas dos décadas después ya se hacía evidente la declinación irremisible del capitalismo.

Réplica y comentarios al autor: r.simeon@psrdc.org




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