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   La chompa de Evo

Evo Morales es el primer presidente indígena de Bolivia. Su trayectoria y ascenso han llamado la atención internacional por su origen de luchador social y personalidad: en su primer visita por el mundo vistió una chompa (suéter) que le valió múltiples comentarios pero, ¿cuál es realmente el mensaje que debemos leer debajo de esa prenda?

En nuestros estándares mentales, influidos por la televisión y sus modelos occidentales, el uso del traje y de la corbata representa la elegancia y la formalidad: el mundo de los negocios y de la política. ¿Quién se atrevería a asistir a una entrevista de trabajo sin saco y corbata? ¿Qué presidente asistiría a la ONU sin usar un traje? Para muchos, sería visto como una falta de respeto.

La vestimenta clasifica, sin duda, a su usuario, del mismo modo que lo hace el peinado pero, ¿es esto un indicador de la personalidad o un convencionalismo social? El hecho de que Evo Morales haya optado por la "informalidad" (vista desde nuestros parámetros) y evitado vestir "a la occidental" puede leerse de diversas maneras: mostrar un mayor acercamiento con las bases que le sostuvieron políticamente, resaltar la identidad nacional, indicar el desacuerdo con la "occidentalización" o, simplemente, la promoción de los productos nacionales, pues la alpaca es uno de los productos más reconocidos de su nación.

Paradojas globales

La globalización ha traído, en los últimos tiempos, una paradoja, pues si bien es cierto que una gran cantidad de productos similares se venden por todo el mundo y las grandes cadenas están establecidas en muchos países, también es cierto que establecemos diferencias: somos iguales, pero no compramos los mismos discos. Vamos a la misma tienda de ropa, pero no compramos los mismos modelos.

A la par de la uniformidad, la globalización también nos permite cierta individualidad (como escuchar una estación de radio que se transmite a miles de kilómetros de distancia, o ver un atardecer en el ártico; google también se encuentra en quechua). El mundo se ha vuelto más accesible y ahora hay más surtido: en los supermercados del Perú, por ejemplo, podemos encontrar tortillas, quesos neozelandeses, o vinos australianos.

No podemos negar, sin embargo, que 5 mil millones de personas no cuentan con acceso a Internet, y en ocasiones se nos olvida que hace 30 años no existían las computadoras. Incluso, tendemos a ignorar que hay zonas de este mundo en donde un transmisor de radio es la única manera de no estar incomunicado y nos asombramos que se requieran 18 horas para ir de un pueblo a otro en los andes.

¿Será acaso que debemos aprender a ver las diferencias y reconocer que el mundo no es sólo internet-computadora, McDonald's- Pizza Hut, traje-corbata?

Hace unos días, un profesor belga (de la parte flamenca) me contaba que en una recepción del gobierno de Sudáfrica en Lima, el embajador y su esposa (una pareja blanca, como la aún mayoría de sudafricanos en el poder) vestían un traje típico usado por los aborígenes zulúes, e incluso me comentó que habían intercambiado palabras en Afrikáans, una lengua muy similar al flamenco (que fue el idioma oficial hasta 1961).

Si hiciéramos una visita por los pasillos de la UNESCO en París, seguro nos encontraríamos que sólo los representantes africanos y algunos de Medio Oriente, en contados casos, usan trajes típicos. Los demás, fieles al protocolo, visten a la occidental: pareciera que queremos olvidar que estamos hechos de diferentes nacionalidades.

¿Después del traje, el corazón?

Lo que me parece preocupante no es en realidad su uso, sino la imitación, que trae abandono de conocimientos ancestrales y valores.

Desafortunadamente, al reproducir los modelos occidentales no sólo copiamos la forma de vestir, sino la de pensar: hoy día, un amplio espectro de la clase política y académica mundial actúa de acuerdo con los esquemas mentales que les han impuestos desde las escuelas de renombre internacional (Harvard, Oxford, MIT), y se han olvidado que a la universidad se va a reflexionar, no a calcar ideas.

Como obvio resultado, muchas de estas políticas sólo han mostrado su ineficacia ante las distintas realidades; pero más patético aún es que los centros educativos no cuestionen los modelos e intenten aplicarlos sin más análisis: el intercambio cultural es importante e innegable, pero tenemos que aplicar nuestra capacidad de discernimiento y filtrar la información de acuerdo con nuestros valores morales y conceptos.

Un pequeño ejemplo: en la época prehispánica, los pueblos del altiplano boliviano tenían una forma de estructuración social y política: por ejemplo, no existían las elecciones, sino las mayordomías. Los miembros de la comunidad tomaban, de manera voluntaria, el liderazgo comunal, que era rotativo y duraba un año. En ese periodo, el mayordomo tenía la obligación de visitar a todos los miembros de la comunidad y ayudar a solventar los asuntos importantes.

Pero llegaron los españoles y comenzaron la extracción mineral, para lo que requirieron importar la mano de obra del campo, con lo que comenzaron a afectar las estructuras sociales. Como la explotación de filones aumentó, fue necesario producir más alimentos para los mineros, en un campo que ya escaseaba de labor. Entonces los conquistadores dictaron modos de producción, según los conocían, y desdeñaron los conocimientos agrícolas del altiplano: una tierra que había tomado cientos de años domesticar. Con eso se terminaron de desarticular las formas de organización, dejando el campo en terribles condiciones.

Pero eso no es todo. En los años ochenta llegaron las ONG’s para "dictar" las instrucciones de lo que debían de hacer los bolivianos para tener mejores cosechas: las técnicas de producción del primer mundo serían seguramente más eficaces (claro, ¡como en Europa hay tierras agrícolas a 3,500 msn!). Establecieron canales de irrigación, distribuyeron los cultivos, pero jamás preguntaron por qué las cosas se hacían de un modo u otro (una muestra: para algunos andinos, el agua se distribuye de acuerdo con quien la haya traído, no por las necesidades que tiene cada quien).

Y después quisieron enseñarles a respetar el medio ambiente, como si el campesino andino no hubiera llevado toda su vida una relación simbiótica con los elementos de la naturaleza. ¿Acaso no había razón para que los bolivianos se burlaran de sus esquemas crediticios que ni siquiera comprendían claramente?

Me pregunto en qué momento se nos indicó que se trataba de copiar los estilos y esquemas de los demás: lo que funciona para unos no tiene necesariamente que ser óptimo para nosotros. Los pueblos del mundo tenemos miedos, cosmogonías y experiencias similares, pero también contamos con rasgos distintivos: comprender a las demás culturas debería comenzar por conocer nuestras raíces.

Vestir la chompa

En boga está la aplicación, en los programas políticos, sociales y económicos, del término "desarrollo sustentable", que entre uno de sus múltiples llamados, contempla el respeto a las identidades culturales y el crecimiento económico de los más pobres, para hacer un mundo más igualitario. ¿No implica esto que la chompa debería ser mejor vista?

La chompa de Evo Morales representa una identidad: la de un hombre que ha escalado cada peldaño haciendo un esfuerzo máximo contra los esquemas occidentales: indio, escasamente educado, cocalero.

Es también un reclamo hacia el que llamamos primer mundo: de justicia para recuperar lo propio, de búsqueda de nuevos modelos económicos contra el comercio despiadado, de 500 años de resistencia de un pueblo por defender una cultura; una queja de los desarraigados a los que la buena globalización nunca ha llegado, que toman posiciones en el panorama internacional y piden ser considerados en el diseño del mundo.

Independientemente de las inclinaciones políticas, es cierto que existe el peligro de los nacionalismos a ultranza, pero no debemos confundirlos con los derechos indígenas. En muchas ocasiones pienso que Evo es mucho más inteligente que Chávez y Lula al haber subido a su nave y al mismo tiempo decretar la nacionalización de sus recursos.

Ojalá hubiera más chompas en el mundo, y trajes típicos como el de Rigoberta Menchú y gente como Gandhi, que sin usar traje ni corbata, también logró la libertad de su pueblo.

Visita el blog del autor en:
http://spaces.msn.com/members/andariego/

(*) Trovador d’époque

Réplica y comentarios al autor: samorales@hotmail.com




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