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   Medio Oriente: Límites de la unilateralidad

En los últimos días hemos sido testigos de una nueva escalada de violencia entre israelíes y palestinos. Errores, irresponsabilidades, falta de tacto, declaraciones y la incapacidad de contención de diversos actores ponen en evidencia los límites de la salida israelí de Gaza. En este espacio hablamos hace unas semanas de la estrechez de esta acción del gobierno encabezado por Ariel Sharon debido al carácter unilateral de la desconexión. La falta de una negociación formal no permitió coordinar con la contraparte palestina el desmantelamiento de las colonias judías y la salida del ejército israelí. Esta carencia tampoco brindó legitimidad a la Autoridad Nacional Palestina y fortaleció, en cambio, la posición de Hamas que argumenta que la salida israelí de Gaza es producto de la lucha armada y el primer paso a la destrucción del Estado judío.

De haberla buscado, una negociación habría permitido retomar el rumbo hacia una solución al conflicto basada en dos Estados independientes. Sin embargo, el movimiento táctico de Sharon no forma parte de una visión más amplia. Eso sí, el primer ministro israelí purificó, al menos por el momento, su imagen ante la opinión pública internacional y en el terreno de las percepciones el balón pasó del lado palestino. Abbas es ahora presionado para desarmar a las organizaciones radicales y parar el terrorismo, pero su debilidad le resta méritos para hacerlo. En vez de enfrentarse a Hamas, busca cooptarlo a través de su participación en las elecciones parlamentarias de enero próximo. En el ámbito de las declaraciones, el gobierno de Sharon amenazó con entorpecer el proceso electoral palestino si Hamas participaba en él. Abbas exigió a Israel no involucrarse y amagó con no reunirse en octubre con el líder israelí.

En este contexto, el más reciente ciclo de violencia inició precisamente por la falta de capacidad o deseo para buscar acuerdos de largo alcance. El jueves 22 de septiembre tropas israelíes emboscaron a tres miembros de Jihad Islámica en Tulkarem, en Cisjordania, lo cual provocó la reacción de la organización que atacó desde Gaza territorio israelí con una serie de morteros. Al día siguiente (23 de septiembre), 10 mil militantes de Hamas se manifestaron armados en el campo de refugiados de Jabalia en una demostración de fuerza. En el evento estalló un camión cargado de explosivos matando a más de 20 palestinos e hiriendo a otros 140. La explosión fue causada por la torpeza en el manejo de las armas, como revelaron posteriormente las investigaciones de la ANP. Lejos de aceptar su error, el liderazgo de Hamas culpó a los israelíes de lo ocurrido. Acto seguido, radicales palestinos atacaron poblados al sur de Israel con unos 40 proyectiles caseros (Qassam). En represalia, el gobierno de Sharon puso en marcha la operación "Primera Lluvia" y reinició los asesinatos selectivos de presuntos terroristas. A pesar de que líderes de Hamas han exigido a sus seguidores poner fin a los ataques contra Israel, se mantienen los operativos israelíes contra diferentes posiciones de los radicales islámicos en Gaza. Por si fuera poco, casi 400 militantes de Hamas y Jihad Islámica han sido apresados en Cisjordania.

La Gaza bajo control de los propios palestinos descubre la debilidad de la autoridad de Abbas, que, entre otras cosas, ha sido incapaz de mantener el orden en la frontera con Egipto. No obstante, la irresponsabilidad de Hamas podría crear nuevas oportunidades para afianzar su gobierno en el terreno institucional. Y es que el movimiento islámico sigue mostrándose confuso en la nueva realidad. Mientras mantiene la lucha armada, incluyendo atentados terroristas y ataques en territorio Israelí, se dispone a participar en un proceso electoral estipulado en los Acuerdos de Oslo. Acuerdos que, si recordamos, reconocen la existencia de Israel.

Así, en lo que Sharon sobrevive políticamente al interior de su partido, también disfruta el curso de su última batalla. La desconexión se convierte en un diseño para perpetuar el conflicto y evitar ceder más territorio palestino, dejando a Gaza bajo condiciones que dificultan al máximo su gobernabilidad. Ese fue el caso al no haber destruido los edificios que albergaron a las sinagogas de los otrora asentamientos judíos pese a que su gabinete había aprobado lo contrario. En suma, la violencia entre israelíes y palestinos retoma su curso tras el lapso de relativa calma que significó el momento de la desconexión. En todo caso, la falta de contención podría convertirse en la semilla de una tercera intifada y su respectiva cuota de muertos.

Una primera versión del artículo se escuchó en la columna semanal de "Revista Antena Radio" de 107.9 FM.

Réplica y comentarios al autor: j_hamra@yahoo.com




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