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En días pasados acudí al Congreso del Colegio Nacional de Economistas. Este evento, que realizamos periódicamente, se dedicó ahora a realizar una propuesta de política económica que garantice el desarrollo sustentable. Allí, junto a especialistas en diversas ramas del crecimiento económico, estuvieron representantes de los candidatos del PAN, PRI y PRD a la Presidencia de la República, quienes expusieron las propuestas económicas que están presentando en busca del voto del 2 de julio próximo.
La reunión nos permitió consolidar ideas relacionadas con lo que se ha dado en llamar "estancamiento estabilizador" -por su empeño en mantener los indicadores macro en equilibrio-, que nos está llevando al caos, sin que alguien en el gobierno actual intente siquiera detener la hecatombe; sobre todo, porque no poseen la formación ni la experiencia para interpretar lo que ocurre y actuar en consecuencia.
En las presentaciones partidistas -salvo la del PAN, que desconoció la importancia del evento y mandó a un segundón a presentar un deshilvanado proyecto- se asumieron posiciones claras. Procurando no salirnos del análisis, hicimos cuestionamientos que fueron ampliamente atendidos. Las respuestas ofrecidas mostraron la preparación de los representantes y el grado de asimilación de las ideas expresadas, las que seguramente podrán enriquecer la visión del equipo económico de López Obrador y el de Madrazo, los que de por sí son de primera línea.
Los aportes que el Colegio brinda a los candidatos tienen que ver con asuntos torales de la vida nacional. Por ejemplo, propuestas para lograr tener un mayor y mejor remunerado empleo; buscar el fortalecimiento y, en su caso, puesta al día de las instituciones de la República -destrozadas algunas por la incapacidad del triste gobierno de "la transición"-; y la atención prioritaria a los problemas del agro. El abandono de estas tareas han llevado a la nación a una brutal descomposición social, donde la delincuencia organizada hace de las suyas y busca dominar amplias zonas del territorio nacional. Aquí debe hacerse algo, y pronto.
En el evento se habló de la urgencia de un pacto, al estilo del de la Moncloa -por supuesto que en el contexto de nuestra realidad-, que nos lleve a algo parecido a la propuesta de David Ibarra: crear un Consejo Económico y Social, en que trabajadores, empresarios y gobierno se pongan de acuerdo en todo lo concerniente a la política económica y social del país, asumiendo los compromisos que sean necesarios para atender los requerimientos más sentidos de la población. Digamos que es urgente superar la transición abortada y construir los peldaños rumbo a un sistema político y económico que aproveche la globalización, supere los rezagos sociales y nos incorpore a la lucha por asumir los compromisos que la era del conocimiento y la información nos exigen, y de esta forma bregar por una posición que impulse la equidad social.
Se criticó el hecho de que ahora sólo sea importante mantener la estabilidad macro, aunque con ello se detenga el desarrollo y se soslaye la lucha contra la desigualdad. Es grave que se pierdan empleos estables y crezca la economía "informal", que es casi igual, en dimensiones, a la regida por leyes y reglamentos.
En el contexto de la producción y el empleo, pusimos énfasis en la problemática del campo. Este sector ha visto desaparecer casi toda la infraestructura financiera y de servicios que tenía. Ello llevó a la indefensión a 3.5 millones de jefes de familias campesinas, frente a unos cien mil que se benefician de la apertura del TLC.
Lo cierto es que el Congreso fue un buen marco para recordar, en grupo, las urgencias nacionales. Si somos capaces de construir un programa de desarrollo económico y social, sustentable y bien articulado, seguro que creceremos a partir del 2007. Tal vez esto no nos lleve a disputarle a China el primer lugar mundial para el 2025, pero de seguro que nuestros hijos y nietos podrán tener un mejor lugar para vivir, comparado con el que tenemos ahora.
Réplica y comentarios al autor: v_barcelo@hotmail.com
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