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Enanos

Hasta donde alcanza su memoria histórica, los enanos se han sentido atraídos por los cimientos de la tierra y han ubicado sus moradas en el interior de las montañas más sólidas. Las viviendas enanas distan de ser simples cuevas o aun mazmorras subterráneas: sus salones son vastos, luminosos y bien ventilados, fruto de un gran sentido de la organización. No tienen nada que envidiar en comodidad a las estancias de otras razas, o aun sería al revés, pues una ciudad enana es un bastión inexpugnable mientras haya enanos para defenderla.

La mentalidad enana está enfocada a lo perdurable. Sus obras son fruto de largos años de paciente trabajo, aunque cuando se ponen manos a la obra son laboriosos e inagotables. Una obra enana puede requerir cien años para completarse, pero una vez terminada resistirá el paso de los siglos a no ser que la arruine un cataclismo. Son especialmente hábiles trabajando la piedra y los metales, no así la madera o las fibras, destinadas a arruinarse con el tiempo. Las runas están presentes en todos sus trabajos, y su alfabeto está muy extendido entre otras culturas, especialmente para señalización, firmas y sellos oficiales. De la misma manera ellos han adoptado la escritura élfica, fluida y rápida, para redactar documentos o anotaciones rápidas –no así sus memorias históricas y textos legales, escritos en su lengua y con sus propias runas-. El idioma enano es desconocido por la práctica totalidad de las otras razas, pues es uno de sus secretos mejor guardados junto con la localización de las vetas de mithril y no la enseñan a nadie.

Los enanos tienden a la sobriedad; sus herramientas, ropas y viviendas son funcionales pero de manufactura elegante, con adornos geométricos que representan sus linajes. Lo mismo sucede con sus hábitos alimenticios; no son dados a la cocina compleja, preparan platos sencillos y energéticos; se alimentan principalmente de caza, pan y cerveza, aunque existen lugares donde hay auténticos campos subterráneos.

La sociedad enana es organizada, si bien no excesivamente rígida. La mayor parte de la población compagina las tareas de defensa de la ciudad con otra labor; unos pocos dedican todo su tiempo a la vida militar, y gozan de un gran respeto entre sus camaradas –que comparte con los elaboradores de cerveza de malta-. Sus leyes son complejas y se asientan en códigos de milenios de antigüedad. Todos los enanos atribuyen a sus leyes un valor cuasi-sagrado, por lo que pocos intentan manipularlas o violarlas; la idea de un abogado moderno sería impensable para ellos, y el perjurio se considera un delito muy grave. La autoridad la ejercen los líderes de clan, que actúan de consejo para una monarquía hereditaria.

No existen grandes regiones enanas; se agrupan en ciudades-estado, que raramente tienen desavenencias entre sí; son más comunes las disputas internas entre clanes que las luchas entre ciudades. Aunque los gobernantes suelen ser varones, a escala familiar la sociedad enana es casi matriarcal. Precisamente las mujeres no suelen entrar en la política por estar dedicadas al gobierno de sus hogares, dominando siempre la mujer de mayor edad; ésta mantiene la autoridad hasta su muerte o hasta que se la pasa –con una gran ceremonia- a la siguiente mujer de mayor edad, aunque esto no ocurre a menudo dado el fuerte carácter y el vigor de que hacen gala las “abuelas” enanas (éste es el título que se da a la matriarca de una casa). “Tener un cabreo de abuela” es una expresión común entre los enanos.

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