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LA EXPULSIÓN DE LOS JUDÍOS ES MILENARIA

 

 

“El Truco de la judería fue insinuarse fraudulentamente entre las religiones con una confesión como el judaísmo, que en realidad no es religión. El judío vistió sencillamente de religión su doctrina

y discriminación racial.” Adolf Hitler

 

 

(Gracias a su "ciencia racial" el judío ha podido perdurar a través de los siglos, donde todos los demás pueblos mezclados y mestizos han desaparecido. El judío propicia las mezclas para los otros, mientras se guarda el racismo para sí. De este modo obtiene el poder mundial.)

 

Hemos dicho que la historia de los judíos es nebulosa y sus huellas han sido borradas por ellos mismos, a partir de

seiscientos antes de la Era Cristiana y del "Pacto Renovado". Insistimos en pensar que la historia anterior, inventa­da por ellos en los textos de una Biblia expoliada, ha sido superpuesta a la de otra gente, que no era judía y que serían los Asen y los Hebreos. Este último nombre quiere decir "gigante" y aparece por primera vez en una es­tela egipcia. Es así como el mismo David -si existió alguna vez, tal como se cuenta- sin ser de sangre aria pura, sería un amorita, es decir, nórdico. Sus características no son las típicas judías, como tampoco lo serán las de los profetas. Moisés no era judío, era egipcio, probablemente, un sacerdote de Akenatón, llamado Osarsiph, y por ello monoteísta, como lo revela Renán. Su mujer era etíope. Sus famosas "Tablas de la Ley" han sido cambiadas, desconociéndose cuáles serían las auténticas. Los judíos dicen que él mismo las destruyó. Habría sido asesinado por los judíos, pertenecientes a la tribu nómade y primitiva de Judá. La historia de las otras tribus perdidas también debe ser una fábula traspolada de las doce tribus germánicas de los arios, verdaderamente el "Pueblo Elegido", el "Pueblo de Dios", del Dios-Héroe Wotan, como hemos explicado. Doce tribus hiperbóreas, que emi­gran del Desierto del Gobi. (Ver mi trabajo "Nacionalsocialismo, única solu­ción para los pueblos de América del Sur".). Y a Moisés se le ha traspolado la Leyenda del Guía-Jefe del Éxodo Hiperbóreo, Wotan, y del Legislador Manú. Es la historia de otro pueblo y otra gente, que los judíos se han apro­piado y falseado, la de los Arios Hiperbóreos y de los gigantes Hebreos, o como se les quiera llamar. Pienso que si Hebreo quiere decir gigante, Goliath pudo ser uno de ellos y también Sansón.

Según el Profesor Wirth, los judíos eran una tribu de esclavos en la lejanísima civilización del Gobi, que emigran con los hiperbóreos, al ser des­truida esa gran civilización post-hiperbórea. (A esta catástrofe se referiría la leyenda simbólica de la Estatua de Sal y la mujer de Lot.) Son como los gitanos, sólo que sobre los judíos Jehová armará su Golem. Y es de este mo­do que las características más notorias del judío, posterior al Pacto Renova­do, ya se manifiestan mucho más allá de tres mil años antes de la Era Cris­tiana. Por ello, la expulsión de los judíos y su persecución son milenarias, no de hoy, ni un asunto único de los nazis hitleristas, como se nos quiere hacer creer. En todas partes fueron recibidos sin resistencia, se les abrieron las puertas y, una vez entronizados en la economía y la política, se hicieron indeseables, debiendo ser expulsados por defensa propia y por instinto de preservación de la comunidad. La comparación con los gorriones es válida, debiéndose concluir que el Demiurgo aplica ciertos parámetros, o pensa­mientos-fuerza, ideoplasmas, que repite en todos los reinos de la naturaleza que va a corromper.

Al parecer, la primera noticia que se tiene de una expulsión de los judíos sería de los años tres mil antes de Cristo, en Caucasia, por los arios hiperbóreos, procedentes del Gobi.

Emigran a Ur, de donde los expulsan los sumerios, en el 2400 a.C. Es allí donde habrán sustraído "El Génesis", documento antediluviano, que ellos falsean. Siguiendo su hábito parasitario, los judíos se acoplan a la emi­gración a Palestina de algún otro pueblo, apropiándose en el camino de todo lo que pueden. Lo hemos dicho, se parecen a los gitanos, tribu "paria" de criminales de la India. Palestina es tierra de filisteos, es decir, de nórdicos también. Peliochtin-Philisteo-Palestina; como Jerusalén viene de Jebus­salem, de los jebuseos. (Ver mi libro "La Resurrección del Héroe", capítu­los "Pablo de Tarso" y "Los Godos".) La ciudad de Jerusalén (Salem-Salomón-Jerusalén) es de alrededor del 1913 a.C. (Salem = Paz). De ahí los judíos emigran a Egipto, donde ya José se ha apoderado de las finanzas, "interpretando los sueños del Faraón". Se ha valido de una mujer, la de Puti­far; táctica que los judíos siguen utilizando hasta nuestros días. Se nos ha dicho que José era también de esa anti-raza, siendo vendido por sus hermanos. En todo caso, habría sido el culpable de la destrucción de la economía egipcia y de las "Siete Plagas". (Recesión combinada con inflación.) El Faraón Amenhotep VII deberá tomar medidas contra los judíos. Logran escapar y vagabundean "cuarenta años ( ¡!) en el desierto" (¿transposi­ción del éxodo del Gobi?), hasta que Josué -un filisteo- toma la ciudad de Jericó, derrumbando sus muros con un sonido de la Kábala Orfica, un Mantra. De ello se habrían aprovechado los judíos. En Palestina se halla­ban los filisteos, como hemos dicho, los mohabitas, los jebuseos, los amo­ritas. Del año 1000 al 977 a.C. nos han contado que gobierna Salomón y que habría construido el Templo en Jerusalén, bajo el consejo y la dirección del extranjero Hirán. Mas, es posible que Salomón no haya existido como indi­viduo, siendo nombre genérico, simbólico, de la Ciudad de la Paz: Salem. Toda esta simbología ha venido a ser utilizada después por la Masonería mixta. Los judíos han hecho pasar esta época, esta leyenda, como la más brillante de su historia, correspondiendo en verdad a otro pueblo; tal vez a los Hebreos, ya en decadencia. A los gigantes involucionados y luego ase­sinados, como Goliath. En verdad, todo puede haber acontecido en otra parte, en el Gobi, o en el Cáucaso, tierra del Gigante Prometeo, donde tam­bién llega Heracles-Hércules (¿Sansón encadenado a las columnas del Tem­plo?).

En una desastrosa guerra con Asiria, el reino de los "Hebreos", de "Israel", se pierde. Adviene la edad de los profetas. De ellos se apropia tam­bién la tribu de Judá, que, además, entra en conflicto con la de Benjamín. Especialmente, utilizan las profecías de Isaías, para hacer creer que les prometía a ellos el dominio de toda la tierra, con la venida de un Mesías, o Rey del Mundo de los Judíos. Mesías es un concepto egipcio, aparecido en sus estelas y también tomado por los romanos. Significa el Sol, "El Enviado" anualmente para hacer madurar los frutos. De ahí viene Misa, del latín mes­sis, cosecha, ofrenda; feriae messis, fiesta de la recolección. De las profecías de Isaías, usadas en beneficio de su tribu, se han valido los judíos para trazar su estrategia de conquista planetaria, expuesta en "Los Protocolos de los Sabios de Sión". Comparando este documento con esas profecías del "An­tiguo Testamento", arreglado por escribas fariseos, se puede descubrir cómo las han adulterado para hacerlas coincidir con sus planes de dominio y cons­piración mundiales.

Los judíos de hoy son los descendientes de la tribu de Judá, mayormente. En el 719 a.C., Asiria destruyó el reino de Israel, como hemos dicho (ls-Ra-El, nombre rúnico, egipcio, iniciatico, que nada tiene que ver con los judíos), llevándose al exilio a esas famosas "diez tribus perdidas" que, de haber existido, serían de Hebreos, de Israelitas, con porcentaje de sangre nórdica, de los hiperbóreos que antaño intentaran la conquista de Egipto y que fueran vencidos y hechos prisioneros por Ramsés II (los Tamehu de los frisos egipcios), según nos cuenta Spanuth, en su libro "Los Atlantes".

Después de la destrucción del reino de Israel, perduraría sólo el llamado reino de Judá (nos afirman los judíos) con Jerusalén como capital. Aquí habrían quedado las tribus de Judá y Benjamín. Mas, el rey se llama Joachim, nombre que no parece judío, sino godo. Entra en un conflicto con Babilonia, provocado por los judíos. Es derrotado y los judíos son llevados al cautiverio por el rey Nabucodonosor, en el año 597 a.C. Obtienen favores de este rey, al que luego traicionan, pasándose al lado de los persas. Aquí produjeron la más horrible matanza, de miles de persas arios y antijudíos, del Ministro Amán, valiéndose de las intrigas de la judía Esther, mujer del rey Asuero, quien les dio la libertad y les envió de vuelta a Palestina, donde dicen haber restaurado el Templo de Salomón. (Ver Anexo III.) Esa masacre la celebran aún hoy los judíos en su "Festividad de Purim". Una matanza ritual, como la de los palestinos en Sabra y Chatila, como la de los polacos en el bosque de Katyn, la de los alemanes vencidos en Nürenberg y la de los nazistas chilenos, el 5 de septiembre de 1 938.

Es en el 536 a.C., cuando el rey persa les envía de vuelta a Jerusalén, que comienza la historia mejor conocida de los judíos, coincidiendo con las "leyes raciales", de la anti-sangre y anti-raza, a objeto de mantener un continuo impuro, revitalizándolo, y con el "pacto Renovado" con Jehová, dis­puesto por Ezdra, Nehemías y la Gran Sinagoga. Se inventa y se falsifica toda esa "historia de Israel", aplicada a la tribu de Judá y, por medio de un ideo­plasma jehovítico se trae a la existencia al judío propiamente tal, esa anti­raza propiciada por una Voluntad racional ajena, completamente artificial. Un Golem, un Huitralalhue (1), una proyección mental, casi una ideovaria­ción. Se establecen las directivas en los planes secretos para la conquista mundial, que Jehová desea e inspira. Las logias, las organizaciones ocultas, existían desde la esclavitud en Egipto. Ahora se imponen las directivas de hierro, que se habían aflojado al parecer, a sangre y fuego, de la mañana a la noche, del nacimiento a la muerte, con la ciencia de una genética desconoci­da y siniestra, de la mezcla graduada de las sangres a objeto de mantener el continuo impuro, y no debilitarlo. Es una traspolación de la ciencia aria, hiperbórea de la pureza de la raza, ya codificada en las "Leyes de Manú", de los arios védicos de la India y de los Asen, aplicada por ellos en la alta civili­zación del Gobi, al perderse la Hiperbórea polar. Con anterioridad al "Pac­to"  pareciera que Jehová venía experimentando, haciendo ensayos de su Golem Genético, por aquí y por allá, en los Asuras de Persia, en los Calcus de la Araucanía, en sus Huitralalhues, entre los desechos raciales de la cloaca gentium, encontrando al fin la condición apropiada en el spe­cimen maligno y degenerado de la tribu de Judá, mezclada antaño con ani­males totémicos, con el Sheidim (suerte de Huitralalhue Ver mi "Ultimo Avatara"). Es allí donde Jehová, por mandato del Demiurgo, por reflejo imitativo o proyección, va a fabricar su Golem, su robot de larga vida, para apoderarse con él del planeta y poder combatir a los divinos Asen y Viras, a los Héroes.

Pero las características fundamentales de los judíos se hallaban acti­vas con anterioridad al "Pacto Renovado". Desde el Desierto del Gobi, según el Profesor Hermann Wirth. Es por eso que allí donde ellos llegan serán per­seguidos y expulsados. Se agudiza el fenómeno con la Diáspora, o dispersión universal. En todas partes traicionan. A los babilonios con los persas; a éstos con los griegos y a los griegos con los romanos. Destruyen el Imperio Roma­no con el cristianismo. En España apoyan a los moros contra los visigodos; luego, a los visigodos contra los moros. Jamás agradecen un buen tratamiento. Lo peor es hacerles un bien.

Con esta nota sólo queremos hacer ver que los judíos han sido siem­pre perseguidos en la historia conocida de este planeta, como a una enfer­medad, como a un cáncer. Y no es un capricho del Hitlerismo que también en Alemania se haya intentado expulsarlos, para ubicarlos en Madagascar. Todos los pueblos lo han hecho con anterioridad al Tercer Reich. En el año 70 d.C., los romanos, con Tito, arrasaron Jerusalén, pasaron el arado sobre las ruinas del Templo y dispersaron a los judíos a los cuatro vientos. Creye­ron así haber solucionado para siempre el problema. Todo lo contrario. Los romanos fueron siempre tolerantes, como todos los paganos. Vivían y de­jaban vivir a los Dioses y a los hombres. Mas, comprendieron que ahora no trataban con seres humanos, sino con una enfermedad insidiosa, con ciertos monstruos de la naturaleza y desearon terminar con ellos para siempre. Pero ni el Demiurgo ni Jehová lo han permitido. En verdad, el Demonio los ha protegido y los sigue protegiendo. Mientras ellos le paguen su tributo y le proporcionen su "alimento", con sangrientos crímenes rituales.

Allí donde esta anti-raza maldita llega, se apodera de los centro vitales del comercio, primero, como intermediaria en las ventas de productos, luego controlará las finanzas y la economía toda, asentándola sobre bases especulativas, sobre la usura, destruyendo todas las normas sanas de la convivencia social. Hay en ello un plan concertado de antemano y edificado sobre el "reflejo condicionado" de un robot-genético, o el "instinto" de un instrumento cibernético, así programado, e imposible de cambiar ya.

El Plan de conquista mundial y destrucción de los no judíos, la esclavitud de todo lo viviente, ha venido a ser reforzado por un escrito que resume un odio indescriptible a toda la humanidad. En el año 371 d.C., aparece el "Talmud" palestino y en el año 550 d.C., el "Talmud" babi­lónico, ambos redactados por altos dirigentes del rabinismo político. Allí se exponen los mandatos para la destrucción de los goim, los no judíos, y el dominio del mundo. En "Adolf Hitler, el Ultimo Avatára", reproduje párrafos de este libro siniestro de los judíos. Se compone de la "Mishna” y la "Gemara”. Es la sustancia de un odio inextinguible hacia la humanidad. Por ello, nuestro genio Nicolás Palacios, autor de "Raza Chilena", escribía:

"Cuando los judíos hablan de amor a la humanidad, hasta las piedras se sonríen". Así y todo, el Papa Wojtyla declara que "los judíos son sus hermanos mayores". No siempre los papas tuvieron esta actitud y hubo tiempos en que, gracias a la influencia de la etnia visigoda, se dictaron leyes eclesiásticas contra los judíos y se los condenó como demoníacos y deici­das. La Inquisición los persiguió en España y en América. Pero son cosas del pasado, esporádicas y fuera del contexto, en una religión y una Iglesia cuyos orígenes son judíos y se edifica igualmente en el odio al hombre supe­rior, al Imperio Romano y al paganismo, a los Godos, siendo en verdad otra arma mortífera y solapada del judaísmo, destinada a cumplir con sus planes de destrucción de los arios y de la raza blanca de los hiperbóreos. Hoy, ya realizado su cometido, bien puede la Iglesia de Roma sacarse la máscara y entregar sus poderes y sus tesoros, acumulados en el Vaticano, al "hermano mayor", desapareciendo al igual como lo hará la masonería mixta, a su debido tiempo. El tesoro que la Iglesia pudo llegar a disponer se hallaba en la sangre de sus papas godos, germanos y en el esoterismo del Kristianismo de Wotan; mas, no fueron éstos suficientes para regenerarla.

Cada vez que los judíos son expulsados de algún lugar, o se toman medidas de protección en contra de sus maniobras depredatorias, gritan a voz en cuello y acusan de genocidio, de crímenes y maltratos infinitos. No es nuevo esto de las invenciones de genocidios monstruosos de los goim en su contra. La diferencia es que hoy los alaridos y gimoteos se transmiten por todos los medios de la propaganda electrónica y a escala planetaria. Y lo seguirán haciendo hasta que no quede un solo goim independiente en este mundo. Así se los ordenan el "Talmud" y los "Protocolos de los Sabios de Sión". Mientras tanto, ellos asesinan y matan a voluntad, sin que el mundo se escandalice ni se oponga. Los "animales de dos patas", hipnotizados y ate­rrorizados -con el "miedo del pan"- les agradecen que les permitan lamer las suelas de sus babuchas y comer las migajas que ellos les tiran al pasar, en su marcha regada de sangre y de crímenes, hacia el poder total.

En 1559 d.C., el "Talmud" fue quemado públicamente en Cremona, Italia. Los judíos fueron expulsados de Praga en 1561. En 1597 fueron ex-pulsados de todos los principados italianos. En 1648 fueron atacados en Polonia. En 1492 habían sido expulsados de España y en 1497 de Portugal, adonde regresan en 1530. En 1290 habían sido expulsados de Inglaterra, aun cuando allí se quedan "camuflados" como "Welshes", o "galeses". Como se ha dicho, en 1650 Cromwell los volvió a entrar a Inglaterra, oficialmente. En 1882 los judíos fueron atacados en Hungría. Se vengarían con la entro­nización del comunismo y los crímenes del judío Bela Kuhn. De la expul­sión de España se vengarán en la guerra civil y su millón de muertos. Al cumplirse en 1992 quinientos años de esa expulsión, tratarán de que el Rey masón vaya a pedir perdón de rodillas a Israel. En Polonia, en Ukrania, en Hungría, se realizan ataques en masa contra los judíos. Son los pogroms, efectuados por una población exasperada, víctima de la usura y la explota­ción. Napoleón, hijo de la Revolución Francesa, debió promulgar en 1808 su Infamus Decree en contra de los judíos, y declaraba que "los judíos no pueden ser cambiados más que cortándoles la cabeza y poniéndoles otra en su lugar". Bismarck se alzó en contra de los judíos y los masones, "lacayos de los judíos". Los árabes también los atacaron por sus prácticas nocivas de enquistarse en sus ciudades sin trabajar, viviendo de la especulación y la usura. Pero, al final, los judíos darán dos golpes maestros, que venían pre­parando por siglos, en el seno de sus logias: la Revolución Francesa y la revolución Bolchevique marxista, ambas concebidas, dirigidas y realizadas totalmente por ellos.

En Alemania, tras la Primera Guerra Mundial, también provocada y desarrollada por judíos y masones, se habían apoderado de los principales centros de control. Fue entonces cuando encarnó el Avatara, en el Führer Adolf Hitler, y los descubrió ante la faz de su pueblo y del mundo, en su más espantosa desnudez. Aunque al final Hitler perdiera la batalla material, el Avatara les ha ganado la Guerra metafísica e ideológica, por las razones expuestas. Los judíos han sido desenmascarados y se encuen­tran ya perdidos; su amo y señor, Jehová, ha sido derrotado.

 

(1)   Ser artificial creado por los magos negros que combatían los Machis o magos araucanos. Lo producían los malvados Calcus y lo enviaban a cumplir daños y crímenes a distancia. Igual al Golem judío.

 

Por Don Miguel Serrano.