El
inca estableció su asiento real en Tumipamba donde nació
su sucesor Huayna Cápac quien luego
continuaría la expansión incaica. En esta época se
produciría un verdadero mestizaje entre los invasores
cuzqueños y la población cañari.
El
pueblo cañari tiene un pasado legendario y mitológico que
les hace descender de guacamayes y serpientes, animales que
aparecen en sus leyendas y en restos arqueológicos. Una de
las versiones del diluvio universal pertenece a este pueblo.
Los primeros pobladores fueron cazadores y recolectores.
El
territorio que ocuparon los cañaris fue mayor al de las
actuales provincias de Azuay y Cañar. Las investigaciones
arqueológicas han descubierto interesantes testimonios de
la cultura cañari, especialmente su arte en la cerámica
(muy variada en arte y técnica) y en la orfebrería.
En la
pugna del trono entre Huáscar y Atahualpa
como triunfador sobre su hermano ejerció acciones de
venganza contra los cañaris: decapitó a sus jefes y
destruyó Tumipamba.
Durante la conquista española los cañaris ayudaron a Benalcazar
para su marcha hacia el norte contra Rumiñahui.