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L F C EN MÉXICO 18/03/Y2K
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Vicentico (o Gabriel, para el registro) todavía se debe acordar de lo que le dijo el mánager de Luis Miguel cuando Los Fabulosos Cadillacs se convirtieron en el primer grupo de rock en español en ganar un Grammy. "A ustedes se les ha abierto una gran puerta… a ver con qué la cruzan", fue el remate. Pues bien: la puerta se ha abierto por segunda vez, con la nominación del disco La Marcha del Golazo Solitario en la categoría de Latin Rock Alternative. Curiosamente, en Argentina, tanto el anterior, Fabulosos Calavera, como La Marcha… son considerados los discos "raros" de la banda. Aquí, sus principales compositores, el cantante y Flavio, el bajista, hablan de crecimiento.
–Entre el Bares y fondas, de 1986 y Rey Azúcar, de 1995, Los Fabulosos Cadillacs fueron acusados una y otra vez de ser "una banda de hits". Pero con los últimos dos discos, Fabulosos Calavera y La marcha del golazo solitario, los roles parecieran haberse invertido. Ahora se les acusa de no componer hits y de querer ser "raros"...
–Gabriel Fernández Capello: Argentina es muy difícil en ese aspecto. En otros lugares hemos tocado con bandas mucho, pero mucho más raras que nosotros, bandas que llenan lugares y son imposibles de entender. Vimos un show en el que tocaban Fishbone y Porno For Pyros, y había 7 mil personas gritando, bailando, saltando y era una cosa... inaudible.
–Flavio Cianciarulo: Una vez leí algo que escribió (el escritor argentino) Ernesto Sábato, donde decía que uno ante los críticos se expone y te desnudan. Y te pueden desnudar bien o mal, pero sucede. Por eso leo muy pocas de las notas que se publican sobre nosotros, buenas o malas. Estoy sensibilizado, y no porque nos hayan tratado mal, al contrario. Con el tiempo aprendí la humildad de entender que por ahí lo que uno acaba de hacer no es bueno. Y que otra persona tiene el derecho de decirlo.
–¿Cómo definirían a La marcha...?
–Gabriel: Yo creo que se nota un crecimiento, en este disco y en el anterior, pero de todos modos lo veo emparentado con todo lo que hicimos antes. Quizá ahora llevamos las canciones más a sus extremos, quizá lo que ahora es un tema como Roble en otros discos era Saco azul, o el tango del final de Fabulosos Calavera... Este es un disco más colgado, más de detenerse a sentir qué pasa con cada canción. Si pienso que cada canción está llevada a su extremo es por el tiempo en que fue grabado y en la tranquilidad que tuvimos para hacerlo.
–A esta altura, con quince años de carrera y una docena de discos, ¿sienten que hay un reconocimiento general de las cualidades del grupo?
–Flavio: Uno tiene que tener una convicción interna de que lo que hace está bien, pero no la puede hacer pública todo el tiempo. De hecho, las primeras veces que te subís a un escenario todo te parece maravilloso: el sólo hecho de estar parado ahí tocando con tus amigos te vuela la cabeza. Pero eso tiene que quedar en tu cabeza, adentro tuyo. Hay mucha gente que se dice "artista" y saca teorías sobre el arte. Yo no sé, leí, escuche y vi cosas de gente realmente ilustre, con lo que me da un poco de impresión ser reconocido como un "artista". Yo soy músico.
–Gabriel: Cuando salió Fabulosos Calavera leí varias notas en las que se decían cosas como que era un disco que nos ponía en problemas porque no se lo íbamos a vender a nadie, o que nos iba a dar un dolor de cabeza. A mí ese disco no me dio dolor de cabeza. En todo caso le debe haber dado dolor de cabeza al periodista que tuvo que escuchar el disco.
–Ustedes tienen una relación especial con Fishbone, que participa en el disco...
–Flavio: Es algo increíble, porque es cien por ciento musical. Nosotros hablamos muy poco de inglés y los tipos no hablan una letra de español, y encima hablan con un slang cerradísimo. Entonces, no hablamos nada: nos encontramos, nos saludamos y nos ponemos a tocar, y ahí nos comunicamos. Igual creo que son unos adelantados a todo, unos marcianos.
–Gabriel: Y son grandotes, además, y nosotros somos petisos, feos, pálidos... Al lado de ellos parecemos unos nenes de preescolar, unos enanos.
–En los últimos tiempos estuvieron tocando seguido en Estados Unidos. ¿Qué cambió para los latinos con tanto Ricky Martin dando vueltas?
–Gabriel: Yo allá vi un montón de tapas de revistas con el tipo, y por ahí entraba a un negocio de la Quinta Avenida y estaban todos adentro moviéndose con "oh, la vida loca". Pero al mismo tiempo hay toda otra serie de revistas especializadas que le da espacio a Café Tacuba, o a ANIMAL, o a Illya Kuryaki o los Cadillacs. En más de una revista quizás estaba él en la tapa pero adentro también se hablaba de todo lo demás. Es buenísimo, porque la verdad es que Ricky Martin es un aparato.

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