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POR FIN TOXIN

Por Susana Ibarra de Pint.

En diciembre pasado, John y Jesús hicieron un viaje en busca del Resumidero de Toxín, hasta ahora la cueva más grande conocida en Jalisco. La típica respuesta de los lugareños ("¡ah sí!, la entrada está allí ¿ven? cerca de aquellos dos arbolitos frondosos") cono siempre, no los llevó a ninguna entrada dado que por los lugares que les señalaban -verdes todavía por las lluvias pasadas- había más de una centena de arbolitos frondosos y habrían tenido que llevarse días enteros pera dar, por pura buena suerte, con los que ellos se referían.

Esta vez, aprovechando el puente del 5 de mayo, John y Jesús de nuevo, y dos miembros de más de ZOTZ (Mano Ibarra y yo) decidimos realizar otro viaje a esa área y nos prometimos no regresar hasta dar Con dicho resumidero. Elegimos esta época del año porque 1a cueva se inunda durante el tiempo de aguas y retiene el agua prácticamente, durante todo el año. El fin de la época de secas era pues ideal.

Basados en mapa tratado por Carlos Lazcano y E.Rousillo pensamos que tal vez nuestro grupo podría explorar algún túnel o ramal marcado en el mapa como inexplorado y. de esa manera, aportar nosotros algo nuevo. La ruta a tomar sería bajando por Colima, siguiendo luego la carretera a Minatitlán y de allí... preguntar hasta llegar.

LA GRUTA DEL SALTO, UNA PEQUEÑA JOYA EN MEDIO DEL PARAÍSO

Cuando les cosas se suceden por casualidad, a veces resulta como en los cuentos de hadas; de pronto un genio aparece de la nada con un delicioso manjar en bandeja de plata. En esta ocasión el azar nos obligó a cambiar nuestro programa debido a que se nos pasó cargar gasolina en Colima.

Llegando a Minatitlán no vimos pues obligado. A salirnos de la ruta en busca de una gasolinera la cual resultó encontrarse en Peña Colorada, un bonito pueblo minero a 7km de Minatitlán sobre la carretera a Manzanillo.

Mientras cargábamos, le preguntamos al despachador sí sabía de alguna cueva que estuviese Cerca de allí. Nos contestó que había una a 1km de allí, en El Salto. Era la hora comer y no se dijo más. Hacia allí nos dirigimos.

Bajando por la brecha que lleva al lugar, el paisaje, color de oro comenzó a transformarse en un bosque tropical con árboles muy hermosos -higueras, capulines, capomos,

cuajilotes- enmedio del cual pasa un río alimentado por una cascada. Una gran variedad de pájaros incluso una especie de loro pequeñitos, pone al paisaje dentro de un marco aún más bello.

Por desgracia éste lugar es a la vez un trágico ejemplo de la falta de armonía entre la naturaleza y el hombre...¡como si no fuéramos parte de ella!. Es un ejemplo de la lucha constante de la naturaleza por sobrevivir y nosotros por destruirla: Entre los caminos y los lugares asignados ya con mesas y bancos de concreto para facilitar los días de campo, se esparcen a diestra y siniestra utensilios desechables, huesos bolsas de plástico, papeles, botellas rotas. Un grupo de chamaquitos, acampaba por allí pasé un rato charlando con ellos después de regañarlos por haberlos pillado correteando a dos iguanas a pedradas.

Y allí, en uno de los cerros pegados al río, comenzamos la búsqueda de la Cueva de 500mts de largo que, según nuestro informante debíamos encontrar. Fuimos de una posible entrada a otra sin mucho éxito. El territorio calcáreo, sin embargo, nos anima a continuar. Por fin llegamos a un área en la que se encuentran numerosos huecos, algunos a varios metros del suelo.

El área, por otra parte, nos fascinó pues la fachada ofrece un espectáculo de ciencia-ficción. Toda la pared está completamente tapizada con un musgo muy espeso cubierto este por una sustancia blanquizca, endurecida por la humedad y el tiempo.

Por encima de cada hueco se han formado marquesinas por las que bajan estalactitas de formas caprichosas ...¡allí en pleno aire libre!. Uno de esos huecos resultó ser un pequeño túnel que conduce a la cueva más hermosa con la que hasta ahora nos hemos encontrado. Consiste esta en un cuarto grande(10 x 20mt) que poco a poco va estrechándose y se continúa en una especie de pasadizo (ver mapa).

Al final a la izquierda, hay un cuarto pequeño,(en el que apenas cabrán 4 personas en cuclillas). Todo el conjunto es de una belleza exquisita. De tos techos, como candelabros cuelgan miles de estalactitas y también electitas que ondulan como finos listones soplados por un viento imperceptible.

Las paredes están formadas por concreciones muy hermosas y entre ellas aquí y allí se incrustan algunas formaciones que nunca habíamos visto. Son una especie de tapices muy espesos “tejidos” con “cordones” del grosor del hilo con el que se hacen las hamacas.

Mas o menos a la mitad, hay que subir y luego bajar apoyándose, en unas, columnas dignas de un templo griego. El cuarto pequeño -al que hay que pasar por un hueco muy estrecho- es un verdadero, tesoro en formaciones, todas de un color rojizo. En la misma parte central sobre las paredes hay algunos huecos que esperábamos fuesen conexiones a otras secciones de la cueva pero resultaron ser solo huecos y otros simplemente pasajes al exterior. Algunos de ellos, sin embargo, son graciosísmas grutas minúsculas y en una de ellas vive unos murciélagos (o tal vez vampiros, según Jesús).

Cada uno de nosotros tomó su turno para subir y admirar a unos pequeñines colgados todos juntos en la punta de una estalactita. Nos habían concedido el honor de soportar nuestra presencia, no sin advertirnos con sus dientitos feroces que más nos valía mantenernos a una distancia razonable. Por desgracia este lugar tampoco se ha librado de las manos de los ignorantes que han llegado allí a rayar las paredes y a destruir en cuestión de minutos maravillas que le llevaron millones de años en construir a la madre naturaleza. ¡Que sensación de frustración e impotencia tener que contemplar esas atrocidades!.

No encontramos la “cueva de 500mts”, pero descubrir ese lugar había valido la pena.

TOXÍN A LA VISTA

De El Salto continuamos al día siguiente sobre una brecha hacia el NE. Siguiendo instrucciones de un lugareño, llegamos a El Llano.

Esta región es bastante árida en esta época, aunque de vez en cuando, entre los cerros se ha quedado por allí algún árbol grande y frondoso como para recordarnos que esas mismas montañas toman parte de la devastada Sierra de Manantlán, una vez riquísima en su vegetación. Eran cerca de las tres de la tarde cuando pasando El Llano, John y Jesús reconocieron el área del cerro que meses antes habían estado explorando.

Mientras decidíamos en dónde montaríamos el campamento, pasaron unos lugareños quienes nos indicaron que la entrada a la cueva estaba “allá, detrás de aquellos dos arbolitos muy verdes en la falda del cerro”. Esta vez con dos pares más de ojos para poner atención al lugar señalado, los dos arbolitos de verdad resaltaron entre la maleza seca.

Tomamos pues el equipo y fuimos. Allí estaba la entrada, un tiro pequeño -6mts- rodeado por rocas muy grandes y adornada por una pared en la que se dibujaban los vestigios de viejas concreciones. Atamos pues cuerdas, encendimos linternas y, en fin nos preparamos para bajar. ¡Una señora cueva!.

A la derecha hay un pasaje que lleva a un cuarto cubierto de bellas formaciones. A la izquierda está la entrada que conduce al túnel de 3km que forma la cueva en sí. Al entrar a la primera cámara -un enorme complejo con paredes particularmente hermosas- el ruidito producido por alguna criatura (“el piar de un polluelo de lechuza”, sugirió Jesús nuestro experto en animales) nos recibió.

Recorrimos los alrededores y después de decidir que el día siguiente lo pasaríamos explorando un posible ramal en el mapa de Lazcano-Roussillo, nos fuimos a caminar por el túnel.

Recorrimos unos 250mts solamente, pero lo hicimos sin prisa, simplemente disfrutando la sensación de haber hecho posible penetrar a esa dimensión de la naturaleza no muy explorada hasta ahora ni muy comprendida. El día siguiente pasamos 7 horas dentro de la cueva. Jesús fue el primero en bajar al ramal. Descubrió que el pasaje, después de todo no era ningún ramal pero los demás bajamos también. Es un pasaje muy interesante que va casi siempre en declive y como es muy húmedo -y por lo tanto lodoso- recorrerlo se hizo algo complicado.

Descubrimos que era allí, entre los huecos de las paredes donde viven unas preciosas ranitas.... ¡y que era de ellas de quienes provenía el “piar de los polluelos!”(extrañas criaturas). Decidimos también que el Ramalde Toxín merecerá un lugar Prioritario en nuestra agenda de actividades a realizar en esta misma época el año que viene.

1.- Toxín, Jalisco es un ranchito acurrucado en las montañas al SO de Colima. La cueva ha sido explorada por miembros de la Sociedad Mexicana de Exploraciones Subterráneas (SMES).

2.- AMCS edición de Diciembre de 1985.

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