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Gracias al Cejón que colaboró con algunos escritos para este espacio :D Me había tardado en ponerlos, pero aquí están.

Nueve lunas

 

Nueve lunas para cerciorarte de que has llegado hasta el límite de tu paciencia. Miras alrededor y ya nadie coincide contigo. Ni el sol ni las estrellas se posarán ahora sobre tu sonrisa. ¿Qué queda ahora si ya no hay luz? ¿Cómo vas a andar si ya no podrás ver? El frío del norte te advirtió de los riesgos y no solo de ellos, te previno además, de cuidar tu integridad emocional, te diste permiso para dejarte ir. Te fuiste, caminaste. Te perdiste. Abres bien los ojos pero no reconoces el lugar, tocas las paredes que se estrechan hacia ti sin poder identificar su textura, su color. Es entonces que te has vuelto daltónica en tu sentir y confundes emociones. Maraña de vaivenes  sentimentales te han hecho tropezar en más de cien ocasiones. Te engañaron piadosamente, te mintieron bajo tu consentimiento y aprobación. Te han robado el rumbo y a cambio te repusieron un sendero estrecho y complicado de cursar, el cual solo tiene espacio para ti, para que lo andes tú sola. Reparación de daños. Números rojos y sin él para exigirle, reclamarle. Pero no estarás tan sola, tienes a la tierra, que es como tú, cultivable. Pídele que confiese para ti los secretos del crecimiento, que no te vuelvan a tomar desprevenida. Alza los ojos y mírate en planos distintos para suponerte mañanas más seguros, apropiados para ustedes dos. Ya no tienes a nadie más a quien amar y eres tú la única persona a quien él ha amado y ama. No lo dejes solo que no sabe estar así. Dentro de ti a pesar tu calvario matutino él se conserva unido a tu estructura tan perfecta y bella de mujer. Date cuenta. Pasarán entonces nueve lunas para que rompas el límite de tu paciencia y te sucedas sobre mejores perspectivas. Nada está tan mal. Contrario a lo que pensabas, esbozaras repetidos comienzos sonrientes y honestos, exclusivos para ti. Date cuenta, no estás sola. Ese niño que llevas en tu sangre está contigo y te necesita.

 

El gato tuerto

 

            Mi gato no ve lo que no quiere. Mi gato es tuerto. Al menos es eso lo que él dice.  Observando lo que le conviene, pasa las noches maullando sobre la barda de mi jardín. Mi gato es tuerto y posee un filtro imaginario para dejar trasminar solo los recuerdos felices. El problema es que el filtro es tan estrecho y los recuerdos felices tan grandes que batallan mucho para pasar por entre sus fibras y llegar al centro de su memoria. Cuando esto sucede, pueden escurrirse hasta dos semanas y media hasta que finalmente su cerebro capta un momento feliz distinto; mientras esto ocurre mi gato tuerto vive tan solo del último recuerdo feliz inmediato, ya que estos soplos de contento son tan grandes que ocupan totalmente su masa cerebral y una vez habiendo pasado el tiempo de rigor entre una reminiscencia y otra, la nueva desplaza a la vieja. Así vive mi gato, con un ojo cerrado para olvidar los problemas, las carencias y el hambre de las que forma parte  bajo dos horizontes paralelos. El primero de ellos se basa en su contexto interno, en su malla selectiva de páginas temporales y proscritas. El segundo es la relación del gato conmigo y con el mundo en general. Mi gato es tuerto y maúlla únicamente con la mitad de su boca, esto para expresar sus pesares anteriormente desechados de un modo uniforme y homogéneo. Es decir, por este lado de su boca solo resultan alaridos desgarradores que en época de celo no dejan dormir. Los momentos felices, habiendo pasado dos semanas y media en el cerebro son desechados por la puerta trasera, ahí donde nunca nadie quisiera estar. Mi gato es tuerto y es feliz a su modo, pero también es un oportunista vividor de la soledad de quien lo procura y quiere. Su lado ciego le impide sensibilizarse ante la afección de los demás bajo su sombra. Interesado en sí mismo, el sobrante del mundo es materia prima a convertir en felicidad fugaz, instantánea y condolesciente  que se adolece cada veinte días, es por eso que mi gato es tuerto, es por eso que no ve. Procura su ego de situaciones endebles y astilladas y vive en constante reestructuración anatómica para mantener un ojo abierto y el otro sellado. Clausurado de por vida pero con temor a que un grupo de lagañas subversivas cualquier día decidan levantarse en armas y permitir el paso a situaciones reales de la vida. Situaciones que permuten en descontento e incomodidad y que conlleven, por su efecto, a un cambio de domicilio permanente de éste, mi gato querido.

 

La cuenta de los números

 

            Casualmente o con alevosía de por medio he decidido toparme en tu camino y no me voy a quitar, permaneceré inmutable como una muralla. Frente a ti, frente a tu casa, frente a tu rostro y frente a tu familia me tendrás. ¿Qué vas a hacer? No me moveré. Ni siquiera dudo en ello. ¿Tú sí? No gastes tu vitalidad en ello, mejor acostúmbrate a mi presencia, estoy  vinculado a ti inherentemente. Soy como tus ropas, incluso como tu sangre. No necesitas verme de pie frente a tu ventana para percatarte de que estoy en ti, en lo que tocas. No seas necia, asúmelo. Soy omnipresente, seguro que me olerás hasta en el espacio mismo en que crees tener privacidad. Permíteme presentarme por las buenas en lugar de saltarte encima cada vez que te veo. No soy tan incisivo como parezco. Algunos dicen que soy tierno, aunque la mayor parte de las personas me dan por sentado como algo que deja de asombrar y por consiguiente me subvalúan a grados de ignominia. Peor para ellos. No pretendas no entender. Errático no soy, me considero más bien certero, preciso y si me acerco a ti bruscamente es producto en sí, del temor infundado que te has obsequiado a precios de liquidación. No busques en el padre de la iglesia de tu comunidad, su sistema es imperfecto; no busques en tu familia porque la objetividad ahí no tiene cabida. Esto es personal. Tú y yo y los similares a nosotros dos, que son iguales a todos dentro de universos segregados llenos de calificativos y de características propias entre deficiencias abismales cuya parte medular es esta insatisfacción que agobia la visión y la nubla. Numérame el tiempo que consideres necesario, pero el resultado que obtendrás será la del tiempo muerto, estático. Sería más fácil si dejaras de luchar, nada puedes contra las circunstancias. Las matemáticas no fallan, se mantienen ahí en su sitio, aburridas de siempre acertar, de ser cuadradas y con responsabilidad limitada. Sin capacidad para sentir y dejarse llevar por sus impulsos, metódicas como el sol que todos los días sale y se pone en y tras el horizonte. Las matemáticas se vuelven tan frías como tu asombro te lo permita. Me parece irónico el que busques por doquier de una explicación alterna a la que tu lógica te ofrece. Tienes miedo de vivir así. Es triste. Me haces ver que siempre seremos dependientes a los temores humanos. Me brindas pavor y arrepentimiento a cambio de mi constante devoción. Quiero vivir, quiero seguridad sustentada en la confianza y en los hechos. Al igual que tú, te temo, no te respeto. Vivo amedrentado por tu seno, por tu perdón. O es que estoy ciego e imposibilitado para entenderte a tu mundo y el de los tuyos o tu fantasía es tan real que no termina de convencerme. Pero mientras conciliamos un mundo armonizado me posaré en tu mirada,  para que me pienses de día y de noche y te zumbe la cabeza cada vez que pretendas olvidar, cada vez que quieras no cuestionarte.