- Sinceridad ante todo.
Expresar lo que pensamos, sobre todo si sabemos que
es lo correcto (en temas que afecten a la moral, las buenas costumbres y los
hábitos), no debe detenernos para mostrar desacuerdo, superando el temor a
quedar mal con un grupo y a la postre vernos relegados. Tampoco es justificable
callar para no herir a alguien (al compańero que hace mal su trabajo; al hijo
que carece de facultades para el deporte pero tiene habilidad para la pintura;
etc.), si deseamos el bien de los demás, procuraremos decir las cosas con
delicadeza y claridad para que descubran y entiendan nuestra rectitud de
intención.