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RISARALDA

1. GENERALIDADES

El municipio de Risaralda se encuentra ubicado al occidente del departamento de Caldas, centro-occidente de Colombia a 5º 10’ de Latitud Norte y a 75º 46’ de longitud occidental, a una altura de 1743 metros sobre el nivel del mar. Dista 58 kilómetros de la ciudad de Manizales, capital del departamento de Caldas. Su temperatura es de 20 ºC .

Risaralda fue fundado el 1º de julio de 1916

1.1 Hábitat geográfico

Dentro de la quebrada topografía caldense el Macizo de los mellizos configura una de las secciones más interesantes que "es el accidente de relieve que más ha influido en la geohistoria de la nación". De ese macizo hace parte la serranía de Belalcázar que se confunde con la meseta de su nombre y luego, cerca de Anserma Caldas, se separa formando una cordillera angosta de mil quinientos metros de altura que separa el cañón del Cauca del Valle del Risaralda, llegando hasta la población de La Virginia.

En la cresta de la sierra se encuentra el municipio de Risaralda, y desde cualquiera de sus miradores naturales del cementerio o desde el cerro "Carboneral", el observador disfrutará de un amplio panorama de colinas y hondonadas que desde aquellas alturas aparecen suaves y amenas. La intensidad de los cultivos muestra variada gama de verdes, sólo interrumpida por las notas blancas y grises de las viviendas campesinas.

Las estribaciones de la cordillera Occidental penetran formando reducidos valles o ásperas peñas y serranías. Varias son las corrientes que se encañonan: Las quebradas de Chavarquía, de donde se nutre el acueducto municipal, mediante bombeo, La Unión, Lázaro, Guacaica, La Esmeralda, La triste, El tigre, La Habana y Cambía, esta última el lugar obligado para el "paseo de olla" de los habitantes de este poblado, hasta cuando la deforestación y la contaminación acabaron con su embrujo bucólico.

1.2 Pueblos aborígenes

Caldas fue un mosaico de tribus pequeñas... Cada serranía de su territorio quebrado separaba una tribu de otra, al decir de De los Ríos Tobón, por lo cual cada grupo aborigen era una subcultura diferente, con su propio jefe que no rendía cuentas a nadie y muy probablemente era enemigo a muerte de la otra tribu, distante sólo una colina.

La circunstancia anterior explica la facilidad con la cual el conquistador español Jorge Robledo pudo subyugar esta región utilizando a unos pueblos contra otros.

El investigador Luis Duque Gómez clasifica los indígenas caldenses en varios grupos, según lo dedujo de los dialectos, asignando el grupo 6 al pueblo de los Ansermas, ubicado en la región que hoy ocupan Anserma, Risaralda, Guática y Belalcázar. "Cada tribu se componía de muchas familias numerosas, unidas entre si por vínculos de sangre, de las costumbres, de la lengua, la amistad o el temor. Hablaban todas un dialecto especial, tal vez derivación de las lenguas del chocó y según parece la antropofagia no fue entre ellos costumbre generalizada".

Dentro de los Ansermas se deben incluir los siguientes repartimientos y pueblos de indios : carpa, Supía, Upirama, Ypa, Ocanchara, Curumpancha, La Provincia, tabuya, Guática, Tusa, Yndiiati, Curumby, Piesa, Chataya, Cumba, Andyca, Aconchare, Guacaya, Guarma, Chápata, Cupinga, Gorrones, Umbría, Napiora, Yra (o Irra), Quinchía, Apía, estos últimos destacados por su belicosidad en contraste con los de la región menos fieros.

Los pueblos aborígenes de la región que hoy ocupa el municipio de Risaralda fueron los Tabuyas, chacos y sorias, Simas, Chaverras, y la tribu más importante, los Angaskas. Su nombre aparece citado por Jorge Robledo y especialmente su cacique Angaska, uno de los más importantes de toda la región.

Hoy existen los resguardos indígenas de la Morelia y la Tesalia, caracterizados por el abandono estatal en el cual se encuentran y por el avanzado grado de aculturación al cual han sido sometidos. La desnutrición, las enfermedades y la pobreza son cotidianas en estos grupos. Así mismo la pérdida de sus raíces culturales, entre ellas su propio dialecto y sus costumbres en el comer y en el vestir.

2. COLONIZACION ANTIOQUEÑA

Si bien es cierto que los aborígenes e hispanos fraguaron parte de nuestra idiosincracia, por su influencia tácita en la gestación de la raza antioqueña, es más verdadero aún que nuestra ascendencia proviene directamente de ese núcleo montañés, dinámico, andariego, trabajador y gran gestor de poblados y ciudades desperdigados por todo lo largo y ancho del Occidente colombiano.  

2.1 El ambiente natural y la cultura de la guadua

Los colonizadores antioqueños encontraron un territorio de espesos guaduales y altos árboles, de selvas dilatadas y de montañas ásperas. Sus principales arboledas son las guaduas, decía Fray Pedro Simón. Y sobre esta planta se levantaron pueblos enteros y civilizaciones. Sobre la vertical lealtad de la guadua se asentaron nuestros fundadores y hoy se sostienen muchas de las casas y bellas construcciones de nuestros pueblos.

La cubierta original de nuestras selvas contó con árboles maderables como el comino, cedro, quimulá, y barcino. También se encontraba la cañabrava y el Sietecueros. Además del platanillo cuyas hojas se usan para fabricar cobertizos y envolver alimentos, aunque hoy día el plástico la ha desplazado. Árboles que dan abundante sombra a los cultivos del café como el guamo y el yarumo, del cual los campesinos dicen que nace de un mojojoy o chisa, que es un pequeño insecto.

2.2 La arriería

Fue la principal fuente que activó la colonización antioqueña por el occidente colombiano. Ni asnos ni caballos han sido populares entre la cultura antioqueña, madre de nuestra cultura. Fue la mula el símbolo de la resistencia y la capacidad para el trabajo. Pues se dice de ella que es casi imposible que caiga aun en los más fangosos caminos.

Ser un caporal o propietario de recua era un oficio honorable en Antioquia en el siglo XIX. Los arrieros se levantaban al alba. Al salir el sol cuarenta mulas y cinco cristianos empezaban a reptar por los caminos trillados quebrando el silencio de los montes con el martilleo de los cascos y el tronar de los madrazos. En la punta de la recua iba el sangrero o arriero conductor. Cada jornada terminaba en una fonda o en un pequeño caserío, explica el historiador Alfredo Cardona Tobón.

En este campo se destacaron en Risaralda la familia Román Valencia, Pedro Luis Bedoya, Eusebio Rendón y Vicente Ospina.

La herrería y la talabartería fueron labores alternas al oficio de la arriería, que surco los caminos regionales llevando el progreso, el desarrollo tecnológico, y las caras nuevas de juglares y avezados que contribuían al sano esparcimiento de las sencillas gentes del naciente Risaralda.

La fundación de Risaralda, se debe entonces, a un paso más dado por el colonizador antioqueño, hombre osado, emprendedor y buscador de fortunas quien encontró en las feraces tierras de la serranía de Belalcázar lugar ideal para realizar sus sueños.

Hablamos entonces del año 1908 cuando se instaló la primera casa que perteneció a Ana Joaquina Giraldo, colocada a la vera del camino del Cauca que comunicaba a Antioquia con Manizales pasando por el río de su mismo nombre y con la población de Honda en el río Magdalena.

8 años más tarde se consolidaría como un municipio más del gran Caldas, que para entonces conformaban lo que hoy día son los departamentos de Caldas, Quindío y Risaralda. En el comienzo se llamó San Joaquín y desde 1930 se le denomina Risaralda.

2.3 El biotipo

"El antioqueño con un cuerpo sano y robusto, con unas costumbres sencillas, con una moral ajustada, con una aptitud para las ciencias, para las artes y para la agricultura, yace en la ignorancia y en la inacción. Sus modales, sus antiguos usos y su lenguaje poco limado, manifiesta a primera vista que es de una provincia interna, sus artes son muy imperfectas, la industria está en la cuna. Es cierto que ama el trabajo, rompe las duras piedras, corta las colinas, ahonda los ríos y saca el más preciosos de los metales, ya con la cortante hacha, la azada y el arado derriba los bosques, limpia las malezas y abre el seno feraz de la tierra que le brinda mil verdaderos tesoros y riquezas."

En lo físico el antioqueño es de buena estatura, poco elegante de movimientos, ojos pardos, de párpados bellamente dibujados, en leve ondulación que les da dulzura, sobretodo a las mujeres que son muy esbeltas y por acción del ambiente campesino, tal vez, la cara y las manos se arrugan pronto.

En Risaralda el común de las gentes se sale un tanto de esta descripción, siendo frecuentes los ojos carmelitas y oscuros, las bajas estaturas y cierta brusquedad en las facciones, motivada por la mezcla frecuente de sangres.

2.4 El espíritu

Espiritualmente son zagaces, de individualismo enérgico, con gran genio colonizador. Su aislamiento geográfico en las montañas se refleja en un definido tradicionalismo y en rasgos culturales peculiares.

Tímido y orgulloso a la vez, aventurero también, gusta de conocer el mundo y es observador de mucha inquietud mental. Se le reconoce fama de chistoso, pues su gracejo es por exageración. Abusa del diminutivo para calificar las personas y las cosas, y sin embargo le embaraza expresar públicamente la ternura de sus íntimos afectos.

Conserva buena tradición de honradez, pero es ambicioso y un poco tahúr en los negocios. Progresista y civilista, ama la paz y la civilización material, lo que lo diferencia de los otros grupos humanos colombianos.

En nuestro medio geográfico de Risaralda, lo anterior se refleja en un deseo, casi obsesivo, de ser cada vez más rico y de proyectar esta riqueza en su entorno. Las gentes de Risaralda gustan vivir confortablemente, con el máximo de las comodidades que brinda la industria moderna; presentando una imagen de seguridad económica, así en el fondo se tengan afugias monetarias... ante todo hay que mostrar la imagen de la opulencia. Aunque estos parámetros han venido cediendo con la terrible recesión económica que agobia en general toda la nación.

2.5 El acento

Su acento es desapacible, aunque sabe y suele darle inflexiones de ternura; ingrato al oído por carecer de ritmo variado. Habla por lo general en voz alta y acciona abundantemente. Al respecto es bueno anotar que el acento del caldense es más armónico y culto, dejando un tanto las expresiones características del antioqueño puro.

2.6 El habla

Su habla es de un marcado sabor local, con giros idiomáticos y provincialismos de origen múltiple, profundamente funcionales en reflejar su pensamiento y que usa desparpajadamente con orgullo. " Y como sólo para Antioquia escribo, yo no escribo español sino antioqueño." A lo anterior se debe el factor casi folclórico, de la multiplicidad de dichos, refranes y consejas, tan inherentes a nuestras gentes en su habla diaria, para explicar o comentar los acontecimientos cotidiano.

2.7 EL Vestido

El vestido era antes muy característico: ningún calzado, pantalón de paño o dril, según la categoría económica, camisa blanca muy bien aplanchada, ruana de lana o algodón, de la mejor calidad que podía obtenerse y sombrero de suaza, de "jipijapa". Debajo de la ruana, y llevado al sesgo del hombro izquierdo a la derecha de la cintura, un guarniel de piel de nutria completaba el ajuar del aldeano y del campesino. Ahora se ha difundido la moda europea y ya la descrita indumentaria va siendo relegada como de montañeses, montañeros o montunos, a las clases más humildes.

En Risaralda como en todo el país, se está dando el fenómeno de que aún los campesinos se "están poniendo a la moda" como suele decirse; esto se debe al incremento de los medios de comunicación en el área rural, sobretodo la televisión que es común en las fincas que poseen electrificación. Lo que si suele ocurrir es que en su afán de utilizar las nuevas prendas de vestir ofrecidas por la sociedad de consumo, no lo hacen en la forma apropiada y estética.

2.8 Alimentación

En la alimentación de sus gentes entran como base fundamental la papa, yuca, fríjol, maíz y panela (azúcar sin refinar). Con estos cinco alimentos estaría bien el campesino, aunque también agrega el cacao, la carne de cerdo o res, pescado (en épocas de la "subienda") distintos enlatados, frutas y legumbres variadas sobretodo en los últimos años en que ha aprendido el valor higiénico, nutritivo y estimulante de las diferentes ensaladas.

2.9 La fecundidad

La gran fecundidad y la energía genética heredada del pueblo antioqueño encontró amplio campo que permitió a este grupo pasar de una exigua población a más de diecisiete mil habitantes en la actualidad.

Las familias numerosas han sido desde largo tiempo tradicionales en la cultura antioqueña y la fecundidad de las mujeres "maiceras", esto es de las antioqueñas que se alimentan de maíz, exaltada con orgullo hasta hace algunos años. Es un hecho significativo que las familias numerosas han sido tan características de las clases altas como de las populares.

Es importante consignar como dato curioso el nombre de mi abuela María Emilia Zapata, quien engendró 30 hijos y de Enriqueta, esposa de Félix Antonio Zuleta, 26 hijos.

 3. NUESTRA HERENCIA CULTURAL

El ancestro antioqueño, han sido algunas costumbres que aún siguen latentes en nuestro pueblo.

3.1 Juegos de suerte o azar

Una costumbre muy arraigada y de gran trascendencia entre nuestra población masculina adulta, la cual es dada a pasar largas horas de su tiempo alrededor de una cubierta con un paño verde, mientras las cartas españolas o el póker entregan la suerte caprichosamente a los jugadores, o bien las fichas de dominó forman figuras de acuerdo a las reglas de juego. También es usual el juego de dados en el cual han naufragado fortunas enteras.

"El aldeano es tahúr en potencia. Barajas y dados están en todo tenducho, en toda fonda caminera de mal yantar; entre juegos de azar y libaciones de mal licor, terminan las jornadas aldeanas y se desarrollan también las reuniones sociales."

El juego de azar no es para el aldeano un medio de subsistencia, sino una respuesta a las necesidades de su psiquismo lúdico. Lo ganado se pierde sin angustia al día siguiente: es dinero de juego, para el juego"

Se puede concluir de lo anterior, que persiste en nuestras gentes la costumbre antioqueña de la ganancia fácil, sin complicaciones, sin esfuerzos, apenas sí con la ayuda afortunada de un golpe de suerte.

3.2 El amor a los gallos

Esta práctica no es muy frecuente en la actualidad. Aunque existe una pequeña gallera urbana y dos o tres rurales donde se dan cita cada 15 días galleros de diferentes lugares con el único propósito de apostarle a la fortuna.

No obstante esta circunstancia es bueno anotar que en el pasado se dieron grandes galleros y mucha afición a los gallos de pelea. Eran los tiempos en que la limitación del progreso carreteable, hacía que el pueblo buscara sus propias diversiones y entretenimientos.

3.3 Afición a las bebidas alcohólicas

Es una costumbre normal en toda nuestra geografía. Restrepo González dice en su obra "El aldeano es borracho por tradición; la embriaguez es uno de los elementos constitutivos del machismo"

Toda la actividad social de las gentes del pueblo se realiza bajo la influencia del licor. Así que no es extraño que, como lo dice el mencionado autor "borracho inicia su vida conyugal, borracho hace sus negocios, borracho participa en las celebraciones religiosas tradicionales, borracho entierra a sus muertos, borracho dirime sus querellas, borracho manifiesta sus afectos, declara el amor a una mujer y sus malquerencias".

El licor es la eterna disculpa para toda actividad. Se va al bar de la esquina a tomar un tinto, pero el disco que suena es el motivo para que se diga: "pidamos el primero" y tras de ese aguardiente siguen los demás.

Debido al afán desmedido en el consumo de licores se presentó una actividad doméstica con buenos rendimientos , la elaboración de "chicha", lograda con la fermentación del maíz y la cual contaba con pocas sustancias alcohólicas. En la actualidad se consume todavía en un pequeño toldo que se ubica los días de mercado en la plaza principal. La arquitectura paisa de corte marcadamente republicano, dejó la primera planta de la casa para la cantina y la segunda para la habitación de sus dueños.

3.4 La prostitución

Estába bastante motivada y promocionada por la población adulta masculina, matizada de un "machismo" mal entendido que pretende cosificar a la mujer. De ahí que fuera normal ver los fines de semana, el desfile interminable de campesinos, clase en la cual se usufructúa más esta situación, hacia la zona de tolerancia donde dejaban el dinero recaudado en la semana y en muchas ocasiones, la propia salud que se ve minada por las enfermedades venéreas.

Ahora bien, esa prostitución que se centra en la zona de tolerancia o "barrio" es considerada como una institución casi social, pues permite conservar la honra de las mujeres de bien, de ahí el popular adagio "si no hubiera zona no habría ni señoritas ni señoras".

Risaralda hoy no tiene zona de tolerancia. Disposiciones oficiales locales lograron en la década de los años ochenta, acabar con este lugar de prostitución. En su lugar se levantó una urbanización con todas las comodidades de la vida moderna y según las estadísticas del hospital San Rafael, el centro médico del pueblo, los índices de mortalidad por agresión con armas blancas y de fuego bajaron ostensiblemente. Se pasó de 3 o 4 heridos en un fin de semana y 1 o 2 muertos a 1 herido en el mes y casi ningún muerto en el año, lo que da al pueblo un aspecto totalmente pacífico y sereno.

Aunque no se puede desconocer que algunas cantinas son habilitadas como casa de citas, donde en época de la cosecha del café que va desde el mes de octubre hasta diciembre, hacen su aparición decenas de mujeres con el propósito de satisfacer las necesidades de los campesinos y de muchas personas de bajo nivel cultural que encuentran en estos sitios verdaderos lugares de esparcimiento.

  4. LA GENEALOGIA

Como las características peculiares de nuestras gentes, su idiosincrasia y religiosidad, marcaban un origen antioqueño, no podemos alejarnos de esta genealogía par entender la nuestra.

4.1 La raza antioqueña

Aunque el término "Raza" es más genérico y no tan particularizado, ha sido costumbre del núcleo antioqueño considerarse como una raza aparte de los demás grupos humanos colombianos y lo hace así y lo sostiene por un orgullo ancestral.

La amalgama original de nuestra raza se formó por la mezcla de elementos españoles, indios y negros esclavos.

Algunos atribuyen al pueblo antioqueño cierta mezcla de con la raza judía, sobretodo por la habilidad en el mundo de los negocios. "Pero tengan o no de una u otra raza, o de las dos a la vez, mucho de lo que son los antioqueños depende de las condiciones económicas en que han vivido. Ello es que el trabajo lucrativo escasea en aquellas regiones; a las familias numerosas que allí nacen no puede ofrecerles adecuado porvenir, y como quiera que son activos, ambiciosos y fuertes, se dan a lo único que hallan a la mano en su tierra, que es el comercio en divisiones y subdivisiones indefinidas o se van por esos mundos de Dios en busca de mayor espacio y más desahogado vivir."

En la lista de apellidos de las gentes de Risaralda, encontramos que en su mayoría son provenientes de casi todas las regiones de España puros mezclados con árabes, y otros no tan numerosos provienen de pueblos aborígenes.

La mayoría de los pobladores de esta región procedían del sur del departamento de Antioquia, de pueblos como Abejorral, Andes, Barbosa, Bello, Betania, Betulia, Bolivar, Buenos Aires, Concordia, Don Matías, Fredonia, Jardín, Jericó, La Ceja, Palermo, El Peñol, Támesis, Titiribí, Urrao y Versalles. Y también se dio el caso de migraciones desde municipio del mismo departamento de Caldas, como Aguadas, Salamina y Supía, de Quinchía y Pueblo Rico en el Risaralda y Armenia en el Quindío.

Prácticamente sólo el grupo antioqueño cuenta en el municipio de Risaralda y son escasas las gentes de otras regiones y otras razas. Cabe anotar que la población negra no tiene presencia en el pueblo. No porque exista racismo, sino porque la ubicación geográfica en la montaña, el clima un tanto frío y las actividades económicas propias no permitía espacio para el desenvolvimiento de esta fuerte raza, acostumbrada a labores y a un modus vivendi totalmente diferente.  

5. VIDA RELIGIOSA

Según el maestro López de Mesa el colombiano se coloca como un ser religioso, es decir, como quien "siente" hondamente la religión, sin producir, sino excepcionalmente, grandes expositores del dogma, ni abundantes ascetas. Y en realidad es así si tenemos en cuenta que la mayoría de las gentes vive la religión no como algo interior, sino más bien como una vivencia o costumbre social que debe reflejarse ante la comunidad, con contadas excepciones en las cuales se vislumbra un verdadero y acendrado misticismo.

En el hombre de nuestro pueblo, es común confesarse sin actitud de conversión, comulgar sin sentido de comunión con Dios, contraer matrimonio sin el deseo de ser fiel toda la vida. Es un cadena de prácticas sin alma y sin convicción. Es mayor el peso de la apariencia que el de la interiorización de las creencias. En otras palabras, se es católico por costumbre y tradición familiar y no por convicción.

En cuanto a las celebraciones particularmente religiosas se definen las fechas del 16 de julio y 8 de diciembre como días para venerar a la Santísima Virgen María, madre de Dios, con participación de las veredas y los estamentos sociales y comerciales de la población. Se celebran con grandes ceremonias litúrgicas, procesiones, quema de pólvora y castillos a los acordes de la banda de música que interpreta marchas clásicas y aires populares.

En lo que a los santos se refiere, nuestras gentes los entienden como abogados de sus necesidades, atribuyéndoles ubicuidad y divina amplitud de entendimiento para atender a millares de invocaciones y ofrendas.

De los sitios de la vida eterna que admite la fe católica, nuestras gentes, aún las más sencillas, rechazan un poco el infierno. Y entre diablo y diablos hay una indefinición conceptual en las mentes de las multitudes. Al primero se le considera una potencia semidivina y a los segundos unos seres traviesos, indisciplinados y de mala índole.

El purgatorio tiene amplia acogida. El culto a las ánimas benditas es uno de los más extendidos, de los más tiernos y generosos. De este campo brotan cientos de leyendas de apariciones, siendo la más famosa la del ánima sola, a la cual se le ve en las noches solitarias y tristes.

Es común ver a las gentes en peregrinación continua durante el mes de noviembre, hacia el cementerio donde realizan la novena de las ánimas, y esto durante el día y la noche, sin faltar un solo día por temor a perder el mérito de su acción religiosa.

5.1 Entidades tenebrosas

Hace parte de la mitología popular y de la línea demoníaca del cristianismo nos vienen diablo, maligno y mandingas; el ánima sola, la patasola, el mohan, el duende, el chucho doméstico que asusta a los niños traviesos. Todos estos engendros fueron replegados por la llegada de la luz eléctrica a campos y ciudades y de seres espectrales que causaban angustia y horror a nuestros abuelos, se convirtieron en alegres personajes del mito y el folclor de los nuevos tiempos.

Generalizando un poco el tema religioso tenemos que decir que la religión católica ha perdido mucho peso como regidora de las actuaciones de las personas. Hoy no se acatan sus disposiciones con la "fe del Carbonero" como se solía llamar al hecho de obedecer ciegamente los preceptos. Son contadas las personas que asisten a las celebraciones por convicción y muchas las que en época de Semana Santa, lucen sus mejores trajes, caminan bien erguidos por las principales calles del pueblo y asisten puntual a los actos programados, como si quisieran ahorrar culto para todo el año.

La otra tendencia es acercarse a los cultos protestantes, financiados casi en su totalidad por los movimientos religiosos norteamericanos. Cada día son más las personas que encuentran solución a sus problemas materiales y espirituales en las orientaciones de sus pastores y en la espiritualidad heredada de las enseñanzas de Martín Lutero.

6. VIDA CULTURAL

Aunque no ha tenido grandes personajes de renombre nacional y menos internacional, en este capítulo reflejaré lo más grandioso y hermoso del espíritu de nuestras gentes, pues en la cultura está inscrita la nobleza del espíritu, y el altruismo propio de los seres humanos, que lo alejan de la rutina y las costumbres materiales intrascendentes.

Risaralda ha producido en su corta historia periódicos, libros, obras pictóricas, buena actividad musical y cultural en sus afanes científicos y humanistas.

La obra de Ovidio Rincón Peláez, Jorge Vélez Correa, Mario Escobar y Germán Ocampo Correa son una clara muestra del deseo por adentrarse en las lides del espíritu.

El círculo cultural Bernardo Arias Trujillo se mantuvo durante las últimas tres décadas como el abanderado del quehacer cultural de la población. Luego de su desaparición se fundó la Casa de la cultura con este mismo nombre y que en la actualidad se denominá Ovidio Rincón Peláez, institución que cuenta con 9 años de existencia realizando un gran aporte a la vida cultural del municipio.

7. EL RISARALDA DE HOY  

Hoy el pueblo cuenta con muchas comodidades que exige la vida moderna. Sus buenos servicios públicos hablan de un desarrollo que se ha venido dando aceleradamente pero que a su vez deja grandes baches en lo referente a la recreación, la cultura y el esparcimiento.

Cuenta el municipio hoy con un moderno coliseo cubierto que ha contribuido a elevar el nivel deportivo.

En el aspecto ecológico se cuenta con un Jardín Botánico, catalogado como el mejor del departamento de Caldas. Es el resultado de quijotes que durante más de dieciseis años se han dado a la tarea de concientizar las gentes de la necesidad de proteger el medio y lo recursos naturales no renovables. Esta es la empresa más seria en la actualidad, la que tiene mayores fundamentos y la que mostrará con el tiempo una imagen positiva del municipio al nivel nacional.

Otro elemento que no se puede dejar de lado es la existencia de un hospital dotado con buena tecnología e infraestructura que ha contribuido notoriamente a elevar la calidad de vida de los habitantes, reduciendo considerablemente los índices de morbilidad y mortalidad, sobretodo en los primeros años de vida de las personas, grupo etáreo que tan golpeado se ve cuando las necesidades de salud no son suplidas correctamente.

Las campañas de promoción y prevención de la salud cada día tienen mayor acogida en la población que va tomando conciencia de ellas. Es un fenómeno cultural aceptado por todos. La vacunación no es un mito, es una realidad buscada y exigida por las gentes dentro de los muchos derechos reclamados.

(Gran parte del texto está tomado del libro Risaralda, La aldea y su historia de Fabio Vélez Correa)

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