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VUELTA A LOS VALLES CALCHAQUÍES  

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Por Pablo Pereyra

 San Miguel de Tucumán, la ciudad desconocida

Nunca pude saber con exactitud si la ciudad de San Miguel de Tucumán era tan fea como me habían dicho los demás viajeros que encontré en mi camino. Ya que al llegar, ni bien bajamos del ómnibus subimos a nuestras bicicletas y salimos de los límites de la ciudad para tomar la ruta nacional 38 rumbo al Valle del Tafí, y bueno, a la vuelta, sentiría que el viaje había sido lo suficientemente agotador como para no hacer otra cosa que no sea buscar la ruta mas cercana para llegar al aeropuerto y volver a la civilización, así que si esperan encontrar aquí una descripción de San Miguel de Tucumán pueden dejar de leer ahora.

 Rumbo a los Valles Calchaquies

Pero de cualquier manera, lo que buscábamos era conocer las rutas Tucumanas, y eso si que lo hicimos, nuestro viaje comenzó en la ruta 38 rumbo a la intersección de la ruta 307, una autopista de dos carriles en su mayor parte con una amplia banquina en excelente estado en la cual no se corren mayores riesgos y la ventaja  que las salidas y entradas a la autopista no son tan frecuentes y tampoco presentan un gran caudal de tráfico.

Seguimos entonces hasta Famailla y allí atravesamos el pueblo abandonando la ruta 38 tomando un camino comarcal de asfalto en muy buen estado y con muy escaso trafico, al punto tal de que hibamos por el medio de al calzada sin preocuparnos por los autos o camiones. Este camino transcurre entre los ingenios azucareros y finaliza en la localidad de Ingenio Santa Lucia tras 55 km. Este tramo de la ruta 38 tampoco presenta dificultades orográficas de ninguna especie y es ideal para realizar una buena aclimatación para lo que es el resto del viaje alrededor de las Cumbres Calchaquies.

En cuanto al Ingenio Santa Lucia en si es un pueblo construido alrededor de la estructura organizativa del ingenio, con una calle principal de unos 400 metros con sus proveedurias y algún local con pretensiones de supermercado, un locutorio, algunos locales de comida donde comer un buen locro por apenas 2 pesos y la tasa de carnicerías por cuadra más alta que haya visto yo jamas. En cuanto al alojamiento, no existen ni hoteles ni campings organizados o libres. Nosotros optamos por pedir alojamiento en la comisaria del pueblo donde pusimos nuestra carpa en el patio de la misma y por la mañana al irnos obsequiamos una botella de vino a los oficiales, aunque ellos no nos pidieron nada a cambio.


Por la quebrada del Río Los Sosa- Trepando el Mortirolo Argentino

El segundo día de nuestro viaje nos encontramos con una de las cosas que había, al menos yo, ido a buscar a Tucumán, una de las subidas mas largas y duras que vi nunca jamás, algo al lado de lo cual el Cristo Redentor de Mendoza parece un chiste de mal gusto, la subida es la quebrada del río Los Sosa y no tiene un nombre en particular, pero comienza ni bien se abandona Ingenio Santa Lucia sin dar la mas mínima tregua al ciclista y sin tiempo apenas para calentar las piernas, la subida se extiende durante 43kms por la quebrada del río y la carretera serpentea hacia  arriba dando innumerables curvas, circulando por un bellísimo entorno de selva subtropical.

Hay un monumento al indio calchquí al comienzo de la subida donde se puede comprar vino patero y quesos regionales de todo tipo, hay que ser moderado para poder seguir pedaleando tras esa escala, luego ya no hay puestos de importancia hasta casi llegar a El Mollar, donde termina la subida.[x1] [1]  Es una subida de belleza inigualable, hasta El Mollar transcurre entre una vegetación exuberante y llena de vida siempre bordeando el recorrido del río Los Sosa, pero a medida que se gana altura el paisaje empieza  a verse salpicado por la nieve que dejó una nevada reciente y a tornarse mas y más árido mientras la carretera continúa ganando altura. Completar la trepada nos tomó dos días.

 Llegando a Tafí del Valle

Llegamos a El Mollar donde hay una estación de servicio muy bien aprovisionada, y una especie de museo arqueológico donde hay unos menhires que eran objeto de culto por los aborígenes, aunque este parque pierde ahora mucho de su significado ya que los menhires fueron reubicados al libre arbitrio de quien estuvo a cargo de construir el dique artificial de El Mollar con lo cual pierden mucho de su significación original.

Tras El Mollar, uno tiene dos opciones para llegar hasta Tafí del Valle, o por la ruta 307, que es la que seguíamos hasta ahora o por el dique de El Mollar donde a través de 26kms se podrá tener una idea de cómo era el valle del Tafí antes de la eclosión del turismo. Es creo yo, otro de los must de este viaje, son solo 26kms y la dureza es de nada comparado con lo que se realizo hasta el Mollar en la quebrada del río los Sosa, pero es ripio, y posee la cualidad que hace que el espíritu se sienta a la vez solo y lleno de sí mismo, un camino angosto de cornisa, sin autos, solo algunos caseríos perdidos en el fondo del Valle, bien abajo donde uno se pregunta como es que se hace para llegar allí. Y al final una bajada preciosa donde se le puede dar a la bici hasta donde uno se anime, a riesgo claro de perder el equipaje (sic. ). Y culminar con una entrada triunfal a Tafí del Valle, por la puerta de atrás de la ciudad, pero triunfal al fin.

Tafí del Valle es una interesante villa de verano que es utilizada por las familias más tradicionales de San Miguel como Villa de Verano un entorno idílico aunque el paisaje hace tiempo que ha perdido su carácter selvático y es ahora semi árido.

En cuanto a  Tafí del Valle en sí, es bonito aunque esta bien dispuesta a ofrecer lo que el turista tradicional va a pedir. Esto es: restoranes caros y con un servicio que dista de lo que uno esta pagando, artesanías importadas de Ecuador, productos autóctonos que se repiten sin cesar... Pero sin embargo la arquitectura mantiene el estilo y belleza de los tiempos de la colonia; existen locales donde se exponen productos artesanales, pinturas y piedras, verdaderamente hermosos; aunque sea caro uno no debe irse sin probar un chivo asado y uno empieza a creer que puede hacer que su dieta se base pura y exclusivamente en vino patero y deliciosos quesos sazonados con orégano y pimienta.

En cuanto a las comodidades que ofrece Tafí del Valle, cuenta con hoteles para todos los gustos y bolsillos, y un camping municipal con agua caliente. Limpio y seguro.

 3040msm- El abra del Infiernillo

Pasamos dos días de descanso en Tafí del Valle, tras los cuales pusimos proa rumbo a Amaichá del Valle, un recorrido de 57km de los cuales los primeros 25km nos llevan al abra del Infiernillo, en una subida mas bien suave, sin estridencias, donde puedes poner el desarrollo que te quede más cómodo y dedicarte a rodar a un ritmo parejo sin preocuparte de rampas rompe piernas. El nombre de la cuesta intimida, es cierto, pero si uno a logrado llegar hasta aquí con la bici tras la trepada del Río Los Sosa, puede estar seguro que no tendrá problemas con El Infiernillo. Su nombre podría deberse mas al intenso sol que brilla en un cielo totalmente azul, sin nubes, donde es muy importante llevar anteojos de sol. Su dificultad estriba en que la cima del paso esta  a 3040 metros sobre el nivel del mar y puede experimentarse cierta dificultad para respirar.

Es interesante señalar que este paso carretero es el único que atraviesa y separa la Sierra del Aconquija de las Cumbres Calchaquies, y el impresionante cambio del paisaje entre la selva del nublado por la que ascendimos a la vera del río Los Sosa y este árido paisaje donde solo crecen pastizales secos y cardones.

En la cumbre del paso hay algo que parece ser una capilla y un puesto de vialidad, pero la capilla si bien esta en buen estado, cuando yo pase estaba cerrada.

Tras el abra del Infiernillo puede uno relajarse, disfrutar y ser feliz, que todo lo que sube tiene que bajar, y la recompensa a nuestro esfuerzo se encuentra allí a la vuelta de la carretera. Renuncio aquí a hablar de la felicidad del descenso y que eso embellece y engrandece el paisaje. Es mentira. Es tal vez el más hermoso paisaje de los que yo haya podido disfrutar, lo empequeñece a uno, se circula por la ladera de la montaña, y uno baja a velocidades de vértigo. Lamentablemente me faltan palabras para describir lo que he visto, tal vez, pueda ayudar a dar una idea de la belleza del mismo diciendo que yo que soy un maniático de los entrenamientos y de rodar fuerte, frene todo lo que pude para disfrutar del paisaje. Es un cañadón con cientos de metros de piedra hacia abajo y una veintena para arriba, baja uno con la montaña, ve a lo lejos un río (el río Santa María)...

El descenso es al principio muy técnico con muchas curvas y contra curvas con un fuerte desnivel y obliga a mantener la atención en la conducción de nuestra máquina. Se debe estar muy atento ya que muchas de estas curvas están cubiertas de ripio y no de asfalto, y otras tantas son ciegas y si bien él tráfico es escaso hay altas probabilidades de encontrar vehículos en el recorrido, así que es mejor no llegar jugados de velocidad a las mismas y controlar bien la trayectoria que uno sigue. Recordar que en un descenso rápido como este la clave esta en anticiparse a la carretera y que no se pueden hacer cambios cuando el error ya ha sido cometido, y aquí un error puede ser fatal.

Finalmente llega uno a Amaichá del Valle, un hermoso poblado sumamente tranquilo, bañado por la sombra de los algarrobos. Uno de esos lugares que parecen fuera del tiempo.

Aquí uno encontrará un camping con una suerte de balneario, estación de servicio, lugares para comer y la guía dice que para dormir. El camping no es gratuito aunque sí económico y dispone de unas habitaciones con camas y colchones. Yo, tal vez por eso, preferí armar la carpa. Existen también sendos lugares donde comprar comida y bebida para cocinar, aunque la carne no es muy buena y finalmente los perros te la roban por la noche si no la guardas bien (la altura no es suficiente y saben abrir tapperwares).

 La Ruta 40

Desde Amaichá del Valle partimos rumbo a Cafayate. Son 68km con una orografía regular, mas bien llana. Tras salir de Amaicha hay 14km hasta las ruinas de Quilmes, poco antes hemos cruzado el puente con el cauce seco en invierno del río Santa Lucía y entrado en la legendaria Ruta 40. La ruta esta llena de badenes para evacuar el agua de montaña, lo que nos indica que durante el verano la ruta esta surcada por lenguas de agua que bajan de la montaña. Hasta llegar a las cercanías de Tolombón aproximadamente cuando se cumplen los primeros 50km del recorrido donde hay un repecho de un par de kilómetros sin importancia. Tras él, la carretera retoma su carácter amigable, y poco después empieza a uno a cruzarse con pequeños poblados, que nos anuncian que nos acercamos a un centro urbano, luego viñedos y más viñedos a ambos lados de la cordillera, luego, la bodega Etchart Privado nos indicará que nos encontramos en la recta final de la etapa, luego la Alameda cafayateña que nos da la bienvenida prodigándonos sombra a ambos lados de la carretera. Ya puede usted levantar los brazos, señor ciclista, cruza ese pequeño puente que tiene frente a sí y que podría estar en cualquier lugar del gran Buenos Aires y levanta los brazos, pues ya esta en Cafayate. Si le quedan dudas, si el puente lo ha confundido y cree usted que podría estar en algún lugar del Gran Buenos Aires y que el agua viene de una fabrica, desásnese amigo, levante la vista, vea las montañas y tome nota de que esta en los Valles Calchaquies.

 La ciudad de Cafayate

Cafayate es la Ciudad más grande por la que hemos pasado hasta ahora, de hecho la única a la que podemos llamar ciudad y esta completamente volcada al turismo. Dudo que haya un restaurante donde a la hora de la cena no pongan a dos borrachos vestidos de gauchos a cantar interrumpiéndole a uno la digestión, casi como echándolo del lugar a uno. Y no es que yo sea buen cantor, pero varios hubiesen deseado oírme cantar a mí. Es sin embargo un espectáculo divertido y uno termina encariñándose con los muchachos. Respecto a la comida, a menos que uno este dispuesto a gastar unas buenos morlacos en comer afuera, no solo deberá tolerar este tipo de cantores, sino que además deberá someterse a la típica comida que usted, señor viajante puede encontrar en cualquier parador de las rutas argentinas. Para hospedarse existe un camping municipal, y la hotelería es buena y no es cara,  naturalmente uno aquí también dispone de un amplio abanico para elegir donde dormir, desde 10 pesos per capita se consiguen buenas habitaciones dobles, ahora, si uno desea un hotel de categoría, también los encontrará, pero no será posible hallar construcciones de la belleza y riqueza arquitectónica de Tafí del Valle. Existen también varios museos hay una plaza con amigables artesanos que si uno es simpático le dejan probar a uno todo tipo de delicias. Existen también algunos bailongos a los que no me he atrevido a ir, pero si tu corazón esta solo, oh joven argentino, es allí a donde debes ir, y tu jovencita de las pampas no olvides llevar tu cinturón de castidad a menos que desees quintillizos. También hay varias bodegas para visitar. Yo elegí la de Etchart Privado, el vino era delicioso y puede uno probar todas las delicias que ofrecen los viñedos cafayateños. Entrando a la ciudad hay uno o dos lugares que se nos habían pasado desapercibidos antes que vendían empanadas a un precio irrisorio, y donde disfrutamos del vino que compramos en la tienda de la bodega. Debe tenerse sumo cuidado, pues el camino de vuelta presenta sendas curvas y contra curvas.

 La Garganta del Diablo

Tras dos noches en Cafayate tome la ruta nacional 68 que se dirige a Salta. Es un camino asfaltado con muchos toboganes y curvas suaves, pero pronto uno se dará cuenta que la ruta posee una importancia secundaria y que las rocas que se erigen al costado de la carretera adquieren figuras caprichosamente parecidas a obras del hombre, así nos encontramos con el obelisco, los castillos, el fraile y finalmente la garganta del diablo y el anfiteatro. Son la Garganta del Diablo y el Anfiteatro hermosas grietas formadas en la montaña, decían que allí iba a tocar el grupo Divididos, quien sabe, había sin embargo muchos puestos de artesanos y a eso del mediodía llega una señora que vende empanadas y lechón a precios irrisorios, creo que la docena de empanadas costaba un peso y lo mismo la porción de lechón con papas. Así mismo los aficionados de la escalada en roca no podrán dejar de imaginarse a sí mismos colgados de las paredes de estas formaciones.

El camino continua siempre muy bello, sin desniveles asesinos aunque con toboganes de cierta categoría, sin embargo notamos que comenzamos a perder altura y el paisaje se va transformando, de a poco vemos que comienza a haber vegetación y que las cumbres que tenemos a nuestra vista se tornan verdes en vez de marrones. Estamos ahora bordeando el Río Las Conchas, en el Valle de Lerma.

A los 80km de nuestra partida  de Cafayate ingresamos a la Comunidad Económica Europea y nos topamos con un pueblito cuyo nombre es Alemania, poco puedo decir de él, salvo que posee un bonito camping, seguimos 20km mas y llegamos a LA Viña, y luego tras 20km a Guaichipas donde pernoctaría antes de iniciar la parte final y más espectacular de mi viaje.

Quiero agregar que la ruta, a partir de Alemania, presenta cada vez una mayor cantidad de zonas urbanizadas, y si uno continua, después de La Viña, quedan solamente 77km hasta llegar a la ciudad de Salta Capital.

 Guaichipas, y que si lo otro era la Garganta del Diablo, esto es la entrada al Infierno

Cuando llegué a Guaichipas me imaginé que sería un caserío sin identidad alguna. Y si bien las construcciones no son para una bienal de arquitectura nos encontraremos con un bien provisto pueblo, con locutorio, lugares donde aprovisionarse, un muy económico camping, que si bien tiene un muy pequeño baño, posee agua caliente (debo sentirme agradecido de haber sido el único acampante por lo sucio que debe ponerse eso con mucha gente) y hasta una no muy bien provista bicicletería.

Siempre me ha gustado pensar en los siguientes 120km que recorrí en la Ruta Provincial Nº6 de una manera épica, el hombre solo dejado de la mano de Dios; ¡hay! Mamá donde estas; y por que no me gusta ir de vacaciones a ver la casita de Tucumán como a todas las personas normales, etc., etc.

Tal vez el camino en sí no sea tan malo, y todo se haya debido a serios errores de cálculo, pero quede tan impresionado por la experiencia que considero necesario narrarla.

ERROR Nº1: 120kms no son siempre 120km

Finalmente termine de desarmar la carpa y de acomodar mis cosas en la bicicleta a las 10 o 10:30 de la mañana, si bien ya era tarde, uno debe procurar siempre estar en la ruta antes de las 9 de la mañana para evitarse contratiempos y prevenir el tiempo necesario para posibles accidentes, pero 10:30 no es una exageración tampoco, no estaba en Mendoza donde camino a Las Cuevas uno sabe que indefectiblemente debe estar en destino antes del mediodía porque sabe que a esa hora comienza a soplar un viento intolerable para la marcha, y después de todo, si bien no esperaba hacer mis tiempos de Capital- Luján, en las onduladas carreteras del Parque Nacional Los Alerces, con ripio incluido, mi promedio no había bajado nunca de los 22km/h y si uno quita el día en el cañadón del Río Los Sosa, el promedio general en Tucumán también había estado entre los 17 y 20km/h, lo que sacando cuentas nos indica que en el peor de los casos, suponiendo un promedio realmente desastroso de 15km/h, no tardaría mas de 8 horas.

Pero tras hacer unos pocos cientos de metros uno se da cuenta que el asfalto es cosa del pasado, que el plano es inclinado y que durante muchas horas la pendiente tendrá un signo positivo. Aquí debe uno arrepentirse pronto y volver a la ruta 68 en busca de Salta, que se encuentra a menos de 90km de Guaichipas. Pero entre Guaichipas y Las Viñas hay un leve ascenso, son solo 9kms, tal vez menos, y uno piensa en eso para seguir, ignorando lo que vendrá.

En medio de la selva subtropical, en un paisaje que se intuye deshabitado pero que presenta una serie de acequias con agua cristalina corriendo a través de ellas nos hace pensar en cual será la naturaleza de ese lugar, solo dos o tres casas cruzaría en ese corto tramo de suave pero constante ascenso, no sé a ciencia cierta cuan largo fue, tal vez unos 10km. Tras ese tramo en el cual uno se acomoda como puede en un desarrollo de 32x18, vi al final algo que me anunciaba lo peor, unos acoplados bastante cortos destinados al transporte de ganado estacionados en una improvisada playa al costado del camino, lo que implica que ese tipo de vehículos no eran capaces de realizar el resto de la ruta.

Apocalipsis Now

Y ciertamente a partir de ese momento, durante los siguientes dos días, hasta mi llegada a El Tala, me crucé solo con dos vehículos, una 4x4 Land Rover y una camioneta Ford F100 de las duras y eternas.

A partir de ese momento la carretera (que a un camino que es en realidad en muchos puntos una huella no se le puede llamar carretera) se empina de una manera abrupta y violenta. Serán muchas las curvas de herradura que habrá que atravesar y mejor no mirar para arriba porque uno sabe donde acaba todo. El descanso se puede lograr únicamente en los falsos planos de las curvas, en ningún otro lugar. Estuve muy ocupado trepando y tampoco confiaba en ese momento en lo que decía el velocímetro, cuando era que se dignaba a marcar algún 3kp/h, así que no sé a ciencia cierta la distancia, pero estimo que el primer tramo en falso llano habrá sido unos 10 o 15kms y esta trepada habrá sido de otros 8 o 10kms, tal vez un poco mas. No se me ocurre como categorizar esta subida, sé sin embargo que tiene una o dos rampas que se me han resistido al deber caminarlas tras perder el equilibrio cuando la rueda delantera se levantó.

Es esta una ardua subida, la selva te abraza y en cada curva se tiene una nueva panorámica, pero la vista más bella se obtiene en la cima, y no es mala la idea de hacer noche en la cumbre para disfrutar de ese hermoso paisaje.

Cuesta abajo por Pampa Grande

Luego, un descenso que no es todo lo largo que uno desearía y donde yo iba sin darle demasiada tregua a los frenos por temor a perder el control en un piso siempre roto, en una constante que se repetiría en todos los demás descensos.

Al finalizar el descenso, al kilómetro 35 aproximadamente, uno cruza una casa y luego la ruta continúa sin mayores desniveles a través de una planicie que es la Pampa Grande. A 50km de Guaichipas uno vuelve a toparse con un cartel indicador que indica la localidad de El Tala a 74km, lo que nos da cierta tranquilidad respecto al camino que seguimos. Existe también por esa zona una bifurcación del camino, se debe tomar la senda de la izquierda si es que se desea seguir rumbo a El Tala que es desde donde se puede empalmar con la Ruta Nacional 9, que nos lleva sea a Salta o a Tucumán, en nuestro caso a San Miguel. Para destacar la dureza del camino, diré que a Pampa Grande debo haber llegado alrededor de las 17 horas, tras 6 horas de pedaleo continuo con un promedio de ¡MENOS DE 10km/h!

Como decía, el camino de la izquierda es el que nos lleva hacia El Tala, y para confirmar este hecho poco después de la bifurcación del camino hay un corto descenso, del cual soy propietario (sic.). Y luego hay un casco de estancia. Ignoro que sucede si se sigue la otra ruta.

A partir de este momento el camino será en constante bajada, pero eso no implica que sea rápido. Debido a que se trataba de un camino de cornisa y a mi triste experiencia con una caída por cierto tonta, decidí ir despacio, quemando frenos, diciéndome a mí mismo que para eso era que habían sido inventados los frenos a disco.

A partir de ese momento el camino se torna cada vez más húmedo, y el piso mas blando, empezamos de a poco a vadear un río cuyo nombre ignoro cruzándolo varias veces, digamos que en el kilómetro 60 hay un caserío que parecía ser una escuela rural ante el cual no me detuve en mi alienación por llegar a algún centro urbano donde ver alguna línea de teléfono o electricidad, también existen al costado del camino una seria de garitas encerradas en cercos de alambre tejido que se reparten cada cierta distancia de las cuales ignoro su propósito. Sin embargo no pude mas que detenerme tras seguir unos pocos kilómetros rendido por el cansancio y por la escasez de luz solar, acampé al costado del desierto camino cerca de una casa cuyos habitantes intentaban darme charla mas yo deseaba dormir a toda costa, y eso hice.

Me desperté antes del amanecer con el afán de salir de una vez de esa ruta y para mi sorpresa los 50 o 55km que me quedaban  de camino los tuve que hacer en el medio del barro. Sin embargo la belleza del camino es inigualable, se bordea y badea el río en innumerables cruces, se atraviesan balcones donde se siente rugir las aguas en el fondo del cañón, las paredes de piedra parecen transpirar. Es además por suerte, todo un suave descenso y el mayor problema consiste en mantener las rudas y la transmisión libre de barro.

Uno no debe creer  en la información de quienes nos dicen que tras la siguiente curva se llega al pueblo, pero finalmente en el kilómetro 124 se llega a El Tala donde hay servicio de teléfono y de ómnibus.

Uno tiende a asustarse cuando ve que el camino continúa siendo de tierra, pero poco después se llega a una ruta pavimentada con que parece haber sido bombardeada, si uno esta atento y no se cae dentro de ninguna grieta, se llega a Trancas donde se empalma con la Ruta Nacional 9. En ese momento me sentía bendecido y feliz, de ver el cordón de asfalto extendiéndose en el horizonte que me llevaría de nuevo a la ciudad, ya habían pasado las horas de tensión donde no sabía cuan largo era el camino o si de hecho estaba en el correcto.

Volviendo a la civilización por la Ruta 9, hacia San Miguel de Tucumán

Entre Trancas y San Miguel del Tucumán hay 78kms, y a mí me faltaron unos 30 para llegar a San Miguel ese mismo día, se me hizo de noche y en el apuro rodé cerca de dos horas en la noche por una colectora que había al costado de la ruta, pero se acabaron las pilas de la linterna delantera e improvisé un campamento en la garita de una parada de autobús con mi manta de vivac.

Llegando a San Miguel, a 20kms, la ruta se transforma en autopista, y toma el carácter que tiene cualquier otra autopista del país, pero con unos agradables toboganes.

Yo me sentí como superado al entrar a San Miguel, con el objetivo cumplido, y la satisfacción de haber pedaleado por tan diversos y hermosos paisajes. Pase la tarde en la Plaza Independencia comiendo empanadas, y luego pase por el Parque 9 de Julio, un enorme y hermoso parque donde se puede practicar todo tipo de deportes y hay un camping municipal aparentemente bastante seguro por las noticias que me han dado amigos que han acampado varios días en él sin que les falte nada.

Tome la autopista camino al aeropuerto. Me fui sin visitar la Casita de Tucumán.

Notas:

Transitabilidad de las Rutas

El  viaje lo realicé en el mes de Julio del 2000, por lo tanto, en invierno.

En los meses estivales es probable que por la Ruta 40, entre las ruinas de Quilmes y Cafayate crucen varias lenguas de agua de diferente caudal.

Lo mismo debe ocurrir tras Pampa Grande en la Ruta Provincial 6, pero en este caso debido a que la misma es de tierra y bastante precaria, es posible que sea intransitable en varios tramos. Incluso en invierno el agua me llegaba en varios casos hasta la rodilla.

Moneda

En Tucumán también existen bonos del gobierno que son aceptados, para todo tipo de transacción a la par del peso. Este bono como el de la provincia de Salta suelen ser aceptados no solo en sus provincias de origen sino que también en las vecinas, pero hay que tener cuidado con los bonos de la provincia de Catamarca que solo tienen valor dentro de la misma, y según dicen, a veces ni tanto.


Bibliografía consultada y mapas:

- Guía Turística YPF, Centro y noroeste

- La Guía Pirelli, Argentina, Edición 1995, Editorial Planeta


[1] Si alguien desea saber lo que siente Pantani en el Mortirolo o en el Gavia, creo que este es el lugar para experimentarlo. Cabe, y creo que es importantísimo destacar para quien planee realizar este viaje, que entre Ingenio Santa Lucía y El Mollar hay 40 kilómetros, y todos, y cada uno de ellos son en subida, es una subida dignísima, apta para un Tour, Giro o Vuelta, y estoy seguro de que eclipsaría a varias de las famosas. Yo particularmente, no pude completar la trepada en un solo día y tuvimos que parar en uno de los campamentos de Vialidad de la Provincia de Tucumán donde nos permitieron acampar y nos brindaron su hospitalidad para cocinar adentro de la casa y calentarnos frente al hogar, es gente muy humilde, y no te pide nada a cambio cuando podrían cobrarte lo que quisieran, supongo que es el tipo de persona que ve la necesidad del otro y no tanto la oportunidad de lucro, pero es raro que a ningún funcionario de Vialidad se le haya ocurrido que los puestos den el servicio de campings.[1]