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SOBRE LAS BANDAS Y LA FUNCIÓN PATERNA

 

 

            Hace unos meses atrás estuve presente en una de las reuniones de la asociación de sicólogos de Panamá, y en dicha reunión el investigador social Gilberto Toro hizo una pequeña exposición referida al tema de las bandas en nuestro país.

            Quisiera compartir con ustedes lo que pude extraer haciendo apuntes generales del tema. En tal exposición el investigador presentó dos puntos, los cuales me tomaré el trabajo de desarrollar, elaborando una serie de supuestos sin perder la perspectiva teórica.

            Primero que todo, él habló de un ciclo en el que los jóvenes permanecen en las bandas, el cual abarca entre los once y veinticuatro años. Luego de este ciclo, como lo manifiesta el investigador, la meta fundamental de estos jóvenes es ser  padres ejemplares.

            El segundo punto se refiere a la singularidad de las relaciones del grupo con el líder, el respeto a normas, órdenes, etc.

            Del primer punto se desprende la siguiente pregunta: ¿Porqué quieren ser padres ejemplares? Después de una serie de preguntas realizadas por el auditorio, el investigador concluyó que la mayoría de estos jóvenes pertenecían a hogares sin padre.

            Si tomamos en consideración el marco teórico sicoanalítico, la función del padre es un operador lógico en la construcción de un sujeto, es un referente de normas. Hagamos el siguiente ejemplo: en un partido de fútbol el primer elemento del conjunto representaría  a un equipo, el segundo elemento representaría al otro equipo y el tercer elemento estaría representado por el árbitro.  Si observamos en la dinámica triádica del partido de fútbol, los primeros dos elementos no podrían funcionar si no es tras la presencia del tercer elemento, en este caso el árbitro, quien establece las normas y la relación mediática entre ambos equipos. De allí,

la función del padre es equivalente a la del árbitro en esta relación triádica.

            En este ámbito no se trata sólo de establecer ausencia física del padre, sino también ausencia simbólica, pues si existe una figura sustituta como un abuelo o un tío, tal ausencia física podría ser obturada simbólicamente.

El otro problema se circunscribe al deseo de la madre. Aquí cabe destacar que la ausencia física del padre no es tan importante, en relación a lo que dice la madre. El discurso de la madre puede negar el rol del padre, descalificarlo, aniquilarlo o culpabilizarlo de muchas manera, como por ejemplo: él nos abandonó”, “tu padre era un sinvergüenza”, etc.

 Desde esta perspectiva la ausencia del padre tiene que ser compensada, ya que la culpabilidad del mismo pasa a ser de forma simbólica  la culpabilidad del hijo, lo cual lo conduce a satisfacer toda demanda de la madre, es decir, el rol del hijo pasa a ser el rol del padre; de hecho, mucho de estos jóvenes aseveran lo siguiente: “yo tengo que ayudar a mi madre, porque está sola”, y precisamente lo harán  a costa de lo que sea, ya que el deseo de la madre está por encima de cualquier otro referente social.

Ahora bien, este mecanismo que opera a un nivel inconsciente no es suficiente para explicar un fenómeno tan complejo y los elementos sociales y culturales como pobreza, desempleo, no pueden ser obviados. En estas condiciones, el sujeto encuentra en estos grupos llamados pandillas o bandas, formas de resolver problemas económicos de manera inmediata, a la vez que sustitutos familiares, ya que el líder de la banda ocupa un lugar central, pues sobre él recae la responsabilidad, la autoridad y el orden. Él establece las órdenes y las normas, absorbiendo las demandas de estos jóvenes frente a sus problemas de anarquía paterna.

De allí, el joven se encuentra entre el deseo de la madre, sus demandas movilizadas por la culpabilidad, y el refugio que encuentra en las pandillas; lugares de apoyo que le permiten identificarse con una figura masculina, en este caso el líder.

Una vez el joven está dentro de este ciclo, tiene que adaptarse, encontrando en el grupo un vínculo afectivo, identificaciones que le permitirán aprender modelos, por ejemplo el lenguaje agresivo que ellos utilizan (modismos) para relacionarse con los otros miembros. En este punto el líder condensará las energías amorosas y afectivas producidas por las carencias de afectividad paterna, mientras todos los componentes agresivos serán desplazados y condensados en otros grupos que serán los equivalentes a otras pandillas. De allí se elabora un contralenguaje, por ejemplo,  el enemigo son las otras bandas, todas las energías agresivas son canalizadas contra lo que no es parte del grupo, incluyendo el resto de la sociedad.

           

 

Lic. Iván A. Samaniego

Sicólogo