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El realismo en la escultura y los murales de la antigua Mesoamérica tiene su mejor exponente en la cuenca del Usumacinta, en el estado de Chiapas, México. La excelencia de la escultura en estuco modelado de Palenque puede compararse con cualquier manifestación similar de este tipo del Viejo Mundo, y los murales de Bonampak son los más bellos de toda Mesoamérica durante 1os siglos VII y VIII de nuestra era, tiempo conocido como Clásico Tardío, varias ciudades del Usumacinta, pero en particular Palenque, Yaxchilán y Piedras Negras, se hallaban en la cima de su desarrollo en el mundo maya. No sólo intercambiaban diversos bienes, sino también consortes de alto rango entre ciudades ubicadas a gran distancia.
La escultura y la pintura mural fueron diseñadas tanto para espacios públicos como privados. Las pilastras con estuco modelado de todos los edificios fueron elaboradas para un espacio público en donde todos pudieran verlas y para que se supiera que debían brindar fidelidad al rey. Esas brillantes esculturas pintadas, que destacaban sobre un escenario de edificios en color rojo, atraían fuertemente la mirada de los espectadores. Para asegurar que toda la imagen fuera visible tanto a gran distancia como de cerca, las representaciones se colocaban encima de una plataforma que podía ser un gran mascarón o una banda acuática.
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