Hasta nuestros días solo han llegado tres libros de jeroglífos mayas, llamados Códice de Dresde, códice de Madrid y códice de Parías, por las ciudades en que se encuentran actualmente. Los tres son semejantes en formato y contenido. Cada uno de ellos comprende una hoja de papel única, hasta de 6.70 metros de largo (Códice de Madrid) y 20-22 centímetros de alto, plegada como biombo, y cuyas hojas miden alrededor de 11 centímetros de ancho. Los tres son de la corteza interna batida, de una variedad silvestre de Picus, con una superficie de fino recubrimiento de cal, sobre la que fueron pintados los grifos y los dibujos por ambas caras.
Los contenidos de los tres libros son en gran parte de naturaleza calendárica y ritual, con marcada insistencia en los mecanismo adivinatorios; dan el augurio para cada día (dentro de ciclos rituales de 260 y 364 días), para cada año y, en menor grado, para cada katúm (periodo de aproximadamente 20 años, de gran importancia para los mayas.) incluso la astronomía tiene fines astrológicos: las tablas asombrosamente exactas de las revoluciones sinódicas del planeta Venus están acompañadas de grifos que manifiestan el destino (casi invariablemente terrible) de la humanidad, de acuerdo con el día del orto helíaco del planeta, después de la conjución inferior.
En contraste con los libros mayas existentes, con sus aspectos predominantemente adivinatorios, los manuscritos más numerosos que aún se conservan, tanto prehispánicos como de principios de la Colonia, de los pueblos de la altiplanicie central cubren una gama mucho más amplia de asuntos, principalmente historia, genealogía, mapas, tributos o tasaciones, lo mismo que material ritual adivinatorio aproximadamente del mismo tipo que el de los libros mayas.
Consecuentemente, tienen vigencia dos ideas difundidas pero erróneas: primero, que la escritura maya sobre papel se limitaba más o menos a los temas cubiertos en los libros existentes; y en seguida, que los mayas sólo escribieron en los libros plegados como biombo brevemente descritos con anterioridad. A partir de esas dos premisas falsas, se ha supuesto además que, en contraste con aquella de los escritos menos avanzados de la altiplanicie central, la escritura maya tenía poco efecto en la vida cotidiana y que, en cambio, fue una especie de juguete anquilosado de la teocracia.
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