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Biografía de Vladimir Putin



Es el hijo único de un inválido de guerra que fue condecorado por su actuación en la defensa de Leningrado contra el Ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial.

Vladimir Vladimírovich Putin, nacido en Leningrado (actual San Peterburgo)7 de octubre de
1952, . Su infancia no fue fácil. Aunque su abuelo fuese en su tiempo cocinero de Lenin y Stalin, Putin creció en una sórdida komunalka (vivienda compartida por varias familias) de Leningrado, luchando, como él mismo relata, contra las agresivas ratas que le disputaban las escaleras.

La personalidad de Vladimir Putin fue fabricada, desde los 23 años, en el contraespionaje
ruso, pero fue él quien deseó y obtuvo ese destino. Quiso ser agente del KGB al ver las películas sobre la guerra fría.-«Cuando estudiaba noveno curso me presenté en el directorio del KGB en San Petersburgo. Un tipo salió y me escuchó decir: "Quiero trabajar con ustedes". - "Estupendo, pero hay algunos problemas", respondió el kagebista. "Primero, no reclutamos a la gente que viene a nosotros por iniciativa propia. Segundo, debe haber pasado por el Ejército o por alguna institución civil educativa respetada". "¿Qué tipo de institución?", volví a preguntar. "Cualquiera", respondió deseando librarse de mí. "¿Pero, cuál prefiere?", insistí. Y el tipo me respondió: "Leyes". Y ya nadie pudo pararme». Putin relata así, en el libro, en primera persona, su primer contacto con el Comité de Seguridad del Estado y afirma que, en sus 16 años de servicio, cinco de ellos en Alemania Oriental, jamás fue un disidente. Hoy critica a los colegas que luchaban contra la disidencia saboteando manifestaciones populares. «Se equivocaban; era el comportamiento de un Estado totalitario».

En 1970 se matriculó en Derecho por la Universidad Estatal de Leningrado y nada más
licenciarse, en 1975, empezó a trabajar en la sede local del Comité de Seguridad del Estado
(KGB), concretamente en un departamento llamado Servicio Número Uno.

Este no se trataba todavía del célebre Primer Directorio Principal (FCD) del KGB, encargado de la inteligencia extranjera, sino de un buró subsidiario, existente en cada ciudad importante de la URSS, que funcionaba también como oficina de reclutamiento. Durante 15 años Putin fue un extremadamente discreto, por reservado, agente del KGB.

En 1984 siguió un cursillo de un año en el Instituto de Inteligencia Bandera Roja, donde
adquirió los conocimientos necesarios del idioma alemán -además de nociones de español,
francés e inglés- para servir desde el año siguiente en Alemania Oriental, fundamentalmente en Dresden y en Berlín. En el cuartel general del KGB en Karlshort adquirió experiencia en la
recogida de información. Sobre la naturaleza de esta información, los que han tratado de aportar datos de esta escasamente conocida etapa vital de Putin no se ponen de acuerdo, aunque para la mayoría de las fuentes se trataría tanto de expedientes políticos de ciudadanos de la RDA como informes suministrados por los agentes de espionaje industrial.

También parece que realizó labores de enlace entre el KGB y el servicio de seguridad
germanooriental (SSD, más conocido como Stasi) y de reclutamiento de agentes. En ese caso, o bien Putin no adquirió responsabilidades especialmente importantes o bien su anonimato fue completo, ya que cuando pasó al primer plano de actualidad el célebre Markus Wolf aseguró no haber oído hablar de él en todos los años que estuvo al frente del espionaje de la RDA. Pero puede haber mentido, además la KGB y la Stasi hacían caminos diferentes, eran competidores en obtener información a pesar de que en teoría estaban en el mismo bando ,la consigna soviética era no fiarse de nadie, el KGB también espiaba a la Stasi.

Un antiguo espía de la Stasi, el servicio secreto de la antigua Alemania Oriental, retrata a
Vladimir Putin, el hombre que le reclutó para el KGB, con una hermética definición: «Putin es un hombre de pocas palabras y del todo impenetrable». Otro de sus antiguos colegas de la
Inteligencia Exterior soviética le definía, tras una larga reflexión, con tres signos de interrogación. «Los que menos hablan en nuestro mundo son siempre los que más alto llegan».

Su trabajo como espía desde 1975 hasta 1991, años de los que apenas existe información
sobre él -norma básica del KGB-, explica parte de su hermética personalidad. El mismo admite que en Alemania Oriental reclutaba «fuentes de información» relativas a partidos políticos y a sus líderes, «los de hoy y los posibles del mañana». Su labor consistía, según sus palabras, en la «rutinaria mecánica habitual del Servicio de Inteligencia: la valoración y el análisis de la información». Pero, otras fuentes sugieren que el teniente coronel del KGB Vladimir Putin era el cerebro de una red ultrasecreta de «agentes de elite» que obtuvieron en Alemania secretos aliados de alto nivel. Además, se habría ocupado del espionaje económico y la disidencia interna.
Putin se marchó de la RDA en enero de 1990, tras haberse enfrentado a los manifestantes que, tras la caída del muro, pretendían asaltar la sede del KGB de Dresde y haber quemado toda la documentación de sus actividades de espionaje.

El descubrimiento de la telaraña fabricada por Putin le habría obligado a regresar a la Unión
Soviética. Pero existe incluso una tercera versión, según la cual Putin realizó una mediocre carrera en el Servicio de Inteligencia Exterior obteniendo tan sólo el grado de coronel, cuando sus colegas de promoción eran ya generales. Estas contradicciones premeditadas tienen un nombre en ruso: desinformatsia (desinformación), materia en la que el KGB alcanzó sublimes cotas de sabiduría.

A pesar de su fidelidad a la causa, la sustitución del Partido Comunista de la URSS por Dios
no caló en Putin, hasta convertirlo en una perfecta máquina soviética. Su madre, María Putina, le bautizó en secreto sin que su padre -leal miembro del partido- lo supiera. Su madre le regaló, en 1993, una cruz bautismal para que obtuviera la bendición en el Santo Sepulcro, durante una visita oficial a Israel.

Putin confiesa que, desde entonces, jamás se ha desprendido de esa cruz. Su bautismo secreto y su fe en Dios explica la impronta religiosa de su discurso. Su devoción se acrecienta cuando, en 1997, logra salvar a Katia y María, sus dos hijas, de un pavoroso incendio declarado en su dacha de San Petersburgo.


En 1990, al poco de ser transferido del FCD al mucho menos prestigioso directorio de
personal y de prestar asesoría en asuntos de cooperación internacional al rector de su antigua universidad, Putin abandonó el servicio activo en el KGB y entró en el círculo de colaboradores de Anatoli Sobchak, su antiguo profesor en la facultad de Derecho y, como diputado en el Congreso Popular de la URSS, uno de los más preclaros partidarios de la perestroika de Mijaíl Gorbachov.

El 20 de agosto de ese año, con Sobchak convertido ya en alcalde de Leningrado y en plena
incertidumbre por el golpe de Estado comunista contra Gorbachov del día anterior, Putin se dio de baja de la reserva del KGB (aunque algunos políticos demócratas de la ciudad creen que durante un tiempo siguió rindiendo cuentas a su antigua organización) y pasó a dirigir el comité de relaciones internacionales del ayuntamiento leningradense.

A partir de marzo de 1994, disuelta ya la URSS y convertida Rusia en Estado independiente,
ejerció de primer teniente de alcalde de la rebautizada San Petersburgo, un puesto cuyas
competencias incluían la seguridad ciudadana, en tanto que director del comité de emergencias y supervisor de las fuerzas del orden público, y la sustitución de Sobchak cuando realizaba sus frecuentes viajes al exterior, además de la dimensión económica del anterior cargo citado, que retuvo.

La gestión de Putin en la antigua ciudad de los zares es valorada positivamente por los
analistas, ya que, moviendo los contactos de su época como espía, contribuyó a que importantes firmas alemanas hicieran inversiones en infraestructuras y participaran en joint ventures con el consistorio, si bien las presuntas irregularidades en la concesión de licencias de exportación de metales a productores locales fueron objeto de algunas investigaciones por los diputados locales.

Las dotes de Putin para la organización y el análisis no pasaron desapercibidos en Moscú. En septiembre de 1995 fue elegido para encabezar la sección local de Nuestra Casa es Rusia (NDR), partido centrista organizado por el primer ministro Víktor Chernomyrdin y que entonces constituía el soporte político del presidente Borís Yeltsin. Cuando Sobchak, que había caído en el descrédito entre escándalos de corrupción y acusaciones de mala gestión, perdió las elecciones municipales de junio de 1996 ante el candidato unitario de la oposición democrática, Vladímir Yakovlev, Putin, que había dirigido la campaña de su jefe, terminó también su trabajo como edil.

Siguió fiel al hombre (fallecido en febrero de 2000) que le había abierto las puertas de la política, ayudándole durante su estancia en Francia para recibir tratamiento médico y para resguardarse del acoso judicial por los presuntos delitos de abuso de poder y malversación.

En agosto de 1996 se trasladó a Moscú y es en este momento cuando se introdujo en los
resortes del poder del Kremlin, que es como decir de Rusia, aunque todavía en el más riguroso anonimato, lo que, no obstante, facilitó su progresión meteórica. De adjunto de Pável Borodin, jefe del departamento administrativo de la Administración Presidencial (dirigida a su vez por el liberal Anatoli Chubáis), encargado, entre otros menesteres protocolarios, de adjudicar las residencias y vehículos oficiales a los altos funcionarios del Kremlin, Putin pasó, el 26 de marzo de 1997, a jefe del directorio o departamento principal, que controlaba todos los demás departamentos, y luego, el 25 de mayo de 1998, a vicejefe de la Administración Presidencial, encargado de las relaciones con los entes territoriales de la Federación.

Este puesto, de indudable relevancia, le duró a Putin sólo dos meses: el 25 de julio, en uno
de sus típicos recambios fulminantes, Yeltsin le nombró director del Servicio Federal de
Seguridad (FSB), puesto con rango ministerial, en lugar de Nikolay Kovalyov. El FSB, que
empleaba a 75.000 personas, se constituyó el 12 de abril de 1995 por un decreto-ley de Yeltsin como el sustituto del Servicio Federal de Inteligencia (FSK), a su vez la agencia que interinamente había reemplazado al KGB en diciembre de 1993.

El FSB sumaba a las competencias del FSK (las operaciones de inteligencia en el extranjero) las tareas de seguridad interior asumidas por el KGB, como la lucha contra el crimen organizado y el terrorismo, así como la vigilancia de todo lo referente a la seguridad nuclear y a la producción de minerales estratégicos, atribuciones todas que ahora, con el debilitamiento general de la autoridad y el imperio de ley, cobraban una especial importancia.

Cuando se conoció esta promoción la prensa rusa inquirió: "Quién es Vladímir Putin?". En
efecto, el flamante director del FSB era un perfecto desconocido para el público ruso y sobre su ascenso no se pusieron de acuerdo los observadores; para unos, obedecía a la necesidad de poner al frente de un servicio reorganizado y reforzado en sus funciones siguiendo la pauta del KGB a un competente ex oficial familiarizado con las cuestiones de seguridad e inteligencia; otros, sin embargo, hablaron de nombramiento "político" y establecieron su lealtad a toda prueba y su aversión a robar protagonismo a sus jefes, como las verdaderas cualidades por las que Yeltsin le había escogido.

Del Gobierno a la Presidencia: guerra de Chechenia



Mientras el baile de los primeros ministros seguía su curso (cuatro cambios de titular entre
marzo de 1998 y mayo de 1999) y Yeltsin, muy mermado de salud y cada vez más criticado por los partidos ajenos a las intrigas del Kremlin (a causa de su estilo de mando errático e impulsivo y, en su opinión, su incapacidad para dirigir un país abrumado por todo tipo de problemas), parecía no hallar a la persona idónea para sucederle, la trayectoria de Putin ascendía imparable y con el sigilo habitual.

En octubre de 1998 entró a formar parte del Consejo de Seguridad (órgano que, junto con el
también un tanto difuminado en sus competencias aparato presidencial, representa una estructura paralela del poder federal, fuera del control de la Duma Estatal aun siendo más decisivo que el Gobierno Federal) y el 29 de marzo de 1999, sin cesar en el puesto de director del FSB, se convirtió en su secretario. El 9 de agosto de 1999 Yeltsin cesó a Serguéi Stepashin como primer ministro y nombró a Putin primer viceprimer ministro y primer ministro en funciones, por ser "la persona capaz de consolidar la sociedad y obtener los apoyos necesarios para asegurar la continuidad de las reformas".

Esta presentación hizo preguntarse a la prensa rusa sobre si lo que pretendía Yeltsin era un
colaborador dócil para, poniendo como disculpa la desestabilización de la república de
Daguestán por guerrilleros chechenos, declarar el estado de emergencia y suspender las cercanas elecciones legislativas y presidenciales, cuyo resultado, en plena recomposición del campo opositor, se anticipaba más incierto que nunca para el Kremlin. Precisamente a esta solución se habría mostrado hostil Stepashin, a su vez un viejo compañero de Putin desde sus años en San Petersburgo y que junto con su predecesor en el cargo, Yevguieni Primakov, integraba la tríada de primeros ministros de Yeltsin salidos de los servicios secretos.

La mayoría de los partidos y fracciones presentes en la Duma acogieron positivamente el
nombramiento de Putin, aunque con diferentes grados de prudencia y escepticismo, ya que lo
identificaban como el último favorito de La Familia. Este término -y no como una simple
metáfora- aludía a la camarilla de colaboradores íntimos de Yeltsin, cuya capacidad de influir en la alta política, se apreciaba, había aumentado extraordinariamente en los últimos años a medida que la salud de Yeltsin declinaba, y que precisamente ahora, con las explosivas filtraciones sobre una corrupción a gran escala en el entorno presidencial y las posibilidades sin precedentes, a tenor de las encuestas, de que un candidato no del Kremlin -como el popular alcalde de Moscú, Yuri Luzhkov-, ganara las elecciones, se arriesgaba a perder el poder y los privilegios.

El 16 de agosto Putin fue confirmado en la Duma con 233 votos a favor -siete más de los
necesarios-, 84 en contra y 17 abstenciones. La mayoría de los miembros de NDR, el grupo de diputados regionales y el Partido Liberal Democrático del ultranacionalista Vladímir Zhirinovski, votaron por el primer ministro, mientras que el Partido Comunista (KPRF) de Guennadi Zyugánov (el grupo más nutrido de la cámara) y los reformistas liberales del partido Yábloko mostraron un voto mucho más fraccionado.

Abundando en su fama de duro e imperturbable como el profesional del espionaje que había
sido, Putin, siempre con el beneplácito de Yeltsin, elaboró la estrategia frente a la reactivación del conflicto checheno, que ahora tomaba un alarmante cariz expansionista con el fomento del secesionismo daguestaní y religioso con la divulgación por los comandantes rebeldes del credo wahhabí, un fundamentalismo sunní establecido en Arabia Saudí y más recientemente implantado en Afganistán por el régimen de los Talibán.




La decisión de cortar la desestabilización del Cáucaso en su raíz mediante la invasión y
ocupación de Chechenia -donde desde los acuerdos de paz con el Gobierno Federal, en
agosto de 1996, la pugna entre moderados y radicales había alcanzado, en apariencia, un
punto de no retorno- la adoptó Putin en el seno del Consejo de Seguridad, donde hasta el 15 de noviembre siguió ejerciendo como secretario general interino además de cómo miembro de pleno derecho al ser primer ministro.

En aquella fecha Putin puso en el cargo a Serguéi Ivanov, quien, al igual que su
sustituto al frente del FSB en agosto, Nikolai Patrúshev, era también un natural de San
Petersburgo y ex general del KGB, lo que confirmó que el primer ministro y el delfín -todavía
oficioso- del presidente se estaba rodeando de colaboradores de la máxima confianza y cortados por su mismo patrón.

Los sangrientos atentados en localidades de Daguestán y en el mismo Moscú, donde el 9 y el
13 de septiembre dos grandes explosiones en unos bloques de apartamentos mataron a decenas de personas, movilizaron a la anonadada opinión pública a favor de un castigo contundente a la República de Chechenia, pese a que la conexión establecida por Putin, o incluso la propia naturaleza terrorista de los atentado como cometidos por rebeldes
checheno-daguestaníes, no fue demostrada; algunos observadores incluso barajaron la
autoría de los mismos servicios secretos rusos, con inconfesables propósitos. El caso es
que la sensación de inseguridad de una población que ya conocía bien los embates del crimen organizado alcanzó cotas máximas.

La segunda campaña de Chechenia, que comenzó con el ataque terrestre del 30 de
septiembre precedido por bombardeos aéreos desde el día 5, fue presentada inicialmente por el Gobierno de Putin como una operación antiterrorista limitada a la destrucción de los
campamentos guerrilleros dentro del territorio checheno, pero con el progreso de las operaciones militares -lentas y penosas ante la encarnizada resistencia que se encontró- reveló su verdadero objetivo: poner fin definitivo a las veleidades independentistas chechenas, liquidar un peligroso foco de perturbación para toda Rusia y levantar un obstáculo para la aceptación por Azerbaidzhán, Kazajstán y Turkmenistán el hacer pasar por la red de oleoductos rusos, ya en servicio o en construcción, sus futuros suministros de gas y petróleo a Europa.

Putin, que deseaba consolidar su imagen de estadista implacable y decidido a restaurar el
orden y la disciplina en todo el territorio federal sin reparar en medios, se guardó de caer en los errores de la guerra de 1994-1996, cuando el poder federal pagó un elevado precio en vidas y pertrechos para finalmente aceptar un acuerdo de alto el fuego considerado desfavorable, ya que congelaba por unos años, no eliminaba, la pretensión chechena de independencia, además de que la retirada del poder federal de la república había asegurado su soberanía de hecho.

El concepto de guerra total derivó en acusaciones, a las fuerzas federales de ensañarse con la población civil y de prácticas genocidas. Y a punto ha estado Rusia de ser condenada por
violación de los derechos humanos por la ONU(se libró por un voto). Putin, que tenía toda la
confianza de Yeltsin y observaba como la mano dura en Chechenia elevaba vertiginosamente su popularidad en las encuestas (un periódico llegó a definirle como el "Bruce Willis ruso"), dio instrucciones para incrementar las ofensivas hasta el aplastamiento total de la resistencia
chechena.

Con Yeltsin la mayor parte del tiempo en el hospital o en reposo por prescripción medida,
Putin tomó las riendas efectivas del Estado, sin ocultar -a partir de noviembre- su aspiración de sucederle en la Presidencia. De cara a las elecciones legislativas del 19 de diciembre, decisivas, en una etapa que se antojaba de final de reinado, para la clarificación del equilibrio de fuerzas y de las posibilidades de los presidenciables, el 23 de septiembre un grupo de dirigentes regionales y del entorno del Kremlin lanzó el bloque electoral Unidad (Yedinstvo) con el objeto de arañar el mayor número posible de escaños al partido de Zyugánov y de favorecer las aspiraciones de Putin, quien al día siguiente expresó el apoyo del Gobierno a la iniciativa, ya que podía "ayudar a estabilizar la situación política en Rusia".

En los comicios, Unidad, identificado por la población como "el partido de Putin", obtuvo el
23,3% de los votos y 72 escaños, un resultado bastante más positivo que el 10,1% y los 51
escaños ganados por NDR en 1995, pero también porque el KPRF perdió una cincuentena de escaños. La mayoría propresidencial en la Duma quedaba garantizada al situarse la alianza centroizquierdista Patria-Toda Rusia (OVR) de Luzhkov, Primakov y destacados dirigentes regionales, la Unión de Fuerzas Derechistas (SPS) de los reformistas liberal-conservadores Yégor Gaidar, Borís Némtsov y Serguéi Kirienko, y el Bloque Zhirinovski, como las fuerzas tercera, cuarta y quinta más representadas, respectivamente.

Todos estos líderes, así como Chernomyrdin y otros políticos, expresaron entonces o en las
semanas sucesivas su apoyo a la candidatura presidencial de Putin, al que valoraron como un hombre "capaz", "decente" y no constitutivo (en palabras de Gorbachov), de "ningún peligro para la democracia". Validado en las urnas y respaldado por buena parte de la clase política, Yeltsin se convenció definitivamente de que su extremadamente leal colaborador era el hombre idóneo para sucederle y asegurarle un retiro sin contratiempos, de manera que el último día del año anunció su dimisión y el decreto por el que Putin, conforme a la Constitución, asumía la jefatura del Estado como presidente en funciones hasta la celebración de las elecciones.

Casado con una antigua profesora de escuela y con dos hijas adolescentes, Putin se presenta a sí mismo como un fiel de la Iglesia ortodoxa, un hombre sin vicios y un entusiasta del deporte y la vida sana. Practica el sambo, un tipo de lucha tradicional rusa del que fue varias veces campeón en San Petersburgo, y el judo, del que es cinturón negro y cuyas habilidades exhibió en unos combates de cortesía durante sus visitas a Japón en 2000.


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