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Penúltimo canto de la efigie

 

Calla amor porque en mis sombras

ya me envuelven los olvidos

porque tanto te he querido

calla mi voz con un beso...

Ese beso desierto de piel e imaginario

que sabe a sal, lejana de mi tierra

ese beso tan dulce de promesa

ese beso que enjuga el alma mía...

Calla amor porque en mis sombras

te ocultas entre mis gritos

que te claman en mis horas

que te claman en mis ritos

ese culto a la pasión

que afiebra mis delirios...

Ese amor que nadie entiende

que renuncia expira y muere

y renace entre tus brazos

tan solo para quererte...

Ese amor que enloquece

que delira que estremece

cada célula de mis sentidos

y las quema como si fuesen

piel de tu propia imagen

tan solo para quererte...

Ese amor que por ti vive

como llama ardiente de mi alma

de mi sino de poeta

de horas inmensas de sentires

comunión eterna entre mi lira

y  la sensual divinidad de quererte...

Calla, Calla amor aquí en mi sombra

ahogada en poesía

ahogada entre mis manos

sedienta aquí en mi pecho

de corazón cautivo...

Y ven a mis delirios

que alucinan en mi noche

esa locura que me invade entre palabras

entre sentires

entre desolaciones y olvidos

entre llantos que en mi camino

van dejando huella amarga...

Ven a mis sueños de niña

conviértete en mi romanza

juega entre mis cascabeles de ensueños

en mis pupilas descalzas...

Ven amor que en mis delirios

mi alma te reclama

y da ese beso imaginario

tratando de llegar a tu alma...

Y encuentra el sabor de tu miel

de tanto y tanto llamarte...

Ven amor ante que sea tarde

y la luz de mi ventana

ya comience a oscurecer

y mis ojos a envolver

solo ensueños y añoranzas...

Y mi libro de cuentos,

sujeto entre mi pecho

se cierre para siempre

en mi alma.

 

Patricia Téllez