|

Niña

Niña que te asomas desde mi pecho
con ojos de cristales humedecidos,
de labios sedientos de caminos
de mejillas pálidas de auroras...

Niña, la eterna amante de mis horas
mi infancia retenida en mis siete años,
de muñecas de gomas gordas
de cuadernos escritos con poemas,
de pensamientos de amor atarantados...

Ahora duermes entre mis brazos
buscando el calor a tus temblores,
buscando refugio a tus temores,
buscando repuestas a tu mundo inerte...

Más sabrás que con la muerte
nunca un alma está de más,
si un poeta la retiene...

Tú querías ser diferente,
tú soñabas ser princesa,
tú soñabas con noblezas y castillos de
juguetes.

Y ansiabas un amante
un príncipe jinete
que llevaría por las nubes, las estrellas
y mares,
que lucharía con los gigantes
en defensa de tu amor eterno...

Ahora descansas en mi seno,
y cierras tus ojos a las estrellas
y las lágrimas te sellan
el cansado viaje de delirios...

Niña unida a mi en cuerpo y alma,
unida a la misma angustia
la misma pena...

La misma danza de los poetas
esa que se canta por las mañanas,
que se murmura en la tarde,
y en la noche se sueña...

Ha dejado de mecer tu cuna,
y ya no alcanzo a cobijarte,
aférrate a tus dioses
a tus estandartes,
a tus príncipes de agonías...

Aférrate a mí, a esta
pena mía.
como si fuera mi mano quien te aprieta
y cierra ya tus ojos a las estrellas,
para dormirte
eternamente...
Entre mis brazos...

Patricia Téllez

|