Me picaba el corazón, porque las palomas lo llenaron de espinas.
Me dolía el alma porque los perros me arrancaron
Hasta el último suspiro de mi obsoleto hálito.
Y así quedé, cubierto por escarcha y arropado por los puentes,
Enjuto y ávido de amor y calor, solo, perdido
Y enamorado de la vida que tanto me había robado.
Me inventé la historia de mi alma y la escribí
Publicando mi miseria en las aceras de las calles.
Hice el amor con el alba y, desnudo, la injusticia
Y la intolerancia me vistieron con cadenas
Y me ataron los eslabones al mar frío y salado.
Tan perdido como solo, me arrasque el corazón
Arrancando su pellejo, y vendiéndolo en el rastro,
Comprado por terratenientes que me obligaron a masturbar la alborada,
Y enterrar mi historia para que alguien, si quiere, la rescate.