Información biográfica
Poema I: Cuerpo de mujer
Poema II: En su llama mortal la luz te envuelve
Poema III: Ah, vastedad de pinos
Poema IV: Es la mañana llena de tempestad
Poema V: Para que tú me oigas
Poema VI: Te recuerdo como eras en el último otoño
Poema VII: Inclinado en las tardes
Poema VIII: Abeja blanca zumbas
Poema IX: Ebrio de trementina
Poema X: Hemos perdido aún este crepúsculo
Poema XI: Casi fuera del cielo
Poema XII: Para mi corazón basta tu pecho
Poema XIII: He ido marcando con cruces de fuego
Poema XIV: Juegas todos los días
Poema XV: Me gusta cuando callas
Poema XVI: En mi cielo al crepúsculo
Poema XVII: Pensando, enredando sombras
Poema XVIII: Aquí te amo
Poema XIX: Niña morena y ágil
Poema XX: Puedo escribir los versos más tristes
Una canción desesperada
Agua sexual
Al golpe de la ola
Amo el trozo de tierra que tú eres
Amor
Amor, América
Amor, cuántos caminos
Amor mío, si muero y tú no mueres
Ángela adónica
Antes de amarte, amor, nada era mío
Ausencia
Barcarola
Canción del macho y de la hembra
Cuántas veces, amor, te amé sin verte
De noche, amada, amarra tu corazón
Desnuda eres
El alfarero
El amor
El daño
El firme amor
El hijo
El inconstante
El insecto
El viento en la isla
En ti la tierra
En vano te buscamos
Es bueno, amor, sentirte cerca
Era mi corazón un ala viva y turbia
Eres toda de espumas
Farewell
Juntos nosotros
La estudiante
La jiribilla
La luz de tus pies
La noche en la isla
La poesía
La rama robada
La reina
La vulgar que pasó
Llénate de mí
Materia nupcial
Me falta tiempo para celebrar tus cabellos
Mujer, nada me has dado
No te amo como si fueras rosa de sal
No te quiero sino porque te quiero
Oda a la bella desnuda
Oda a la jardinera
Oda a la pobreza
Oda a la tristeza
Oda a los números
Oda a una estrella
Oda al amor secreto
Oda al primer día del año
Plena mujer, manzana carnal
Sabrás que no te amo y que te amo
Sed de ti
Si muero sobrevíveme
Si no fuera porque tus ojos
Siempre
Siento tu ternura
Tango del viudo
Tengo hambre de tu boca
Testamento de otoño
Tu risa
Tú venías
Tus manos
Tus pies
Vendrás conmigo
Ya te perdí, mujer
Yo aquí me despido
Yo te soñé una tarde
Información biográfica
Nombre: Pablo
Apellido: Neruda
Fecha Nacimiento: 1904
Fecha Defunción: 23 Septiembre 1973
País: Chile
Idioma: Castellano
Neftalí Ricardo Reyes Basoalto (quien escribiría posteriormente con
el pseudónimo de Pablo Neruda) nació en Parral el año 1904, hijo de
don José del Carmen Reyes Morales, obrero ferroviario y doña Rosa
Basoalto Opazo, maestra de escuela, fallecida poco años después del
nacimiento del poeta.
En 1906 la familia se traslada a Temuco, donde su padre se casa con
Trinidad Candia Marverde, a quien el poeta menciona en diversos
textos como 'Confieso que he vivido' y 'Memorial de Isla Negra con
el nombre de Mamadre'. Realiza sus estudios en el Liceo de Hombres
de esta ciudad, donde también publica sus primeros poemas en el
periódico regional La Mañana. En 1919 obtiene el tercer premio en
los Juegos Florales de Maule con su poema Nocturno ideal.
En 1921 se radica en Santiago y estudia pedagogía en francés en
la Universidad de Chile, donde obtiene el primer premio de la fiesta
de la Primavera con el poema La canción de fiesta, publicado
posteriormente en la revista Juventud. En 1923, publica 'Crepusculario',
que es reconocido por escritores como Alone, Raúl Silva Castro y Pedro
Prado. Al año siguiente aparece en Editorial Nascimento sus 'Veinte
poemas de amor y una canción desesperada', en el que todavía se nota
una influencia del modernismo. Posteriormente se manifiesta un
propósito de renovación formal de intención vanguardista en tres
breves libros publicados en 1926: 'El habitante y su esperanza',
'Anillos' (en colaboración con Tomás Lagos) y 'Tentativa del hombre
infinito'.
En 1927 comienza su larga carrera diplomática, cuando es nombrado
cónsul en Rangún, Birmania. En sus múltiples viajes conoce en Buenos
Aires a Federico García Lorca y en Barcelona a Rafael Alberti.
En 1935, Manuel Altolaguirre le entrega la dirección a Neruda de
la revista Caballo verde para la poesía en la cual es compañero de
los poetas de la generación del 27. Ese mismo año aparece la edición
madrileña de Residencia en la tierra.
En 1936, al estallar la guerra civil española, muere García Lorca,
Neruda es destituido de su cargo consular, y escribe 'España en el
corazón'.
En 1945 obtiene el premio Nacional de Literatura.
En 1950 publica 'Canto General', texto en que su poesía adopta una
intención social, ética y política. En 1952 publica 'Los versos del
capitán' y en 1954 'Las uvas y el viento y Odas elementales'. En 1958
aparece 'Estravagario' con un nuevo cambio en su poesía. En 1965 se
le otorga el título de doctor honoris causa en la Universidad de
Oxford , Gran Bretaña. En octubre de 1971 recibe el Premio Nobel
de Literatura.
Muere en Santiago el 23 de septiembre de 1973 . Póstumamente se
publicaron sus memorias en 1974, con el título 'Confieso que he vivido'.
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Poema I: Cuerpo de mujer
Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,
Te pareces al mundo en tu actitud de entrega.
Mi cuerpo de labriego salvaje te socava
Y hace saltar al hijo del fondo de la tierra.
Fui sólo como un túnel. De mí huían los pájaros,
Y en mí la noche entraba en su invasión poderosa.
Para sobrevivirme te forjé como un arma,
Como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda.
Pero cae la hora de la venganza, y te amo.
Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme.
¡Ah los vasos del pecho! ¡Ah los ojos de ausencia!
¡Ah las rosas del pubis! ¡ Ah tu voz lenta y triste!.
Cuerpo de mujer mía, persistiré en tu gracia.
Mi sed, mi ansia sin límite, mi camino indeciso!
Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,
Y la fatiga sigue y el dolor infinito.
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Poema II: En su llama mortal la luz te envuelve
En su llama mortal la luz te envuelve.
Absorta, pálida doliente, así situada
Contra las viejas hélices del crepúsculo
Que en torno a ti da vueltas.
Muda, mi amiga,
Sola en lo solitario de esta hora de muertes
Y llena de las vidas del fuego,
Pura heredera del día destruido.
Del sol cae un racimo en tu vestido oscuro.
De la noche las grandes raíces
Crecen de súbito desde tu alma,
Y a lo exterior regresan las cosas en ti ocultas,
De modo que un pueblo pálido y azul
De ti recién nacido se alimenta.
Oh grandiosa y fecunda y magnética esclava
Del círculo que en negro y dorado sucede,
Erguida, trata y logra una creación tan viva
Que sucumben sus flores, y llena es de tristeza.
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Poema III: Ah, vastedad de pinos
Ah, vastedad de pinos, rumor de olas quebrándose,
Lento juego de luces, campana solitaria,
Crepúsculo cayendo en tus ojos, muñeca,
Caracola terrestre, en ti la tierra canta!.
En ti los ríos cantan y mi alma en ellos huye
Como tú lo desees y hacia donde tú quieras.
Márcame mi camino en tu arco de esperanza
Y soltaré en delirio mi bandada de flechas.
En torno a mí estoy viendo tu cintura de niebla
Y tu silencio acosa mis horas perseguidas,
Y eres tú con tus brazos de piedra transparente
Donde mis besos anclan y mi húmeda ansia anida.
Ah tu voz misteriosa que el amor tiñe y dobla
En el atardecer resonante y muriendo!
Así en horas profundas sobre los campos
He visto doblarse las espigas en la boca del viento.
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Poema IV: Es la mañana llena de tempestad
Es la mañana llena de tempestad
En el corazón del verano.
Como pañuelos blancos de adiós viajan las nubes,
El viento las sacude con sus viajeras manos.
Innumerable corazón del viento
Latiendo sobre nuestro silencio enamorado.
Zumbando entre los árboles, orquestal y divino,
Como una lengua llena de guerras y de cantos.
Viento que lleva en rápido robo la hojarasca
Y desvía las flechas latientes de los pájaros.
Viento que la derriba en ola sin espuma
Y sustancia sin peso, y fuegos inclinado.
Se rompe y se sumerge su volumen de besos
Combatido en la puerta del viento del verano.
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Poema V: Para que tú me oigas
Para que tú me oigas
Mis palabras
Se adelgazan a veces
Como las huellas de las gaviotas en las playas.
Collar, cascabel ebrio
Para tus manos suaves como las uvas.
Y las miro lejanas mis palabras.
Más que mías son tuyas.
Van trepando en mi viejo dolor como las yedras.
Ellas trepan así por las paredes húmedas.
Eres tú la culpable de este juego sangriento.
Ellas están huyendo de mi guarida oscura.
Todo lo llenas tú, todo lo llenas.
Antes que tú poblaron la soledad que ocupas,
y están acostumbradas más que tú a mi tristeza.
Ahora quiero que digan lo que quiero decirte
para que tú las oigas como quiero que me oigas.
El viento de la angustia aún las suele arrastrar.
Huracanes de sueños aún a veces las tumban
Escuchas otras voces en mi voz dolorida.
Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas.
Ámame, compañera. No me abandones. Sígueme.
Sígueme, compañera, en esa ola de angustia.
Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras.
Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas.
Voy haciendo de todas un collar infinito
para tus blancas manos, suaves como las uvas.
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Poema VI: Te recuerdo como eras en el último otoño
Te recuerdo como eras en el último otoño.
Eras la boina gris y el corazón en calma.
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo.
Y las hojas caían en el agua de tu alma.
Apegada a mis brazos como una enredadera,
Las hojas recogían tu voz lenta y en calma.
Hoguera de estupor en que mi sed ardía.
Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.
Siento viajar tus ojos y es distante el otoño:
Boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
Hacia donde emigraban mis profundos anhelos
Y caían mis besos alegres como brasas.
Cielo desde un navío. Campo desde los cerros.
Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma,
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.
Hojas secas de otoño giraban en tu alma.
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Poema VII: Inclinado en las tardes
Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes
A tus ojos oceánicos.
Allí se estira y arde en la más alta hoguera
Mi soledad, que da vueltas los brazos como un
Náufrago.
Hago rojas señales sobre tus ojos ausentes
Que olean como el mar a la orilla de un faro.
Sólo guardas tinieblas, hembra distante y mía,
De tu mirada emerge a veces la costa del espanto.
Inclinado en las tardes echo mis tristes redes
A ese mar que sacude tus ojos oceánicos.
Los pájaros nocturnos picotean las primeras estrellas
Que centellean como mi alma cuando te amo.
Galopa la noche en su yegua sombría
Desparramando espigas azules sobre el campo.
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Poema VIII: Abeja blanca zumbas
Abeja blanca zumbas -ebria de miel- en mi alma
Y te tuerces en lentas espirales de humo.
Soy el desesperado, la palabra sin ecos,
El que lo perdió todo, y el que todo lo tuvo.
Ultima amarra, cruje en ti mi ansiedad última.
En mi tierra desierta eres la última rosa.
¡Ah silenciosa!.
Cierra tus ojos profundos. Allí aletea la noche.
Ah desnuda tu cuerpo de estatua temerosa.
Tienes ojos profundos donde la noche alea.
Frescos brazos de flor y regazo de rosa.
Se parecen tus senos a los caracoles blancos.
Ha venido a dormirse en tu vientre una mariposa de sombra.
¡Ah silenciosa!.
He aquí la soledad de donde estás ausente.
Llueve. El viento del mar caza errantes gaviotas.
El agua anda descalza por las calles mojadas.
De aquel árbol se quejan, como enfermos, las hojas.
Abeja blanca, ausente, aún zumbas en mi alma.
Revives en el tiempo, delgada y silenciosa.
¡Ah silenciosa!.
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Poema IX: Ebrio de trementina
Ebrio de trementina y largos besos,
Estival, el velero de las rosas dirijo,
Torcido hacia la muerte del delgado día,
Cimentado en el sólido frenesí marino.
Pálido y amarrado a mi agua devorante
Cruzo en el agrio olor del clima descubierto,
Aún vestido de gris y sonidos amargos,
Y una cimera triste de abandonada espuma.
Voy, duro de pasiones, montado en mi ola única,
Lunar, solar, ardiente y frío, repentino,
Dormido en la garganta de las afortunadas
Islas blancas y dulces como caderas frescas.
Tiembla en la noche húmeda mi vestido de besos
Locamente cargado de eléctricas gestiones,
De modo heroico dividido en sueños
Y embriagadoras rosas practicándose en mí.
Aguas arriba, en medio de las olas externas,
Tu paralelo cuerpo se sujeta en mis brazos
Como un pez infinitamente pegado a mi alma
Rápido y lento en la energía subceleste.
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Poema X: Hemos perdido aún este crepúsculo
Hemos perdido aún este crepúsculo.
Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas
Mientras la noche azul caía sobre el mundo.
He visto desde mi ventana
La fiesta del poniente en los cerros lejanos.
A veces como una moneda
Se encendía un pedazo de sol entre mis manos.
Yo te recordaba con el alma apretada
De esa tristeza que tú me conoces.
Entonces, ¿dónde estabas?
¿Entre qué gentes?
¿Diciendo qué palabras?
¿Por qué se me vendrá todo el amor de golpe
Cuando me siento triste, y te siento lejana?.
Cayó el libro que siempre se toma en el crepúsculo,
Y como un perro herido rodó a mis pies mi capa.
Siempre, siempre te alejas en las tardes
Hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas.
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Poema XI: Casi fuera del cielo
Casi fuera del cielo ancla entre dos montañas
La mitad de la luna.
Girante, errante noche, la cavadora de ojos.
A ver cuántas estrellas trizadas en la charca.
Hace una cruz de luto entre mis cejas, huye.
Fragua de metales azules, noches de las calladas luchas,
Mi corazón da vueltas como un volante loco.
Niña venida de tan lejos, traída de tan lejos,
A veces fulgurece su mirada debajo del cielo.
Quejumbre, tempestad, remolino de furia,
Cruza encima de mi corazón, sin detenerte.
Viento de los sepulcros acarrea, destroza, dispersa tu raíz soñolienta.
Desarraiga los grandes árboles al otro lado de ella.
Pero tú, clara niña, pregunta de humo, espiga.
Era la que iba formando el viento con hojas iluminadas.
Detrás de las montañas nocturnas, blanco lirio de incendio,
¡Ah nada puedo decir! Era hecha de todas las cosas.
Ansiedad que partiste mi pecho a cuchillazos,
Es hora de seguir otro camino, donde ella no sonría.
Tempestad que enterró las campanas, turbio revuelo de tormentas
Para qué tocarla ahora, para qué entristecerla.
Ay seguir el camino que se aleja de todo,
Donde no esté atajando la angustia, la muerte, el invierno,
Con sus ojos abiertos entre el rocío.
Arriba
Poema XII: Para mi corazón basta tu pecho
Para mi corazón basta tu pecho,
Para tu libertad bastan mis alas.
Desde mi boca llegará hasta el cielo
Lo que estaba dormido sobre tu alma.
Es en ti la ilusión de cada día.
Llegas como el rocío a las corolas.
Socavas el horizonte con tu ausencia,
Eternamente en fuga como la ola.
He dicho que cantabas en el viento
Como los pinos y como los mástiles.
Como ellos eres alta y taciturna.
Y entristeces de pronto, como un viaje.
Acogedora como un viejo camino.
Te pueblan ecos y voces nostálgicas.
Yo desperté y a veces emigran y huyen
Pájaros que dormían en tu alma.
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Poema XIII: He ido marcando con cruces de fuego
He ido marcando con cruces de fuego
El atlas blanco de tu cuerpo.
Mi boca era una araña que cruzaba escondiéndose.
En ti, detrás de ti, temerosa, sedienta.
Historias que contarte a la orilla del crepúsculo,
Muñeca triste y dulce, para que no estuvieras triste.
Un cisne, un árbol, algo lejano y alegre.
El tiempo de las uvas, el tiempo maduro y frutal.
Yo que viví en un puerto desde donde te amaba.
La soledad cruzada de sueño y de silencio.
Acorralado entre el mar y la tristeza.
Callado, delirante, entre dos gondoleros inmóviles.
Entre los labios y la voz, algo se va muriendo.
Algo con alas de pájaro, algo de angustia y de olvido.
Así como las redes no retienen el agua.
Muñeca mía, apenas quedan gotas temblando.
Sin embargo, algo canta entre estas palabras fugaces.
Algo canta, algo sube hasta mi ávida boca.
Oh, poder celebrarte con todas las palabras de alegría.
Cantar, arder, huir, como un campanario en las manos de un Loco.
Triste ternura mía, ¿qué te haces de repente?
Cuando he llegado al vértice más atrevido y frío
Mi corazón se cierra como una flor nocturna.
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Poema XIV: Juegas todos los días
Juegas todos los días con la luz del universo.
Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua.
Eres más que esta blanca cabecita que aprieto
Como un racimo entre mis manos cada día.
A nadie te pareces desde que yo te amo.
Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas.
Quién escribe tu nombre con letras de humo
Entre las estrellas del sur?
Ah déjame recordarte cómo eras entonces,
Cuando aún no existías.
De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada.
El cielo es una red cuajada de peces sombríos.
Aquí vienen a dar todos los vientos, todos.
Se desviste la lluvia.
Pasan huyendo los pájaros.
El viento. El viento.
Yo sólo puedo luchar contra la fuerza de los hombres.
El temporal arremolina hojas oscuras
Y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo.
Tú estás aquí. Ah tú no huyes.
Tú me responderás hasta el último grito.
Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo.
Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos.
Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas,
Y tienes hasta los senos perfumados.
Mientras el viento triste galopa matando mariposas
Yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela.
Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí,
A mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan.
Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos
Y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes.
Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote.
Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado.
Hasta te creo dueña del universo.
Te traeré de las montañas flores alegres, copihues,
Avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos.
Quiero hacer contigo
Lo que la primavera hace con los cerezos.
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Poema XV: Me gusta cuando callas
Me gusta cuando callas por que estás como ausente,
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
Y parece que un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas están llenas de mi alma
Emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
Y te pareces a la palabra melancolía.
Me gusta cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa de arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza,
Déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio
Claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
Me gusta cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
Arriba
Poema XVI: En mi cielo al crepúsculo
En mi cielo al crepúsculo eres como una nube
Y tu color y forma son como yo los quiero.
Eres mía, eres mía, mujer de labios dulces,
Y viven en tu vida mis infinitos sueños.
La lámpara de mi alma te sonrosa los pies,
El agrio vino mío es más dulce en tus labios:
Oh, segadora de mi canción de atardecer,
Cómo te sienten mía mis sueños solitarios!.
Eres mía, eres mía, voy gritando en la brisa
De la tarde, y el viento arrastra mi voz viuda.
Cazadora del fondo de mis ojos, tu robo
Estanca como el agua tu mirada nocturna.
En la red de mi música estás presa, amor mío,
Y mis redes de música son anchas como el cielo.
Mi alma nace a la orilla de tus ojos de luto.
En tus ojos de luto comienza el país del sueño.
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Poema XVII: Pensando, enredando sombras
Pensando, enredando sombras en la profunda soledad.
Tú también estás lejos, ah más lejos que nadie.
Pensando, soltando pájaros, desvaneciendo imágenes,
Enterrando lámparas.
Campanario de brumas, ¡qué lejos, allá arriba!
Ahogando lamentos, moliendo esperanzas sombrías,
Molinero taciturno,
Se te viene de bruces la noche, lejos de la ciudad.
Tu presencia es ajena, extraña a mí como una cosa.
Pienso, camino largamente mi vida antes de ti.
Mi vida antes de nadie, mi áspera vida.
El grito frente al mar, entre las piedras,
Corriendo libre, loco, en el vaho del mar.
La furia triste, el grito, la soledad del mar.
Desbocado, violento, estirado hacia el cielo.
Tú, mujer, ¿qué eras allí, qué raya, qué varilla
De ese abanico inmenso? Estabas lejos como ahora.
Incendio en el bosque, arde en cruces azules.
Arde, arde, llamea, chispea en árboles de luz.
Se derrumba, crepita. Incendio. Incendio.
Y mi alma baila herida de virutas de fuego.
¿Quién llama? Qué silencio poblado de ecos?
Hora de la nostalgia, hora de la alegría, hora de la soledad,
¡Hora mía entre todas!
Bocina en que el viento pasa cantando.
Tanta pasión de llanto anudada a mi cuerpo.
¡Sacudida de todas las raíces,
Asalto de todas las olas!
Rodaba, alegre, triste, interminable, mi alma.
Pensando, enterrando lámparas en la profunda soledad.
¿Quién eres tú, quién eres?.
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Poema XVIII: Aquí te amo
Aquí te amo.
En los oscuros pinos se desenreda el viento.
Fosforece la luna sobre las aguas errantes.
Andan días iguales persiguiéndose.
Se desciñe la niebla en danzantes figuras.
Una gaviota de plata se descuelga del ocaso.
A veces una vela. Altas, altas estrellas.
O la cruz negra de un barco. Solo.
A veces amanezco, y hasta mi alma está húmeda.
Suena, resuena el mar lejano.
Este es un puerto.
Aquí te amo.
Aquí te amo y en vano te oculta el horizonte.
Te estoy amando aún entre estas frías cosas.
A veces van mis besos en esos barcos graves,
Que corren por el mar hacia donde no llegan.
Ya me veo olvidado como estas viejas anclas.
Son más tristes los muelles cuando atraca la tarde.
Se fatiga mi vida inútilmente hambrienta.
Amo lo que no tengo. Estás tú tan distante.
Mi hastío forcejea con los lentos crepúsculos.
Pero la noche llega y comienza a cantarme.
La luna hace girar su rodaje de sueño.
Me miran con tus ojos las estrellas más grandes.
Y, como yo te amo, los pinos en el viento
Quieren cantar tu nombre con sus hojas de alambre.
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Poema XIX: Niña morena y ágil
Niña morena y ágil, el sol que hace las frutas,
El que cuaja los trigos, el que tuerce las algas,
Hizo tu cuerpo alegre, tus luminosos ojos
Y tu boca que tiene la sonrisa del agua.
Un sol negro y ansioso se te arrolla en las hebras
De la negra melena, cuando estiras los brazos.
Tú juegas con el sol como con un estero
Y él te deja en los ojos dos oscuros remansos.
Niña morena y ágil, nada hacia ti me acerca.
Todo de ti me aleja, como del mediodía.
Eres la delirante juventud de la abeja,
La embriaguez de la ola, la fuerza de la espiga.
Mi corazón sombrío te busca, sin embargo,
Y amo tu cuerpo alegre, tu voz suelta y delgada.
Mariposa morena dulce y definitiva
Como el trigal y el sol, la amapola y el agua.
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Poema XX: Puedo escribir los versos más tristes
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo "La noche está estrellada,
Y titilan, azules, los astros, a lo lejos".
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso no es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
Y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
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Una canción desesperada
Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy.
El río anuda al mar su lamento obstinado.
Abandonado como los muelles en el alba.
Es la hora de partir ¡oh abandonado!.
Sobre mi corazón llueven frías corolas.
¡Oh, sentina de escombros, feroz cueva de náufragos!.
En ti se acumularon las guerras y los vuelos.
De ti alzaron las alas los pájaros del canto.
Todo te lo tragaste, como la lejanía.
Como el mar, como el tiempo. ¡Todo en ti fue naufragio!.
Era la alegre hora del asalto y el beso.
La hora del estupor que ardía como un faro.
Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego,
Turbia embriaguez de amor, ¡todo en ti fue naufragio!.
En la infancia de niebla mi alma alada y herida.
Descubridor perdido, ¡todo en ti fue naufragio!.
Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo.
Te tumbó la tristeza, ¡todo en ti fue naufragio!.
Hice retroceder la muralla de sombra,
Anduve más allá del deseo y del acto.
Oh, carne, carne mía, mujer que amé y perdí,
A ti en esta hora húmeda evoco y hago canto.
Como un vaso albergaste la infinita ternura,
Y el infinito olvido te trizó como a un vaso.
Era la negra, negra soledad de las islas,
Y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos.
Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta.
Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro.
¡Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme
En la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos!.
Mi deseo de ti fue el más terrible y corto,
El más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido.
Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas,
Aún los racimos arden picoteados de pájaros.
Oh la boca mordida, oh los besados miembros,
Oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.
Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo
En que nos anudamos y nos desesperamos.
Y la ternura, leve como el agua y la harina.
Y la palabra apenas comenzada en los labios.
Ése fue mi destino y en él viajó mi anhelo,
Y en él cayó mi anhelo, ¡todo en ti fue naufragio!.
Oh sentina de escombros, en ti todo caía,
Qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron.
De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste
De pie como un marino en la proa de un barco.
Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes.
Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo.
Pálido buzo ciego, desventurado hondero,
Descubridor perdido, ¡todo en ti fue naufragio!.
Es la hora de partir, la dura y fría hora
Que la noche sujeta a todo horario.
El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa.
Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros.
Abandonado como los muelles en el alba.
Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.
Ah más allá de todo. Ah más allá de todo.
Es la hora de partir. ¡Oh abandonado!.
Arriba
Agua sexual
Rudando a goterones solos,
A gotas como dientes,
A espesos goterones de mermelada y sangre,
Rodando a goterones
Cae el agua,
Como una espada en gotas,
Como un desgarrador río de vidrio,
Cae mordiendo,
Golpeando el eje de la simetría, pegando en las costuras del alma,
Rompiendo cosas abandonadas, empapando lo oscuro.
Solamente es un soplo, más húmedo que el llanto,
Un líquido, un sudor, un aceite sin nombre,
Un movimiento agudo,
Haciéndose, espesándose,
Cae el agua,
A goterones lentos,
Hacia su mar, hacia su seco océano,
Hacia su ola sin agua.
Veo el verano extenso, y un estertor saliendo de un granero,
Bodegas, cigarras,
Poblaciones, estímulos,
Habitaciones, niñas
Durmiendo con las manos en el corazón,
Soñando con bandidos, con incendios,
Veo barcos,
Veo árboles de médula
Erizados como gatos rabiosos,
Veo sangre, puñales y medias de mujer,
Y pelos de hombre,
Veo camas, veo corredores donde grita una virgen,
Veo frazadas y órganos y hoteles.
Veo los sueños sigilosos,
Admito los postreros días,
Y también los orígenes, y también los recuerdos,
Como un párpado atrozmente levantado a la fuerza
Estoy mirando.
Y entonces hay este sonido:
Un ruido rojo de huesos,
Un pegarse de carne,
Y piernas amarillas como espigas juntándose.
Yo escucho entre el disparo de los besos,
Escucho, sacudido entre respiraciones y sollozos.
Estoy mirando, oyendo,
Con la mitad del alma en el mar y la mitad del alma en la tierra,
Y con las dos mitades del alma miro el mundo.
Y aunque cierre los ojos y me cubra el corazón enteramente,
Veo caer agua sorda,
A goterones sordos.
Es como un huracán de gelatina,
Como una catarata de espermas y medusas.
Veo correr un arco iris turbio.
Veo pasar sus aguas a través de los huesos.
Arriba
Al golpe de la ola
Al golpe de la ola contra la piedra indócil
La claridad estalla y establece su rosa
Y el círculo del mar se reduce a un racimo,
A una sola gota de sal azul que cae.
Oh radiante magnolia desatada en la espuma,
Magnética viajera cuya muerte florece
Y eternamente vuelve a ser y a no ser nada:
Sal rota, deslumbrante movimiento marino.
Juntos tú y yo, amor mío, sellamos el silencio,
Mientras destruye el mar sus constantes estatuas
Y derrumba sus torres de arrebato y blancura,
Porque en la trama de estos tejidos invisibles
Del agua desbocada, de la incesante arena,
Sostenemos la única y acosada ternura.
Arriba
Amo el trozo de tierra que tú eres
Amo el trozo de tierra que tú eres,
Porque de las praderas planetarias
Otra estrella no tengo. Tú repites
La multiplicación del universo.
Tus anchos ojos son la luz que tengo
De las constelaciones derrotadas,
Tu piel palpita como los caminos
Que recorre en la lluvia el meteoro.
De tanta luna fueron para mí tus caderas,
De todo el sol tu boca profunda y su delicia,
De tanta luz ardiente como miel en la sombra.
Tu corazón quemado por largos rayos rojos,
Y así recorro el fuego de tu forma besándote,
Pequeña y planetaria, paloma y geografía.
Arriba
Amor
Mujer, yo hubiera sido tu hijo, por beberte
La leche de los senos como de un manantial,
Por mirarte y sentirte a mi lado, y tenerte
En la risa de oro y la voz de cristal.
Por sentirte en mis venas como Dios en los ríos
Y adorarte en los tristes huesos de polvo y cal,
Porque tu ser pasara sin pena al lado mío
Y saliera en la estrofa -limpio de todo mal-.
¡Cómo sabría amarte, mujer cómo sabría
Amarte, amarte como nadie supo jamás!
Morir y todavía
Amarte más.
Y todavía
Amarte más.
Arriba
Amor, América
Antes de la peluca y la casaca
Fueron los ríos, ríos arteriales:
Fueron las cordilleras, en cuya onda raída
El cóndor o la nieve parecían inmóviles:
Fue la humedad y la espesura, el trueno
Sin nombre todavía, las pampas planetarias.
El hombre tierra fue, vasija, párpado
Del barro trémulo, forma de la arcilla,
Fue cántaro caribe, piedra chibcba,
Copa imperial o sílice araucana.
Tierno y sangriento fue, pero en la empuñadura
De su arma de cristal humedecido,
Las iniciales de la tierra estaban
Escritas.
Nadie pudo
Recordarlas después: el viento
Las olvidó, el idioma del agua
Fue enterrado, las claves se perdieron
O se inundaron de silencio o sangre.
No se perdió la vida, hermanos pastorales.
Pero como una rosa salvaje
Cayó una gota roja en la espesura
Y se apagó una lámpara de tierra.
Yo estoy aquí para contar la historia.
Desde la paz del búfalo
Hasta las azotadas arenas
De la tierra final, en las espumas
Acumuladas de la luz antártica,
Y por las madrigueras despeñadas
De la sombría paz venezolana,
Te busqué, padre mío,
Joven guerrero de tiniebla y cobre,
Oh tú, planta nupcial, cabellera indomable,
Madre caimán, metálica paloma.
Yo, incásico del légamo,
Toqué la piedra y dije:
¿Quién
Me espera? Y apreté la mano
Sobre un puñado de cristal vacío,
Pero anduve entre flores zapotecas
Y dulce era la luz como un venado,
Y era la sombra como un párpado verde.
Tierra mía sin nombre, sin América,
Estambre equinoccial, lanza de púrpura,
Tu aroma me trepó por las raíces
Hasta la copa que bebía, hasta la más delgada
Palabra aún no nacida de mi boca.
Arriba
Amor, cuántos caminos
¡Amor, cuántos caminos hasta llegar a un beso,
Qué soledad errante hasta tu compañía!
Siguen los trenes solos rodando con la lluvia.
En Taltal no amanece aún la primavera.
Pero tú y yo, amor mío, estamos juntos,
Juntos desde la ropa a las raíces,
Juntos de otoño, de agua, de caderas,
Hasta ser sólo tú, sólo yo juntos.
Pensar que costó tantas piedras que lleva el río,
La desembocadura del agua de Boroa,
Pensar que separados por trenes y naciones
Tú y yo teníamos que simplemente amarnos,
Con todos confundidos, con hombres y mujeres,
Con la tierra que implanta y educa los claveles.
Arriba
Amor mío, si muero y tú no mueres
Amor mío, si muero y tú no mueres,
No demos al dolor más territorio:
Amor mío, si mueres y no muero,
No hay extensión como la que vivimos.
Polvo en el trigo, arena en las arenas
El tiempo, el agua errante, el viento vago
Nos llevó como grano navegante.
Pudimos no encontrarnos en el tiempo.
Esta pradera en que nos encontramos,
Oh pequeño infinito! devolvemos.
Pero este amor, amor, no ha terminado,
Y así como no tuvo nacimiento
No tiene muerte, es como un largo río,
Sólo cambia de tierras y de labios.
Arriba
Ángela adónica
Hoy me he tendido junto a una joven pura
Como a la orilla de un océano blanco,
Como en el centro de una ardiente estrella
De lento espacio.
De su mirada largamente verde
La luz caía como un agua seca,
En transparentes y profundos círculos
De fresca fuerza.
Su pecho como un fuego de dos llamas
Ardía en dos regiones levantado,
Y en doble río llegaba a sus pies,
Grandes y claros.
Un clima de oro maduraba apenas
Las diurnas longitudes de su cuerpo
Llenándolo de frutas extendidas
Y oculto fuego.
Arriba
Antes de amarte, amor, nada era mío
Antes de amarte, amor, nada era mío,
Vacilé por las calles y las cosas,
Nada contaba ni tenía nombre,
El mundo era del aire que esperaba.
Yo conocí salones cenicientos,
Túneles habitados por la luna,
Hangares crueles que se despedían,
Preguntas que insistían en la arena.
Todo estaba vacío, muerto y mudo,
Caído, abandonado y decaído,
Todo era inalienablemente ajeno,
Todo era de los otros y de nadie,
Hasta que tu belleza y tu pobreza
Llenaron el Otoño de regalos.
Arriba
Ausencia
Apenas te he dejado
Vas en mí, cristalina
O temblorosa,
O inquieta, herida por mí mismo
O colmada de amor, como cuando tus ojos
Se cierran sobre el don de la vida
Que sin cesar te entrego.
Amor mío,
Nos hemos encontrado
Sedientos y nos hemos
Bebido toda el agua y la sangre,
Nos encontramos
Con hambre
Y nos mordimos
Como el fuego muerde,
Dejándonos heridas.
Pero espérame,
Guárdame tu dulzura.
Yo te daré también
Una rosa.
Arriba
Barcarola
Si solamente me tocaras el corazón,
Si solamente pusieras tu boca en mi corazón,
Tu fina boca, tus dientes,
Si pusieras tu lengua como una flecha roja
Allí donde mi corazón polvoriento golpea,
Si soplaras en mi corazón, cerca del mar, llorando,
Sonaría con un ruido oscuro,
Con sonido de ruedas de tren con sueño,
Como aguas vacilantes,
Como el otoño en hojas,
Como sangre,
Con un ruido de llamas húmedas quemando el cielo,
Sonando como sueños o ramas o lluvias,
O bocinas de puerto triste,
Si tú soplaras en mi corazón cerca del mar,
Como un fantasma blanco,
Al borde de la espuma,
En mitad del viento,
Como un fantasma desencadenado,
A la orilla del mar, llorando.
Como ausencia extendida, como campana súbita,
El mar reparte el sonido del corazón,
Lloviendo, atardeciendo, en una costa sola:
La noche cae sin duda,
Y su lúgubre azul de estandarte en naufragio
Se puebla de planetas de plata enronquecida.
Y suena el corazón como un caracol agrio,
Llama, oh mar, oh lamento, oh derretido espanto
Esparcido en desgracias y olas desvencijadas:
De lo sonoro el mar acusa
Sus sombras recostadas, sus amapolas verdes.
Si existieras de pronto, en una costa lúgubre,
Rodeada por el día muerto,
Frente a una nueva noche,
Llena de olas,
Y soplaras en mi corazón de miedo frío,
Soplaras en la sangre sola de mi corazón,
Soplaras en su movimiento de paloma con llamas,
Sonarían sus negras sílabas de sangre,
Crecerían sus incesantes aguas rojas,
Y sonaría, sonaría a sombras,
Sonaría como la muerte,
Llamaría como un tubo lleno de viento o llanto,
O una botella echando espanto a borbotones.
Así es, y los relámpagos cubrirían tus trenzas
Y la lluvia entraría por tus ojos abiertos
A preparar el llanto que sordamente encierras,
Y las alas negras del mar girarían en torno
De ti, con grandes garras, y graznidos, y vuelos.
¿Quieres ser el fantasma que sople, solitario,
Cerca del mar su estéril, triste instrumento?
Si solamente llamaras,
Su prolongado son, su maléfico pito,
Su orden de olas heridas,
Alguien vendría acaso,
Alguien vendría,
Desde las cimas de las islas,
Desde el fondo rojo del mar,
Alguien vendría, alguien vendría.
Alguien vendría, sopla con furia,
Que suene como sirena de barco roto,
Como lamento,
Como un relincho
En medio de la espuma y la sangre,
Como un agua feroz mordiéndose y sonando.
En la estación marina
Su caracol de sombra circula como un grito,
Los pájaros del mar lo desestiman y huyen,
Sus listas de sonido, sus lúgubres barrotes
Se levantan a orillas del océano solo.
Arriba
Canción del macho y de la hembra
¡Canción del macho y de la hembra!
La fruta de los siglos
Exprimiendo su jugo
En nuestras venas.
Mi alma derramándose en tu carne extendida
Para salir de ti más buena,
El corazón desparramándose
Estirándose como una pantera,
Y mi vida, hecha astillas, anudándose
A ti como la luz a las estrellas!.
Me recibes
Como al viento la vela.
Te recibo
Como el surco a la siembra.
Duérmete sobre mis dolores
Si mis dolores no te queman,
Amárrate a mis alas
Acaso mis alas te llevan,
Endereza mis deseos
Acaso te lastima su pelea.
¡Tú eres lo único que tengo
Desde que perdí mi tristeza!
¡Desgárrame como una espada
O táctame como una antena!
Bésame
Muérdeme,
Incéndiame,
Que yo vengo a la tierra
Sólo por el naufragio de mis ojos de macho
En el agua infinita de tus ojos de hembra!.
Arriba
Cuántas veces, amor, te amé sin verte
Cuántas veces, amor, te amé sin verte y tal vez sin recuerdo,
Sin reconocer tu mirada, sin mirarte, centaura,
En regiones contrarias, en un mediodía quemante,
Eras sólo el aroma de los cereales que amo.
Tal vez te vi, te supuse al pasar levantando una copa
En Angol, a la luz de la luna de Junio,
O eras tú la cintura de aquella guitarra
Que toqué en las tinieblas y sonó como el mar desmedido.
Te amé sin que yo lo supiera, y busqué tu memoria.
En las casas vacías entré con linterna a robar tu retrato.
Pero yo ya sabía cómo era. De pronto
Mientras ibas conmigo te toqué y se detuvo mi vida:
Frente a mis ojos estabas, reinándome y reinas.
Como hoguera en los bosques el fuego es tu reino.
Arriba
De noche, amada, amarra tu corazón
De noche, amada, amarra tu corazón al mío
Y que ellos en el sueño derroten las tinieblas
Como un doble tambor combatiendo en el bosque
Contra el espeso muro de las hojas mojadas.
Nocturna travesía, brasa negra del sueño
Interceptando el hilo de las uvas terrestres
Con la puntualidad de un tren descabellado
Que sombra y piedras frías sin cesar arrastrara.
Por eso, amor, amárrame el movimiento puro,
A la tenacidad que en tu pecho golpea
Con las alas de un cisne sumergido,
Para que a las preguntas estrelladas del cielo
Responda nuestro sueño con una sola llave,
Con una sola puerta cerrada por la sombra.
Arriba
Desnuda eres
Desnuda eres tan simple como una de tus manos,
Lisa, terrestre, mínima, redonda, transparente,
Tienes líneas de luna, caminos de manzana,
Desnuda eres delgada como el trigo desnudo.
Desnuda eres azul como la noche en Cuba,
Tienes enredaderas y estrellas en el pelo,
Desnuda eres enorme y amarilla
Como el verano en una iglesia de oro.
Desnuda eres pequeña como una de tus uñas,
Curva, sutil, rosada hasta que nace el día
Y te metes en el subterráneo del mundo
Como en un largo túnel de trajes y trabajos:
Tu claridad se apaga, se viste, se deshoja
Y otra vez vuelve a ser una mano desnuda.
Arriba
El alfarero
Todo tu cuerpo tiene
Copa o dulzura destinada a mí.
Cuando subo la mano
Encuentro en cada sitio una paloma
Que me buscaba, como
Si te hubieran, amor, hecho de arcilla
Para mis propias manos de alfarero.
Tus rodillas, tus senos,
Tu cintura
Faltan en mí como en el hueco
De una tierra sedienta
De la que desprendieron
Una forma,
Y juntos
Somos completos, como un solo río,
Como una sola arena.
Arriba
El amor
Pequeña
Rosa,
Rosa pequeña,
A veces,
Diminuta y desnuda,
Parece
Que en una mano mía
Cabes,
Que así voy a cerrarte
Y a llevarte a mi boca,
Pero
De pronto
Mis pies tocan tus pies y mi boca tus labios,
Has crecido,
Suben tus hombros como dos colinas,
Tus pechos se pasean por mi pecho,
Mi brazo alcanza apenas a rodear la delgada
Línea de luna nueva que tiene tu cintura:
En el amor como agua de mar te has desatado:
Mido apenas los ojos más extensos del cielo
Y me inclino a tu boca para besar la tierra.
Arriba
El daño
Te he hecho daño, alma mía
He desgarrado tu alma.
Entiéndeme.
Todos saben quien soy,
Pero ese Soy
Es además un hombre
Para ti.
En ti vacilo, caigo
Y me levanto ardiendo.
Tú entre todos los seres
Tienes derecho
A verme débil.
Y tu pequeña mano
De pan y de guitarra
Debe tocar mi pecho
Cuando sale al combate.
Por eso busco en ti la firme piedra.
Ásperas manos en tu sangre clavo
Buscando tu firmeza
Y la profundidad que necesito,
Y si no encuentro
Sino tu risa de metal, si no hallo
Nada en qué sostener mis firmes pasos,
Adorada, recibe mi tristeza y mi cólera,
Mis manos enemigas
Destruyéndote un poco
Para que te levantes de la arcilla,
Hecha de nuevo para mis combates.
Arriba
El firme amor
XI
El firme amor, me diste con tus dones.
Vino a mí la ternura que esperaba
Y me acompaña la que lleva el beso
Más profundo a mi boca.
No pudieron
Apartarla de mí las tempestades
Ni las distancias agregaron tierra
Al espacio de amor que conquistamos.
Cuando antes del incendio, entre las mieses
De España apareció tu vestidura,
Yo fui doble nación, luz duplicada,
Y la amargura resbaló en tu rostro
Hasta caer sobre piedras perdidas.
De un gran dolor, de arpones erizados
Desemboqué en tus aguas, amor mío,
Como un caballo que galopa en medio
De la ira y la muerte, y lo recibe
De pronto una manzana matutina,
Una cascada de temblor silvestre.
Desde entonces, amor, te conocieron
Los páramos que hicieron mi conducta,
El océano oscuro que me sigue
Y los castaños del Otoño inmenso.
¿Quién no te vio, amorosa, dulce mía,
En la lucha, a mi lado, como una
Aparición, con todas las señales
De la estrella? ¿Quién, si anduvo
Entre las multitudes a buscarme,
Porque soy grano del granero humano,
No te encontró, apretada a mis raíces,
Elevada en el canto de mi sangre?.
No sé, mi amor, si tendré tiempo y sitio
De escribir otra vez tu sombra fina
Extendida en mis páginas, esposa:
Son duros estos días y radiantes,
Y recogemos de ellos la dulzura
Amasada con párpados y espinas.
Ya no sé recordar cuando comienzas:
Estabas antes del amor,
Venías con todas las esencias del destino,
Y antes de ti, la soledad fue tuya,
Fue tal vez tu dormida cabellera.
Hoy, copa de mi amor, te nombro apenas,
Título de mis días, adorada,
Y en el espacio ocupas como el día
Toda la luz que tiene el universo.
Arriba
El hijo
Ay hijo, sabes, ¿sabes
De dónde vienes?.
De un lago con gaviotas
Blancas y hambrientas.
Junto al agua de invierno
Ella y yo levantamos
Una fogata roja
Gastándonos los labios
De besarnos el alma,
Echando al fuego todo,
Quemándonos la vida.
Así llegaste al mundo.
Pero ella para verme
Y para verte un día
Atravesó los mares
Y yo para abrazar
Su pequeña cintura
Toda la tierra anduve,
Con guerras y montañas,
Con arenas y espinas.
Así llegaste al mundo.
De tantos sitios vienes,
Del agua y de la tierra,
Del fuego y de la nieve,
De tan lejos caminas
Hacia nosotros dos,
Desde el amor terrible
Que nos ha encadenado,
Que queremos saber
Cómo eres, qué nos dices,
Porque tú sabes más
Del mundo que te dimos.
Como una gran tormenta
Sacudimos nosotros
El árbol de la vida
Hasta las más ocultas
Fibras de las raíces
Y apareces ahora
Cantando en el follaje,
En la más alta rama
Que contigo alcanzamos.
Arriba
El inconstante
Los ojos se me fueron
Tras de una morena que pasó.
Era de nácar negro,
Era de uvas moradas,
Y me azotó la sangre
Con su cola de fuego.
Detrás de todas
Me voy.
Pasó una clara rubia
Como una planta de oro
Balanceando sus dones.
Y mi boca se fue
Como con una ola
Descargando en su pecho
Relámpagos de sangre.
Detrás de todas
Me voy.
Pero a ti sin moverme,
Sin verte, tu distante,
Van mi sangre y mis besos,
Morena y clara mía,
Alta y pequeña mía,
Ancha y delgada mía,
Mi fea, mi hermosura,
Hecha de todo el oro,
Y de toda la plata,
Hecha de todo el trigo
Y de toda la tierra,
Hecha de toda el agua
De las olas marinas,
Hecha para mis brazos,
Hecha para mis besos,
Hecha para mi alma.
Arriba
El insecto
De tus caderas a tus pies
Quiero hacer un largo viaje.
Soy más pequeño que un insecto.
Voy por estas colinas,
Son de color de avena,
Tienen delgadas huellas
Que sólo yo conozco,
Centímetros quemados,
Pálidas perspectivas.
Aquí hay una montaña.
No saldré nunca de ella.
¡Oh qué musgo gigante!
¡Y un cráter, una rosa
De fuego humedecido!.
Por las piernas desciendo
Hilando una espiral
O durmiendo en el viaje
Y llego a tus rodillas
De redonda dureza
Como a las cimas duras
De un claro continente.
Hacia tus pies resbalo,
A las ocho aberturas,
De tus dedos agudos,
Lentos, peninsulares,
Y de ellos el vacío
De la sábana blanca
Caigo, buscando ciego
Y hambriento tu contorno
De vasija quemante!.
Arriba
El viento en la isla
El viento es un caballo:
Óyelo cómo corre
Por el mar, por el cielo.
Quiere llevarme: escucha
Cómo recorre el mundo
Para llevarme lejos.
Escóndeme en tus brazos
Por esta noche sola,
Mientras la lluvia rompe
Contra el mar y la tierra
Su boca innumerable.
Escucha cómo el viento
Me llama galopando
Para llevarme lejos.
Con tu frente en mi frente,
Con tu boca en mi boca,
Atados nuestros cuerpos
Al amor que nos quema,
Deja que el viento pase
Sin que pueda llevarme.
Deja que el viento corra
Coronado de espuma,
Que me llame y me busque
Galopando en la sombra,
Mientras yo, sumergido
Bajo tus grandes ojos,
Por esta noche sola
Descansaré, amor mío.
Arriba
En ti la tierra
Pequeña rosa, rosa pequeña,
A veces,
Diminuta y desnuda,
Parece que en una mano mía cabes,
Que así voy a cercarte y a llevarte a mi boca,
Pero de pronto
Mis pies tocan tus pies y mi boca tus labios,
Has crecido
Suben tus hombros como dos colinas,
Tus pechos se pasean por mi pecho,
Mi brazo alcanza apenas a rodear la delgada
Línea de luna nueva que tiene tu cintura:
En el amor como agua de mar te has desatado:
Mido apenas los ojos más extensos del cielo
Y me inclino a tu boca para besar la tierra.
Arriba
En vano te buscamos
No, nadie reunirá tu firme forma,
Ni resucitará tu arena ardiente,
No volverá tu boca a abrir su doble pétalo,
Ni se hinchará en tus senos la blanca vestidura.
La soledad dispuso sal, silencio, sargazo,
Y tu silueta fue comida por la arena,
Se perdió en el espacio tu silvestre cintura,
Sola, sin el contacto del jinete imperioso
Que galopó en el fuego hasta la muerte.
Arriba
Es bueno, amor, sentirte cerca
Es bueno, amor, sentirte cerca de mí en la noche,
Invisible en tu sueño, seriamente nocturna,
Mientras yo desenredo mis preocupaciones
Como si fueran redes confundidas.
Ausente, por los sueños tu corazón navega,
Pero tu cuerpo así abandonado respira
Buscándome sin verme, completando mi sueño
Como una planta que se duplica en la sombra.
Erguida, serás otra que vivirá mañana,
Pero de las fronteras perdidas en la noche,
De este ser y no ser en que nos encontramos
Algo queda acercándonos en la luz de la vida
Como si el sello de la sombra señalara
Con fuego sus secretas criaturas.
Arriba
Era mi corazón un ala viva y turbia
Era mi corazón un ala viva y turbia...
Un ala pavorosa llena de luz y anhelo.
Era la primavera sobre los campos verdes.
Azul era la altura y era esmeralda el suelo.
Ella -la que me amaba- se murió en primavera.
Recuerdo aún sus ojos de paloma en desvelo.
Ella -la que me amaba- cerro sus ojos... tarde.
Tarde de campo, azul. Tarde de alas y vuelos.
Ella -la que me amaba- se murió en primavera...
Y se llevó la primavera al cielo.
Arriba
Eres toda de espumas
Eres toda de espumas delgadas y ligeras
Y te cruzan los besos y te riegan los días.
Mi gesto, mi ansiedad cuelgan de tu mirada.
Vaso de resonancias y de estrellas cautivas.
Estoy cansado, todas las hojas caen, mueren.
Caen, mueren los pájaros. Caen, mueren las vidas.
Cansado, estoy cansado. Ven, anhélame, víbrame.
Oh, mi pobre ilusión, mi guirnalda encendida!
El ansia cae, muere. Cae, muere el deseo.
Caen, mueren las llamas en la noche infinita.
Fogonazo de luces, paloma de gredas rubias,
Líbrame de esta noche que acosa y aniquila.
Sumérgeme en tu nido de vértigo y caricia.
Anhélame, retiéneme.
La embriaguez a ]a sombra florida de tus ojos,
Las caídas, los triunfos, los saltos de la fiebre.
Ámame, ámame, ámame.
De pie te grito! Quiéreme.
Rompo mi voz gritándote y hago horarios de fuego
En la noche preñada de estrellas y lebreles.
Rompo mi voz y grito. Mujer, ámame, anhélame.
Mi voz arde en los vientos, mi voz que cae y muere.
Cansado. Estoy cansado. Huye. Aléjate. Extínguete.
No aprisiones mi estéril cabeza entre tus manos.
Que me crucen la frente los látigos del hielo.
Que mi inquietud se azote Con los vientos atlánticos.
Huye, Aléjate. Extínguete. Mi alma debe estar sola.
Debe crucificarse, hacerse astillas, rodar,
Verterse, contaminarse sola,
Abierta a la marea de los llantos,
Ardiendo en el ciclón de las furias,
Erguida entre los cerros y los pájaros,
Aniquilarse, exterminarse sola,
Abandonada y única como un faro de espanto.
Arriba
Farewell
Desde el fondo de ti, y arrodillado,
Un niño triste, como yo, nos mira.
Por esa vida que arderá en sus venas
Tendrían que amarrarse nuestras vidas.
Por esas manos, hijas de tus manos,
Tendrían que matar las manos mías.
Por sus ojos abiertos en la tierra
Veré en los tuyos lágrimas un día.
Yo no lo quiero, Amada.
Para que nada nos amarre
Que no nos una nada.
Ni la palabra que aromó tu boca,
Ni lo que no dijeron las palabras.
Ni la fiesta de amor que no tuvimos,
Ni tus sollozos junto a la ventana.
Amo el amor de los marineros
Que besan y se van.
Dejan una promesa.
No vuelven nunca más.
En cada puerto una mujer espera:
Los marineros besan y se van.
Una noche se acuestan con la muerte
En el lecho del mar.
Amo el amor que se reparte
En besos, lecho y pan.
Amor que puede ser eterno
Y puede ser fugaz.
Amor que quiere libertarse
Para volver a amar.
Amor divinizado que se acerca
Amor divinizado que se va.
Ya no se encantarán mis ojos en tus ojos,
Ya no se endulzará junto a ti mi dolor.
Pero hacia donde vaya llevaré tu mirada
Y hacia donde camines llevarás mi dolor.
Fui tuyo, fuiste mía. Qué más? Juntos hicimos
Un recodo en la ruta donde el amor pasó.
Fui tuyo, fuiste mía. Tu serás del que te ame,
Del que corte en tu huerto lo que he sembrado yo.
Yo me voy. Estoy triste: pero siempre estoy triste.
Vengo desde tus brazos. No sé hacia dónde voy.
Desde tu corazón me dice adiós un niño.
Y yo le digo adiós.
Arriba
Juntos nosotros
Qué pura eres de sol o de noche caída,
Qué triunfal desmedida tu órbita de blanco,
Y tu pecho de pan, alto de clima,
Tu corona de árboles negros, bienamada,
Y tu nariz de animal solitario, de oveja salvaje
Que huele a sombra y a precipitada fuga tiránica.
Ahora, qué armas espléndidas mis manos,
Digna su pala de hueso y su lirio de uñas.
Y el puesto de mi rostro, y el arriendo de mi alma
Están situados en lo justo de la fuerza terrestre.
Qué pura mi mirada de nocturna influencia,
Caída de ojos oscuros y feroz acicate,
Mi simétrica estatua de piernas gemelas
Sube hacia estrellas húmedas cada mañana,
Y mi boca de exilio muerde la carne y la uva,
Mis brazos de varón, mi pecho tatuado
En que penetra el vello como ala de estaño,
Mi cara blanca hecha para la profundidad del sol,
Mi pelo hecho de ritos, de minerales negros,
Mi frente, penetrante como golpe o camino,
Mi piel de hijo maduro, destinado al arado,
Mis ojos de sal ávida, de matrimonio rápido,
Mi lengua amiga blanda del dique y del buque,
Mis dientes de horario blanco, de equidad sistemática,
La piel que hace a mi frente un vacío de hielos
Y en mi espalda se torna, y vuela en mis párpados,
Y se repliega sobre mi más profundo estímulo,
Y crece hacia las rosas en mis dedos,
En mi mentón de hueso y en mis pies de riqueza.
Y tú como un mes de estrellas, como un beso fijo,
Como estructura de ala, o comienzos de otoño,
Niña, mi partidaria, mi amorosa,
La luz hace su lecho bajo tus grandes párpados,
Dorados como bueyes, y la paloma redonda
Hace sus nidos blancos frecuentemente en ti.
Hecha de ola en lingotes y tenazas blancas,
Tu salud de manzana furiosa se estira sin límite,
El tonel temblador en que escucha tu estómago,
Tus manos hijas de la harina y del cielo.
Qué parecida eres al más largo beso,
Su sacudida fija parece nutrirte,
Y su empuje de brasa, de bandera revuelta,
Va latiendo en tus dominios y subiendo temblando,
Y entonces tu cabeza se adelgaza en cabellos,
Y su forma guerrera, su círculo seco,
Se desploma de súbito en hilos lineales
Como filos de espadas o herencias de humo.
Arriba
La estudiante
Oh tú, más dulce, más interminable
Que la dulzura, carnal enamorada
Entre las sombras: de otros días
Surges llenando de pesado polen
Tu copa, en la delicia.
Desde la noche llena
De ultrajes, noche como el vino
Desbocado, noche de oxidada púrpura
A ti caí como una torre herida,
Y entre las pobres sábanas tu estrella
Palpitó contra mí quemando el cielo.
Oh redes del jazmín, oh fuego físico
Alimentado en esta nueva sombra,
Tinieblas que tocamos apretando
La cintura central, golpeando el tiempo
Con sanguinarias ráfagas de espigas.
Amor sin nada más, en el vacío
De una burbuja, amor con calles muertas,
Amor, cuando murió toda la vida
Y nos dejó encendiendo los rincones.
Mordí mujer, me hundí desvaneciéndome
Desde mi fuerza, atesoré racimos,
Y salí a caminar de beso en beso,
Atado a las caricias, amarrado
A esta gruta de fría cabellera,
A estas piernas por labios recorridas:
Hambriento entre los labios de la tierra,
Devorando con labios devorados.
Arriba
La jiribilla
América, no invoco tu nombre en vano.
Cuando sujeto al corazón la espada,
Cuando aguanto en el alma la gotera,
Cuando por las ventanas
Un nuevo día tuyo me penetra,
Soy y estoy en la luz que me produce,
Vivo en la sombra que me determina,
Duermo y despierto en tu esencial aurora:
Dulce como las uvas, y terrible,
Conductor del azúcar y el castigo,
Empapado en esperma de tu especie,
Amamantado en sangre de tu herencia.
Arriba
La luz de tus pies
La luz que de tus pies sube a tu cabellera,
La turgencia que envuelve tu forma delicada,
No es de nácar marino, nunca de plata fría:
Eres de pan, de pan amado por el fuego.
La harina levantó su granero contigo
Y creció incrementada por la edad venturosa,
Cuando los cereales duplicaron tu pecho
Mi amor era el carbón trabajando en la tierra.
Oh, pan tu frente, pan tus piernas, pan tu boca,
Pan que devoro y nace con luz cada mañana,
Bienamada, bandera de las panaderías,
Una lección de sangre te dio el fuego,
De la harina aprendiste a ser sagrada,
Y del pan el idioma y el aroma.
Arriba
La noche en la isla
Toda la noche he dormido contigo
Junto al mar, en la isla.
Salvaje y dulce eras entre el placer y el sueño,
Entre el fuego y el agua.
Tal vez muy tarde
Nuestros sueños se unieron
En lo alto o en el fondo,
Arriba como ramas que un mismo viento mueve,
Abajo como rojas raíces que se tocan.
Tal vez tu sueño
Se separó del mío
Y por el mar oscuro
Me buscaba como antes
Cuando aún no existías,
Cuando sin divisarte
Navegué por tu lado,
Y tus ojos buscaban
Lo que ahora
-Pan, vino, amor y cólera-
Te doy a manos llenas
Porque tú eres la copa
Que esperaba los dones de mi vida.
He dormido contigo
Toda la noche mientras
La oscura tierra gira
Con vivos y con muertos,
Y al despertar de pronto
En medio de la sombra
Mi brazo rodeaba tu cintura.
Ni la noche, ni el sueño
Pudieron separarnos.
He dormido contigo
Y al despertar tu boca
Salida de tu sueño
Me dio el sabor de tierra,
De agua marina, de algas,
Del fondo de tu vida,
Y recibí tu beso
Mojado por la aurora
Como si me llegara
Del mar que nos rodea.
Arriba
La poesía
Y fue a esa edad... Llegó la poesía a buscarme.
No sé, no sé de dónde salió,
De invierno o río.
No sé cómo ni cuándo,
No, no eran voces, no eran palabras, ni silencio,
Pero desde una calle me llamaba,
Desde las ramas de la noche,
De pronto entre los otros,
Entre fuegos violentos
O regresando solo,
Allí estaba sin rostro
Y me tocaba.
Yo no sabía qué decir, mi boca no sabía nombrar,
Mis ojos eran ciegos,
Y algo golpeaba en mi alma,
Fiebre o alas perdidas,
Y me fui haciendo solo,
Descifrando aquella quemadura,
Y escribí la primera línea vaga,
Vaga, sin cuerpo, pura tontería,
Pura sabiduría
Del que no sabe nada,
Y vi de pronto el cielo desgranado
Y abierto, planetas,
Plantaciones palpitantes,
La sombra perforada,
Acribillada por flechas, fuego y flores,
La noche arrolladora, el universo.
Y yo, mínimo ser,
Ebrio del gran vacío constelado,
A semejanza, a imagen del misterio,
Me sentí parte pura del abismo,
Rodé con las estrellas,
Mi corazón se desató en el viento.
Arriba
La rama robada
En la noche entraremos
A robar
Una rama florida.
Pasaremos el muro,
En las tinieblas del jardín ajeno,
Dos sombras en la sombra.
Aún no se fue el invierno,
Y el manzano aparece
Convertido de pronto
En cascada de estrellas olorosas.
En la noche entraremos
Hasta su tembloroso firmamento,
Y tus pequeñas manos y las mías
Robarán las estrellas.
Y sigilosamente,
A nuestra casa,
En la noche y en la sombra,
Entrará con tus pasos
El silencioso paso del perfume
Y con pies estrellados
El cuerpo claro de la primavera.
Arriba
La reina
Yo te he nombrado reina.
Hay más altas que tú, más altas.
Hay más puras que tú, más puras.
Hay más bellas que tú, hay más bellas.
Pero tú eres la reina.
Cuando vas por las calles
Nadie te reconoce.
Nadie ve tu corona de cristal, nadie mira
La alfombra de oro rojo
Que pisas donde pasas,
La alfombra que no existe.
Y cuando asomas
Suenan todos los ríos
En mi cuerpo, sacuden
El cielo las campanas,
Y un himno llena el mundo.
Sólo tú y Yo,
Sólo tú y yo, amor mío,
Lo escuchamos.
Arriba
La vulgar que pasó
No eras para mis sueños, ni eras para mi vida,
Ni para mis cansancios aromados de rosas,
Ni para la impotencia de mi rabia suicida,
No eras la bella y buena, la bella y dolorosa.
No eras para mis sueños, no eras para mis cantos,
No eras para el prestigio de mis amargos llantos,
No eras para mi vida ni para mi dolor,
No eras lo fugitivo de todos mis encantos.
No merecías nada. Ni mi agrio desencanto
Ni siquiera la lumbre que presintió el Amor.
Bien hecho, muy bien hecho que hayas pasado en vano
Que no se haya engarfiado mi vida a tu mirar,
Que no se hayan juntado a los llantos ancianos
La amargura doliente de un estéril llorar.
Eras para un imbécil que te quisiera un poco.
¡Oh! mis ensueños buenos, ¡oh! mis ensueños locos.
Eras para un imbécil, un cualquiera no más
Que no tuviera nada de mis ensueños, nada,
Pero que te daría tu dicha animalada
La corta y bruta crisis del espasmo final.
No eras para mis sueños, no eras para mi vida
Ni para mis quebrantos ni para mi dolor,
No eras para los llantos de mis duras heridas,
No eras para mis brazos, ni para mi canción.
Arriba
Llénate de mí
Llénate de mí.
Ansíame, agótame, viérteme, sacrifícame.
Pídeme. Recógeme, contiéneme, ocúltame.
Quiero ser de alguien, quiero ser tuyo, es tu hora.
Soy el que pasó saltando sobre las cosas,
El fugante, el doliente.
Pero siento tu hora,
La hora de que mi vida gotee sobre tu alma,
La hora de las ternuras que no derramé nunca,
La hora de los silencios que no tienen palabras,
Tu hora, alba de sangre que me nutrió de angustias,
Tu hora, medianoche que me fue solitaria.
Libértame de mí. Quiero salir de mi alma.
Yo soy esto que gime, esto que arde, esto que sufre.
Yo soy esto que ataca, esto que aúlla, esto que canta.
No, no quiero ser esto.
Ayúdame a romper estas puertas inmensas.
Con tus hombros de seda desentierra estas anclas.
Así crucificaron mi dolor una tarde.
Libértame de mí. Quiero salir de mi alma.
Quiero no tener límites y alzarme hacia aquel astro.
Mi corazón no debe callar hoy o mañana.
Debe participar de lo que toca,
Debe ser de metales, de raíces, de alas.
No puedo ser la piedra que se alza y que no vuelve,
No puedo ser la sombra que se deshace y pasa.
No, no puede ser, no puede ser, no puede ser.
Entonces gritaría, lloraría, gemiría.
No puede ser, no puede ser.
Quién iba a romper esta vibración de mis alas?
Quién iba a exterminarme? Qué designio, qué palabra?
No puede ser, no puede ser, no puede ser.
Libértame de mí. Quiero salir de mi alma.
Porque tú eres mi ruta. Te forjé en lucha viva.
De mi pelea oscura contra mí mismo, fuiste.
Tienes de mí ese sello de avidez no saciada.
Desde que yo los miro tus ojos son más tristes.
Vamos juntos, Rompamos este camino juntos.
Será la ruta tuya. Pasa. Déjame irme.
Ansíame, agótame, viérteme, sacrifícame.
Haz tambalear los cercos de mis últimos límites.
Y que yo pueda, al fin, correr en fuga loca,
Inundando las tierras como un río terrible,
Desatando estos nudos, ah Dios mío, estos nudos
Destrozando,
Quemando,
Arrasando
Como una lava loca lo que existe,
Correr fuera de mí mismo, perdidamente,
Libre de mí, furiosamente libre.
¡Irme,
Dios mío,
Irme!.
Arriba
Materia nupcial
De pie como un cerezo sin cáscara ni flores,
Especial, encendido, venas y saliva,
Y dedos y testículos,
Miro una niña de papel y luna,
Horizontal, temblando y respirando y blanca
Y sus pezones como dos cifras separadas,
Y la rosal reunión de sus piernas en donde
Su sexo de pestañas nocturnas parpadea.
Pálido, desbordante,
Siento hundirse palabras en mi boca,
Palabras como niños ahogados,
Y rumbo y rumbo y dientes crecen naves,
Y aguas y latitud como quemadas.
La pondré como una espada o un espejo,
Y abriré hasta la muerte sus piernas temerosas,
Y morderé sus orejas y sus venas,
Y haré que retroceda con los ojos cerrados
En un espeso río de semen verde.
La inundaré de amapolas y relámpagos,
La envolveré en rodillas, en labios, en agujas,
La entraré con pulgadas de epidermis llorando
Y presiones de crimen y pelos empapados.
La haré huir escapándose por uñas y suspiros,
Hacia nunca, hacia nada,
Trepándose a la lenta medula y al oxígeno,
Agarrándose a recuerdos y razones
Como una sola mano, como un dedo partido
Agitando una uña de sal desamparada.
Debe correr durmiendo por caminos de piel
En un país de goma cenicienta y ceniza,
Luchando con cuchillos, y sábanas, y hormigas,
Y con ojos que caen en ella como muertos,
Y con gotas de negra materia resbalando
Como pescados ciegos o balas de agua gruesa.
Arriba
Me falta tiempo para celebrar tus cabellos
Me falta tiempo para celebrar tus cabellos.
Uno por uno debo contarlos y alabarlos:
Otros amantes quieren vivir con ciertos ojos,
Yo sólo quiero ser tu peluquero.
En Italia te bautizaron Medusa
Por la encrespada y alta luz de tu cabellera.
Yo te llamo chascona mía y enmarañada:
Mi corazón conoce las puertas de tu pelo.
Cuando tú te extravíes en tus propios cabellos,
No me olvides, acuérdate que te amo,
No me dejes perdido ir sin tu cabellera.
Arriba
Mujer, nada me has dado
Nada me has dado y, para ti, mi vida
Deshoja su rosal de desconsuelo,
Porque ves estas cosas que yo miro,
Las mismas tierras y los mismos cielos.
Porque la red de nervios y de venas
Que sostiene tu ser y tu belleza
Se debe estremecer al beso puro
Del sol, del mismo sol que a mí me besa.
Mujer, nada me has dado y, sin embargo,
A través de tu ser siento las cosas,
Estoy alegre de mirar la tierra
En que tu corazón tiembla y reposa.
Me limitan en vano mis sentidos,
Dulces flores que se abren en el viento,
Porque adivino el pájaro que pasa
Y que mojó de azul tu sentimiento.
Y sin embargo no me has dado nada,
No se florecen para mí tus años,
La cascada de cobre de tu risa
No apagará la sed de mis rebaños.
Hostia que no probó tu boca fina,
Amador del amado que te llame,
Saldré al camino con mi amor al brazo
Como un vaso de miel para el que ames.
Ya ves, noche estrellada, canto y copa
En que bebes el agua que yo bebo,
Vivo en tu vida, vives en mi vida,
Nada me has dado y todo te lo debo.
Arriba
No te amo como si fueras rosa de sal
No te amo como si fueras rosa de sal, topacio
O flecha de claveles que propagan el fuego,
Te amo como se aman ciertas cosas oscuras,
Secretamente, entre la sombra y el alma.
Te amo como la planta que no florece y lleva
Dentro de sí, escondida, la luz de aquellas flores,
Y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo
El apretado aroma que ascendió de la tierra.
Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni dónde,
Te amo directamente sin problemas ni orgullo,
Así te amo porque no sé amar de otra manera
Sino así de este modo en que no soy ni eres,
Tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía,
Tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño.
Arriba
No te quiero sino porque te quiero
No te quiero sino porque te quiero
Y de quererte a no quererte llego
Y de esperarte cuando no te espero
Pasa mi corazón del frío al fuego.
Te quiero sólo porque a ti te quiero,
Te odio sin fin, y odiándote te ruego,
Y la medida de mi amor viajero
Es no verte y amarte como un ciego.
Tal vez consumirá la luz de enero,
Su rayo cruel, mi corazón entero,
Robándome la llave del sosiego.
En esta historia sólo yo me muero
Y moriré de amor porque te quiero,
Porque te quiero, amor, a sangre y fuego.
Arriba
Oda a la bella desnuda
Con casto corazón, con ojos
Puros,
Te celebro, belleza,
Reteniendo la sangre
Para que surja y siga
La línea, tu contorno,
Para
Que te acuestes a mi oda
Como en tierra de bosques o de espuma,
En aroma terrestre
O en música marina.
Bella desnuda,
Igual
Tus pies arqueados
Por un antiguo golpe
De viento o del sonido
Que tus orejas,
Caracolas mínimas
Del espléndido mar americano.
Iguales son tus pechos
De paralela plenitud, colmados
Por la luz de la vida.
Iguales son
Volando
Tus párpados de trigo
Que descubren
O cierran
Dos países profundos en tus ojos.
La línea que tu espalda
Ha dividido
En pálidas regiones
Se pierde y surge
En dos tersas mitades
De manzana,
Y sigue separando tu hermosura
En dos columnas
De oro quemado, de alabastro fino,
A perderse en tus pies como en dos uvas,
Desde donde otra vez arde y se eleva
El árbol doble de tu simetría,
Fuego florido, candelabro abierto,
Turgente fruta erguida
Sobre el pacto del mar y de la tierra.
Tu cuerpo, en qué materia,
Ágata, cuarzo, trigo,
Se plasmó, fue subiendo
Como el pan se levanta
De la temperatura
Y señaló colinas
Plateadas,
Valles de un solo pétalo, dulzuras
De profundo terciopelo,
Hasta quedar cuajada
La fina y firme forma femenina?.
No sólo es luz que cae
Sobre el mundo
Lo que alarga en tu cuerpo
Su nieve sofocada,
Sino que se desprende
De ti la claridad como si fueras
Encendida por dentro.
Debajo de tu piel vive la luna.
Arriba
Oda a la jardinera
Sí, yo sabía que tus manos eran
El alhelí florido, la azucena
De plata;
Algo que ver tenías
Con el suelo,
Con el florecimiento de la tierra,
Pero
Cuando
Te vi cavar, cavar,
Apartar piedrecitas
Y manejar raíces
Supe de pronto,
Agricultora mía,
Que
No sólo
Tus manos,
Sino tu corazón
Eran de tierra,
Que allí
Estabas
Haciendo
Cosas tuyas,
Tocando
Puertas
Húmedas
Por donde
Circulan
Las
Semillas.
Así, pues,
De una a otra
Planta
Recién
Plantada,
Con el rostro
Manchado
Por un beso
Del barro,
Ibas
Y regresabas
Floreciendo,
Ibas
Y de tu mano
El tallo
De la astromelia
Elevó su elegancia solitaria,
El jazmín
Aderezó
La niebla de tu frente
Con estrellas de aroma y de rocío.
Todo
De ti crecía
Penetrando
En la tierra
Y haciéndose
Inmediata
Luz verde,
Follaje y poderío.
Tú le comunicabas
Tus semillas,
Amada mía,
Jardinera roja.
Tu mano
Se tuteaba
Con la tierra
Y era instantáneo
El claro crecimiento.
Amor, así también
Tu mano
De agua,
Tu corazón de tierra,
Dieron
Fertilidad
Y fuerza a mis canciones.
Tocas
Mi pecho
Mientras duermo
Y los árboles brotan
De mi sueño.
Despierto, abro los ojos,
Y has plantado
Dentro de mí
Asombradas estrellas
Que suben con mi canto.
Es así, jardinera:
Nuestro amor
Es
Terrestre:
Tu boca es planta de la luz, corola,
Mi corazón trabaja en las raíces.
Arriba
Oda a la pobreza
Cuando nací,
Pobreza,
Me seguiste,
Me mirabas
A través
De las tablas podridas
Por el profundo invierno.
De pronto
Eran tus ojos
Los que miraban desde los agujeros.
Las goteras,
De noche, repetían
Tu nombre y tu apellido
O a veces
El salto quebrado, el traje roto,
Los zapatos abiertos,
Me advertían.
Allí estabas
Acechándome
Tus dientes de carcoma,
Tus ojos de pantano,
Tu lengua gris
Que corta
La ropa, la madera,
Los huesos y la sangre,
Allí estabas
Buscándome,
Siguiéndome,
Desde mi nacimiento
Por las calles.
Cuando alquilé una pieza
Pequeña, en los suburbios,
Sentada en una silla
Me esperabas,
O al descorrer las sábanas
En un hotel oscuro,
Adolescente,
No encontré la fragancia
De la rosa desnuda,
Sino el silbido frío
De tu boca.
Pobreza,
Me seguiste
Por los cuarteles y los hospitales,
Por la paz y la guerra.
Cuando enfermé tocaron
A la puerta:
No era el doctor, entraba
Otra vez la pobreza.
Te vi sacar mis muebles
A la calle:
Los hombres
Los dejaban caer como pedradas.
Tú, con amor horrible,
De un montón de abandono
En medio de la calle y de la lluvia
Ibas haciendo
Un trono desdentado
Y mirando a los pobres
Recogías
Mi último plato haciéndolo diadema.
Ahora,
Pobreza,
Yo te sigo.
Como fuiste implacable,
Soy implacable.
Junto
A cada pobre
Me encontrarás cantando,
Bajo
Cada sábana
De hospital imposible
Encontrarás mi canto.
Te sigo,
Pobreza,
Te vigilo,
Te acerco,
Te disparo,
Te aislo,
Te cerceno las uñas,
Te rompo
Los dientes que te quedan.
Estoy
En todas partes:
En el océano con los pescadores,
En la mina
Los hombres
Al limpiarse la frente,
Secarse el sudor negro,
Encuentran
Mis poemas.
Yo salgo cada día
Con la obrera textil.
Tengo las manos blancas
De dar pan en las panaderías.
Donde vayas,
Pobreza,
Mi canto
Está cantando,
Mi vida
Está viviendo,
Mi sangre
Está luchando.
Derrotaré
Tus pálidas banderas
En donde se levanten.
Otros poetas
Antaño te llamaron
Santa,
Veneraron tu capa,
Se alimentaron de humo
Y desaparecieron.
Yo te desafío,
Con duros versos te golpeo el rostro,
Te embarco y te destierro.
Yo con otros,
Con otros, muchos otros,
Te vamos expulsando
De la tierra a la luna
Para que allí te quedes
Fría y encarcelada
Mirando con un ojo
El pan y los racimos
Que cubrirá la tierra
De mañana.
Arriba
Oda a la tristeza
Tristeza, escarabajo
De siete patas rotas,
Huevo de telaraña,
Rata descalabrada,
Esqueleto de perra:
Aquí no entras.
No pasas.
Ándate.
Vuelve
Al Sur con tu paraguas,
Vuelve
Al Norte con tus dientes de culebra.
Aquí vive un poeta.
La tristeza no puede
Entrar por estas puertas.
Por las ventanas
Entra el aire del mundo,
Las rojas rosas nuevas,
Las banderas bordadas
Del pueblo y sus victorias.
No puedes.
Aquí no entras.
Sacude
Tus alas de murciélago,
Yo pisaré las plumas
Que caen de tu manto,
Yo barreré los trozos
De tu cadáver hacia
Las cuatro puntas del viento,
Yo te torceré el cuello,
Te coseré los ojos,
Cortaré tu mortaja
Y enterraré tus huesos roedores
Bajo la primavera de un manzano.
Arriba
Oda a los números
¡Qué sed
De saber cuánto!
Qué hambre
De saber
Cuántas
Estrellas tiene el cielo!.
Nos pasamos
La infancia
Contando piedras, plantas,
Dedos, arenas, dientes,
La juventud contando
Pétalos, cabelleras.
Contamos
Los colores, los años,
Las vidas y los besos,
En el campo
Los bueyes, en el mar
Las olas. Los navíos
Se hicieron cifras que se fecundaban.
Los números parían.
Las ciudades
Eran miles, millones,
El trigo centenares
De unidades que adentro
Tenían otros números pequeños,
Más pequeños que un grano.
El tiempo se hizo número.
La luz fue numerada
Y por más que corrió con el sonido
Fue su velocidad un 37.
Nos rodearon los números.
Cerrábamos la puerta,
De noche, fatigados,
Llegaba un 800,
Por debajo,
Hasta entrar con nosottros en la cama,
Y en el sueño
Los 4000 y los 77
Picándonos la frente
Con sus martillos o sus alicates.
Los 5
Agregándose
Hasta entrar en el mar o en el delirio,
Hasta que el sol saluda con su cero
Y nos vamos corriendo
A la oficina,
Al taller,
A la fábrica,
A comenzar de nuevo el infinito
Número 1 de cada día.
Tuvimos, hombre, tiempo
Para que nuestra sed
Fuera saciándose,
El ancestral deseo
De enumerar las cosas
Y sumarlas,
De reducirlas hasta
Hacerlas polvo,
Arenales de números.
Fuimos
Empapelando el mundo
Con números y nombres,
Pero
Las cosas existian,
Se fugaban
Del número,
Enloquecían en sus cantidades,
Se evaporaban
Dejando
Su olor o su recuerdo
Y se quedaban los números vacíos.
Por eso,
Para ti
Quiero las cosas.
Los números
Que se váyan a la cárcel,
Que se muevan
En columnas cerradas
Procreando
Hasta darnos la suma
De la totalidad de infinito.
Para ti sólo quiero
Que aquellos
Números del camino
Te defiendan
Y que tu los defiendas.
La cifra semanal de tu salario
Se desarrolle hasta cubrir tu pecho.
Y del número 2 en que se enlazan
Tu cuerpo y el de la mujer amada
Salgan los ojos pares de tus hijos
A contar otra vez
Las antiguas estrellas
Y las innnumerables
Espigas
Que llenarán la tierra transformada.
Arriba
Oda al primer día del año
Lo distinguimos
Como
Si fuera
Un caballito
Diferente de todos
Los caballos.
Adornamos
Su frente
Con una cinta,
Le ponemos
Al cuello cascabeles colorados,
Y a medianoche
Vamos a recibirlo
Como si fuera
Explorador que baja de una estrella.
Como el pan se parece
Al pan de ayer,
Como un anillo a todos los anillos:
Los días
Parpadean
Claros, tintineante, fugitivos,
Y se recuestan en la noche oscura.
Veo el último
Día
De este
Año
En un ferrocarril, hacia las lluvias
Del distante archipiélago morado,
Y el hombre
De la máquina,
Complicada como un reloj del cielo,
Agachando los ojos
A la infinita
Pauta de los rieles,
A las brillantes manivelas,
A los veloces vínculos del fuego.
Oh conductor de trenes
Desbocados
Hacia estaciones
Negras de la noche.
Este final
Del año
Sin mujer y sin hijos,
¿No es igual al de ayer, al de mañana?
Desde las vías
Y las maestranzas
El primer día, la primera aurora
De un año que comienza
El primer día, la primera aurora
De un año que comienza,
Tiene el mismo oxidado
Color de tren de hierro:
Y saludan
Los seres del camino,
Las vacas, las aldeas,
En el vapor del alba,
Sin saber
Que se trata
De la puerta del año,
De un día
Sacudido
Por campanas,
Adornado con plumas y claveles,
La tierra
No lo
Sabe:
Recibirá
Este día
Dorado, gris, celeste,
Lo extenderá en colinas,
Lo mojará con
Flechas
De
Transparente
Lluvia,
Y luego
Lo enrollará
En su tubo,
Lo guardará en la sombra.
Así es, pero
Pequeña
Puerta de la esperanza,
Nuevo día del año,
Aunque seas igual
Como los panes
A todo pan,
Te vamos a vivir de otra manera,
Te vamos a comer, a florecer,
A esperar.
Te pondremos
Como una torta
En nuestra vida,
Te encenderemos
Como candelabro,
Te beberemos
Como
Si fueras un topacio.
Día
Del año
Nuevo,
Día eléctrico, fresco,
Todas
Las hojas salen verdes
Del
Tronco de tu tiempo.
Corónanos
Con
Agua,
Con jazmines
Abiertos,
Con todos los aromas
Desplegados,
Sí,
Aunque
Sólo
Seas
Un día,
Un pobre
Día humano,
Tu aureola
Palpita
Sobre tantos
Cansados
Corazones,
¡Y eres,
Oh día
Nuevo,
Oh nube venidera,
Pan nunca visto,
Torre
Permanente!.
Arriba
Oda a una estrella
Asomando a la noche
En la terraza
De un rascacielos altísimo y amargo
Pude tocar la bóveda nocturna
Y en un acto de amor extraordinario
Me apoderé de una celeste estrella.
Negra estaba la noche
Y yo me deslizaba
Por la calle
Con la estrella robada en el bolsillo.
De cristal tembloroso
Parecía
Y era
De pronto
Como si llevara
Un paquete de hielo
O una espada de arcángel en el cinto.
La guardé
Temeroso
Debajo de la cama
Para que no la descubriera nadie,
Pero su luz
Atravesó
Primero
La lana del colchón,
Luego
Las tejas,
El techo de mi casa.
Incómodos
Se hicieron
Para mí
Los más privados menesteres.
Siempre con esa luz
De astral acetileno
Que palpitaba como si quisiera
Regresar a la noche,
Yo no podía
Preocuparme de todos
Mis deberes
Y así fue que olvidé pagar mis cuentas
Y me quedé sin pan ni provisiones.
Mientras tanto, en la calle,
Se amotinaban
Tanseúntes, mundanos
Vendedores
Atraídos sin duda
Por el fulgor insólito
Que veían salir de mi ventana.
Entonces
Recogí
Otra vez mi estrella,
Con cuidado
La envolví en mi pañuelo
Y enmascarado entre la muchedumbre
Pude pasar sin ser reconocido.
Me dirigí al oeste,
Al río Verde,
Que allí bajo los sauces
Es sereno.
Tomé la estrella de la noche fría
Y suavemente
La eché sobre las aguas.
Y no me sorprendió
Que se alejara
Como un pez insoluble
Moviendo
En la noche del río
Su cuerpo de diamante.
Arriba
Oda al secreto amor
Tú sabes
Que adivinan
El misterio:
Me ven,
Nos ven,
Y nada
Se ha dicho,
Ni tus ojos,
Ni tu voz, ni tu pelo,
Ni tu amor han hablado,
Y lo saben
De pronto,
Sin saberlo
Lo saben:
Me despido y camino
Hacia otro lado
Y saben
Que me esperas.
Alegre
Vivo
Y canto
Y sueño,
Seguro
De mí mismo,
Y conocen,
De algún modo,
Que tú eres mi alegría.
Ven
A través del pantalón oscuro
Las llaves
De tu puerta,
Las llaves
Del papel, de la luna
En los jazmines,
El canto en la cascada.
Tú, sin abrir la boca,
Desbocada,
Tú, cerrando los ojos,
Cristalina,
Tú, custodiando
Entre las hojas negras
Una paloma roja,
El vuelo
De un escondido corazón,
Y entonces
Una sílaba,
Una gota
Del cielo,
Un sonido
Suave de sombra y polen
En la oreja,
Y todos
Lo saben,
Amor mío,
Circula entre los hombres,
En las librerías,
Junto a las mujeres,
Cerca
Del mercado
Rueda
El anillo
De nuestro
Secreto
Amor
Secreto.
Déjalo
Que se vaya
Rodando
Por las calles,
Que asuste
A los retratos,
A los muros,
Que vaya y vuelva
Y salga
Con las nuevas
Legumbres del mercado,
Tiene
Tierra,
Raíces,
Y arriba
Una amapola,
Tu boca:
Una amapola.
Todo
Nuestro secreto,
Nuestra clave,
Palabra
Oculta,
Sombra,
Murmullo,
Eso
Que alguien
Dijo
Cuando no estábamos presentes,
Es sólo una amapola,
Una amapola.
Amor,
Amor,
Amor,
¡Oh flor secreta,
Llama
Invisible,
Clara
Quemadura!.
Arriba
Sabrás que no te amo y que te amo
Sabrás que no te amo y que te amo
Puesto que de dos modos es la vida,
La palabra es un ala del silencio,
El fuego tiene una mitad de frío.
Yo te amo para comenzar a amarte,
Para recomenzar el infinito
Y para no dejar de amarte nunca:
Por eso no te amo todavía.
Te amo y no te amo como si tuviera
En mis manos las llaves de la dicha
Y un incierto destino desdichado.
Mi amor tiene dos vidas para amarte.
Por eso te amo cuando no te amo
Y por eso te amo cuando te amo.
Arriba
Plena mujer, manzana carnal
Plena mujer, manzana carnal, luna caliente,
Espeso aroma de algas, lodo y luz machacados,
¿Qué oscura claridad se abre entre tus columnas?
¿Qué antigua noche el hombre toca con sus sentidos?.
Ay, amar es un viaje con agua y con estrellas,
Con aire ahogado y bruscas tempestades de harina:
Amar es un combate de relámpagos
Y dos cuerpos por una sola miel derrotados.
Beso a beso recorro tu pequeño infinito,
Tus márgenes, tus ríos, tus pueblos diminutos,
Y el fuego genital transformado en delicia
Corre por los delgados caminos de la sangre
Hasta precipitarse como un clavel nocturno,
Hasta ser y no ser sino un rayo en la sombra.
Arriba
Sed de ti
Sed de ti me acosa en las noches hambrientas.
Trémula mano roja que hasta su vida se alza.
Ebria de sed, loca sed, sed de selva en sequía.
Sed de metal ardiendo, sed de raíces ávidas...
Por eso eres la sed y lo que ha de saciarla.
Cómo poder no amarte si he de amarte por eso.
Si ésa es la amarra cómo poder cortarla, cómo.
Cómo si hasta mis huesos tienen sed de tus huesos.
Sed de ti, guirnalda atroz y dulce.
Sed de ti que en las noches me muerde como un perro.
Los ojos tienen sed, para qué están tus ojos.
La boca tiene sed, para qué están tus besos.
El alma está incendiada de estas brasas que te aman.
El cuerpo incendio vivo que ha de quemar tu cuerpo.
De sed. Sed infinita. Sed que busca tu sed.
Y en ella se aniquila como el agua en el fuego.
Arriba
Si muero sobrevíveme
Si muero sobrevíveme con tanta fuerza pura
Que despiertes la furia del pálido y del frío,
De sur a sur levanta tus ojos indelebles,
De sol a sol que suene tu boca de guitarra.
No quiero que vacilen tu risa ni tus pasos,
No quiero que se muera mi herencia de alegría,
No llames a mi pecho, estoy ausente.
Vive en mi ausencia como en una casa.
Es una casa tan grande la ausencia
Que pasarás en ella a través de los muros
Y colgarás los cuadros en el aire.
Es una casa tan transparente la ausencia
Que yo sin vida te veré vivir
Y si sufres, mi amor, me moriré otra vez.
Arriba
Si no fuera porque tus ojos
Si no fuera porque tus ojos tienen color de luna,
De día con arcilla, con trabajo, con fuego,
Y aprisionada tienes la agilidad del aire,
Si no fuera porque eres una semana de ámbar.
Si no fuera porque eres el momento amarillo
En que el otoño sube por las enredaderas
Y eres aún el pan que la luna fragante
Elabora paseando su harina por el cielo.
¡Oh bienamada, yo no te amaría!.
En tu abrazo yo abrazo lo que existe,
La arena, el tiempo, el árbol de la lluvia,
Y todo vive para que yo viva,
Sin ir tan lejos puedo verlo todo,
veo en tu vida todo lo viviente.
Arriba
Siempre
Antes de mí
No tengo celos.
¡Ven con un hombre
A la espalda,
Ven con cien hombres en tu cabellera,
Ven con mil hombres entre tu pecho y tus pies,
Ven como un río lleno de ahogados
Que encuentra el mar furioso,
La espuma eterna, el tiempo!.
¡Tráelos todos
Adonde yo te espero:
Siempre estaremos solos,
Siempre estaremos tú y yo
Solos sobre la tierra
Para comenzar la vida!.
Arriba
Siento tu ternura
Siento tu ternura allegarse a mi tierra,
Mirada de mis ojos, huir,
La veo interrumpirse para seguirme hasta la hora
De mi silencio absorto y de mi afán de ti.
Hela aquí tu ternura de ojos dulces que esperan.
Hela aquí, boca tuya, palabra nunca dicha.
Siento que se me suben los musgos de tu pena
Y me crecen a tientas en el alma infinita.
Era esto el abandono, y lo sabías,
Era la guerra oscura del corazón y todos,
Era la queja rota de angustias conmovidas,
Y la ebriedad, y el deseo, y el dejarse ir,
Y era eso mi vida,
Era eso que el agua de tus ojos llevaba,
Era eso que en el hueco de tus manos cabía.
¡Ah, mariposa mía y arrullo de paloma,
Ah vaso, ah estero, ah compañera mía!
Te llegó mi reclamo, dímelo, te llegaba,
En las abiertas noches de estrellas frías
Ahora, en el otoño, en el baile amarillo
De los vientos hambrientos y las hojas caídas!.
Dímelo, ¿te llegaba
Aullando o cómo o sollozando
En la hora de la sangre fermentada
Cuando la tierra crece y se cimbra latiendo
Bajo el sol que la raya con sus colas de ámbar?
Dímelo, ¿me sentiste
Trepar hasta tu forma por todos los silencios,
Y todas las palabras?.
Yo me sentí crecer. Nunca supe hacia dónde.
Es más allá de ti. ¿Lo comprendes, hermana?
Es que se aleja el fruto cuando llegan mis manos
Y ruedan las estrellas antes de mi mirada.
Siento que soy la aguja de una infinita flecha,
Y va a clavarse lejos, no va a clavarse nunca,
Tren de dolores húmedos en fuga hacia lo eterno,
Goteando en cada tierra sollozos y preguntas.
Pero hela aquí, tu forma familiar, lo que es mío,
Lo tuyo, lo que es mío, lo que es tuyo y me inunda,
Hela aquí que me llena los miembros de abandono,
Hela aquí, tu ternura,
Amarrándose a las mismas raíces,
Madurando en la misma caravana de frutas,
Y saliendo de tu alma rota bajo mis dedos
Como el licor del vino del centro de la uva.
Arriba
Tango del viudo
Oh maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia,
Y habrás insultado el recuerdo de mi madre
Llamándola perra podrida y madre de perros,
Ya habrás bebido sola, solitaria, el té del atardecer
Mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre
Y ya no podrás recordar mis enfermedades, mis sueños nocturnos,
Mis comidas,
Sin maldecirme en voz alta como si estuviera allí aún
Quejándome del trópico de los coolíes corringhis,
De las venenosas fiebres que me hicieron tanto daño
Y de los espantosos ingleses que odio todavía.
¡Maligna, la verdad, qué noche tan grande, qué tierra tan sola!
He llegado otra vez a los dormitorios solitarios,
A almorzar en los restaurantes comida fría, y otra vez
Tiro al suelo los pantalones y las camisas,
No hay perchas en mi habitación, ni retratos de nadie en las paredes.
Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por recobrarte,
Y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses,
Y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene.
Enterrado junto al cocotero hallarás más tarde
El cuchillo que escondí allí por temor de que me mataras,
Y ahora repentinamente quisiera oler su acero de cocina
Acostumbrado al peso de tu mano y al brillo de tu pie:
Bajo la humedad de la tierra, entre las sordas raíces,
De los lenguajes humanos el pobre sólo sabría tu nombre,
Y la espesa tierra no comprende tu nombre
Hecho de impenetrables substancias divinas.
Así como me aflige pensar en el claro día de tus piernas
Recostadas como detenidas y duras aguas solares,
Y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos,
Y el perro de furia que asilas en el corazón,
Así también veo las muertes que están entre nosotros desde ahora,
Y respiro en el aire la ceniza y lo destruido,
El largo, solitario espacio que me rodea para siempre.
Daría este viento del mar gigante por tu brusca respiración
Oída en largas noches sin mezcla de olvido,
Uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel del caballo.
Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa,
Como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada,
Cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo,
Y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma,
Y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente
Llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos,
Substancias extrañamente inseparables y perdidas.
Arriba
Tengo hambre de tu boca
Tengo hambre de tu boca, de tu voz, de tu pelo
Y por las calles voy sin nutrirme, callado,
No me sostiene el pan, el alba me desquicia,
Busco el sonido líquido de tus pies en el día.
Estoy hambriento de tu risa resbalada,
De tus manos color de furioso granero,
Tengo hambre de la pálida piedra de tus uñas,
Quiero comer tu piel como una intacta almendra.
Quiero comer el rayo quemado en tu hermosura,
La nariz soberana del arrogante rostro,
Quiero comer la sombra fugaz de tus pestañas
Y hambriento vengo y voy olfateando el crepúsculo
Buscándote, buscando tu corazón caliente
Como un puma en la soledad de Quitratúe.
Arriba
Testamento de otoño
Matilde Urrutia, aquí te dejo
Lo que tuve y lo que no tuve,
Lo que soy y lo que no soy.
Mi amor es un niño que llora:
No quiere salir de tus brazos,
Yo te lo dejo para siempre:
Eres para mí la más bella.
Eres para mí la más bella,
La más tatuada por el viento
Como un arbolito del sur,
Como un avellano en agosto.
Eres para mí suculenta
Como una panadería,
Es de tierra tu corazón,
Pero tus manos son celestes.
Eres roja y eres picante,
Eres blanca y eres salada
Como escabeche de cebolla.
Eres un piano que ríe
Con todas las notas del alma
Y sobre mí cae la música
De tus pestañas y tu pelo.
Me baño en tu sombra de oro
Y me deleitan tus orejas
Como si las hubiera visto
En las mareas de coral:
Por tus uñas luché en las olas
Contra pescados pavorosos.
De Sur a Sur se abren tus ojos
Y de Este a Oeste tu sonrisa,
No se te pueden ver los pies
Y el sol se entretiene estrellando
El amanecer en tu pelo.
Tu cuerpo y tu rostro llegaron,
Como yo, de regiones duras,
De ceremonias lluviosas,
De antiguas tierras y martirios.
Sigue cantando el Bío-Bío
En nuestra arcilla ensangrentada,
Pero tú trajiste del bosque
Todos los secretos perfumes
Y esa manera de lucir
Un perfil de flecha perdida,
Una medalla de guerrero.
Tú fuiste mi vencedora
Por el amor y por la tierra,
Porque tu boca me traía
Antepasados manantiales,
Citas en bosques de otra edad,
Oscuros tambores mojados:
De pronto oí que me llamaban,
Era de lejos y de cuando
Me acerqué al antiguo follaje
Y besé mi sangre en tu boca,
Corazón mío, mi araucana.
¿Qué puedo dejarte si tienes,
Matilde Urrutia, en tu costado
Ese aroma de hojas quemadas,
Esa fragancia de frutillas
Y entre tus dos pechos marinos
El crepúsculo de Cauquenes
Y el olor de peumo de Chile?.
En el alto otoño del mar
Lleno de niebla y cavidades,
La tierra se extiende y respira,
Se le caen al mes las hojas.
Y tú inclinada en mi trabajo
Con tu pasión y tu paciencia
Deletreando las patas verdes,
Las telarañas, los insectos
De mi mortal caligrafía.
Oh leona de pies pequeñitos,
Qué haría sin tus manos breves,
Dónde andaría caminando
Sin corazón y sin objeto,
En qué lejanos autobuses,
Enfermo de fuego o de nieve?.
Te debo el otoño marino
Con la humedad de las raíces
Y la niebla como una uva
Y el sol silvestre y elegante:
Te debo este cajón callado
En que se pierden los dolores
Y sólo suben a la frente
Las corolas de la alegría.
Todo te lo debo a ti,
Tórtola desencadenada,
Mi codorniza copetona,
Mi jilguero de las montañas,
Mi campesina de Coihueco.
Alguna vez si ya no somos,
Si ya no vamos ni venimos
Bajo siete capas de polvo
Y los pies secos de la muerte,
Estaremos juntos, amor ,
Extrañamente confundidos.
Nuestras espinas diferentes,
Nuestros ojos maleducados,
Nuestros pies que no se encontraban
Y nuestros besos indelebles,
Todo estará por fin reunido,
Pero, ¿de qué nos servirá
La unidad de un cementerio?
¡Que no nos separe la vida
Y se vaya al diablo la muerte!.
Arriba
Tu risa
Quítame el pan si quieres
Quítame el aire, pero
No me quites tu risa.
No me quites la rosa,
La lanza que desgranas,
El agua que de pronto
Estalla en tu alegría,
La repentina ola
De planta que te nace.
Mi lucha es dura y vuelo
Con los ojos cansados
A veces de haber visto
La tierra que no cambia,
Pero al entrar tu risa
Sube al cielo buscándome
Y abre para mí todas
Las puertas de la vida.
Amor mío, en la hora
Más oscura desgrana
Tu risa, y si de pronto
Ves que mi sangre mancha
Las piedras de la calle,
Ríe, porque tu risa
Será para mis manos
Como una espada fresca.
Junto al mar en otoño,
Tu risa debe alzar
Su cascada de espuma,
Y en primavera, amor,
Quiero tu risa como
La flor que yo esperaba,
La flor azul, la rosa
De mi patria sonora.
Ríe de la noche
Del día, de la luna,
Ríete de las calles
Torcidas de la isla,
Ríete del torpe
Muchacho que te quiere,
Pero cuando yo abro
Los ojos y los cierro,
Cuando mis pasos van,
Cuando vuelven mis pasos,
Niégame el pan, el aire,
La luz, la primavera,
Pero tu risa nunca
Porque me moriría.
Arriba
Tú venías
No me has hecho sufrir
Sino esperar.
Aquellas horas
Enmarañadas,
Llenas
De serpientes,
Cuando
Se me caía el alma y me ahogaba,
Tú venías andando,
Tú venías desnuda y arañada,
Tú llegabas hambrienta hasta mi lecho,
Novia mía,
Y entonces
Toda la noche caminamos
Durmiendo
Y cuando despertamos
Eras intacta y nueva,
Como si el grave viento de los sueños
De nuevo hubiera dado
Fuego a tu cabellera
Y en trigo y plata hubiera sumergido
Tu cuerpo hasta dejarlo deslumbrante.
Yo no sufrí, amor mío,
Yo sólo te esperaba.
Tenías que cambiar de corazón
Y de mirada
Después de haber tocado la profunda
Zona de mar que te entregó mi pecho.
Tenías que salir del agua
Pura como una gota levantada
Por una ola nocturna.
Novia mía, tuviste
Que morir y nacer, yo te esperaba.
Yo no sufrí buscándote,
Sabía que vendrías,
Una nueva mujer con lo que adoro
De la que no adoraba,
Con tus ojos, tus manos y tu boca
Pero con otro corazón
Que amaneció a mi lado
Como si siempre hubiera estado allí
Para seguir conmigo para siempre.
Arriba
Tus manos
Cuando tus manos salen,
Amor, hacia las mías,
¿Qué me traen volando?
¿Por qué se detuvieron
En mi boca, de pronto,
Por qué las reconozco
Como si entonces, antes,
Las hubiera tocado,
Como si antes de ser
Hubieran recorrido
Mi frente, mi cintura?
Su suavidad venía
Volando sobre el tiempo,
Sobre el mar, sobre el humo,
Sobre la primavera,
Y cuando tú pusiste
Tus manos en mi pecho,
Reconocí estas alas de paloma dorada,
Reconocí esa greda
Y ese color de trigo.
Los años de mi vida
Yo caminé buscándolas,
Subí las escaleras,
Crucé los arrecifes,
Me llevaron los trenes
Las aguas me trajeron,
Y en la piel de las uvas
Me pareció tocarte.
La madera de pronto
Me trajo tu contacto,
La almendra me anunciaba
Tu suavidad secreta,
Hasta que se cerraron
Tus manos en mi pecho
Y allí como dos olas
Terminaron su viaje.
Arriba
Tus pies
Cuando no puedo mirar tu cara
Miro tus pies.
Tus pies de hueso arqueado,
Tus pequeños pies duros.
Yo sé que te sostienen,
Y que tu dulce peso
Sobre ellos se levanta.
Tu cintura y tus pechos,
La duplicada púrpura
De tus pezones,
La caja de tus ojos
Que recién han volado,
Tu ancha boca de fruta,
Tu cabellera roja,
Pequeña torre mía.
Pero no amo tus pies
Sino porque anduvieron
Sobre la tierra y sobre
El viento y sobre el agua,
Hasta que me encontraron.
Arriba
Vendrás conmigo
"Vendrás conmigo" dije, sin que nadie supiera
Dónde y cómo latía mi estado doloroso,
Y para mí no había clavel ni barcarola,
Nada sino una herida por el amor abierta.
Repetí "ven conmigo", como si me muriera,
Y nadie vio en mi boca la luna que sangraba,
Nadie vio aquella sangre que subía al silencio.
¡Oh amor, ahora olvidemos la estrella con espinas!.
Por eso cuando oí que tu voz repetía
"Vendrás conmigo", fue como si desataras
Dolor, amor, la furia del vino encarcelado
Que desde su bodega sumergida subiera,
Y otra vez en mi boca sentí un sabor de llama,
De sangre y de claveles, de piedra y quemadura.
Arriba
Ya te perdí, mujer
Ya te perdí, mujer. En el camino
Me prendiste una lámpara fragante,
Entonces se aromaron y se hicieron divinos
Todos estos cansancios humildes y constantes
No sé si apenas eras una leyenda o eras
Un río que afluía para todo dolor
Pero si fue leyenda para mi
Enfloreciste aromas dentro de mi canción.
Hiciste un semillero de ilusiones
Que vivió ingenuamente en mi tristeza.
Lentamente. Fue el jugo de rencores
Echados sobre el jugo de rencores
Sobre el manto de la ilusión ingenua.
En mi torre de odios tuviste una ventana
(Un vidrio ilusionado, transparente y gentil).
Ya se quebró. Es inútil que te llame mi amada
Porque, mujer, en una negrura te perdí.
Arriba
Yo aquí me despido
Yo aquí me despido, vuelvo
A mi casa, en mis sueños,
Vuelvo a la Patagonia en donde
El viento golpea los establos
Y salpica hielo el Océano.
Soy nada más que un poeta: os amo a todos,
Ando errante por el mundo que amo:
En mi patria encarcelan mineros
Y los soldados mandan a los jueces.
Pero yo amo hasta las raíces
De mi pequeño país frío.
Si tuviera que morir mil veces
Allí quiero morir:
Si tuviera que nacer mil veces,
Allí quiero nacer,
Cerca de la araucaria salvaje
Del vendaval del viento sur,
De las campanas recién compradas.
Que nadie piense en mí.
Pensemos en toda la tierra,
Golpeando con amor en la mesa.
No quiero que vuelva la sangre
A empapar el pan, los frijoles,
La música: quiero que venga
Conmigo el minero, la niña,
El abogado, el marinero,
El fabricante de muñecas,
Que entremos al cine y salgamos
A beber el vino más rojo.
Yo no vengo a resolver nada.
Yo vine aquí para cantar
Y para que cantes conmigo.
Arriba
Yo te soñé una tarde
Mujer, hecha de todas mis ficciones reunidas
Has vibrado en mis nervios como una realeza
Llorando en los senderos de la ilusión perdida
Siempre he sentido el roce de tu ignota belleza.
Marchitando mis sueños y mis buenas quimeras
Te he forjado a pedazos celestes y carnales
Como un resurgimiento, como una primavera
En la selva de tantos estúpidos ideales.
He soñado tu carne divina y perfumada
En medio de un morboso torturar de mi ser,
Y aunque eres imprecisa, sé como eres, amada,
Ficción hecha realeza en carne de mujer.
Yo te miro en los ojos de todas las mujeres,
Te miro pero nunca te he podido encontrar
Y hay en el desencanto el encanto de que eres,
O que serás más bella que una mujer vulgar...
Te sentirán mis sueños eternamente mía
Brotando de la bruma de todas mis tristezas
Como germinadora de raras alegrías
Que avivarán la llama de tu ignota belleza.
Arriba