¿Quién te envía, oh Soledad?
desencanto de la vida
que ansía perdida,
alienta tu maldad
Quién te ha liberado,
ánima hiriente,
para azotar al cuerpo presente
que ha sido abandonado.
Imagino horrorizado
al triste penitente
que fue confinado
en la fría sepultura,
para ser olvidado
en la realidad más dura.
Y su alma ausente
vagará silente
en una vida ajena
cumpliendo así
la lúgubre condena.
Quien ha convocado
tan horrible presencia
tan funesta existencia
de este ser malvado.
Por qué no he despertado
de este letargo,
por qué el silencio largo
y la calma inminente.
Estoy invidente,
no escapa mi aliento,
¿por qué no siento
que soy viviente?.
¿Acaso estoy penitente
y me han olvidado?
entonces, la oscuridad a mi lado,
¿es de la fría sepultura?.