Un poema por ella tengo que escribir;
Pues la noche es infinita y me cubre con su tristeza,
Escribir lo que ella por mí no llegó a sentir,
Mientras la suave brisa su bello rostro besa.
Y esta noche proclamaré su nombre,
Una y otra vez como un lunático despavorido,
Y dejaré caer lágrimas de hombre,
Y quedará sólo mi corazón herido.
Cada verso hablará de cuánto la amo,
Y sabrá que en mis palabras no miento;
Por las noches en silencio le hablo,
Mientras veo el infinito firmamento.
Sabrá también que sólo a ella le escribo,
Que mi corazón la busca desde lo lejos,
Mientras yo un intenso martirio vivo,
Y mi triste vida se refleja como en espejos.
Mas nunca sabrá cuánto la pude haber amado,
Ni de mis lágrimas, que por ella, cayeron en el rosario,
Triste y solo quedaré, corazón abandonado,
Que morirá como la amó, agonizando solitario.
Y con esta dura lección aprendí lo que es el dolor,
Por eso, un poema a ella le dedico, ahora y siempre,
Por aquella mujer por la cual mi corazón amor siente,
Por aquella mujer que no supo enseñarme lo que es el amor.