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                  Poesía MSN | Libro de Visitas



Elías Fernando Gómez

    Sobre el Autor

    Celos
    Fetiches
    Falso Aleph
    Cuarto Cerrado
    Lo que Pudo y No Pudo Ser
    No Vengas a mi Cama
    A Uno que Pega a su Perro
    Vlad Tepes
    Sabbath
    Erszebèth Bathory
    Aleister Crowley
    Odalisca
    Transmisión Oral
    Noches en que Estás Sola




Sobre el Autor

54 años, casado, funcionario.
Residente en Melilla.

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Celos

Envidia de no ser la dulce tela
Que cubre tu rodilla:
Celos del peine que peina tu cabello:
De la piel de ángel que cubre y que sostiene:
Envidia de no ser ese pincel
Que delinea tus labios:
El carmín que los cubre:
Envidia de tu crema y tu perfume:
Del cinturón que ciñe tu cintura:
Del zapato que alcanza tu tobillo:
Deseo de ser pulsera y pendiente y anillo:
Rabia de esos objetos estúpidos e inertes
Que sin saberte te abrazan y te tocan.

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Fetiches

Esa barra de labios que guardas agotada
En el fondo revuelto de tu bolso barato;
Esas medias oscuras que te pusiste un rato
Y al rato te quitaste, de ellas incomodada.
Esos zapatos duros que siempre en casa dejas,
El anillo horroroso que llevaste a la boda,
Esas gafas oscuras que han pasado de moda,
Pendientes que han perdido por siempre sus parejas;
Esa pulsera fea cuyo color te espanta,
Pero que guardas porque te regaló tu prima,
Ese collar naranja que tienes siempre encima
De la mesilla y nunca rodea tu garganta.
Esa atroz camiseta que dice "no tocar"
Y que una tarde sola -y qué incómodamente-
Ciñó tus senos altos de remate imprudente
Y que cualquier mañana sé que vas a tirar.
La falda que unos meses el monte delicioso
Cubrió y conserva un algo de tu aroma secreto,
El perfume que ha tanto encuentras obsoleto,
El vestido que siempre te pareció espantoso

Cualquier cosa que tengas, amiga, desechada,
Dámela, que alimente mi decepción lasciva,
Porque así en cierto modo yo te tendré adjetiva
Ya que no sustantiva, Camila despiadada.

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El Falso Aleph

Ambula ab intra.
Corpus Hermeticum.

Esa caja cuadrada donde habitan
Y se agitan los hombres y las cosas,
Las más horribles y las más hermosas,
Y cambian, y se turnan, y se agitan.

Esas gentes que cantan o que gritan,
O relatan aventuras tediosas,
O falsas travesuras amorosas,
Y tus minutos preciosos te quitan.

No son el mundo, son un falso mundo,
Seductor como el diablo, mentiroso,
Imagen embustera de la vida.

En tu sangre la esfera está escondida;
En el fondo del corazón profundo
Está el mundo, radiante y tenebroso.

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Cuarto Cerrado

Igual que cuando viene un visitante
Guardamos los libros deteriorados,
Y tiramos los diarios atrasados
Que se han ido quedando en un estante;

Igual que si esperamos invitados
Procuramos que no estén por delante
El horrible jarrón, la vacilante
Silla, el adorno fiel pero cascado.

E intentamos mostrarles las hermosas
Cosas que en más o en menos poseemos,
Y escondemos en un cuarto cerrado
Otras rotas y viejas, al amado
Lector damos lo bueno que tenemos,
Aunque tenemos muchas otras cosas.

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Lo que Pudo y no Pudo Ser

En el ancho y sombrío camposanto
De mi memoria, en un rincón, discreta,
Hay una tumba plácida y secreta
Que voy a visitar de tanto en tanto.
Descansa en ella, niña cariñosa,
Aquel amor que no atendió a razones,
Porque lo que querían los corazones
Lo impidió la cabeza temerosa.
Ay de nuestra sombría adolescencia,
Ay de las precauciones y temores,
Ay de tantos malgastados amores,
Ay de la noche ardida de impaciencia.
¿Me recuerdas? Yo no puedo olvidarte
Y no quiero, por mucho que me duela,
Y me imagino una tumba gemela
Que tú visitas, en alguna parte.

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No Vengas a mi Cama

No vengas a mi cama
Mírame y dime que no soy quien creo
Que me encuentras amable
Que me saludarías si te cruzas conmigo

Dime que a veces te acuerdas de mí
Que ves en mí un amigo
U otra mujer o un conocido grato
Cuéntame algún secreto
Que nunca revelaste

Mírame con dulzura
Sin extrañeza, sin desdén, sin miedo
Dime que pasarías conmigo alguna tarde ociosa
Que pasearías conmigo
En las horas desiertas de la noche

Que confías en mí

El placer es placer
Yo te suplico afecto amiga mía
Sé que es mucho pedir
Pero nunca sabré si no pregunto.

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A Uno que Pega a su Perro

Esta tarde te he visto paseando
A tu perro, que de bueno ni habla,
Y al que, no sé por qué, con una tabla
En el hocico estabas golpeando.
Supongo que lo quieres agresivo,
Por luego presumir de perro fiero;
Medalla llevas tú de majadero,
Por torturar tu perro sin motivo.
Tu vileza me jode la barriga;
En mi vida cochino tan inmundo
He visto, ni salvaje tan cretino;
Qué asco tener un perro por vecino,
Un asqueroso perro que castiga
Al único que le quiere en este mundo.

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Vlad Tepes

Sangre y polvo,
Habitaciones con olor de muerto
Y flores muertas,
Que no se acaban nunca;
Helados infinitos corredores;
Prodigiosas murallas de dos metros de ancho
Alertas al ataque de los turcos,
Que espera el Conde; y vaga por pasillos mohosos,
Pasando indiferente ante espejos inútiles
Que no reflejan su capa morada,
Ni sus uñas vetustas,
Ni su mirada muerta,
Ni su cólera por no poder morir.
El pacto que hizo con el Gran Embustero
Para alcanzar victoria y vida eterna
Y enemigos empalados en vida
Le retiene clavado
A esas piedras grisáceas.
Todo dolor y odio y pesadumbre,
Sin caminar, desplaza su destrozado cuerpo
En el ámbito inmenso del castillo;
Híbridos de mujer y de diablo
Emiten carcajas estentóreas
Desde el fondo de una locura negra sin remedio.
Hace ya tiempo que no hay Imperio Turco,
Y Vlad Tepes lo sabe;
Pero el Ángel Caído
No renuncia jamás a sus derechos,
Y Vlad firmó con sangre,
Y cada noche hay una joven menos,
Un niño menos
En los pueblos vecinos.
Y no hay cruz con poder sobre la tierra
Para librar a Vlad Dracul, eterno
Prisionero en las ruinas espantosas
Y cansado.
Emitiendo en su tumba, quedamente,
El llanto peculiar de los vampiros.

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Sabbath

Atraviesa los poros el ungüento
Narcótico de la bruja tendida
Y llega al prado en cueros y salida,
Sobre fálica escoba en movimiento.
Un numeroso cónclave pagano
Se junta, comenzando la apertura
A la parte más honda y más oscura
Del pantanoso ser del ser humano.
Lujurias sin amor ni parentesco
Se ofrecen a la luna complaciente,
Que con esperma y sangre crece y crece.
El Gran Cabrón, al cabo, se aparece,
Rey de azufre, y bendice horriblemente
El carnaval diabólico y grotesco.

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Erszebèth Bathory

El cuerpo no tan joven deseable
Se baña en roja vida de doncella,
Que en la cámara superior degüella
Un esclavo de diligente sable.
Se derrama abundante sangre espesa
Por bocas menos bellas que las bocas,
Para nutrir las esperanzas locas
De juventud de la infernal condesa.
En vano quieres aplazar tu hora
Con sangre de muchachas inocentes:
Más atención la muerte te dedica
Cada vez que el verdugo sacrifica
A tus sueños de juventud dementes
Una niña gentil y reidora.

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Aleister Crowley

Invocó los demonios de la tierra
Para calmar su sed del absoluto
Este curioso asceta disoluto
("El hombre más malvado de Inglaterra")
Dilapidó cuantiosos patrimonios,
Arruinó vidas, repartió locura
Para anudar su singular, oscura
Alianza terrenal con los demonios.
Y su persona misteriosamente
Incólume salió del peligroso
Trató con esas fuerzas abismales,
Y llegó a la vejez tranquilamente,
Para hundirse (supongo) venturoso
En las rojas tinieblas infernales.

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Odalisca

Bajo el vestido rojo de brocado
Dos redondas palomas enfadadas
No se miran, de nácar rematadas
Por dos cerezas de color morado.
Magníficas las piernas perezosas
Invitan al amor violento y plácido,
A quemarse en el fuego dulce y ácido
En que se justifican tantas cosas.
El cabello, negrísimo, dejado
A su albedrío, acaricia las lomas
De los hombros de línea delicada.
Pero no te esclavizan a su lado
Sus muslos, su cabello o sus palomas,
Sino la languidez de su mirada.

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Transmisión Oral

Húmeda lanza busca la hendidura,
Entre columnas de marfil temblando,
Anhelante deseo procurando
Tu boca vertical en la espesura.

Y se demora ese arma blanda y dura
En la dulce abertura paseando,
Rápida, lenta, quieta, acariciando
Con violencia tu centro, con ternura.

Y al cabo, con un estremecimiento,
Tú me das el placer de haberte dado
El placer que esperabas, y yo siento
El contento de haberte contentado,
Y guardo en mi memoria ese contento
Como un tesoro más de mi pasado.

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Noches en que Estás Sola

Noches en que estás sola
Perfumando los labios de tu sexo
La sábana envidiada
Levantando tus muslos de progresiva curva
La sábana envidiada
Conociendo el dibujo griego de tus costados
Una parte y otra parte del lecho
Y ese tu aliento que se desperdicia
Sin que nadie lo beba
Y tus manos de seda que acarician la almohada
Donde quisiera estar mi cuerpo viejo
Noches en que estás sola
Y mis labios tan lejos de tus pies
Y a muchos bloques de cemento de distancia
Y a muchas autovías y arrabales de distancia
Tus senos solitarios
Tus párpados cerrados
Y tú soñando con otro cualquiera
O con las musarañas o tu infancia
Sola en la noche, aromática, cálida,
Y yo con tanta sed.

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