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Dueto

Carmen Flores y Rafael Angel Cortés
Quiero ir a buscarte


Una tarde
Llegaste a mi puerta.
me diste un beso,
te sentaste, charlaste,
trémulo y sin pausa,
me dijiste, te quiero
y yo, que esperaba,
no tardé en entregarte
mi vida, en mi cuerpo.


Una mañana
en tu espera,
no llegaste,
llevaste contigo
lo que me robaste
y sólo dejaste
tus huellas conmigo...
te alejaste.


¿Dónde estás?
En la noche
escucho el viento,
alumbra la luna
y en derroche
estrellas en fuga
triste me anuncian
que vas por el bosque
de las amarguras.


Que momentos vivos
los llevas en ti,
que la lluvia y el vino
son tus compañeros,
que pensar en mí
es tu tormento.


Que mieles probaste,
y luego tiraste,
que no hubo ninguna,
ni capaz alguna
de reemplazarme...


¿Donde estás amor?
quiero ir a buscarte
y de nuevo arrullarte,
y solos los dos
sin lunas, sin mares,
hacer el amor.


Aulllar como fieras,
silbar como el viento,
dejar que lo eterno,
nos suma en tinieblas.


Es tu regreso,
y yo te devuelvo,
las horas eternas.
regresa, regresa...
y duerme en mi pecho.

Carmen Flores
3/10/04
 




Mi regreso...

Rafael Angel



Recuerdo esa tarde,
que llegué a tu puerta.
No estaba cerrada;
la dejaste abierta
para que yo entrara.
Y sin darme cuenta...
Te dije un "te quiero"
a flor de mi lengua;
y dentro en tu boca,
sin dar mucha tregua,
me mojé en las mieles
que en tus labios queda.

Y tú me entregaste,
las preciosas hebras
que habías reservado
pa la noche aquélla.
Qué noche tan dulce;
qué noche tan tierna.
Y que así mi mente
siempre la recuerda,
porque fue sutil
lo que pasó en ella.
Un éxtasis puro...
presentóse.

Bella, en aquella noche
muy llena de estrellas.
Pero, como todo lo que no se cuida,
un cielo sin nubes,
flor que no se riega,
una noche triste
me fui de tu vera.
Luego, aquel camino
que siempre anduviera
ya se me hizo largo,
sin saber, tu espera.

Y en otros mundales conocí otras, ellas.
Y besé otras bocas,
que, de mieles, llenas
provocaban morbo
como zanguijuelas
que chupan la sangre
de quien se le acerca.
Y te recordaba con toda tu esencia.
Y pensé en volver
por la calle aquella
donde aquella noche
conté las estrellas.

Pero el cruel destino
se mofaba apenas,
y me daba golpes,
todo a manos llenas.
Tal vez una noche...
una noche de ésas,
en que los coquíes
junto a las luciérnagas,
me alumbren el tramo
con canción eterna,
yo vuelva al camino,
yo vuelva a tu vera,
y ponga mi rostro
pa llorar mi pena.

Y lloremos juntos,
porque tú eres buena;
y que me acaricies
con tus manos plenas
de aquellas caricias
que solías ponerlas
con tus blancas manos
sobre mis dos piernas.

Y quedar dormido; dormido de veras.
Y que me perdones
si el perdón le dieras,
a éste que regresa
después que se fuera,
ya sin recordarnos...
de la noche aquélla.

 

Autor: Rafael Angel

 

 

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