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Pongo en tus manos abiertas

Estas manos, agrietadas por el tiempo,
duras por la faena al sol y al viento
hoy se levantan y dan gritos
pidiendo por nuestros hijos
a ese Dios que está en los cielos.

Por el peligro que acecha
en todo lugar que frecuentan
cuando se nos van de las manos
y se sienten liberados.

Las aventuras le inquietan
en el mundo, que ya ni es nuestro
que no es la misma luna ni el mismo sol
ellos querrán llegar tan lejos
lanzando retos al mismo Dios.

Quisiera con éstas manos
que lloran ya de dolor
implorar implorar por menos cambios,
por que haya paz y haya amor.

Autor: Carmen Flores


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