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Para ti, mujer, en tu día.
Naciste cual una rosa,
tus pétalos deslumbrantes,
al sol desafiante,
al viento poderosa,
sin embargo cuando te provoca
lograr que la miel te embriague
disimulas, la caída de tus hojas.
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Soy mujer, no lo olvides
con un caudal de sentimientos,
entre ellos sometimiento
al dolor que nos persigue,
a la sombra y al silencio.
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¿Por qué a veces tan sumisa?
¿Por qué tu corazón enternece?
¿Por qué en lugar de usar fusta,
lloras, suplicas,
y a tu corazón sometes,
a la humillación y a las heridas?
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En el canto de un poeta,
tristemente se lamenta,
derrama culpas por renglones,
desgarra su piel y en jirones
va plasmando tus huella,
en cada una de sus letras.
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No soy culpable si Dios,
me dió ese gran elemento,
de atracción que se hace fuego,
que se atiza con pasión.
que vuelve loco al poseedor,
y entre escombros queda preso...
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Te tildan de ser ambiciosa,
celosa y presuntuosa,
pero a su vez eres niña,
con lágrimas que deslizan
como las rebeldes olas
que van, se estrellan, se lastiman
luego regresan muy solas.
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De mujer a mujer
aunque somos diferentes,
te digo que enorgullece
que ponderen nuestro ser,
que confeccionado fue
con cadenas que se rompen,
y aunque estemos tras barrotes,
esos, habrán de ceder.
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Que somos libres, somos robles,
yo sumisa, tú estruendosa,
pero las dos en su hora
hacemos de la mujer honores,
pues Dios nos hizo sus soles,
es en nuestro ser que otorga,
entrañas preñadas de amores,
de vida, de muerte y de honra...
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Autor: Carmen
Flores ©
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