
Elecciones 2006:
Confusión, desdén y desgracia
Crónica de un ciudadano sin credencial de elector, sin partido y sin candidato…
Alejandro Niebl
Han pasado muchos años, 35 desde que nací y 17 desde que soy mayor de edad, y continúo sin mi credencial de elector… pero reflexiono y resuelvo: de todos modos es difícil para un ciudadano común (como yo) definir por quien votar. Se trata de una perfecta estrategia (que lleva ya décadas), en la que cualquier persona que ostente la mayoría de edad se siente obligado a seguir; es decir, se trata de un plan con maña en el que quien no vote es casi un ciudadano indeseable.
¿Qué hacer cuando ningún candidato te convence? Es imposible creer, después de haber visto a Fox y su cambio, que vendrán los ángeles a salvarnos. ¿Qué decir cuando, es de todos conocido, quienes pretenden gobernar al país tienen en su quehacer político y humano un sinnúmero de irregularidades e inconvenientes?
Sí, lo confieso: aún no cuento con mi credencial para votar con fotografía; mejor aún: no tengo ninguna inclinación por partido alguno, y aún más bello es preguntarme: ¿Cuántos habrá como yo? Estoy seguro que muchos… muchos que no ejercen su derecho a votar tienen razones por demás poderosas para abstenerse; todos recuerdan los video-escándalos representados por los colaboradores de Lopez Obrador, y recuerdan también el fracaso de la tan anunciada alianza del Verde con el PAN, convertida en una nueva cofradía, pero ahora con el PRI; claro, sin contar con el video-escándalo del Niño Verde, en el que es posible ver sus negocios con tierras, que son de todos los mexicanos…
Votar o no…
Pareciera que el pueblo de México no tiene memoria porque, aun con lo sucedido, vamos a votar, no importa el partido, no importa nada, el detalle consiste en reconocernos como un país democrático a costa de lo que sea.
Hoy, la realidad supera a la fantasía, los números reflejan que nada está por conseguirse, todos sabemos que es mejor votar por el menos peor; es decir, más vale votar, porque es casi pecado no hacerlo.
Se trata, pues, de un ejercicio en que lo menos importante es el candidato en cuestión. Cuando tomemos una boleta y la crucemos, que Dios nos agarre confesados. Es casi un juego de azar, porque finalmente, al saber todo lo que guardan los partidos políticos y sus candidatos, sólo nos salvamos quienes no tenemos credencial para votar con fotografía.
A pesar de todo, creo que no tendré que poner calcomanías en mi auto, mejor aún, no estaré moralmente obligado a dar explicaciones a mis hijos; a final de cuentas: no puede votar quien no tiene credencial y no debe votar quien no tiene partido. México es mucho más que eso.