Ocurrió un 22 de Julio de 1975, hace ahora justamente 30 años, y sigue sin resolver.
El crimen de ‘Los Galindos’ en pleno siglo XXI sigue causando desconfianza y sobre todo un enigmático silencio entre los vecinos del sevillano pueblo de Paradas cuando los más ancianos del lugar son interrogados por aquel misterioso crimen.

Ya está todo dicho, ya está todo escrito…” es la respuesta a modo de frase lapidaria ante curiosos y periodistas que año tras año –cada vez menos desgraciadamente– cada 22 de Julio repiten el ritual de rememorar y preguntar por aquel quíntuple crimen que permanece aún totalmente impune.
Todo ocurrió en la propiedad por aquel entonces de los marqueses de Grañina, en el llamado cortijo ‘Los Galindos’ ubicado a unos 4 kilómetros de Paradas, en la carretera que se encamina hacia Marchena y Carmona, denominada El Palomar.

Una vez te encaminas por esta tortuosa y estrecha carretera, la única construcción visible entre los enormes campos de labranza es el cortijo de ‘Los Galindos’. Una demacrada verja verde y una cadena oxidada abren paso a un camino de tierra que enfila directamente hacia el cortijo.
En un intento de rememorar y tomar el pulso por unos días a un pueblo que permanece inmerso en el más absoluto silencio, me dirigía hacia el lugar de los hechos.
A las 5 de la tarde de un 22 de Julio de 2005, a pocos metros del lugar del crimen -tomando fotografías para esta crónica- parecía que de un momento a otro bajo aquel sol de justicia aquella trágica escena de hace 30 años se iba a repetir como un eco “fantasma” de lo que aconteció en 1975.
Los hechos…
En aquella tarde José González, Asunción Peralta, Manuel Zapata, Juana Martín y Ramón Parrilla, fueron brutalmente asesinados.
Jornaleros que trabajaban alejados de las edificaciones de la finca vieron una columna de humo sobre el cortijo. Temiendo que se tratara de un incendio corrieron al lugar para apagarlo. Al llegar vieron paja ardiendo cerca de un tractor y un bidón de gasoil e intentaron apagarlo. Entre la paja que ardía había dos cuerpos, se trataba de José González Simón, tractorista de la finca y su esposa Asunción Peralta Montero.
Ambos habían sido fuertemente golpeados y posteriormente quemados sobre un montón de paja en un cobertizo.
Corrieron a avisar al capataz –Manuel Zapata- pero no fue hallado y su mujer –Juana Martín- tampoco. No había nadie, pero si se adivinaba un reguero de sangre desde la puerta de la entrada de su despacho hasta un árbol que bordeaba el camino.
Allí en el camino de acceso al cortijo fue hallado Ramón Parrilla González -también tractorista- con disparos de escopeta en los brazos y en el pecho.

La guardia civil, ya en el lugar de los hechos, encontró a Juana Martín encerrada en su alcoba con el rostro totalmente destrozado e inmersa en un enorme charco de sangre, había sido golpeada con una barra de hierro que fue encontrada en la misma habitación sobre un mueble.
Todos los cadáveres fueron hallados el día 22 de Julio, excepto el de Manuel Zapata, lo que llevó a centrar todas las sospechas del múltiple asesinato sobre él, suponiéndose que tras cometer los asesinatos se dio a la fuga, hasta que tres días después su cuerpo fue encontrado en la parte trasera del cortijo, oculto bajo unas pajas.
Posteriormente, el estudio forense determinaría que posiblemente fuese el primero en morir y se le exculpó del delito.
Entonces ¿quién cometió aquellos crímenes?
Se perdió un tiempo precioso –tres días- lo que pudo ser la causa del fracaso de la investigación. Se descuidaron las inspecciones oculares desapareciendo las huellas y rastros necesarios para localizar al autor o autores de la matanza, y el lugar se convirtió literalmente en una “romería” donde acudían curiosos, vecinos del pueblo y medios de comunicación, lo que motivó la destrucción de todas las posibles pistas.
A partir de entonces se abrió una exhaustiva investigación en la que destacarían varias posibles hipótesis, el motivo económico, un posible asunto de drogas o incluso el crimen pasional.
Sin embargo, con el paso de los años ninguna de estas hipótesis ha podido reunir las suficientes pruebas como para darla por buena y definitiva.
30 años después…
30 años después continúa el misterio…la publicación de varios libros, intentos de investigación e incluso el rodaje de una película “Los invitados”, no han aportado siquiera una nueva vía de investigación sobre los crímenes. Nunca se ha dado el hecho de quedar impune un asesinato tan numeroso y durante tantos años.
En la actualidad cualquiera que desee preguntar entre los vecinos más ancianos del pueblo de Paradas sobre el crimen de ‘Los Galindos’, se encontrará que es no menos que preguntar por el mismísimo diablo. La controversia surge de pronto, caras de estupor y de desconfianza ante quien demande tal información es asombrosamente el resultado, seguido de un profundo silencio.
¿Por qué este pacto de silencio entre los vecinos de Paradas?
Esta misma pregunta me la formulaba en compañía de Manuela González -hermana del tractorista asesinado José González- junto a su marido.
Entre antiguos recortes de periódicos y fotografías de la pareja asesinada que habían contraído matrimonio justamente un mes antes, quedaba ese interrogante en el aire.
¿Por qué ese mutismo?
Quizás nunca lo sabremos, tal vez sea la reacción por naturaleza de un pueblo atormentado por el miedo durante estos años, quizás por desconfianza ante sus propios vecinos de no saber quien de entre ellos fue o fueron los autores de tan horrendo crimen.
Ellos en su pesar, mantienen viva la esperanza de que algún día la suerte de un nuevo giro y se sepa algo más, alguna pista, algo…
“Mis padres murieron quince años después, con la pena de no ver justicia para su hijo…” comenta Manuela, a la vez que su marido me pregunta: “¿Cree usted en los crímenes perfectos…?” En aquel instante portaba en mi mochila un libro de Francisco Pérez Abellán “Crónica de la España Negra…” –Mire- le respondí… “Esto es tan sólo una muestra, aquí se recogen los 50 casos más famosos”…
Hace 10 años que el caso ha prescrito, aunque ahora aparecieran los presuntos asesinos ya no podrían ser juzgados, sin embargo nada nuevo se sabe y nadie ha insinuado ser el autor, ni siquiera portador del secreto de quien pudo hacerlo.

Antes de partir de regreso para Sevilla pasé por el cementerio del pueblo. Allí, casualmente en un intento de encontrar las lápidas de los difuntos, me topé rápidamente con una de ellas. Como un enorme reclamo ante el intento de olvido por parte de sus vecinos se levanta brillante una inscripción en la lápida “Aquí reposan los restos de José González y Asunción Peralta que fueron asesinados el 22 de Julio de 1975”…
Y es que a pesar de haber transcurrido más de 30 años, la verdad es que al hablar de “Los Galindos” en Paradas, parece que todo retrocede en el tiempo, como si hubiera ocurrido ayer mismo, un 22 de Julio de 1975.