M u s e u m s
in Spain

      

M u s e o s
en España

By José M. Martínez Por José M. Martínez

 

 

Breve historia museística

El museo es una institución contemporánea y, por tanto, su tipología de edificio también lo es. Como institución, el museo puede presentar una diversidad notable en su forma, en su contenido, e incluso en su función, pero todos tienen una meta común: preservar, interpretar y exhibir aspectos materiales de la cultura de una sociedad. Esta institución requiere de edificios de uso público adaptados para cumplir las diferentes funciones que asume un museo, de entre las cuales hay una que es dominante: mostrar al público sus contenidos.

El coleccionismo, entendido como acumulación de objetos valiosos, o por su belleza o por su rareza, es el origen del museo. Las colecciones constituidas a lo largo del tiempo por miembros de la monarquía, por aristócratas, por eclesiásticos o por burgueses fueron el germen del que surgió el museo en el siglo XVIII, pero este frente al coleccionismo tradicional va adquirir dos connotaciones propias, su carácter de institución pública y la necesidad de contar con una tipología de edificio destinada a tal fin.

El nacimiento de los museos en su acepción y concepto moderno es consecuencia de la Ilustración, aunque se desarrollaron plenamente tras la Revolución Francesa. Desde su origen adquirieron un papel activo como recurso educativo. Como forma de promover el orgullo cívico o esfuerzo nacionalista, como un recurso de ocio y como edificio arquitectónico, se convierten en elementos urbanos capaces de transformar y aumentar la calidad de vida de un área determinada; muchas de las más ambiciosas y prestigiosas remodelaciones urbanas, a lo largo del siglo XIX y del XX, han ido aparejadas a la construcción de un edificio para museo, hay que recordar en los últimos años la operación urbanística desarrollada en Bilbao mediante la construcción del Museo Guggenheim de Bilbao.

Desde el momento de su nacimiento los museos como tipología de edificio adquieren unas características concretas que, en realidad, poco han cambiando en su esencia a lo largo de los más de dos siglos de vida de los mismos. Son edificios públicos destinados a contener objetos, a custodiarlos y conservarlos, a mostrarlos y a exhibirlos en condiciones óptimas, por tanto, su gran problema es resolver la colocación de los objetos y la circulación de personas.

Desde su nacimiento los museos asumen otras funciones, como la custodia de objetos no exhibidos, la preservación y restauración de los elementos del museo, la biblioteca o la actividad burocrática de la institución; aunque éstas pueden adquirir una gran importancia, e incluso necesitar un gran número de espacios específicos para desarrollarse, ninguna ha generado una tipología de edificio específica asociada al edificio de divulgación. Es esta necesidad, la de exhibición, la que creó el museo y la que desarrolló el edificio.

El siglo XVIII es el siglo del nacimiento de los museos. La Ilustración aporta nuevas ideas y transforma el culto mágico de las musas o los santos en veneración a la razón humana. Aparece además un ideal didáctico que tiene mucho que ver en la formación del concepto de museo. Unido indisolublemente a la aparición de los museos como institución, surge el edificio de museo con una tipología arquitectónica específica y necesaria, el espacio donde se acogen las colecciones que antes solían residir en los gabinetes o en las galerías anejas a los palacios o villas. Con el Romanticismo, el concepto de museo se concreta más, lo que permite su total desarrollo. La concepción romántica convierte las antiguas colecciones de objetos artísticos o curiosos en la personalidad singular de una nación, en la muestra orgullosa de su patrimonio cultural. Ciencia y nacionalismo aportan el contenido necesario para que los antiguos gabinetes de objetos curiosos deriven en museos públicos exponentes de la riqueza de una nación.

En 1753 se fundó el Museo Británico como Museo Nacional de Antigüedades, instalado en un antiguo edificio que fue sustituido en 1847, para recoger la colección de antigüedades del naturalista Sir Hans Sloane, la colección de manuscritos de Robert Harley y la biblioteca perteneciente al anticuario Sir Robert Cotton. Con él se inicia la transformación de los gabinetes de historia natural, o Museum naturale, en museos de Ciencias Naturales.

El auge de los museos es tan importante en el siglo XVIII que en 1765 Diderot incluye en el noveno volumen de su Enciclopedia un esquema detallado de un edificio para museo nacional de Francia, con lo que la necesidad de crear edificios específicos para este fin quedaba consagrada. Con todo, algunos de los primeros museos se alojaron en construcciones ya existentes. En 1791 la Convención francesa empezó la transformación del palacio de los reyes de Francia en museo, iniciando así el proceso de formación del museo del Louvre. La Grande Galerie fue abierta al público en 1793 y fue inaugurada formalmente como museo público en 1801 por Napoleón, creador de los primeros museos públicos; José Bonaparte, siguiendo el ejemplo de su hermano, decretó en 1809 la ubicación de las colecciones reales españolas en el Prado, un edificio encargado, en 1787, por Carlos III al arquitecto Juan de Villanueva como Academia Científica y Gabinete de Historia Natural. Dentro de esta misma corriente está la creación del Museo del Ermitage, que en el siglo siguiente fue restaurado por Leo Von Klenze.

Las extensas colecciones del Vaticano también fueron transformadas en museo en el siglo XVIII. En 1734 se formó el Museo Capitolino, en 1749 el Conservatori de Palazzo se convirtió en galería de pintura, y en 1772 se abrió en Museo Pío-Clementino como museo de antigüedades. La arquitectura neoclásica de este último edificio fijó un modelo que fue emulado en otros muchos países durante largo tiempo.

A finales del siglo XVIII el fenómeno museístico se había extendido a toda Europa y al resto del mundo. En América, en 1773 la biblioteca de Charleston, en Carolina del Sur, anunció la creación de un museo, y en 1786 el pintor Charles Willson Peale fundó en Filadelfia un museo de historia natural.

Más recientemente, los museos se han transformado en centros productores de la denominada cultura del ocio y de cultura de masas. Por ello, en los últimos años ha surgido una gran variedad de museos temáticos, dedicados a asuntos tan diversos como el holocausto judío, la ciencia recreativa, los niños, la moda, el papel, los comics, el rock, los juguetes, museos interactivos, museos al aire libre, etc. Sus edificios tienen que cumplir la misión de espectáculo que demanda la sociedad de masas para su ocio.