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Para su reproducción
masiva en copias mecánicas idénticas entre sí. Presenta una integración
de texto e imagen, de tal modo que cada uno de estos dos elementos se
interrelacionan y se subordina a un mensaje predominante. Las copias tienen
un tamaño relativamente grande que permite la contemplación de varios
espectadores a la vez. Todas estas características están ya presentes en la
obra de Jules Chéret, quien fue el primero en
producir sistemáticamente, desde 1866, grandes carteles litográficos en
color, en estos destacan los carteles de los espectáculos del Moulin Rouge. El estilo de Chéret
se inspira.
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en la pintura barroca, y es muy
significativa su consideración del cartel como mural excelente antes que como
forma publicitaria eficaz. A esta sensibilidad de muralista añadió una gran
capacidad para captar el idioma gráfico popular; su búsqueda del dinamismo y
la habilidad para sugerirnos, con medios lineales y tintas planas, la tercera
dimensión, constituyen rasgos distintivos de su obra: Bal
Valentirlo (1868), Les Girard
(1879), Carnaval (1894), Théatre de l'Opera (1893). El
impacto de estos carteles fue muy grande; importantes artistas de finales de
siglo hacen incursiones en el nuevo medio expresivo, siendo este pintor
impresionista con influencia oriental, Henri de Toulouse-Lautrec,
quien no utilizó el cartel sólo como medio publicitario, sino que proyectó en
él su propia experiencia personal dramática y compleja; en Diván Japonés
retrata a su amiga Jane Avril, donde acentúa el
elemento caricaturesco y el abocetado. El genio de este pintor da a sus
originales el toque maestro del color, simplificando en sus aplicaciones y
combinaciones, contribuyendo al perfil característico de esta escuela. A su
resplandor universal contribuyen, entre otras figuras del impresionismo, Matisse y Picasso, este último
se destaca con La habitación azul en 1901
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