Pactos con
el Diablo
Desde el principio de los tiempos el hombre siempre ha estado dispuesto a
negociar con los dioses y los espíritus, incluso con aquellos de naturaleza
malvada con el fin de hacer su estancia "terrenal" más llevadera. Pactos y
ofrendas para conseguir riqueza, poder, salud, bienestar, sexo o fama. Aunque en
la mayoría de los casos la entidad maligna solicita el alma eterna de la persona
para conseguirle sus peticiones.
El hombre siempre ha temido lo imprevisible de su vida, el poco control que
puede ejercer sobre el futuro y valorado el presente por encima del pasado y el
futuro. No es extraño por tanto que desde los inicios de la civilización y con
el propósito de tener lo que se desea muchas personas hayan pactado con
cualquier tipo de espíritu maligno, aún con el riesgo de una vida eterna cargada
de sufrimientos.
Las personas que tradicionalmente trataban de realizar pactos de este tipo
solían creer que Dios les había abandonado y no encontraban alicientes en su
vida para continuar, normalmente gente de escasos recursos económicos que
cansados de su pobreza decidían pactar con el diablo para llevar una vida de
riquezas, individuos que amaban a alguien que no les correspondía o con afán de
protagonismo y que no podían tolerar el anonimato de su vida y por consiguiente
buscaban además de dinero la fama o cualquier otro tipo de pacto que
repercutiese de una forma inmediata en la mejora de su vida terrenal.
Si bien los pactos Satánicos no siempre se daban de esta forma, en ocasiones era el mismo Diablo quien conocedor de la vulnerabilidad de una persona se le ofrecía a acabar con esa vida de sufrimiento prometiéndole una de riquezas y sin ningún tipo de limitación. El Diablo solía presentarse de esta forma tentadora a personas especialmente ambiciosas pero de corazón puro, su intención era adueñarse con certeza de un alma que siguiendo una vida normal no tenía un destino eterno aún definido.
