
Un 25 de
Marzo, día de la Encarnación del año de 1930, llegó a la ciudad de Chihuahua al
aparador de La Popular, La Casa de Pascualita, un maniquí que conmocionaría a
propios y extraños por tener una imagen viviente y por el asombroso parecido con
su propietaria, la señora Pascualita Esparza Perales de Pérez, y con su hermana
Cuca, así como por la influencia de las películas de misterio que se proyectaban
en aquella época.
Se decía que era el cuerpo embalsamado de la hija de Pascualita. Ella nunca
desmintió tales versiones, mismas que fueron publicadas por los diarios de la
ciudad. Estas publicaciones eran afanosamente buscadas por la misma Pascualita,
quien las exhibía en el aparador de Chonita, como originalmente bautizaron a la
figura, por haber llegado el día de la Encarnación. En un auténtico imán se
convirtió la leyenda de Chonita o Pascualita, como muchos le llamaban, que
fueron en verdad multitudes de la ciudad y de diferentes partes del estado los
que
en el transcurso de los
días se
aglomeraban en la acera para analizar cada detalle de
la figura femenina, que
más que artesanía era una obra de arte. Hubo días en que se
reunió tanta gente que
el tráfico vial de la calle Libertad, lugar donde inició La Popular,
llegó a suspenderse en
ocasiones.
Pascualita recibía
numerosas acusaciones
por teléfono, por ir contra la moral, así como visitas a la tienda
que ante el menor
descuido
clavaban sus uñas en el rostro del maniquí, dejándole
huellas que durarían
por décadas, por lo que Pascualita optó por hacer público que
no se trataba de un cuerpo
embalsamado.
El libro
Leyendas bárbaras del Norte dice que Chonita fue traída de París a pedido
exprofeso de Pascualita y se convirtió en punto de admiración entre los
chihuahuenses, que curiosos día con día contemplaban aquel escaparate. Era tanta
la admiración que causaba entre el público, que las fibras positivas y la magia
de un poderoso gurú que llegó de tierras lejanas, quien pasó por el aparador y
se enamoró de inmediato de Chonita, dieron vida al maniquí.
El gurú vivió dos meses en la ciudad de Chihuahua y todos los días, al llegar
las diez de la noche, esperaba a Chonita en la calle Victoria para hacerse
acompañar de tan incomparable belleza, llevándola del brazo visitaba los mejores
lugares de entonces, lo mismo el Hotel Hilton que la Cafetería de la Esquina o
el Casino de Chihuahua.
Por el año de 1988 acudió a La Popular una mujer que platicó que hace años ella
estaba en la esquina de la Ocampo y Victoria frente a la figura, en ese momento
pasó su novio, que era extremadamente celoso y le disparó. Lo último que vio
ella al ir perdiendo el sentido fue el rostro de Pascualita, como llamó al
maniquí. Despertó después en el hospital con la certeza de que había sido ella
quien la había salvado, por lo que desde entonces le reza en gratitud al
milagro. Un sábado por la tarde en el año de 1993, se oyeron frente al aparador
los acordes de un conjunto norteño que un admirador de la bella figura le
llevaba para que no se sintiera tan sola. La música duró más de dos horas, lo
que provocó la aglomeración de muchos curiosos que acompañaron
al enamorado
en su serenata.
De la leyenda de Pascualita se han realizado reportajes televisados en
el
ámbito
local, nacional e internacional,
como los trasmitidos en los programas Primera Edición
de Televisión Azteca,
Duro y Directo de Televisa, Primer impacto de Univisión y en
la
cadena de Telemundo.
En medios impresos La Leyenda ha aparecido a nivel local en
los
periódicos El Norte y
El Heraldo de Chihuahua, a nivel nacional en El Norte de Monterrey
y a nivel Internacional
en el Sol Latino de Santa Ana California.
Actualmente
los alumnos de
las escuelas de la ciudad y del estado acuden a La Popular
para pedir una copia
de La Leyenda de Pascualita, la que estudian al tocar el tema
de las Leyendas en la
materia de Español.
Los
familiares de Pascualita
hablan del particular sin que les moleste siquiera que la gente continúe
murmurando sobre lo que podría ser un acto anti-religioso de Pascualita. Ante
ello dicen: "es una leyenda bonita, que tiene poco de base en la realidad" Para
ellos es una gran satisfacción que se recuerde a su tía Pascualita.
Pascualita Esparza de Pérez ha pasado a mejor vida y a casi siete décadas de la
llegada del maniquí la leyenda forma parte de la vida diaria de los
chihuahuenses, que la trasmiten de padres a hijos.
Fue
Pascualita una realizadora de ilusiones, creadora de atuendos para eventos
especiales y forjadora de toda una época.
Con experiencia, dedicación y creativo ingenio transmitió a cada puntada, a cada
zurcido y a cada velo lo mejor de sus deseos para que incontables novias
cristalizaran a partir de su boda, sus ilusiones.
Cada vaporoso y albo traje nupcial que salió de sus manos fue tan especial como
el gusto personal y las medidas exactas de la feliz desposada, vestuario que
muchas veces llevaba implícito el último grito de la moda internacional o la más
fina originalidad en diseños netamente chihuahuenses.
En Pascualita y su empresa siempre hubo un halo de misticismo, por lo que buenos
augurios pudieron haber emanado de cada fibra de satín, seda y encaje
respectivos de la romántica leyenda que se formó en torno suyo y al "maniquí
viviente".
Sin haber sido chihuahuense de nacimiento, fue en Chihuahua donde hizo un nombre
famoso y prestigiado que aún hoy en día continúa representando una grata fama.
Pascualita Esparza de Perales, para la posteridad conocida como "Pascualita",
nació en el año de 1887 en la localidad de Chalchihuites, Zacatecas.
Fueron sus padres doña Pascuala Perales y don Tiburcio Esparza.
Conforme a las costumbres de la época, casó muy joven, a los 17 años de edad, en
1904, con don Enrique Pérez Loera, con quien procreó un hijo. La boda se efectuó
en su pueblo natal.
En 1908 ella y su familia vinieron a Chihuahua. Cuatro años después se
trasladaron a El Paso, Texas, donde establecieron una tienda de abarrotes que
Pascualita atendía y en la que fue interiorizándose con el manejo
administrativo. No de balde sus inquietudes en el ramo de la confección, regresó
en 1917 a Chihuahua para abrir una tienda de telas y accesorios sobre la avenida
Melchor Ocampo, entre las calles de la Libertad y de Guadalupe Victoria. Venía
acompañada de su hermana Refugio, a quien le fascinaba coser y elaborar ropones
de bautizo.
A partir de entonces le vino la idea de diseñar también vestidos de novia.
Tiempo
después trasladó su negociación a la calle Victoria en un local espacioso de una
planta frente a la hoy Botica Central. En esa amplia casa ocurrió el lamentable
deceso de su esposo Don Enrique Pérez.
Años después mudó su tienda y hogar a un inmueble mandado a construir por ella
en la calle Libertad 608 donde operó 2 años. Luego entró en sociedad con Doña
Amalia Abbud Ochoa para reabrir la tienda en la Libertad y Tercera local donde
estuvo durante 3 años.
Finalmente decidió dar sola sus pasos por el comercio y se separó de su socia.
En 1945 Pascualita pudo comprar la propiedad con la que Chihuahua la conocería:
la esquina de calle Victoria y avenida Ocampo. Sin embargo, fue hasta 1954
cuando se estableció definitivamente en dicho inmueble. Ya entonces su
negociación se llamaba "La Popular" cuyo lema era "La casa de la novia de
Chihuahua" o simplemente "La casa de Pascualita".
Doña Pascualita trató a gran parte de la sociedad de antaño, ya que novias de
todos los estratos económicos acudieron a la tienda a ordenar con anticipación
atuendos a la medida y fueron pocas las que olvidaban invitarla a la ceremonia.
Tras haber cumplido como madre y como empresaria, Pascualita falleció el 31 de marzo de 1967, virtualmente al pie del cañón, porque su negociación alcanzaría otro logro póstumo. En mayo de ese año la Cámara Nacional de Comercio lanzó una convocatoria para el concurso de aparadores de las fiestas patrias, en el que "La Popular" obtuvo el primer sitio con un maniquí vestido de China Poblana. Doña Consuelo Mascareñas recibió el premio el 20 de septiembre de 1967 en ausencia de la querida Pascualita.
En resumen, fue Pascualita una comerciante de fama tan grande como la cauda de un vestido de novia. Una chihuahuense por adopción, de gratos recuerdos... como todo lo que significa, precisamente, cada emotiva ocasión en que una familia contempla el empolvado y guardado traje nupcial.

