El dibujo es una representación gráfica sobre una superficie,
generalmente plana, por medio de líneas o sombras, de objetos reales o imaginarios o de formas puramente
abstractas.
El dibujo suele hacerse a lápiz, tiza, tinta o
carboncillo, o combinando algunos de estos procedimientos.
La delineación de la forma sienta las bases de todas las artes visuales (incluso la
escultura), por lo que el
dibujo es una de las ramas más importantes de estudio en las escuelas de arte y arquitectura, así como en las de ingeniería.
No obstante, este artículo se refiere al dibujo artístico, en comparación con el
dibujo técnico.
DIBUJO LIBRE
El dibujo de los objetos visibles consiste esencialmente en el registro de la impresiones recibidas a través de la vista.
Sin embargo, dado que no es posible presentar en un plano todos los aspectos visibles de un objeto, el arte del dibujo
radica en la sugerencia, estimulando la imaginación del
espectador para aportar lo que falta en la representación. La
elección sobre qué registrar y qué omitir requiere una sensibilidad visual que se desarrolla con la experiencia. Un apunte
es un dibujo que sólo muestra, de forma resumida, los detalles esenciales del objeto representado. En un buen apunte, el
artista no sacrifica la aproximación de su
impresión visual por conseguir un acabado pulido.
Los diferentes estilos de dibujo se distinguen por las formas en que se superan las limitaciones que impone el material
monocromático con el que se trabaja.
En los bosquejos, y en algunos apuntes, sólo se representan los contornos, los ángulos
sobresalientes o los rasgos del objeto o escena que se representa. El arte chino y el japonés (véase Arte y arquitectura de
China; Arte y arquitectura de Japón) constituyen un admirable ejemplo de la fuerza que tiene la línea pura, incluso sin color,
para sugerir el más variado modelado de superficies y para recoger los detalles más
minuciosos. Por otra parte, las escuelas
occidentales han dado mayor importancia a los valores tonales, en la representación de las gradaciones de claro a oscuro.
Los artistas europeos han procurado conseguir los efectos deseados por medio de las gradaciones correspondientes en los
tonos monocromos del dibujo. Es posible incluso sugerir, o interpretar, diferentes colores por medio del blanco y negro,
representando cuidadosamente sus valores aparentes; por ejemplo, un rojo oscuro se indica con un sombreado más oscuro que
el que se emplea para sugerir un azul claro o un amarillo. Los grandes artistas del
renacimiento están a medio camino entre
los exponentes japoneses de la línea pura y los modernos intérpretes occidentales de los valores tonales. Los dibujos de
Rafael,
Leonardo da Vinci y
Miguel Ángel
son notables por su pureza, vigor y delicadeza de líneas, así como por la maestría
con que representan los volúmenes a través del sombreado.
TÉCNICA DE DIBUJO
Los principios fundamentales del dibujo son los mismos para cualquiera de los medios empleados. Lo primero que hace el
artista es observar el modelo con el que trabaja, que puede ser cualquier cosa, y hacer apuntes de las líneas estructurales
dominantes, los contornos y las masas. Incorpora los detalles más importantes y hace las adaptaciones necesarias, dejando
para el final los detalles menores. Estas diferentes etapas del dibujo requieren ligereza de trazo y seguridad en la línea.
Las técnicas de dibujo varían según el medio empleado. Durante siglos los dibujos se han hecho sobre muchas clases de
superficies, desde paredes de cavernas, objetos de arcilla, yeso, papiros, pergamino, seda, tablas, bloques de piedra y
láminas de metal Grabado y, especialmente, sobre papel de diferentes consistencias y tonos. Los utensilios de
dibujo más comunes son el lápiz, la pluma o el pincel, la tinta, el
clarión
o crayón negro o rojo y el carboncillo. La
pluma es el más riguroso de todos ellos, ya que produce una señal
indeleble difícil de alterar. Para expresar los colores
se utilizan puntos, líneas muy apretadas y sombreado cruzado. Los maestros del dibujo a pluma deben ser maestros de la
línea pura. Tanto con el carboncillo, como con el pincel, el artista debe “pintar” sobre el papel, ya que estos medios
hacen casi imposible dibujar líneas finas. El lápiz y el clarión requieren el uso de la línea, pero permiten también trazos
gruesos y suaves y sombreados difuminados. Se consiguen dibujos muy reales utilizando un papel coloreado, gris o azul
pálido, sobre el que se indican los toques de luz con tiza, clarión blanco o con el pigmento llamado blanco de China; las
sombras más oscuras y las masas se marcan a lápiz, dejando el tono del papel para representar los valores intermedios. Los
grandes maestros del renacimiento desconocían el familiar lápiz de
grafito, que es un invento del siglo XVI, y utilizaban a
veces un instrumento con punta de plomo o de plata, con el que se conseguía una línea gris claro sobre pergamino o papel
grueso, pero lo que más utilizaban era la tiza roja. También se dibujaba con pluma de ave hasta que ésta fue desbancada por
la moderna pluma de acero.
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