Site hosted by Angelfire.com: Build your free website today!

Fueron los antiguos griegos quienes comenzaron a interesarse sobre la estructura del mundo, y sobre qué estaba formado, algunos opinaban que el agua era el principio de todas las cosas, otros opinaban que ese mérito le correspondía al fuego. Por supuesto, también había algunos que defendían que este papel era del aire o de la tierra, o vete tú a saber qué cosas raras... incluso algunos afirmaban que existían unas partes muy pequeñas de las sustancias elementales que se juntan para formarlo todo, y le llamaron átomo, que significa "indivisible".

Por suerte en el siglo XIX ya conocían un poco más sobre la naturaleza del mundo, y sabían que existían unos elementos de la naturaleza, y como el género humano es así, intentó clasificarlos.

En 1817 el químico alemán Döbereiner organizó algunos elementos en tríadas (en lo que se conocició como Ley de las Tríadas). Esta "ley" establecía que los elementos se podían ordenar en grupos de tres, de modo que el peso atómico de uno de ellos es la media aritmética del peso atómico de los otros dos.

Por ejemplo, en la tríada K-Rb-Cs el potasio tiene de peso atómico 39 y el cesio 133, si los sumamos y dividimos por dos nos da 86, peso atómico del rubidio. Otras tríadas son Ca-Sr-Ba, S-Se-Te o Cl-Br-I

También por aquella época el francés Chancourtois estableció su tornillo telúrico (o anillo telúrico, o hélice telúrica), por la cual los elementos se iban colocando sobre una línea que ascendía con un ángulo de 45 grados por la superficie curva de un cilindro. Los elementos que coincidían sobre una generatriz (la linea recta perpendicular a las bases) tenían propiedades físicas y químicas similares.

Además, estas propiedades se repetían cada dieciséis unidades de peso atómico, lo que hizo que Chancourtois pensase que las propiedades de los elementos están ligadas con las propiedades de los números. Lo malo es que, además de creer en esa paridad cifro-elemental, el francés introdujo iones de los elementos en su clasificación.

A mediados de siglo se conocían más de 55 elementos, y los químicos comenzaron a plantearse el problema de no solo clasificarlos, sino además encontrar un modo de predecir la existencia de otros nuevos.

En 1868 Newlands introdujo la Ley de Octavas, que venía a decir que las propiedades se repiten cada ocho elementos, claro que Newlands no conocía los gases nobles, lo que haría que se hablase de la "ley de novenas". Al igual que Chancourtois encontró un paralelismo entre su clasificación y los números, Newlands lo encontró con la música, lo que le convenció de que su sistema era el idóneo para clasificar la armonía del universo.

Y estaba convencido de eso a pesar de que había cosas que no terminaban de encajar, y él lo sabía.


Un año más tarde, en 1869, Meyer (bueno, Meyer en 1864) y Mendelejev, publicaron el sistema periódico corto de forma independiente, el primero por medio de las propiedades físicas y el segundo por medio de las propiedades químicas. Este sistema ya es muy ordenado y permitió predecir la existencia de algunos elementos. Posteriormente se estableció como bueno el sistema periódico largo, que es la tabla periódica que conocemos en la actualidad.

Back buttonA página inicial                                Forward buttonA la página siguiente

Back buttonA la página anterior