Fueron los antiguos griegos quienes comenzaron a
interesarse sobre la estructura del mundo, y sobre qué estaba formado, algunos
opinaban que el agua era el principio de todas las cosas, otros opinaban que ese
mérito le correspondía al fuego. Por supuesto, también había algunos que
defendían que este papel era del aire o de la tierra, o vete tú a saber qué
cosas raras... incluso algunos afirmaban que existían unas partes muy pequeñas
de las sustancias elementales que se juntan para formarlo todo, y le llamaron
átomo, que significa "indivisible".
Por suerte en el siglo XIX ya conocían un poco más sobre la naturaleza del
mundo, y sabían que existían unos elementos de la naturaleza, y como el género
humano es así, intentó clasificarlos.
En 1817 el químico alemán
Döbereiner organizó algunos elementos en tríadas (en lo que se conocició
como Ley de las Tríadas). Esta "ley" establecía que los elementos se podían
ordenar en grupos de tres, de modo que el peso atómico de uno de ellos es la
media aritmética del peso atómico de los otros dos.
Por ejemplo, en la tríada K-Rb-Cs el potasio tiene de peso atómico 39 y el cesio
133, si los sumamos y dividimos por dos nos da 86, peso atómico del rubidio.
Otras tríadas son Ca-Sr-Ba, S-Se-Te o Cl-Br-I
En 1868 Newlands introdujo la Ley
de Octavas, que venía a decir que las propiedades se repiten cada ocho
elementos, claro que Newlands no conocía los gases nobles, lo que haría que se
hablase de la "ley de novenas". Al igual que Chancourtois encontró un
paralelismo entre su clasificación y los números, Newlands lo encontró con la
música, lo que le convenció de que su sistema era el idóneo para clasificar la
armonía del universo.
Y estaba convencido de eso a pesar de que había cosas que no terminaban de
encajar, y él lo sabía.
Un año más tarde, en 1869, Meyer (bueno, Meyer en 1864) y
Mendelejev, publicaron el
sistema periódico corto de forma independiente, el primero por medio de las
propiedades físicas y el segundo por medio de las propiedades químicas. Este
sistema ya es muy ordenado y permitió predecir la existencia de algunos
elementos. Posteriormente se estableció como bueno el
sistema periódico largo, que es la tabla periódica que conocemos en la
actualidad.