Legalizar las drogas. El solo hecho de nombrar esta frase crea
confusión, incomodidad, trae a la mente estereotipos
formados en un mundo cada vez más dominado por los símbolos
y las imágenes. Para poder entender el problema en su
real magnitud y poderle dar la mejor solución, es necesario
reflexionar con coraje y sin miedo a reconocer que la legalización
de las drogas es la única salida posible a esta espiral
de delincuencia y muertes que estremece al mundo a cada segundo
y en cada esquina.
Luego de décadas de políticas de represión
y prohibición en contra de la comercialización
y el consumo de drogas, podemos afirmar con toda seguridad que
se ha fracasado. Los únicos que van perdiendo la partida,
son los más débiles, en su gran mayoría
jóvenes de condiciones humildes. Las cárceles
están repletas de éstos. La política de
represión no sólo a fracasado de modo evidente,
sino que causa daños mucho mayores que los de las drogas
mismas. Y entre estos daños mayores hay que contar el
provecho en dinero y en poder que le sacan a la prohibición
tres minorías: Narcos, Bancos y Gobiernos.
Para los
Narcos está clarísimo que es el mejor negocio
del mundo: Con precios por las nubes que da la ilegalidad de
su producto, se obtienen mayor poder y dinero que con cualquier
otro negocio. La mayoría de nosotros sabe que los Bancos
mueven billones de dólares en blanqueado de dinero del
narcotráfico y que sus grandes ganancias provienen de
éste. En el caso de los Gobiernos es menos evidente.
Tras una fachada moralista, desde la teocrática Irán
o la comunista China, hasta el democrático Estados Unidos
de Norteamérica, obtienen gran cantidad de dinero y poder
al mantener "ilegal" la droga. También se paga
con droga a los informantes, se corrompe a la Policía
y al Ejército. Mayor poder tienen los países grandes
controlando a los más pequeños mediante políticas
de intervención "legítima" en los asuntos
de los más débiles, por ejemplo la invasión
de Panamá.
Gabriel García Marquez, Nobel de Literatura y Milton
Friedman, Nobel de Economía, además de conocidas
figuras como el escritor Mario Vargas Llosa, artistas como Joan
Manuel Serrat y Miguel Ríos, filósofos e intelectuales
como Antonio Escohotado, Fernando Savater o Carlos Fuentes han
reflexionado sobre las causas y efectos de esta perniciosa plaga
y han manifestado su total acuerdo a una política dse
legalización, pues están convencidos que lo que
mata es la prohibición y no la droga. Lo que mata es
esa porquería adulterada de ladrillo, vidrio molido y
sabe Dios qué otras inmundicias que los jóvenes
y marginados se meten en las narices y venas por la prohibición.
Los revendedores adulteran la droga con elementos mil veces
más perjudiciales que la droga misma. Si esta fuese legalizada,
no tendría tal cantidad de elementos nocivos como los
tiene ahora que está al margen de la ley y por ende de
todo control. La legalización sería la manera
más eficaz de acabar con la muerte de todos aquellos
marginales: Niños, jóvenes y adultos que se van
matando poco a poco en tantas esquinas urbanas.
Debido a
la prohibición, la droga tiene un costo altísimo
en el mercado. Si se comercializara como un producto normal,
pero controlado como todo fármaco, bajarían los
precios y así no sólo acabaría la adulteración
asesina, sino que desaperecería radicalmente la pequeña
delincuencia urbana, de quienes empiezan robando en casa y terminan
cortando o amenazando para pagarse una dosis. Apostaría
a que ustedes no les ha asaltado nadie con un cuchillo para
pagarse un litro de cerveza. Porque nadie los asaltaría
para financiarse dosis al precio real de la droga más
impuestos y no al precio astronómico resultado de la
prohibición.
Dejaría
de existir también esa 1era. Industria de Occidente que
vive, prospera y mata con ingentes capitales acumulados en el
tráfico clandestino de drogas. Recordemos cómo
prosperaron las mafias de Estados Unidos de Norteamérica
en épocas de la prohibición, cuando el comercio
de bebidas alcohólicas era ilegal. El Whisky y otras
bebidas fabricadas en alambiques caseros subieron considerablemente
de precio, hicieron más lucrativo el negocio y fortaslecioeron
a las mafias sanguinarias.
Dejarían
de multiplicarse la cantidad de adictos muertos por sobredosis,
culpa de las drogas adulteradas, o por el Sida, ya que disminuiría
la transmisión del virus entre adictos marginados. En
España existe un programa para los heroinómanos,
a quienes se les proporciona gratuitamente jeringas nuevas a
cambio de otras usadas que encuentren en parques y basureros.
De esta manera disminuye el riesgo de que niños las encuentren
en los parques y se contagien del virus. Este tipo de programas,
que enfrentan el problema y no lo reprimen, son los que mejores
resultados dan.
Tal vez
se diga que la droga es dañina, que la droga mata, que
es necesario castigar con mano dura esta lacra de la humanidad.
Se repite constantemente que la juventud es la más propensa
a estos vicios. ¿No es mas bien que nuestra sociedad
produce en ellos una seducción suicida hacia lo prohibido?
Es inevitable que al castigarse con mano dura, los grandes capos
prefieran cada vez muchachos más jóvenes para
volverlos adictos y luego usarlos como traficantes.
Décadas
de prohibición van dejando en nuestra sociedad sus primeros
frutos: Cárceles repletas de adictos, delincuencia, miles
de muertos por sobredosis o drogas adulteradas. Décadas
de ilegalidad, de represión, en los que se han ido enriqueciendo
pequeños grupos, corrompiendo instituciones, destruyendo
familias y vidas humanas. Son muchos años ya de probar
con este sistema, en donde los jóvenes, los pobres, y
los marginales son los que llevan la peor parte.
La solución está ante nuestros ojos. Latinoamérica
es uno de los más afectados debido a su pobreza y las
condiciones que sobre sus asuntos internos ponen los países
más poderosos bajo el pretexto de alguna "intervención
legítima" de algún programa antidrogas. Es
una decisión difícil pero necesaria. Después
de casi medio siglo de crear y exagerar mitos sobre las drogas,
tomará tiempo el que cambiemos nuestra forma de verlas.
Luego de unos años de legalizada, estoy seguro que el
tema de las drogas y de su comercio pasará a un segundo
plano, sin ser ya la causante de tantas enfermedades, delincuencia
y corrupción. Estoy seguro que cada uno de ustedes tiene
en mente la misma pregunta: ¿La droga mata? Sí,
la droga mata, como el tabaco, el alcohol y la dieta excesiva.
Es tan adictiva como las pastillas para dormir o para bajar
de peso. Todo exceso es malo. Pero prohibir es peor.
MIGUEL
VILLALOBOS