Tentación
miró al muchacho que esperaba en la esquina y él
, tímido, esbozó una sonrisa. La acera caminada
y descaminada por la mujer era recorrida por décima vez
mientras
el sonrojado y evasivo muchacho esperaba el ómnibus que
no llegaba. La acera poseía dos gatunos ojos que barrían
el umbral de la noche en pleno centro de la ciudad. De vez en
cuando ambas miradas se entrecruzaban y produciendo cierta complicidad,
tímida y lasciva.
Las piernas
largas y torneadas se detuvieron en un punto de la desgastada
acera y esperaron pacientemente. No se equivocaba, los ojos
jóvenes y tímidos la buscaron interrogantes. A
lo lejos el brillo de los ojos caramelo brillaron: Tentación
había hallado a su víctima.
Los tacones
se acercaron
martillando la calle y el adolescente evitó mirar.
-¿Qué
pasa, no te gusto?
La despeinada
cabellera negra se azotó con el viento de la tarde. El
joven se sonrojó y respondió avergonzado:
-¿Por
qué dices eso?
-Por que nadie me mira solo a los ojos. Todos quieren más
que eso.
-Claro, ya me imagino...
-Bueno pues ¿y?
Las últimas
palabras soltaron un aliento artificial en las imberbes mejillas.
-¿Qué...?
-Creo que necesitas aprender mucho.. ¿no?
No sabía si era la mezcla de curiosidad o de algún
recuerdo olvidado. Algo que sintió hace mucho tiempo,
algo perdido. Esa inocencia que pensó desaparecida, inocencia
viril, casi indefensa.
-Entonces...
¿me dejas que te enseñe?
Suavemente
se engarzó en el brazo atlético y tembloroso y
caminaron calle abajo. Las luces estaban sobre ellos y las luces
pasaban aceleradas por las calles, la vida en los ojos de Tentación
sólo eran un frío reflejo de esas luces nocturnas.
-¿Cómo
te llamas?
-Fabio...
-A mi me dicen Tentación
- dijo orgullosa volteando el gatuno rostro.
Caminaban
por barrios sucios y plomizos. Las calles eran cada vez mas
tugurizadas y malolientes. Cruzaron un mercado y un bar pequeño
y obsceno. Fabio estaba cada vez más asustado.
-Bienvenido
al paraíso... - dijo Tentación mientras cruzaba
entre dos carretillas llenas de frutas y entraba por una puerta
entreabierta. Subieron por una escalera oscura y llegaron a
una pequeña sala de sillones rotos y destartalados. Tentación
sacó de su minúsculo bolso una llave y abrió
una vieja puerta de metal.
-Entra,
mi amor...-dijo casi empujando a Fabio dentro de ese cuarto
a media luz.
El ambiente
vibraba con un murmullo sordo que por ratos era rasgado por
gritos, llantos infantiles, una radio a todo volumen transmitía
un partido de fútbol y en otro muy cerca se escuchaba
una salsa muy antigua.
-Es que
no entiendo qué hago aquí...
-Tu no digas nada...-la mujer se había mezclado con la
penumbra y era difícil encontrar su rostro sin imaginarlo.
-No entiendes... ¿me va s a cobrar no?
-Lo que tú creas que valgo...
-¿Y si no me alcanza?... es que tengo...
La mano
mariposeó por los botones con diestra maña y como
en un acto de magia una silueta de suaves senos apareció
bajos las manos de Fabio.
-Si no te
alcanza me pagas cuando regreses... porque sé que vas
a regresar...
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Los primeros ciclos de la universidad siempre son confusos.
Sobre todo cuando uno no sabe exactamente para qué está
ahí y viene de un colegio de hombres. Las mujeres son
un mundo inexplorado, son tierra de misterios y poblado de leyendas
y mitos.
-¿Por qué no viniste a la clase de Lengua ayer?
-Salí tarde del restaurante y no me dieron ganas de ir...
-Llamé a tu casa y tampoco estabas, tu vieja se preocupó...
-Me fui a la casa de Javicho, a ver el partido.
-No deberías descuidar tanto las clases, se está
poniendo cada vez más complicado y... -la pequeña
Fiorella con su carita de ardilla lo trataba como si fuera la
hermana mayor. Le encantaba su olor suave y penetrante, sus
dedos largos y delgados. Adoraba la sensación de estar
junto a alguien que dominaba la situación.
La conoció
en la clase de Mate 1. El no encontraba su horario y no recordaba
el salón donde le tocaría la clase siguiente.
Ella, al verlo perdido le prestó el suyo. Y así
ella empezó a ayudarlo en todo, en cada clase, en cada
examen, en las improductivas amanecidas de estudio y hasta en
la forma de vestirse. Estaba llegando a la conclusión
que necesitaba a una mujer que tomar la iniciativa... como ayer.
Pero lo de ayer... ¿fue real? Parecía un sueño,
pero un sueño del que despertó sin un centavo.
-¿Vas
a ir?
-¿Dónde dijiste...?
-No me escuchas ¿qué tienes? Estás como
ido.
-Es que me tengo que ir, ¡chau!
-Chau, pero estudia...
Se despidieron.
El camino a casa no era muy largo. Arrullado por el motor y
el vaivén de los paraderos pudo ver aquella esquina.
Eran casi las siete de la noche, buscó con la mirada
por toda la cuadra y no la vió.
Soñó
con Tentación igual que la noche anterior. Lo que le
había ocurrido superó cualquier fantasía
por más alocada que fuera. En sueños el rostro
aparecía borroso, difícil de recordar. La acariciaba
y la besaba desnudo sobre el camastro. Buscaba ávido
la mirada y encontraba los ojos almendra de Fiorella.
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En el restaurante se ocupaba de atender las mesas hasta las
tres de la tarde y luego partía a la universidad. Deseaba
que las horas volaran y no podía evitar ver el reloj
cada diez minutos. El tiempo se hizo más largo cuando
faltaba una hora para salir.
Al fin las
tres de la tarde. Caminó con paciencia premeditada y
provocada. Siguió la ruta que sigue el ómnibus
hasta llegar a aquella esquina. La buscaba cada vez más
consciente de hacerlo y no la encontró. Rehizo la ruta
seguida por ambos y llegó al mercado. Vió la puerta
abierta y subió las escaleras.
Los sonidos
producían el mismo murmullo sordo que la vez anterior,
los mismos gritos, llantos, televisores... En la salita un hombre
dormitaba sobre uno de los sillones.
Fabio tocó la destartalada puerta de metal una vez, dos
veces y a la tercera el ebrio del sillón gritó:
-No está...
la puta se fue a la calle... hoy no atiende..
Asustado,
Fabio lo vió acomodarse sobre el vejestorio destartalado
y repetir algunas frases que no llegó a oír. Caminó
suave pero rápidamente hacia las escaleras maldiciendo
silenciosamente su estupidez por regresar.
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-Llegas
tarde, susurró Fiorella en clase de Historia.
-Otra vez me tuve que quedar en el restaurante...- mintió
Fabio.
Durante
toda la clase no dejaba de pensar en los muros verdigrises del
edificio destartalado. Las luces de la noche se apoderaban
del patio cuando los dos jóvenes salieron del salón.
-¿Vamos?
- preguntó Fiorella.
-No, tengo que ir donde mi abuela, está enferma y no
hay quien la acompañe, nos vemos...
-Bueno... adiós.
Cruzó
la avenida a toda velocidad y subió al autobús.
Bajó en donde se suponía que era el mercado. Caminó
una cuadra llena de desperdicios y a esa hora libre de carretillas.
Voló sobre la alfombra de cáscaras y restos de
verduras que coloreaban el asfalto.
Encontró
nuevamente la puerta entreabierta y subió despacio, esperando
que dos ancianos terminen de bajar la húmeda y sucia
escalera. En cada escalón intentaba recordarla y todo
se le hacía borroso, sólo encontraba el aroma
de su piel. Ahora la salita estaba más oscura que antes
y amparados en la noche una pareja se prodigaba caricias y frases
al oído.
Fabio tocó
la puerta despacio. Luego de un rato ésta se entreabrió
y dejaron una línea vertical descubriendo unos ojos que
iluminaron el pasadizo y su mente.
-Hola, soy
Fabio... ¿Te acuerdas?
-¿Qué haces aquí? ¿Te loqueaste...?
-Quería verte...
-Ven, pasa.
Entró
temeroso y pudo ver con más luz una cama revuelta, un
ropero antiguo y un olor húmedo y desagradable. Un pequeño
televisor los bañaba de azul eléctrico.
-¿Por
qué tan tarde?
-¿Por qué no?
-Bueno, ¿no crees que tengo cosas que hacer, como ...
dormir por ejemplo?
-Lo siento... no creí que...
-No creíste que ¿Qué? ¿Crees que
la gente como yo no duerme los viernes en la noche, ¿No?
Pues te equivocas...querido. - Dijo Tentación mientras
encendía un cigarrillo.
-¿Me
puedo sentar? - preguntó menos nervioso a lo que Tentación
asintió mientras encendía su cigarrillo. Estaba
con el pelo sujeto y con una camisa larga hasta las rodillas.
Cruzó las piernas en su cama. Estaba a la cabecera y
él a los pies.
-Tú
dirás
- dijo Tentación.
-Sólo quiero conversar,
tú sabes... como amigos...
-No, eso lo conozco bien - dijo Tentación - eso es de
lo más falso que puede decir un chico bueno como tú.
-¿Por qué?
-Por qué va a ser pues chibolo... porque nadie es amigo
de una puta porque sí...digo un amigo de verdad... -
Mientras hablaba la mirada huía por sus largas piernas
-¿Acaso no tienes amigos?
-Si, pero no así.
-¿Cómo?
-No de esa forma...
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Anochecía
en la universidad. La clase se dispersaba y Fiorella se diluía
entre las chicas y los libros, atando una pequeña mirada
al muchacho veloz hasta que desapareció del aula. Bajó
en la misma oscura calle. Subió rápidamente al
edificio y tocó fuertemente la puerta metálica.
-Hola, ¿cómo
estás? -Dijo Fabio con una sonrisa.
Los ojos se perdían en la penumbra de la puerta entreabierta:
-Estoy ocupada
ahora... otro día nos vemos, ¿si?
-Bueno...
La penumbra
desprendió una débil y triste sonrisa y cerró
la puerta suavemente.
Fabio caminó
hasta el final del pasillo. Se decidía a bajar las escaleras
para irse cuando le entró curiosidad aquel lugar tan
sombrío. Tres puertas después de la que acababa
de tocar encontró un ascensor malogrado. Leyó
las inscripciones hechas en él descubriendo algunos nombres
y amenazas.
Subió
por las escaleras oscuras y llegó a una ventana. Miró
el borde lleno de grasa y tierra. Afuera el panorama era curioso.
A lo lejos casas muy bonitas, una ciudad pujante y alzada en
concreto y vidrio. Conforme acercaba la mirada las calles se
ensuciaban, mas techos llenos de maderas, colchones y llantas.
Aquella
salita no tenía sillones destartalados. Ni siquiera eso.
Dos tristes sillas astilladas acompañaban a unos ladrillos
repartidos por el piso. Percibió el mismo murmullo sordo
que oyó en anteriores ocasiones: Las mismas novelas,
discusiones y niños llorando. Por un lado un perro, por
otro una pelea. Esos sonidos fueron aplastados por uno mas corto
pero contundente: un disparo.
El eco lo
confundió. No sabía si provenía de ese
piso o de otro. Algunos radios y televisores bajaron el volumen.
Los gritos cesaron. Sólo el bebé y el perro intentaban
corregir ese desequilibrio. Todos silenciosos, pero nadie asomaba
la cabeza...
Bajó
las escaleras asustado hasta el piso de Tentación. La
puerta estaba abierta y se escuchaban gritos. Mientras se acercaba
sintió el rostro y las manos heladas del pánico.
Pero su curiosidad era más fuerte. Ya con la puerta frente
a él escuchó llantos de una mujer y los gritos
de un hombre que reclamaba algo.
Había
alguien armado ahí dentro. Entró lentamente la
puerta y quedó petrificado con lo que vió: Tentación
lloraba desnuda y ensangrentada arrinconada en el piso de la
habitación. Frente a ella y de espaldas a él un
corpulento hombre vociferaba mientras agitaba las manos. En
una de ellas tenía un revolver.
Dio un paso
más dentro y sintió como burbujas por todo el
cerebro y la espina: Otro hombre yacía desnudo y boca
abajo. Cogió la tijera que estaba sobre la mesita del
televisor. El hombre era grande, pero parecía estar entorpecido
por alguna droga.
No se dio
cuenta de nada. Fue como un reflejo instintivo y de supervivencia.
Algo grabado en alguno de sus genes desde hace mucho tiempo.
Hundió la tijera con toda su fuerza al lado del cuello.
Los ojos sorprendidos y sanguinolentos del asesino lo buscaron
en la penumbra para encontrarse con la brillante y filuda tijera
sobre el rostro y el cuello una y otra vez.
Recién
se dio cuenta de ella cuando el hombre dejó de respirar
sangre por la boca. Tentación miraba fijamente al maleante
ensangrentado. Levantó la mirada y se encontró
con la mirada desencajada de Fabio a punto del desmayo y el
shock. Conteniéndose cogió una toalla de la silla
y se la alcanzó a Tentación.
-Lávate
y vámonos de aquí...
Tentación
entró al baño como una autómata. En el
edificio los sonidos y murmullos volvían a su estado
normal y en la habitación solo se escuchaba el sonido
del agua correr.
Fabio se
sentó en el borde de la cama y miraba fijamente la camisa
blanca del hombre tirado en el piso. Detrás de los pliegues
de la tela saturada de rojo brillaban las tijeras. Fue en ese
momento en que entendió la magnitud de lo ocurrido en
ese lugar. Se levantó nervioso y fue hacia el baño.
Tocó la puerta nervioso y abrió.
No encontró
a nadie en él. Sólo el caño abierto y la
ropa de Tentación ensangrentada en el piso. Sobre la
ducha había una ventana abierta desde la que se escuchaba
otro ruido más fresco y descarnado que el del propio
del edificio: el de la avenida.
Sintió
vértigo, se sintió irreal, etéreo. Ella
se había ido.
Llorando
como un niño se encontró solo, se limpió
la sangre en los pantalones y bajó lentamente las escaleras.
Poco a poco vió la calle como si saliera a la realidad
luego de un sueño aterrador. Pensó en Tentación,
la imaginó mirándolo desde algún lugar,
escondida. Empezó a caminar hacia la gran avenida y poco
a poco esta fue reflejando sus luces en su mirada.
Dejó
caer las tijeras tras unos arbustos y quiso correr. Mientras
lo hacía veía las luces convertirse en estrellas.
Sentía el viento arrancarle las lágrimas. Se sintió
observado por aquella ciudad que antes parecía indiferente.
Sintió que las luces de la noche eran demasiado fuertes
y el viento más frío.
El
mundo parece más pequeño y todos nos miran, cuando
se está huyendo.
1997
MIGUEL
VILLALOBOS DENEGRI