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C U E N T O S (cue)


LA TENTACIÓN (1997)


Tentación miró al muchacho que esperaba en la esquina y él , tímido, esbozó una sonrisa. La acera caminada y descaminada por la mujer era recorrida por décima vez mientras el sonrojado y evasivo muchacho esperaba el ómnibus que no llegaba. La acera poseía dos gatunos ojos que barrían el umbral de la noche en pleno centro de la ciudad. De vez en cuando ambas miradas se entrecruzaban y produciendo cierta complicidad, tímida y lasciva.

Las piernas largas y torneadas se detuvieron en un punto de la desgastada acera y esperaron pacientemente. No se equivocaba, los ojos jóvenes y tímidos la buscaron interrogantes. A lo lejos el brillo de los ojos caramelo brillaron: Tentación había hallado a su víctima.

Los tacones se acercaron martillando la calle y el adolescente evitó mirar.

-¿Qué pasa, no te gusto?

La despeinada cabellera negra se azotó con el viento de la tarde. El joven se sonrojó y respondió avergonzado:

-¿Por qué dices eso?
-Por que nadie me mira solo a los ojos. Todos quieren más que eso.
-Claro, ya me imagino...
-Bueno pues ¿y?

Las últimas palabras soltaron un aliento artificial en las imberbes mejillas.

-¿Qué...?
-Creo que necesitas aprender mucho.. ¿no?


No sabía si era la mezcla de curiosidad o de algún recuerdo olvidado. Algo que sintió hace mucho tiempo, algo perdido. Esa inocencia que pensó desaparecida, inocencia viril, casi indefensa.

-Entonces... ¿me dejas que te enseñe?

Suavemente se engarzó en el brazo atlético y tembloroso y caminaron calle abajo. Las luces estaban sobre ellos y las luces pasaban aceleradas por las calles, la vida en los ojos de Tentación sólo eran un frío reflejo de esas luces nocturnas.

-¿Cómo te llamas?
-Fabio...
-A mi me dicen
Tentación - dijo orgullosa volteando el gatuno rostro.

Caminaban por barrios sucios y plomizos. Las calles eran cada vez mas tugurizadas y malolientes. Cruzaron un mercado y un bar pequeño y obsceno. Fabio estaba cada vez más asustado.

-Bienvenido al paraíso... - dijo Tentación mientras cruzaba entre dos carretillas llenas de frutas y entraba por una puerta entreabierta. Subieron por una escalera oscura y llegaron a una pequeña sala de sillones rotos y destartalados. Tentación sacó de su minúsculo bolso una llave y abrió una vieja puerta de metal.

-Entra, mi amor...-dijo casi empujando a Fabio dentro de ese cuarto a media luz.

El ambiente vibraba con un murmullo sordo que por ratos era rasgado por gritos, llantos infantiles, una radio a todo volumen transmitía un partido de fútbol y en otro muy cerca se escuchaba una salsa muy antigua.

-Es que no entiendo qué hago aquí...
-Tu no digas nada...-la mujer se había mezclado con la penumbra y era difícil encontrar su rostro sin imaginarlo.
-No entiendes... ¿me va s a cobrar no?
-Lo que tú creas que valgo...
-¿Y si no me alcanza?... es que tengo...

La mano mariposeó por los botones con diestra maña y como en un acto de magia una silueta de suaves senos apareció bajos las manos de Fabio.

-Si no te alcanza me pagas cuando regreses... porque sé que vas a regresar...


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Los primeros ciclos de la universidad siempre son confusos. Sobre todo cuando uno no sabe exactamente para qué está ahí y viene de un colegio de hombres. Las mujeres son un mundo inexplorado, son tierra de misterios y poblado de leyendas y mitos.

-¿Por qué no viniste a la clase de Lengua ayer?
-Salí tarde del restaurante y no me dieron ganas de ir...
-Llamé a tu casa y tampoco estabas, tu vieja se preocupó...
-Me fui a la casa de Javicho, a ver el partido.
-No deberías descuidar tanto las clases, se está poniendo cada vez más complicado y... -la pequeña Fiorella con su carita de ardilla lo trataba como si fuera la hermana mayor. Le encantaba su olor suave y penetrante, sus dedos largos y delgados. Adoraba la sensación de estar junto a alguien que dominaba la situación.

La conoció en la clase de Mate 1. El no encontraba su horario y no recordaba el salón donde le tocaría la clase siguiente. Ella, al verlo perdido le prestó el suyo. Y así ella empezó a ayudarlo en todo, en cada clase, en cada examen, en las improductivas amanecidas de estudio y hasta en la forma de vestirse. Estaba llegando a la conclusión que necesitaba a una mujer que tomar la iniciativa... como ayer. Pero lo de ayer... ¿fue real? Parecía un sueño, pero un sueño del que despertó sin un centavo.

-¿Vas a ir?
-¿Dónde dijiste...?
-No me escuchas ¿qué tienes? Estás como ido.
-Es que me tengo que ir, ¡chau!
-Chau, pero estudia...

Se despidieron. El camino a casa no era muy largo. Arrullado por el motor y el vaivén de los paraderos pudo ver aquella esquina. Eran casi las siete de la noche, buscó con la mirada por toda la cuadra y no la vió.

Soñó con Tentación igual que la noche anterior. Lo que le había ocurrido superó cualquier fantasía por más alocada que fuera. En sueños el rostro aparecía borroso, difícil de recordar. La acariciaba y la besaba desnudo sobre el camastro. Buscaba ávido la mirada y encontraba los ojos almendra de Fiorella.

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En el restaurante se ocupaba de atender las mesas hasta las tres de la tarde y luego partía a la universidad. Deseaba que las horas volaran y no podía evitar ver el reloj cada diez minutos. El tiempo se hizo más largo cuando faltaba una hora para salir.

Al fin las tres de la tarde. Caminó con paciencia premeditada y provocada. Siguió la ruta que sigue el ómnibus hasta llegar a aquella esquina. La buscaba cada vez más consciente de hacerlo y no la encontró. Rehizo la ruta seguida por ambos y llegó al mercado. Vió la puerta abierta y subió las escaleras.

Los sonidos producían el mismo murmullo sordo que la vez anterior, los mismos gritos, llantos, televisores... En la salita un hombre dormitaba sobre uno de los sillones.
Fabio tocó la destartalada puerta de metal una vez, dos veces y a la tercera el ebrio del sillón gritó:

-No está... la puta se fue a la calle... hoy no atiende..

Asustado, Fabio lo vió acomodarse sobre el vejestorio destartalado y repetir algunas frases que no llegó a oír. Caminó suave pero rápidamente hacia las escaleras maldiciendo silenciosamente su estupidez por regresar.


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-Llegas tarde, susurró Fiorella en clase de Historia.
-Otra vez me tuve que quedar en el restaurante...- mintió Fabio.

Durante toda la clase no dejaba de pensar en los muros verdigrises del edificio destartalado. Las luces de la noche se apoderaban del patio cuando los dos jóvenes salieron del salón.

-¿Vamos? - preguntó Fiorella.
-No, tengo que ir donde mi abuela, está enferma y no hay quien la acompañe, nos vemos...
-Bueno... adiós.

Cruzó la avenida a toda velocidad y subió al autobús. Bajó en donde se suponía que era el mercado. Caminó una cuadra llena de desperdicios y a esa hora libre de carretillas. Voló sobre la alfombra de cáscaras y restos de verduras que coloreaban el asfalto.

Encontró nuevamente la puerta entreabierta y subió despacio, esperando que dos ancianos terminen de bajar la húmeda y sucia escalera. En cada escalón intentaba recordarla y todo se le hacía borroso, sólo encontraba el aroma de su piel. Ahora la salita estaba más oscura que antes y amparados en la noche una pareja se prodigaba caricias y frases al oído.

Fabio tocó la puerta despacio. Luego de un rato ésta se entreabrió y dejaron una línea vertical descubriendo unos ojos que iluminaron el pasadizo y su mente.

-Hola, soy Fabio... ¿Te acuerdas?
-¿Qué haces aquí? ¿Te loqueaste...?
-Quería verte...

-Ven, pasa.

Entró temeroso y pudo ver con más luz una cama revuelta, un ropero antiguo y un olor húmedo y desagradable. Un pequeño televisor los bañaba de azul eléctrico.

-¿Por qué tan tarde?
-¿Por qué no?
-Bueno, ¿no crees que tengo cosas que hacer, como ... dormir por ejemplo?
-Lo siento... no creí que...
-No creíste que ¿Qué? ¿Crees que la gente como yo no duerme los viernes en la noche, ¿No? Pues te equivocas...querido. - Dijo Tentación mientras encendía un cigarrillo.

-¿Me puedo sentar? - preguntó menos nervioso a lo que Tentación asintió mientras encendía su cigarrillo. Estaba con el pelo sujeto y con una camisa larga hasta las rodillas. Cruzó las piernas en su cama. Estaba a la cabecera y él a los pies.

-Tú dirás - dijo Tentación.
-Sólo quiero conv
ersar, tú sabes... como amigos...
-No, eso lo conozco bien - dijo Tentación - eso es de lo más falso que puede decir un chico bueno como tú.
-¿Por qué?
-Por qué va a ser pues chibolo... porque nadie es amigo de una puta porque sí...digo un amigo de verdad... - Mientras hablaba la mirada huía por sus largas piernas
-¿Acaso no tienes amigos?
-Si, pero no así.
-¿Cómo?
-No de esa forma...


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Anochecía en la universidad. La clase se dispersaba y Fiorella se diluía entre las chicas y los libros, atando una pequeña mirada al muchacho veloz hasta que desapareció del aula. Bajó en la misma oscura calle. Subió rápidamente al edificio y tocó fuertemente la puerta metálica.

-Hola, ¿cómo estás? -Dijo Fabio con una sonrisa.
Los ojos se perdían en la penumbra de la puerta entreabierta:

-Estoy ocupada ahora... otro día nos vemos, ¿si?
-Bueno...

La penumbra desprendió una débil y triste sonrisa y cerró la puerta suavemente.

Fabio caminó hasta el final del pasillo. Se decidía a bajar las escaleras para irse cuando le entró curiosidad aquel lugar tan sombrío. Tres puertas después de la que acababa de tocar encontró un ascensor malogrado. Leyó las inscripciones hechas en él descubriendo algunos nombres y amenazas.

Subió por las escaleras oscuras y llegó a una ventana. Miró el borde lleno de grasa y tierra. Afuera el panorama era curioso. A lo lejos casas muy bonitas, una ciudad pujante y alzada en concreto y vidrio. Conforme acercaba la mirada las calles se ensuciaban, mas techos llenos de maderas, colchones y llantas.

Aquella salita no tenía sillones destartalados. Ni siquiera eso. Dos tristes sillas astilladas acompañaban a unos ladrillos repartidos por el piso. Percibió el mismo murmullo sordo que oyó en anteriores ocasiones: Las mismas novelas, discusiones y niños llorando. Por un lado un perro, por otro una pelea. Esos sonidos fueron aplastados por uno mas corto pero contundente: un disparo.

El eco lo confundió. No sabía si provenía de ese piso o de otro. Algunos radios y televisores bajaron el volumen. Los gritos cesaron. Sólo el bebé y el perro intentaban corregir ese desequilibrio. Todos silenciosos, pero nadie asomaba la cabeza...

Bajó las escaleras asustado hasta el piso de Tentación. La puerta estaba abierta y se escuchaban gritos. Mientras se acercaba sintió el rostro y las manos heladas del pánico. Pero su curiosidad era más fuerte. Ya con la puerta frente a él escuchó llantos de una mujer y los gritos de un hombre que reclamaba algo.

Había alguien armado ahí dentro. Entró lentamente la puerta y quedó petrificado con lo que vió: Tentación lloraba desnuda y ensangrentada arrinconada en el piso de la habitación. Frente a ella y de espaldas a él un corpulento hombre vociferaba mientras agitaba las manos. En una de ellas tenía un revolver.

Dio un paso más dentro y sintió como burbujas por todo el cerebro y la espina: Otro hombre yacía desnudo y boca abajo. Cogió la tijera que estaba sobre la mesita del televisor. El hombre era grande, pero parecía estar entorpecido por alguna droga.

No se dio cuenta de nada. Fue como un reflejo instintivo y de supervivencia. Algo grabado en alguno de sus genes desde hace mucho tiempo. Hundió la tijera con toda su fuerza al lado del cuello. Los ojos sorprendidos y sanguinolentos del asesino lo buscaron en la penumbra para encontrarse con la brillante y filuda tijera sobre el rostro y el cuello una y otra vez.

Recién se dio cuenta de ella cuando el hombre dejó de respirar sangre por la boca. Tentación miraba fijamente al maleante ensangrentado. Levantó la mirada y se encontró con la mirada desencajada de Fabio a punto del desmayo y el shock. Conteniéndose cogió una toalla de la silla y se la alcanzó a Tentación.

-Lávate y vámonos de aquí...

Tentación entró al baño como una autómata. En el edificio los sonidos y murmullos volvían a su estado normal y en la habitación solo se escuchaba el sonido del agua correr.

Fabio se sentó en el borde de la cama y miraba fijamente la camisa blanca del hombre tirado en el piso. Detrás de los pliegues de la tela saturada de rojo brillaban las tijeras. Fue en ese momento en que entendió la magnitud de lo ocurrido en ese lugar. Se levantó nervioso y fue hacia el baño. Tocó la puerta nervioso y abrió.

No encontró a nadie en él. Sólo el caño abierto y la ropa de Tentación ensangrentada en el piso. Sobre la ducha había una ventana abierta desde la que se escuchaba otro ruido más fresco y descarnado que el del propio del edificio: el de la avenida.

Sintió vértigo, se sintió irreal, etéreo. Ella se había ido.

Llorando como un niño se encontró solo, se limpió la sangre en los pantalones y bajó lentamente las escaleras. Poco a poco vió la calle como si saliera a la realidad luego de un sueño aterrador. Pensó en Tentación, la imaginó mirándolo desde algún lugar, escondida. Empezó a caminar hacia la gran avenida y poco a poco esta fue reflejando sus luces en su mirada.

Dejó caer las tijeras tras unos arbustos y quiso correr. Mientras lo hacía veía las luces convertirse en estrellas. Sentía el viento arrancarle las lágrimas. Se sintió observado por aquella ciudad que antes parecía indiferente. Sintió que las luces de la noche eran demasiado fuertes y el viento más frío.

El mundo parece más pequeño y todos nos miran, cuando se está huyendo.

1997

MIGUEL VILLALOBOS DENEGRI