Desde que el ser humano nombró a la primera cosa ésta
se volvió a crear. Es esta capacidad de re-creación
del ser humano la que le da el poder de transformar simbólicamente
los objetos y hasta a sus propios congéneres.
Un
objeto (considerando a un objeto como un sujeto cualquiera)
tiene dos planos en la realidad: uno intrínseco y el
otro simbólico. Si nuestro producto es un candidato político
lo intrínseco será lo corporal, lo que piensa
pero no dice, sus vivencias, sus recuerdos y hasta sus deseos.
Lo simbólico será todo lo que ese ser es para
cada uno de nosotros. Es aquí donde actúa el marketing
político. Actúa en el plano que es más
difícil de cambiar pero en el que pueden haber tantas
percepciones diferentes como sujetos consumidores de esa imagen
existan.
Hay
una división marcada entre lo irreal y lo real en algunas
imágenes de políticos. Y es que el mundo legal
siempre fue un mundo de simbolismos y de consensos. Lo que pasa
en la "vida real" es un simple accesorio al programa
legal. Si bien es cierto que esta imagen se puede manipular
o controlar pueden ocurrir ciertas cosas que hagan que se nos
escape de los manos y crear un efecto contrario al deseado.
Por
eso es importante que en las campañas no se profundice
en temas puntuales sino ser muy general en las apreciaciones.
Contestar con generalidades puede ser lo salida a lo que dice
Maarek al plantearse la determinación de los temas a
tratar en la campaña. Muchas veces intentar responder
con un perfil populista puede traer consecuencias terribles
para las clases medias emergentes a las altas.
Si
el marketing es una estrategia de guerra, la política
es el campo de batalla simbólico. Donde una dispersión
del mensaje, como el de Toledo al no definir y "cerrar
filas" al momento de la votación del 28 de julio
del 2000, pueda considerarse una derroto aplastante. En donde
subestimar el poder de los medios "chicha" equivale
a considerar un grupo guerrillero como simples "abigeos"
y sufrir uno considerable baja en puntos de encuesta.
Estamos
en la etapa en la que los grupos políticos toman los
estrategias de los medios, donde vuelven productos simbólicos
o sus dirigentes y los administran como si se escribiera el
guión para un actor de novela o la leyenda sobre la vida
de un contante de rock.
Se
clasifica a los ciudadanos como nichos donde existirán
diferentes grupos objetivos en los que existen un abanico de
posibilidades como una comunicación de "conquista
o una de "mantenimiento". Donde luego de "vendernos"
el producto se ofrezca un servicio de "post venta".
Fujimori
se volvió el producto típico de una empresa monopólica.
Es el mejor del mercado porque es el único. Se vuelve
tan ilegal como lo es un monopolio, pero ¿cómo
puede un marco legal, por bueno que sea, obligar a la formación
de empresas similares para la destrucción del monopolio?
Ni Norteamérica puede romper el monopolio en el que se
encuentra BiIl Gates y Microsoft. Imaginemos que debe ser más
difícil si el mismo Bill Gates cambia las leyes que regulan
el funcionamiento de las empresas en Norteamérica.
Existen
leyes del marketing que se rompen frente o situaciones sui generis
como la de Microsoft. Para muchos es un producto de bajo calidad,
pero sin él ¿Con quién te quedas? ¿Con
lo Macintoch? Claro, si me compro una "Mac" me quedo
sin ingresar al círculo comercial de los programas comunes
y tendría que aprender el sistema de nuevo. Me puedo
quedar sin mi club de madres y ya no trabajar en el Vaso de
Leche. O salir del ministerio o quedarme sin trabajo si no voy
a la marcha. Y si igual ganaran las "Macs" ¿Será
mejor que la~ PC con Windows? Creo que muchos lo dudan.
MIGUEL VILLALOBOS