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E N S A Y O S (ens)


FUJIMORI O BILLGATES (2000)


Desde que el ser humano nombró a la primera cosa ésta se volvió a crear. Es esta capacidad de re-creación del ser humano la que le da el poder de transformar simbólicamente los objetos y hasta a sus propios congéneres.

Un objeto (considerando a un objeto como un sujeto cualquiera) tiene dos planos en la realidad: uno intrínseco y el otro simbólico. Si nuestro producto es un candidato político lo intrínseco será lo corporal, lo que piensa pero no dice, sus vivencias, sus recuerdos y hasta sus deseos. Lo simbólico será todo lo que ese ser es para cada uno de nosotros. Es aquí donde actúa el marketing político. Actúa en el plano que es más difícil de cambiar pero en el que pueden haber tantas percepciones diferentes como sujetos consumidores de esa imagen existan.

Hay una división marcada entre lo irreal y lo real en algunas imágenes de políticos. Y es que el mundo legal siempre fue un mundo de simbolismos y de consensos. Lo que pasa en la "vida real" es un simple accesorio al programa legal. Si bien es cierto que esta imagen se puede manipular o controlar pueden ocurrir ciertas cosas que hagan que se nos escape de los manos y crear un efecto contrario al deseado.

Por eso es importante que en las campañas no se profundice en temas puntuales sino ser muy general en las apreciaciones. Contestar con generalidades puede ser lo salida a lo que dice Maarek al plantearse la determinación de los temas a tratar en la campaña. Muchas veces intentar responder con un perfil populista puede traer consecuencias terribles para las clases medias emergentes a las altas.

Si el marketing es una estrategia de guerra, la política es el campo de batalla simbólico. Donde una dispersión del mensaje, como el de Toledo al no definir y "cerrar filas" al momento de la votación del 28 de julio del 2000, pueda considerarse una derroto aplastante. En donde subestimar el poder de los medios "chicha" equivale a considerar un grupo guerrillero como simples "abigeos" y sufrir uno considerable baja en puntos de encuesta.

Estamos en la etapa en la que los grupos políticos toman los estrategias de los medios, donde vuelven productos simbólicos o sus dirigentes y los administran como si se escribiera el guión para un actor de novela o la leyenda sobre la vida de un contante de rock.

Se clasifica a los ciudadanos como nichos donde existirán diferentes grupos objetivos en los que existen un abanico de posibilidades como una comunicación de "conquista o una de "mantenimiento". Donde luego de "vendernos" el producto se ofrezca un servicio de "post venta".

Fujimori se volvió el producto típico de una empresa monopólica. Es el mejor del mercado porque es el único. Se vuelve tan ilegal como lo es un monopolio, pero ¿cómo puede un marco legal, por bueno que sea, obligar a la formación de empresas similares para la destrucción del monopolio? Ni Norteamérica puede romper el monopolio en el que se encuentra BiIl Gates y Microsoft. Imaginemos que debe ser más difícil si el mismo Bill Gates cambia las leyes que regulan el funcionamiento de las empresas en Norteamérica.

Existen leyes del marketing que se rompen frente o situaciones sui generis como la de Microsoft. Para muchos es un producto de bajo calidad, pero sin él ¿Con quién te quedas? ¿Con lo Macintoch? Claro, si me compro una "Mac" me quedo sin ingresar al círculo comercial de los programas comunes y tendría que aprender el sistema de nuevo. Me puedo quedar sin mi club de madres y ya no trabajar en el Vaso de Leche. O salir del ministerio o quedarme sin trabajo si no voy a la marcha. Y si igual ganaran las "Macs" ¿Será mejor que la~ PC con Windows? Creo que muchos lo dudan.


MIGUEL VILLALOBOS