Atado
a la plúmbea cinta de asfalto
como quien deshoja una infantil vida
avanza cadene el triste columbato.
Los
dos carbones diminutos ojos
apagados fuegos de muchos maltratos
dirige a los dueños de veloces autos.
Su
hermosa carita es un libro abierto
de polvo y de humo, de hambre y de llanto,
para quien mirarlo pueda con acierto.
Tan
sólo pan duro y de sobras viejas
pasando los días sin que él se de cuenta,
viendo alguna casa, siempre tras las rejas.
Aspira
el olor dentro de una bolsa
que lo hace caminar dentro del infierno
buscando entre espinas perfumada rosa.
El
pegamento feroz lo consume
Se alimentan con éste, cuerpo y cerebro
Sin saber que es a él quien carcome.
Reúne
valor, un valor eterno
y aún tembloroso, narcótico efecto,
se acuesta abrigado por el mismo averno.
Sueña
que alguien va a despertarlo
y en alguna cama con los pies calientes
sin luchar con ratas en el duro suelo.
Sigue
soñando, niño columbato,
sigue viviendo nocturnas fantasías
si logras así algún recuerdo grato.
21-03-1999