Desde hace
unos anos se habla de la postmodernidad como un movimiento que
retoma elementos de diferentes épocas y los instala en
una estructura moderna. También se dice que es lo mezcla
de géneros y hasta de ámbitos culturales y sociales.
Así vemos films que no tienen un género definido,
son una mezcla de terror y comedia o de ciencia ficción
y policiales. También lo encontramos en otras manifestaciones
artísticas, como en la pintura o en el "Video Arte".
Hace unos días estuve haciendo una transacción
en un banco y me di con la sorpresa que repartían globos
y vendían, mediante el uso de la tarjeta, polos publicitarios
de la misma. Ahora no debe parecer extraño que una institución
tradicionalmente seria y sólida adopte formas de centro
comercial o de parque de diversiones. Por televisión
vemos híbridos de programas informativos y de magazine,
ya no sólo muestran los casos desde una perspectiva lejana
y "periodística" sino se instalan en el caso
de forma visceralmente cercana, a lo manera de los Talk Shows.
Si esto
ocurre en la mayoría de esferas de nuestra sociedad,
y en general de nuestro mundo occidental, no es extraño
que ocurra algo similar con la política. La política
adopta el manejo de un evento comercial, el marketing político
se erige como base para la existencia de un partido o grupo
político. En un programa de televisión existe
una serie de eventos y de secuencias, puede ser un programa
concurso, de entrevistas, Etc. Pero el discurso de éste
nunca seria lo suficientemente importante para prescindir de
un conductor. Su figura, una vez instituida no puede ser cambiada
tan fácilmente. Lo mismo sucede con los grupos políticos.
Evidentemente es mucho más fácil posicionar a
alguien que un intangible, como una idea o un grupo. De hecho
esa es una estrategia de marketing. El candidato gana mayor
importancia que el partido y esto lo hace más versátil.
Lo puede volver una estrella de la televisión o un villano
en las noticias de algún periódico chicha.
Como toda
estrella debe tener un equipo de producción que apoye
y maneje sus eventos y presentaciones, que orqueste y realice
la agenda. Estos serán los especialistas que se encargan
de la conducción de la campaña política.
Vemos cómo a través de los campañas los
candidatos se preocupan por traer especialistas extranjeros
o contratar a empresas internacionalmente reconocidas para que
manejen y se preocupen de la campaña, que se preocupen
de verificar los "raitings" que no son otra cosa que
los sondeos de opinión, de armar los escenarios y, eventualmente
llevar a la gente a las manifestaciones para que coree al divo
de lo política, al que está en todos los titulares
y aparece hasta en polos, banderolas y que baila. Eso es lo
política ahora.
No hay sentencia
que se aplique mejor para la política que "la imagen
es todo", no importa cuánto se haya hecho o dejado
de hacer, depende de qué es lo que mis televidentes ven
o creen. Son pocos los que se preocupan de leer las leyendas
de las fotos y casi no existen quienes leen las noticias como
secuencia de un todo, como el total de una acción política.
Es más fácil ver la foto, oír el eslogan
o escuchar el sondeo de opinión para inclinarnos por
un candidato. Es por eso que el baile llama la atención,
es por eso que las frases cortas se recuerdan y la música
se toca en todos lados. Porque ya no existe la política
lógica y racional, existe una lúdica y emotiva,
lo que toca un nervio destinado a los partidos de fútbol
o para los conciertos de rock.
Muchos diarios
se encargan solo de repetir eventos de estas estrellas de la
política propalados por los canales de TV en los noticieros
nocturnos. Es así corno podemos ver un mismo hecho convertido
en diferentes noticias.
Así
como en un ídolo de rock, las leyendas sobre el candidato
aumentan su popularidad. En menor o mayor grado se puede utilizar
esa imagen poro provecho del partido o como medio de ataque
en la contracampaña. Ya de noche y luego de los elecciones,
cuando los manifestantes dejan la plaza y apagan sus televisores
sólo nos quedan las calles del Centro empapeladas, Vladimiro
recorriendo con su negra capa por San Borja, la hija de Toledo
en algún barrio desconocido y Jim Morrison que vive escondido
en algún lugar de África.
MIGUEL
VILLALOBOS