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LA SABIDURÍA PRODUCE ALEGRÍA

Pr. 3:13-18; 4:1-9

 

 La sabiduría en los tiempos del Antiguo Testamento era considerada como una virtud que proviene de Dios y ésta nos permite tener discernimiento de las cosas, saber distinguir entre el bien y el mal, nos da destreza, aptitud en las artes, habilidad en los negocios, discernimiento para aconsejar, prudencia para gobernar (Ex. 31:3-6; 1 R. 3:28; 4:29-34).

 

El tema de la sabiduría no es tanto un asunto teórico, sino más bien un asunto práctico. Sabiduría es tener cordura en la vida diaria y en las decisiones éticas. Es la aplicación de lo que uno sabe a lo que uno hace, a fin de lograr un bienestar.

 

Ahora bien, era claro para el pueblo de Israel que la sabiduría era un don especial de Dios (Job 28:20-28), pero que ésta no sólo era para los gobernantes como Josué (Dt. 34:9), David (2 S. 14:20), y Salomón (1 R. 3:9-12), sino que era para todos en general (Pr. 1:1-7).

 

De ahí su importancia para nuestros días en todo nuestro quehacer. Su estudio desde la palabra de Dios nos ha de ayudar a tener esa sabiduría y ser sabios en todo.

 

Los textos bíblicos en referencia nos hablan de los bueno que es procurar la sabiduría y saber aplicarla a nuestras vidas. El resultado es una vida en justicia, en paz y en alegría.

 

El pasaje bíblico de Pr. 3:13-18 es parte de los consejos que el rey Salomón da a los jóvenes de su tiempo y les exhorta a apreciar la sabiduría y obtener sus beneficios. Lo primero que resalta el autor es la dicha o felicidad de aquel que halla la sabiduría, en este caso, es el entendimiento y la prudencia, y además el lograr el conocimiento y la ciencia de las cosas, que viene a ser la inteligencia. Sus frutos son muy apreciados, mejor que cualquier ganancia por más valiosa que sea; ni la plata, ni el oro, ni las piedras preciosas alcanzan ese nivel.

 

Ser sabio es ser prudente y hacer todo para lograr algo mejor. Lo contrario es ser necio, torpe. Vivir en sabiduría es vivir en paz y en permanente alegría, ya que sus caminos son siempre buenos. No en vano se nos dice en Pr. 1:7 que el principio de la sabiduría es el temor de Dios. Los insensatos despreciarán la sabiduría y la enseñanza.

 

Hoy en día, la ciencia ha avanzado de una manera increíble y sirve para que muchas personas se jacten por tener un vasto conocimiento sobre otros que no lo tienen. Pero, muchas veces el acumular datos, información clasificada, conocimiento de última generación, no significa ser sabio, inteligente sí. Ser sabio no es tener un cúmulo de conocimientos, sino saber vivir la vida con calidad y no en mediocridad. Esta diferencia es lo que distingue lo uno de lo otro.

 

En estos tiempos ser sabio es saber vivir la vida de acuerdo a los principios y mandamientos de Dios, saber hacer su voluntad, el no desperdiciar la vida en cosas inútiles, ejercer la justicia y ser prudente en cada acto diario. La sabiduría nos debe llevar a disfrutar del tiempo, de los recursos naturales, de los gratos momentos con la familia y tener tiempo para soñar.

 

Lamentablemente en nuestra sociedad moderna basta ver a la gente que va y viene en forma apresurada, cabizbajos, angustiados, sin un minuto para charlar o tomarse un café. Nadie duda de su capacidad intelectual, pero viven una vida mediocre. No disfrutan sabiamente cada minuto de la vida que Dios les da. ¿Son todos ellos sabios?

 

Por último, volvemos a afirmar que lo único que nos conduce a la paz verdadera es saber ser sabio, más aún, en la palabra de Dios, y esa situación nos ha de producir una felicidad interior y exterior, es decir alegría plena, no hay otro camino. Si nos falta sabiduría, pidámosla a nuestro Dios y el nos la dará según su promesa (Stgo. 1:5). Quiera el Señor nos provea su sabiduría y nos permita vivir una vida en plenitud. Amén.

 

 

Rev. Lic. Jorge Bravo C.

 

 

 

      


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