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EL PRECIO DE SEGUIR A JESÚS

 

(Mateo 10: 34-39)

El capítulo 10 del evangelio de Mateo se caracteriza por ser la sección del llamado de Jesús a los que han de ser sus discípulos, pero a la vez contiene una serie de advertencias que deben considerar todo aquel que quiera seguirle.  Hay una serie de exigencias de parte de Jesús para realizar la misión. En estas exigencias se dan también cuatro asuntos:

a)     Una lucha al interior del hogar.- Habrá una lucha interna entre los miembros de la familia, entre padres y amigos. Ellos se convertirán en los enemigos del cristiano por el solo hecho de seguir a Jesucristo. Es una especie de rompimiento con las estructuras actuales que no permiten el cambio o la realización de un nuevo proyecto. Los lazos familiares y amicales son estructuras muy fuertes y muchas veces son egoístas, ya que no permiten el desprendimiento de uno de sus miembros para el bien de los demás. Por ejemplo, si hay una guerra para defender la patria, la familia y los amigos difícilmente permitirían que uno de sus integrantes los deje para morir en el campo de batalla por otros. Seguir a Jesús es una aventura de fe, pero también implica pelear una batalla contra todo aquello que genera maldad y destrucción de la vida, de la felicidad, de la alegría, de la esperanza, del bien común, del amor de Dios. El soldado de Cristo debe salir a pelear esta batalla, para ello debe dejar a su familia y amigos. Los judíos sabían muy bien y creían que cuando fuese el Día del Señor, una de las señales sería la división de las familias. La intervención de Dios en la historia genera este tipo de conflictos. Todo proyecto de gran magnitud a favor de algo bueno, siempre genera división e incomprensión, divide a los hombres, a las familias y a los grupos. Unos aceptarán el reto y apoyan, pero otros se negarán y harán lo imposible para que fracase todo proyecto diferente a sus planes.

 

De ahí que esa paz existente, esa tranquilidad hogareña y amical, con la venida del Señor será alterada; el mundo será convulsionado y esto producirá enfrentamientos entre los que le acepten y le sigan, y los que le niegan y rechacen, aún la propia familia y  amigos.

 

b)     Una elección a realizar.- Llega un momento en nuestra vida que tenemos que hacer decisiones y optar por aquellas que creemos es lo mejor. Esta actitud no es fácil hacerla en medio de un mundo donde todos siguen la moda o la corriente del momento, implica tomar distancia y atreverse a vivir en forma consecuente el camino elegido. El Señor espera de sus seguidores que cada uno tome una opción de vida, que saque cuenta de los riesgos y beneficios que conlleva seguirle. Dejar de lado muchas otras opciones es el sacrificio que implica el llamamiento a caminar junto con Jesús. De alguna manera, nuestra paz es violentada por una paz que va en busca de un nuevo orden, de algo mejor, donde impere la justicia y el Amor de Dios.

 

c)      El precio de la cruz.- Todos los seguidores de Jesús sabían lo que significaba morir en la cruz, ellos habían visto miles de personas morir en la cruz a lo largo del camino de Galilea; esta forma de matanza era una advertencia contra todo aquel que pretendiera alterar el orden social existente, para lograr este propósito los romanos se encargaban de realizarla, con ello garantizaban la paz social.

 

Cristo murió en la cruz por salvarnos y liberarnos del pecado. Esa misma cruz es la que Cristo ofrece a sus seguidores hoy en día, ahí, en la cruz, debemos sacrificar nuestras ambiciones personales, la comodidad, el lujo, el triunfo personal, los proyectos personales, los sueños. Jesucristo nos ofrece un camino diferente para vivir una vida plena, pero ésta tiene un precio: la cruz. 

 

d)     Una aventura de fe.- Al final de este texto bíblico aparentemente hay una contradicción: “el que quiera hallar su vida la perderá; y el que pierda su vida la hallará”. Epicteto dice de Sócrates: “Al morir salvó su vida, porque no huyó”. Sócrates hubiera podido haber salvado su vida con facilidad, pero de haberlo hecho el verdadero Sócrates hubiera muerto, y nadie hubiera jamás, escuchado hablar de él. Jesucristo nos dio un gran ejemplo al morir en la cruz. No todo se quedó ahí, en el madero; sus enseñanzas se encarnaron en sus discípulos y con su resurrección les dio la seguridad de que eran verdaderas.

 

Esta es la aventura de fe que Jesús nos invita a caminar en el cumplimiento de la misión. Dar nuestra vida por el reino de Dios es al final de cuentas nuestra ganancia. Esta es la paz verdadera que él nos ha prometido si somos fieles a su llamado. El mundo no puede darnos esta paz, sólo Jesús nos ha prometido dárnosla: ”La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Jn. 14:27).

 

Que el Señor nos ayude a seguir caminando y cumpliendo la tarea en este mundo, para que el reino de Dios sea una realidad para todos. Amén.

 

 

Rev. Lic. Jorge Bravo C.

 

 

 

      

 


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