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SOMOS PARTE DE LA IGLESIA DE CRISTO

 

(Mateo 16:13-18)

 

Hoy es un día muy especial para nosotros lo que conformamos la Iglesia Metodista del Callao, debido a que celebramos un aniversario más de la fundación de nuestra iglesia centenaria. Como cuerpo de Cristo hemos recibido el legado precioso de anunciar las Buenas Nuevas a toda criatura para que sean redimidas. Históricamente la Iglesia nace desde la fe en Cristo (Mt. 16:13-17) y continúa hasta hoy cumpliendo su misión. Jesucristo al establecer Su iglesia le dio una visión y una misión, la unidad y el amor fraternal, además de concederle una virtud.

 

a) Visión.-

 

"Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia" (1 P. 2:9-10).

 

Como Iglesia de Cristo estamos llamados a ser una comunidad de verdaderos creyentes bajo el señorío de Cristo. Somos una comunidad redentora en la cual se predica la Palabra de Dios por personas divinamente llamadas y los Sacramentos son debidamente administrados según el propio mandato de Cristo. Y que bajo la disciplina del Espíritu Santo la Iglesia existe para el mantenimiento de la oración, la edificación de los creyentes y la redención del mundo. (1 Co. 1:2; Ef. 4:11-12; ).

 

b) Misión.-

 

Hay dos textos bíblicos muy claros concernientes a la Misión de la Iglesia:

 

"Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén" (Mt. 28:19-20).

 

"El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor. Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros" (Lc. 4:18-21).

La Iglesia de Cristo existe en para el mundo. Está llamada a ser la sal y la luz del mundo (Mt. 5:13-16). Su misión es proclamar las Buenas Nuevas, redimir  a toda criatura en el nombre de Jesucristo. Hoy más que nunca, la Iglesia está llamada a ser un instrumento de redención y de esperanza, ante tanta injusticia, maldad, corrupción, alienación y violencia cruel.

 

c) Unidad.-

 

En Jesucristo somos congregados como una comunidad visible. Es la gracia de Dios la que permite que la Iglesia pueda estar en este mundo y en forma real alrededor de la Palabra de Dios y de los Sacramentos. Jesucristo mismo hizo la siguiente oración por la unidad de Su iglesia: "Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste" (Jn. 17:20-21). De ahí que la presencia corporal de otros hermanos y hermanos representa para el creyente cristiano una fuente de alegría y de fortaleza. Frente a grupos sectarios (religiosos, políticos, étnicos y otros) la Iglesia está llamada a ser un instrumento del amor de Dios, creando puentes de amistad y de unidad para que todo aquél que cree en el Señor Jesucristo. Los hermanos y las hermanas se reciben y se encuentran tal como se encuentran con el Señor Jesús, con reverencia, con humildad y alegría. ¡Es el don de la unidad dado por el Espíritu Santo!.

 

d) El amor fraternal.-

 

"Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos" (Hch. 2:43-47).

 

La Iglesia hoy más que nunca debe enfatizar en su misión que la hermandad cristiana no es un mero ideal, sino una realidad social. Es un milagro, ante tanta preponderancia a la división y lucha de clases. Es la comunión a través del amor de Cristo. Así lo entendieron los primeros apóstoles, los primeros cristianos y también nuestros antepasados.

 

e) La virtud de ser un pueblo escogido por Dios.-

 

"Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras" (Tit. 2:11-14).

 

En el Nuevo Testamento el concepto de pueblo se traspasa paulatinamente a la comunidad cristiana, o sea la Iglesia. Ya no es cuestión de nacionalidad, como lo fue Israel, sino de tener fe en Cristo Jesús. El pueblo cristiano es heredero de las promesas de Israel (Gl 4:28) como también de sus responsabilidades ante los «Gentiles» o extraños a la fe en Cristo. Esta virtud de ser Su pueblo es una gran responsabilidad adquirida para continuar la obra redentora iniciada por Jesucristo. Este pueblo que somos la Iglesia de hoy, lo constituyen nuestros niños y niñas con su bulla y alegría; los jóvenes con su espíritu aventurero y soñador; los hermanos y hermanas mayores que con su sabiduría y experiencia en la vida cristiana, constituyen el mejor tesoro; nuestros ancianos y ancianas que a través de su trayectoria en la vida de la iglesia se convierten en el mejor ejemplo de vivir la fe en Jesucristo. 

 

Si hacemos un alto y recorremos nuestra historia como Iglesia Metodista del Callao y escuchamos con atención los diversos testimonios del ayer y los de hoy, notaremos que nuestra iglesia siempre ha sido fiel al mandato del Señor. Somos parte de esa Iglesia de Cristo, heredera de sus enseñanzas. Perseverantes de los ideales de nuestros fundadores. Hasta aquí podemos decir con un orgullo santo que hemos proclamado las Buenas Nuevas del Señor a todos los rincones de nuestra patria; somos los primeros en establecernos como una iglesia evangélica y metodista; primeros en fundar colegios para la educación de niños y niñas de una manera integral y comprometida con su prójimo, a partir de los valores y principios cristianos; en nuestro seno se formaron los primeros misioneros y pastores peruanos; fundamos las primeras ligas de niños, de jóvenes, de varones y de mujeres.

 

A pesar de haber transcurrido tanto tiempo seguimos como iglesia sembrando la semilla de la Palabra de Dios a las nuevas generaciones que se acercan a nuestra orilla. Basta recorrer nuestra Galería Histórica para apreciar la labor tenaz de nuestra iglesia centenaria, que nos legara Francisco Penzotti, José Illescas, Thomas Wood, Carlos Noriega, Adolfo Vásquez, Zoilo Irigoyen, Daniel Woll, Wenceslao Bahamonde, Juan Hollemweguer, Elizabeth Miller, Jessi de Santillana, Raúl Zavala, Ismael Fernández, y otros tantos más.

 

Ahora bien, al celebrar este ciento tres aniversario de nuestra iglesia, debemos renovar nuestro pacto con el Señor y seguir confiando que Él nos guiará por nuevos rumbos en el cumplimiento de la Misión. Él nos dará nuevas fuerzas, nuevas formas para seguir renovándonos; nos ayudará a encontrar en nuestra historia aquello que nos permitirá seguir siendo la luz y sal del mundo.

 

Por último, creo firmemente que el Espíritu de Dios  nos está señalando un nuevo ministerio en la presente y futuras generaciones, y esa es nuestra esperanza. Hagamos pues nuestros votos de seguir siendo fieles al Señor y cumplir con nuestra tarea de anunciar a nuestro pueblo, que vive en crisis y desesperanzado, las virtudes de Aquél que nos llamó de las tinieblas a Su luz admirable. Amén.

 

 

Rev. Lic. Jorge Bravo C.

 

 

 

       


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