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VIDA EN COMUNIDAD

(Salmo 133:1; Hech. 2:37-47)

Comunidad, se define como un conjunto de personas vinculadas por características o intereses comunes. La expresión en el salmo: !Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía! representa la concepción bíblica de lo que es vivir en comunidad, en este caso, la comunidad de fe.

Existen muchas comunidades en el mundo y cada una con sus propias características. Ellas se forman por la necesidad natural de convivir y desarrollarse para lograr un propósito común. En ese universo de comunidades podemos encontrar la comunidad de fe que cree en un solo Dios y se reúnen para fortalecer su fe, desarrollarse y apoyarse mutuamente.

La comunidad de fe desde tiempos antiguos no se forma por un mero deseo humano, sino por la gracia de Dios que es la que permite la conformación de una comunidad de creyentes y su desarrollo entre las diversas comunidades sociales. Una característica visible de la comunidad de fe es la proclamación de la palabra de Dios y los Sacramentos.

La presencia corporal de los creyentes representa para los otros una fuente de alegría y de fortalecimiento espiritual y social de una forma incomparable. Hoy en día, en la comunidad cristiana, la vida en comunidad significa comunión a través de Jesucristo y en Jesucristo. No existe una verdadera comunión cristiana sin la presencia del Espíritu de Dios en medio de ella. Ninguna comunión cristiana es más que otra, ni ninguna es menos que otra. Desde el momento breve y único, hasta la larga convivencia de muchos años, la comunión cristiana es solo esto: nos pertenecemos unos a otros únicamente por medio de Jesucristo y en él. 

Por muchos años y hasta la actualidad, la comunidad cristiana ha permanecido fiel a las enseñanzas de Jesucristo, celebrando la palabra de Dios y practicando los Sacramentos entre los miembros de la comunidad. Ahora bien, es bueno tener en cuenta la formación de la primera comunidad cristiana y su incidencia en medio de la sociedad: "Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?  Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare. Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.  Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.  Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.  Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas;  y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos" (Hechos 2: 27-47).

De ahí que la hermandad cristiana no es un ideal, sino una realidad divina. Pero también es una realidad neumática y no una realidad psíquica (Dietrich Bonhoeffer, Vida en Comunidad, p. 31). Vivir en comunidad no es pues juntarse por juntarse, es poner en práctica lo principios y valores de la fe cristiana en medio de un mundo que atenta contra todo principio del bien común y la conservación de la vida. En la medida que la comunidad cristiana cumpla su rol profético pondrá en evidencia que es una comunidad que vive y sobrevive, gracias a la voluntad de Dios, para servirle y proclamarle por medio del testimonio personal y comunitario.

Que el Señor de la Iglesia nos proteja y nos guíe a seguir cumpliendo la Misión. Amén.

Rev. Lic. Jorge Bravo C.

 

 

       

 


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