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Zacarías: de sacerdote a profeta del Señor

(Lucas 1:67-80)

 

El relato de un gran acontecimiento en la vida de una persona es descrita por el evangelista Lucas, el personaje principal es Zacarías, que siendo sacerdote de Dios y padre de Juan, de pronto cambia su situación al convertirse en el profeta del Señor. Todos sabemos la historia de este varón de Dios. Él era una persona justa delante de Dios y obedecía los mandamientos y leyes del Señor de manera intachable, junto con su esposa Elisabeth. El pudo comprobar el poder de Dios en la persona de su esposa al concebir un hijo siendo, ésta estéril. Hasta pasó por la experiencia de quedarse mudo por un buen tiempo. Fue un tiempo de silencio y de espera.

 

Ahora Zacarías recobra el habla por acción del Espíritu Santo y esto es para profetizar sobre el rol que ha de cumplir su hijo Juan. Realmente es un hombre privilegiado al tener estas experiencias de la presencia de Dios en su vida. Es un personaje que casi pasa desapercibido ante lo acontecido a Elizabeth y a María. Sin embargo, de pronto cambia su rol tradicional de ser un sacerdote más del templo para erigirse como un profeta. Solo Dios puede cambiar nuestros destinos, muchas veces rutinarios y sin sentido, para llegar a ser una persona nueva y con un propósito nuevo y con sentido. Es así que lleno del Espíritu Santo profetiza sobra la condición de su hijo Juan y sobre su pariente Jesús.

 

Es interesante reflexionar sobre el contenido de esta profecía. En primer lugar, notar que ésta tiene un preámbulo histórico-salvífico y luego describe proféticamente lo que va a suceder con Juan. Sus primeras palabras son de alabanza al Dios de Israel, su pueblo elegido, por haberlo visitado y redimido a pesar de todo lo acontecido durante siglos. Aún así, Él ha levantado un poderoso Salvador, tal como fue profetizado por sus profetas desde el principio. Este salvador es quien ha de proteger y salvar a su pueblo, será misericordioso y pondrá en vigencia el pacto hecho con Abraham. Esto es la afirmación y cumplimiento de todo lo profetizado en el antiguo testamento. Recuerda que el Mesías ha venido y ahora hay que vivir en santidad y en justicia, todos los días. Dios no se ha olvidado de sus promesas y de su pacto, siempre él es fiel y su misericordia es para siempre. Nosotros también deberíamos ser fieles a Dios en todo momento y no solo en algunas ocasiones de la vida. Zacarías vivió fiel a su Señor y ponía en práctica sus mandamientos, por ello fue elegido para estos acontecimientos importantes para su vida. Como conclusión podemos decir que sin santidad de vida no es posible recibir las bendiciones Señor.

 

En un segundo momento, la profecía está dirigida a su hijo Juan. Este hijo, producto de la fe, cumplirá un rol muy importante a la venida del Mesías, será su profeta. Anunciará a su Señor, proclamará su misericordia, dará a conocer sobre su plan salvífico y del perdón de pecados. Será luz en medio de las tinieblas y sombra de muerte, todos seremos encaminados por camino de paz. El nacimiento de Juan es con un propósito definido, no es producto de la casualidad ni producto del error de cálculo en el período de fertilización. Otra vez, Dios siempre tiene un propósito para cada uno de nosotros. Todo está en vivir en santidad y fidelidad para lograr las bendiciones para nuestras vidas.

 

En este tiempo de Adviento es bueno recordar este acontecimiento que cambió la vida de Zacarías para un propósito salvífico. Así como fue testigo del gran milagro de Dios en la vida de Elizabeth, así también lo será en su vida personal. Nosotros también deberíamos estar en esta actitud, esperando la segunda venida del Salvador, Jesús. Dios puede transformarnos en sus agentes de salvación y hacernos sus testigos de sus grandes maravillas. Podemos hacer que muchos crean en Él a través de nuestras vidas y de nuestra fidelidad a Su palabra. Todo está en la actitud que tomemos como hijos e hijas de Dios. Amén.         

 

 

Rev. Lic. Jorge Bravo C.

 

 

 

       

 


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