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EL MINISTERIO DE JESÚS Y EL NUESTRO

 

(Mateo 4:12-25)

 

Este relato de Mateo nos presenta a un Jesús que ha podido vencer todo tipo de tentaciones de parte del diablo, en un campo de batalla hostil y árido, este lugar es el desierto. Luego de esa victoria oye que Juan el Bautista ha sido encarcelado por cumplir fielmente su misión, y sabe que el precio de esa fidelidad a Dios será el sacrificio. Jesús a partir de ese acontecimiento comprende que ha llegado la hora de tomar la posta e iniciar su ministerio público. Para ello realiza un gesto simbólico: sale de Nazaret (su casa) y se dirige a Cafarnaúm, que es un nuevo lugar (nueva comunidad), como señalando un corte entre lo viejo y lo nuevo.

En nuestra vida, muchas veces, también se nos presentan momentos donde hay que tomar decisiones. Es la hora de aventurarse a algo nuevo, ese es el desafío para el cumplimiento de la misión. Galilea representa la nueva comunidad, gente que estaba abierta a nuevas ideas y al cambio. La población era mayor en relación a Jerusalén. Habían muchas necesidades también. Este nuevo lugar era pues un terreno propicio para la proclamación de las buenas nuevas, el Evangelio.

Si hacemos un acercamiento a nuestra realidad este hecho, encontramos que en nuestros ministerios, muchas veces dejamos de explorar nuevos lugares y captar a aquellos que están más dispuestos a escuchar y aceptar el Evangelio de Jesús. Hay que aprender de Jesús en la toma de decisiones en el cumplimiento de su ministerio, no le importó su casa o su lugar de origen. Asumió de inmediato el reto de reemplazar a Juan el Bautista. ¿Cuánto de eso está en nosotros?

Por otro lado, Jesús inició su misión con palabras concretas: "arrepentíos"; "volveos de sus antiguos caminos, volveos a la nueva realidad de Dios"; "dejen de estar lejos de Dios y vengan a Él"; "dejen lo viejo (la ley) y vengan a lo nuevo (el reino de Dios)". Estas palabras de Jesús representan un nuevo lenguaje, nuevos códigos para acercar a la gente a Dios. Es una nueva actitud. Nosotros los llamados a proclamar las buenas nuevas de Jesús estamos llamados a dar ese giro, pero en muchas oportunidades nos resistimos a dar ese giro o salto existencial a lo nuevo en nuestro ministerio pastoral. No estamos dispuestos a ser aventureros en asuntos de la fe. Preferimos mantener nuestro estilo, defendemos nuestra manera de entender las cosas, rechazamos lo nuevo, no queremos aprender nuevas metodologías en la evangelización, por citar algunos ejemplos.

Ahora bien, Jesús está consciente que solo no podrá realizar la misión, y para superar esa situación llama a unos sencillos pescadores, los cuales no tenían gran instrucción, eran simples trabajadores, sin distinción alguna y tal vez sin futuro. Pero, ¿por qué pescadores y no otros? ¿Cuál fue el motivo de ese llamado tan particular? Bueno, Jesús conocía las cualidades que se necesitan para ser pescadores, y por ende, pescadores de hombres. Veamos estas cualidades que consideró Jesús:

a) Tener paciencia.- Los pescadores saben esperar pacientemente hasta que el pez muerda el anzuelo. El pescador de hombres debe ser paciente también en la evangelización o en cualquier otra tarea pastoral. En la predicación o en la enseñanza raras veces se verán resultados rápidos. Es un proceso que lleva su tiempo y su maduración. Debemos aprender a esperar. Esta es una cualidad muy importante que debemos tener en cuenta en nuestro ministerio pastoral.

b) Tener coraje.- Todo pescador debes estar dispuesto a correr riesgos y a afrontar la furia del mar y de los vientos fuertes. En este caso, el predicador y el maestro deben ser conscientes del riesgo que se corre cuando se les dice o enseña la verdad a las personas que están equivocadas. Muchas veces el riesgo es perder un nivel de reputación y en otros casos la vida.

Otro asunto que debemos tener en cuenta también es el hecho de que Jesús pasa por donde están hombres y mujeres para invitarles a cada uno a cumplir una misión al igual que los primeros apóstoles. Por eso es que nuestras barcas y redes no deben estar lejos de las personas donde se concentran, siempre debemos estar listos para estar en medio de ellos y anunciarles el Evangelio de Cristo para que le sigan a él.

Finalmente, Jesús nos enseña en el cumplimiento de su ministerio las tres actividades principales en la Misión:

1. La proclamación del Evangelio.-

- Anuncio de la nueva realidad del reino de Dios a través de Jesucristo.

- Es necesario señalar el arrepentimiento para perdón de pecados.

- Las buenas nuevas de gozo y alegría son para todos y en forma gratuita.

- La salvación proviene de la fe y por la gracia de Dios.

2. La enseñanza.-

- La proclamación o prédica del Evangelio es el anuncio de una verdad que no admite discusión.

- Es necesario hacer discípulos para la Misión.

- La enseñanza es la explicación del significado y las implicancias de aquella verdad.

- Toda enseñanza debe contener un nivel de teoría y práctica.

3. La sanidad.-

- Jesús sanó a muchos que tenían necesidad de curación. Él vino a derrotar el sufrimiento humano.

- Jesús no se quedó en la mera proclamación o enseñanza, sino que vino para que la Palabra sea puesta en práctica (praxis).

De ahí que nosotros también somos pescadores de hombres, elegidos por el Señor y debemos estar listos a proclamar su Palabra; estar dispuestos a explicar o enseñar nuestra fe cristiana; hacer discípulos para la Misión; y por último, debemos convertir en acción y hechos concretos el contenido del Evangelio.

Oremos al Señor para seguir cumpliendo la Misión a la manera de Jesús y que Su espíritu nos acompañe, desde ahora y para siempre como Iglesia. Amén.

 

Rev. Lic. Jorge Bravo C.

 

 

 

 

       

 


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